julio 12, 2026

Jugando sucio

Foto de jesse orrico en Unsplash

En la semana vimos un espectáculo grotesco. Un ministro de hacienda acordando con un grupo de senadores de un partido, el PPD, una rebaja al impuesto corporativo a un 23%, para a la hora de los quiu, bajo cuerda, tras las bambalinas, bajarlo a un 22%. Acá hay varios puntos a observar.

En primer lugar, la aplicación de la estrategia “dividir para reinar” para aprobar la famosa megareforma tributaria que pareciera ser el corazón de la política de reconstrucción nacional en que se ha empeñado el gobierno. Aprovechó la disponibilidad de 3 senadores del PPD para “mejorar” el proyecto llegándose a un acuerdo que terminó vulnerando por si pasaba piola.

En segundo lugar, la ruptura de la institucionalidad por parte de los senadores que se pusieron a negociar con el gobierno a espaldas del partido que representan, y de la oposición que dicen constituir. Cuando se es parte de algo, no es llegar y arrancarse con los tarros.

En tercer lugar, el ministro y el gobierno se pasaron de listos. Creyendo tener los votos de los senadores en el bolsillo, rebajaron otro poquito el impuesto en debate dando por sentado que ya no tendrían tiempo para echarse para atrás.

En cuarto lugar, al ver que la movida no había resultado, el ministro echa marcha atrás para salvar el acuerdo que él mismo hizo trizas, o que en lenguaje de gobierno, “hizo caer a pedazos”.

¿Qué nos dice todo esto? Que todos los actores de este episodio salieron mal parados. El gobierno, porque mostró a uno de sus ministros jugando sucio. Los senadores que se prestaron al juego a espaldas de los partidos por los cuales fueron elegidos. Los partidos políticos por su incapacidad para ordenarse y hacer respetar su institucionalidad.

Que el presidente del PPD no supiera que los senadores de su partido estaban conversando y negociando a sus espaldas, es una vergüenza. No se trata de que no puedan hacerlo, dado que conversar y negociar es la esencia de la política. El punto es que no puedes andar haciéndolo a tu pinta, corriendo solo, a espaldas de tu partido. Eres un senador que representas a un conjunto de votantes, el pensamiento de un partido político. Al final del día todos salieron mal parados.

Sería interesante sacar alguna lección de este episodio. Aprender que la estrategia de dividir para reinar puede ser válida en el ámbito militar, pero no en el político, salvo que en este mundo primen quienes no tengan más de dos dedos de frente. Aprender a respetar la democracia que tenemos si queremos respetarnos a nosotros mismos.

No hacerlo conduce a la prostitución de la democracia. Se la prostituye cuando se actúa jugando a las escondidas o a los bandidos, que es lo que ha dejado al desnudo la maniobra del ministro Quiroz. Así no se hace política. Así no se gobierna. Así no se reconstruye un país, sino todo lo contrario. Cuidar la democracia es tarea de todos, pero muy especialmente por quienes son autoridades.

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