julio 10, 2026

Neoliberalismo: antes y después

Fuente: https://gemini.google.com/app/8f5dc11099a59519 

El déficit se produce cuando los costos en que se incurre son mayores que los ingresos que se generan. Esto es válido ya sea que estemos hablando acerca del presupuesto personal, familiar, empresarial, comunal, regional, nacional o internacional.

Si se dispone de ahorros, éstos pueden ocuparse para financiar el déficit, o para que no se manifieste, y/o el déficit se financie mediante endeudamiento con terceros, lo que supone que a futuro se espera, o confía, disponer de ingresos por sobre los costos.

En un pasado no tan remoto, cuando no se disponía de un mercado financiero crediticio tan “robusto” como el que tenemos hoy, hablar de endeudamiento eran palabras mayores. Solo nos endeudábamos en casos extremos, como es el caso de comprar una vivienda en el caso de una familia, o de grandes maquinarias para el caso de una empresa.

Pero el caso es que en algún minuto esto cambió. Tal como el plano histórico del mundo occidental se divide en antes y después de Cristo (AC y DC), en el plano financiero podríamos hablar de antes y después de las tarjetas de crédito. Lo digo porque a partir del nacimiento de las tarjetas de crédito la capacidad de consumo se disparó de la mano de un marketing a la vena marcada por una publicidad apabullante que jugó psicológicamente con las aspiraciones de las personas.

Y este antes y después de la aparición de las tarjetas plásticas de crédito en las décadas de los 70 y 80, por esas casualidades de la vida, coincide con el arribo del axioma neoliberal que tan bien encarnaron en su tiempo Reagan y Tatcher en EEUU e Inglaterra, y nuestro innombrable en Chile vía manu militare.

Por tanto podríamos hablar que el tiempo se divide ya no en AC y DC, sino en AN y DN, esto es, antes después del neoliberalismo. Así como estamos viviendo en el año 2026 después de Cristo (DC), en términos económicos-financieros podríamos estar hablando de que estamos en el año 50 DN si creemos que el neoliberalismo nace en 1976. Es cosa de fijar esta u otra fecha.

Lo digo porque da la impresión que no podríamos volver atrás, que habría que dar por sentado que el neoliberalismo llegó para quedarse. Uno conversa con un neoliberal y es algo de Perogrullo, indiscutible, axiomático, que no hay por donde perderse y que cuando celebremos el primer centenario, esto es, el año 100 DN, los progresos pueden llegar a ser tales que nos encontraríamos en el mundo de bilz y pap, en la tierra prometida.

Quienes adhieren al dogma neoliberal no se cansan de vanagloriarse de los avances alcanzados, así como de los perfeccionamientos efectuados en este primero medio siglo. Incluso más, todos los esfuerzos por desmontar el neoliberalismo habrían chocado frente a una realidad que solo invita a perfeccionarlo para su consolidación. Proceso histórico que sus adherentes consideran como irreversible. En esto se asemejan a quienes hablan de la irreversibilidad de los procesos. Bien sabemos que todo es reversible, que solo el tiempo es irreversible. Minuto que pasa, no vuelve.

Todo un tema dado que estos primeros 50 años DN se caracterizan por no tener precedentes en las más diversas esferas, tanto positivas como negativas. Basta ver los logros en el campo científico-tecnológico, en destrucción masiva, en desarrollo espacial, en superación de la pobreza, así como en producción de pobreza, en incremento de la desigualdad, en disponibilidad de bienes y servicios, en precarización del trabajo y en tantos otros ámbitos.

Sin darme cuenta, me he ido por las ramas porque partí con el tema del déficit y después me he ido en volada a otros confines. Lo concreto es que los déficits que vivíamos en los años AN persisten a 50 años DN, pero su contenido, su estructura es otra, muy distinta. AN no existía la capacidad de déficit económico que existe actualmente, pero sin duda que existía un déficit, pero era un déficit de consumo, dado que la pobreza se expresaba en desnutrición, en alta mortalidad infantil, baja esperanza de vida. Hoy el déficit es de otro tenor, es un déficit económico en su origen, pero que se extiende a un déficit de estabilidad laboral, familiar, social. El piso se mueve más que nunca, excepto para los que están arriba.

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