Hoy reafirmo lo sostenido y si vuelvo a escribir sobre el tema es para reforzar algunas ideas a la luz de lo que estamos viendo. De partida, para suavizar esta transición hacia este mundo con menos trabajo, de modo que afecte a menos personas, lo que ya se está viendo. Bill Gates nos habla de una nueva jornada laboral semanal de 2 a 3 días. Si no queremos que el desempleo se dispare, es inevitable la reducción de la jornada laboral.
Lo que está importando es el valor generado trabajando, la productividad, no el tiempo que estamos contratados. Esto es algo que no tiene vuelta. Oponerse a esto es chocar contra una pared inamovible. Para allá vamos dentro de lo que ha sido la tónica desde los tiempos de Adán y Eva marcada por nuestro deseo de obtener lo máximo con el menor esfuerzo posible. La única diferencia reside en que ahora este proceso se ha acelerado.
Las consecuencias son fuertes en todos los ámbitos. Si no queremos vernos engullidos por la automatización, es imperativo que asumamos su conducción y adaptemos a sus consecuencias. De lo contrario corremos el riesgo de que nos veamos engullidos y que la democracia sea devorada por la tecnocracia, lo que de alguna forma estamos viendo en nuestros días. No debemos dejar que Musk, Theil y otros gurúes tecnológicos sean quienes determinen nuestro destino. Pero para esto es imperativo que asumamos la realidad tal cual es y terceros definan nuestras vidas.
De partida, una vida adulta no necesariamente estará marcada por el trabajo. Esto será así para unos pocos, con trabajos de alta especialización, que es la que tendrán quienes estén tras el desarrollo de la inteligencia artificial, tras los procesos de robotización, de análisis de datos, de ciberseguridad y otros de la más alta calificación.
Ya hay más tiempo libre, tiempo de ocio, y seguirá creciendo porque esto no tiene vuelta atrás. Por tanto, tenemos que enfrentar el qué hacer en este mayor tiempo libre que dispondremos, y que de hecho ya estamos disponiendo. Esta es, creo, la madre del cordero, aprender a saber qué hacer con este "nuevo" tiempo. Para ello tenemos que darle un sentido a nuestras vidas, a saber qué hacer con nuestro creciente tiempo de ocio, y tener una educación alineada con esta nueva realidad.
Esto implica que las instituciones educacionales, particularmente las superiores, que nos educan para incorporarnos al mundo del trabajo, tendrán que reformularse, dejando de formar profesionales que un futuro más próximo que lejano, no demandará.
¿Significa esto que muchas instituciones educativas superiores desaparecerán? No necesariamente en la medida que sean capaces de adaptarse ya no formando profesionales para trabajar, sino que personas para saber qué hacer en sus vidas, para desarrollar competencias blandas vinculadas con el saber ser y estar, para tener pensamiento crítico, para ser capaces de ver bajo el agua, para discernir de modo que no les pasen gatos por liebre.
Por último, pero no por ello menos importante, una sólida
formación ética que nos provea de un sólido muro de contención frente a la
tentación de ser corrompido o corromper a terceros que hoy está más presente
que nunca.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario