noviembre 17, 2022

Se nos fue Jaime

Ayer falleció un amigo de Arica, Jaime Rodriguez Becerra. Lo agarró una infección que derivó en septicemia y a pesar de todos los esfuerzos médicos, se fue. En el equipo médico estaba Jorge Aguirre, gran amigo de él y que se la jugó para salvarlo. A Jaime lo conocí al llegar, en agosto de 1974. Era profesor de matemáticas y trabajaba en el departamento de Matemáticas de la Universidad del Norte,

A poco andar lo echaron. Eran tiempos de caza de brujas. Jaime era rebelde, hippie para esos tiempos, no se andaba con chicas, le decían el punta. Su expresión era un tanto adormilada, somnolienta. Su vida fue un deambular. Arica fue su tierra de la que se fue contra su voluntad, porque no tenía trabajo, pero volvía una y otra vez, cada vez que podía.

Trabajó con nosotros en Prodat, la empresa informática que tuvimos entre los años 78 y 82 con Yanko, Mauricio, Juan Carlos, Gonzalo. Tenía una sonrisa mefistofélica, como si estuviera escudriñándote. Lo recuerdo ordenado, meticuloso para trabajar.

Luego fundamos Aleph, una suerte de heredero de Prodat, cuyos inicios fueron en la casa que tenía su madre, creo que en calle General Lagos, entre 18 de septiembre y Maipú. No alcanzaba para parar la olla.

Jaime formó parte de La Aventura del Pensamiento, grupo integrado por quienes queríamos respirar aires de libertad en nuestra querida Arica, Siempre Arica hasta morir. Para el plebiscito del 88 fue el primero en apuntarse para el escrutinio clandestino paralelo que el Comando por el NO nos encomendó. Estuvo al pie del cañón, encargado del proceso computacional en la casa secreta en que nos instalamos, en 18 de septiembre con Caupolicán. A él le llevábamos las actas con las votaciones de las mesas y fuimos los primeros en todo el país en entregar los resultados de todas las mesas de la ciudad de Arica. Jaime fue el encargado de remitir estos resultados vía fax al comando central de Santiago.

Finalmente no le quedó más alternativa que irse a la capital del reino, a Santiago. Allá siguió deambulando en distintas universidades, haciendo clases. Estando yo ya en Talca, en el 96 y 97 levanté un programa de diplomado en informática al que le invité a participar. Es así como estuvo en casa las semanas en que le correspondía venir a hacer clases. Estaba a cargo del curso de Especificación de Requerimientos.

Nos alegraba reencontrarnos cada vez que podíamos. Después me lo encontré por casualidad una vez en Santiago. Se había separado y andaba con nueva pareja. Seguímos en contacto. Se hizo cargo de la carrera de ingeniería en informática en la Universidad de Las Américas. No le gustaban las universidades privadas, pero la necesidad tiene cara de hereje. Allí fue la última vez que lo vi, junto con Augusto Aninat, quien en ese tiempo era decano de la Facultad de Ingeniería de la U. de Las Américas. A Augusto lo conocía de mis tiempos como director de la ZOFRI.

Se me fue un amigo, un hombre bueno, al que la vida le hizo muchas zancadillas. La vida continúa mientras nos vamos yendo.

 

noviembre 10, 2022

Interlocking

Fuente: www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl
La Fiscalía Nacional Económica (FNE) es una institución pública cuyo objetivo es luchar contra la corrupción, para lo cual persigue ílicitos anticompetitivos, analiza preventivamente fusiones que pudiesen derivar en monopolios y realiza estudios de mercado. En el cumplimiento de sus funciones, la FNE acusó a un alto personero de los tiempos del innombrable, de haber sido al mismo tiempo director o ejecutivo relevante de tres empresas (Banco Chile, Consorcio Financiero y Falabella) que competían entre sí en los servicios bancarios y financieros que ofrecen. El resultado de este proceso acaba de salir a luz: que Falabella deberá pagar una multa de 1,2 millones de dólares, que se deberán reforzar las normas en materia de libre competencia, y que el personaje implicado deberá renunciar a Falabella. Esto último ya lo habría hecho.

El delito al que estamos haciendo referencia es uno de los clásicos de cuello y corbata, el de ocupar cargos directivos y ejecutivos en instituciones que se asumen deben competir. En este caso: Banco de Chile, Consorcio Financiero y Falabella. A este delito se le denomina Interlocking, definido como la participación simultánea de una persona en calidad de director o ejecutivo principal de empresas competidoras. Como si CocaCola y PepsiCola compartieran ejecutivos. O Paris y Ripley. Simulan competencia allí donde no la hay. Para que nuestro personaje no fuera a parar a la cárcel se llegó a un acuerdo con la FNE: Falabella pagará el millón doscientes mil dólares, el personaje renuncia y todos quedan libres de polvo y paja, como si acá no hubiese pasado nada. Tal como en su momento “los hermanos Carlos” de una importante financiera de la plaza (PENTA) fueron castigados con clases de ética y un trato de guante blanco.

¿A quién estamos refiriéndonos? ¿Quién es el involucrado? Hernán Büchi, quien fuera subsecretario de Salud, ministro de la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN) y ministro de Hacienda en tiempos del innombrable. Luego del triunfo del NO en el plebiscito del 88, fue nominado como candidato presidencial en representación de la UDI y RN. Su lema de campaña fue “Büchi es el hombre”. Fue derrotado inapelablemente por Patricio Aylwin, quien logró liderar exitosamente a la coalición opositora de entonces. Büchi solo alcanzó a obtener el 30% de los votos.

Posteriormente, en 1990 funda Libertad y Desarrollo, institución que presta apoyo y asesoría a la derecha en materias de orden público y de defensa del neoliberalismo imperante en Chile. Entre 1992 y 1994 pasa a integrar la comisión política de la UDI. De allí para adelante pasa a desempeñarse como ejecutivo y/o director de diversas empresas de los más diversos grupos empresariales (Luchetti, Madeco, SOQUIMICH, Falabella, COPESA, Parque Arauco, etc.). En el año 2014 Büchi lanza, junto a Gabriel Ruiz-Tagle y otros, el medio digital El Líbero para la difusión de las bondades de la doctrina que abrazó, el neoliberalismo. Recordemos que en el 2015 Gabriel Ruiz-Tagle estuvo implicado en la colusión del papel higiénico y que en el año 2019 fue sancionado por usar información privilegiada en su condición de director de Blanco y Negro en una transacción de acciones del club deportivo Colo Colo.

Desde hace años que Büchi ya no vive en Chile. En el 2016 decidió irse a Suiza, donde reside en la actualidad. La razón principal que adujo en su momento fue el de la “incerteza jurídica” que se habría estado viviendo en el país en los años del segundo gobierno de Bachelet por querer modificar la constitución del 80 vía asamblea constituyente, el parlamento o por cualquier otra vía. Esto era visto como una herejía por parte de quienes se parapetaban tras la constitución del innombrable. Büchi no quería que se le moviera el piso al país.

Importa constatar que Büchi solo ve certeza jurídica allí donde las leyes promueven y sostienen un modelo político, económico y social que a él y a quienes representa, las grandes empresas en sus directorios, les gusta. De lo contrario hay incerteza jurídica. Está igual que quienes denuncian fraude cuando pierden una elección, como Trump y Bolsonaro. O como los niños cuando se llevan la pelota para la casa si ven que están perdiendo el partido. O como quienes cuando pierden una elección afirman que es porque los votantes son tontos. Es lo que se llama no saber perder.

Resulta curioso constatar que no se fue del país en tiempos del innombrable, cuando existía incerteza total, no solo jurídica. Cuando no sabíamos si conservaríamos nuestros trabajos, nuestras familias, nuestras vidas. Cuando organismos clandestinos (DINA, CNI y otros) hacían de las suyas. Todo lo contrario, sirvió al dictador de turno sin pedirle cuentas.

A Büchi lo recuerdo como compañero en la universidad. Es de mi generación, compartimos más de un curso. No parecía estudiar para rendir las pruebas, y no obstante ello su rendimiento era excepcional. Parecía tener una inteligencia superdotada.  

Lo relatado en esta columna refleja a un Büchi que al menos yo no conocí, y al mismo tiempo retrata lo que un sistema, un modelo de país es capaz de incidir en nuestros comportamientos. No recuerdo cuál era su concepto de la ética, pero todo indica que al término de la dictadura terminó con ella en los suelos. Un tipo como Büchi, quien tenía bastante más de dos dedos de frente bien sabe que el riesgo de coordinarse y coludirse incide en la intensidad de la competencia, la que se asume debe beneficiarnos ya sea con menores precios, mayor variedad de productos/servicios y/o mayor innovación.

noviembre 07, 2022

Gran asado gran

Una memorable jornada tuvimos este domingo con egresados de IIE-UTalca. Una jornada a la que se me invitó y que tuvo lugar en San Clemente por iniciativa de un grupo de exalumnos míos. Conversamos distendidamente haciendo recuerdos imborrables. Allí estaban quienes habían sido reprobados por mí, así como quienes aprobaron raspando, a duras penas. 


Todos trabajando, unos en la región, otros en la capital del reino; unos en gestión, otros en informática. aprecian en la carrera su capacidad para generar egresados con la flexibilidad necesaria para adaptarse a las veleidades del mercado.  Muchos de ellos trabajan bajo la modalidad del teletrabajo.

Todos rondan los 30 años, sintiéndose contentos en sus trabajos. Algunos formando familia, otros siguen con sus padres. Unos trabajando en la órbita municipal, pública, otros en la privada. Todos dando lo mejor de sí.

Recordamos a Sabino, y sus asados. Juan Pablo Ramírez, apunta a ser su heredero en estas materias. A fuego lento, saboreamos los cortes de carne con los que Juan Pablo se encargó de deleitarnos. Recordamos también a los profes que ya no están, a Víctor Nocetti, a Trung Pham, a Daniel Hormazábal, así como yo me encargué de recordar y caracterizar a otros que los precedieron y que estos egresados no conocieron..

Reivindicamos los buenos tiempos de la carrera, su fortaleza, sus primeros egresados, quienes abrieron camino, a Sabino, a quien se le extraña. Su ausencia sigue doliendo.

Un abrazo, y muchas gracias por permitirme estar, acompañarlos, apoyarlos.

noviembre 04, 2022

Las pensiones que nos persiguen

Foto de Harli Marten en Unsplash

El gobierno ha dado a luz su proyecto previsional que se presenta al congreso nacional con miras a su análisis para su eventual aprobación. Se trata de un proyecto largamente esperado. Ya han existido iniciativas anteriores, todas fracasadas. Por eso, no faltan quienes afirman que la tercera es la vencida. Estamos ante un proyecto que se balancea entre quienes se han parapetado tras el lema “No más AFP” y quienes están tras “Con mi plata, no”.

Las razones que fundamentan el proyecto apuntan esencialmente a romper su carácter eminentemente individualista, y donde solo el trabajador es el que se pone, forzosamente. Dejar atrás un sistema que en su momento, al crearse en 1980 mediante el DL 3500, prometió el oro y el moro. Lo que ha dejado no ha sido sino una estela de frustraciones por motivos que dan para otra columna.

El proyecto propuesto busca un financiamiento tripartito de las pensiones: con aportes no solo de los trabajadores y del Estado, sino que de las empresas. Lo que se propone es moneda corriente en los países, particularmente en aquellos con los cuales queremos cotejarnos, a los cuales queremos acercarnos, de mayor desarrollo.

La otra rareza del sistema que tenemos reside en que cada uno arma su propia alcancía con los ingresos que tiene, sin que exista solidaridad alguna a nivel intrageneracional ni intergeneracional. Es el sueño del neoliberal extremo, en el que cada uno se rasca con sus propias uñas, asumiendo que lo que cada uno gana es exclusivamente gracias a su propio esfuerzo, siguiendo la máxima de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Como si la cuna no incidiera para nada. Como si la suerte tampoco incidiera, ni las trampas de quienes se avivan. Meritocracia pura y dura. Si nos ponemos una mano en el corazón, sabemos que lo de la meritocracia es más cuento que realidad.

Lo que el proyecto propone es incorporarle al sistema una tímida cuota de solidaridad desde el aporte patronal por la vía de la creación de una cuenta colectiva que apunte a mejorar pensiones actuales y futuras. Es lo que objetan quienes están tras la bandera de “con mi plata no”.

No nos engañemos. Más allá de lo que se logre con este proyecto, no veo posibilidad alguna de tener pensiones dignas mientras persistan los sueldos que la mayoría recibe. No se le pueden pedir peras al olmo. Si en vida activa ganamos poco, lo que recibamos como pensión también será baja. Imposible que no lo sea si no hay un mínimo de solidaridad entre nosotros, si nuestro sistema previsional carece de un componente solidario. Si no somos capaces de reconocer que unos ganan lo que ganan por nacer en cuna de oro y otros en cuna de paja; o que unos ganan lo que ganan por pitutos y otros porque no los tienen, estamos fritos. Y por lo mismo, el foco debe estar en reducir la influencia de los pitutos, la influencia de la cuna, y que la palabra meritocracia deje de ser una expresión vacía, sin contenido. Cuando ocurrirá esto? Al paso que vamos será en el año de las calendas griegas.

Agreguemos el factor suerte, que también incide, en unos más, en otros menos, pero que no deja de estar presente. Si bien es cierto que unos se esfuerzan más que otros, no nos compremos el cuento de que nuestro esfuerzo lo es todo.

La travesía que sufrirá el proyecto, con la composición del congreso que tenemos, será un verdadero vía crucis. Quién sabe cómo y ni cuándo saldrá el proyecto. El arte de la negociación, inherente a la política, alcanzará alturas que en este minuto ni sospechamos.

octubre 29, 2022

Segunda vuelta en Brasil: Lula vs Bolsonaro

Foto de Matheus Câmara da Silva en Unsplash

Con 48% de los votos, Lula logró aventajar a Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, sin lograr la mayoría absoluta a la que aspiraba. Bolsonaro, por su parte, alcanzó una votación del 43% por sobre la prevista, comprobándose que disponía de un voto oculto que las encuestas no fueron capaces de contabilizar. De los restantes candidatos solo dos superaron el 1% de los votos: Simon Tebet con un 4% y Ciro Gomez con un 3%, ambos más afines a la izquierda que a la derecha.

Tanto Lula como Bolsonaro pueden sentirse satisfechos con la votación alcanzada: Lula, porque sin perjuicio de no alcanzar el 50% más uno de los votos, logró obtener más votos que Bolsonaro a pesar del poder que otorga estar a la cabeza del gobierno; Bolsonaro también tiene motivos para estar contento con los votos obtenidos porque superó con creces las previsiones de las encuestas.

Para el balotaje Lula corre con ventaja, tanto por que superó por 5 puntos a Bolsonaro en la primera vuelta, como porque los candidatos que salieron en tercer y cuarto lugar han resuelto apoyar a Lula. Los apoyos de Tebet y Gomez son importantes, significativos y previsibles dado que dentro de un espectro de derecha-izquierda, se sitúan dentro del centro y/o la centroizquierda.

Pero también se sabe que los votos obtenidos por ellos no son traspasables automáticamente. Menos en el caso brasileño donde los personalismos, los caciquismos locales y regionales están a la orden del día. Otro respaldo relevante que obtuvo Lula proviene del expresidente Cardoso. Los apoyos de Tebet, Gomez y Cardoso se sustentan en el talante democrático demostrado por Lula durante sus dos períodos presidenciales. En consecuencia, la lógica invita a pensar que Lula debe ganar la presidencia. Sin embargo, bien sabemos que en política no todo es lógico.

Bolsonaro se ha jugado el todo por el todo para repetirse el plato. Tal como en el tramo final de su campaña de primera vuelta lanzó propuestas económicas populistas de última hora, ahora para la segunda vuelta ha lanzado bonos para los pobres. A ello cabe agregar que Bolsonaro tiene a favor su afinidad ideológica con una corriente política de derecha radical que se encuentra en ascenso a nivel mundial.

Pero Lula no dará el brazo a torcer, es duro de roer. Viene de abajo, es sólido, tiene trayectoria. No pudo postular en la anterior elección presidencial gracias a un proceso judicial encabezado por un fiscal, Sergio Moro, en su tiempo motejado como niño símbolo de la lucha contra la corrupción. Por este proceso Lula fue condenado y encarcelado por acusaciones que las investigaciones demostraron infundadas. Por los servicios prestados, al sacar a Lula de su camino a la presidencia, Bolsonaro nombró a Moro como ministro de justicia. El ladrón detrás del juez.

Lo descrito demuestra que Lula ha sufrido golpes bajos al por mayor, y cuando se ha creído que estaba en la lona, se ha levantado. De este desafío confío que también salga airoso. El pueblo brasileño lo merece. Pero no la tiene fácil.

octubre 26, 2022

Soñando con una visita

Foto de Johannes Plenio en Unsplash

Anoche soñé que quien fuera mi jefe hace ya más de una década llegaba de improviso con su familia a vernos. Andaba con su esposa y tres o cuatro de sus cinco hijos. Hace ya al menos un par de años que no nos vemos ni sabíamos nada de ellos. Fue una grata sorpresa. Como siempre, venían de pasada, a la rápida, como para no molestar o apurados por llegar a destino. Antes era fijo que nos pasaban a ver cuando partían en los veranos a Angostura, al sur de Argentina.

Cuando nos vimos no podíamos creerlo. Estaban igual que siempre, incluso más jóvenes. Ellos también nos vieron más jóvenes. No les creímos y ellos tampoco. Frases de buena crianza. Intentamos ponernos al día. A ella, buena lectora de libros le conté que estaba leyendo un libro, Patria, de Fernando Aramburu. Me dijo que no lo había leído, aunque había escuchado de él. Seguro, en materia de libros nadie le gana, se los devora. No recuerdo si me dijo cuál libro estaba leyendo.

Sí recuerdo que me preguntó qué me parecía el gobierno de Boric. Cada vez que nos vemos le gusta picanearme políticamente. Viene de una familia política, de armas tomar y no se anda con chicas. Sabe lo que pienso y para darle en el gusto, o no abrir camorra, le dije que desgraciadamente lo veía mal. Que así como el caso Caval fue el comienzo del fin del gobierno de Michelle II, el estallido social lo fue para el gobierno de Piñera II, ahora lo fue el resultado del reciente plebiscito de salida para el gobierno de Boric.

Hicimos recuerdos de viejos tiempos y reíamos a carcajadas con las anécdotas vividas, con los inolvidables paseos que hacíamos, con el fin de año que pasamos juntos en Viña, con su casa en Viña, la de 8 Norte, siempre soplada, minimalista, feng sui, impecable, amplia. Me habló pestes de cómo está Viña, insoportable, no se puede vivir ya. Ella es así, sin medias tintas. No quise preguntarle por la alcaldesa Ripamonti porque ahí ya no pararía. Extraña a la Reginatto. Sigue con su yoga de arriba para abajo. Nada nuevo bajo el sol.

Le pregunté por los niños y ellos nos preguntaron por los míos. Le pregunté por el mayor, casado o  emparejado con La Dehesa, diseñador; por quien vive o vivía en San Pedro de Atacama, quien se casó a todo trapo y en un dos por tres tuvo a su hija, la niña de los ojos de sus abuelos; por quien fuera capo de las matemáticas desde que tiene uso de razón; por el fanático de los coches, que se conoce al revés y al derecho todas las marcas y que ya ha dado la vuelta al mundo al menos una vez; y por la regalona, la menor, la surfista, deportista, gastrónoma.

Su marido, quien fuera mi jefe en poco más de un lustro, solo atinaba a escucharnos, mirarnos y sonreir. De repente metía la cuchara. Le pregunté por sus malos pasos. Le gusta subir escaleras. De director de Escuela pasó a ser decano de Facultad, y de acá a Vicerrector de Universidad. Hasta acá era lo que sabía, pero como han pasado años que no le veía, lo más probable que ahora fueses rector de alguna universidad. Con su sonrisa habitual, socarrona, optimista, me dijo que no era para tanto. Que seguía como vice, allá en el norte, lleno de proyectos, feliz de la vida.

Y me preguntó por la carrera de acá, la que creó, impulsó, le dio su sello, que dejó andando. Le tuve que decir que andaba a mal traer. Que las postulaciones estaban decayendo año a año, que al interior de la escuela las relaciones están como las pelotas, que el director que trajeron del norte no da el ancho, no atina, parece que solo vino a calentar el asiento. No pasa nada. Un rictus amargo emergió en su cara.

Le dije que hubo un momento en que me preguntaron cómo estaba quien fuera el primer director de la carrera y si tendría sentido sondearlo para resucitarla. Su esposa, que estaba al cateo de la conversación, que no se pierde una, saltó de su asiento y taxativamente dijo: “a Talca no vuelvo ni cagando”. Y mirándolo fijamente a los ojos agregó: “O Talca o yo”. Él tan solo se encogió de hombros y solo atinamos a reírnos condescendientemente. Yo tenía claro que no había posibilidad alguna, que lo pasado, pisado está, como gusta decir a mi mujer. Yo tiendo más a querer repetir buenos momentos. 

No nos dimos cuenta como el tiempo se nos fue volando cuando ya tenían que irse. Nos despedimos ¡hasta la próxima, un abrazo!

octubre 21, 2022

Otra cosa es con guitarra

Foto de Jacek Dylag en Unsplash

Al cumplirse el tercer año del estallido social del 2019, una vez más se desató la barbarie a pesar de todas las medidas preventivas adoptadas. A pesar de que se está bajo un gobierno distinto del anterior. Una barbarie que se expresó destruyendo todo a su paso, sean éstos tanto bienes públicos como privados.

La pregunta es ¿por qué? ¿Qué pasa? ¿Hasta cuándo? Las respuestas dependerán de la mirada de cada cuál, del cristal con que se mira. Para unos, es consecuencia de la desigualdad, de la falta de oportunidades, de la inflación, del modelo; para otros, de la ausencia de autoridad, o que las fuerzas policiales se encuentran con las manos atadas, temerosas de que se les acuse de excederse, o la percepción en quienes protagonizan la ola destructiva de que se puede hacer cualquier cosa y todo queda impune. O bien, de que tras todo esto habría una mano mora, la del comunismo internacional.

Si nos preguntáramos ¿para qué? lo más probable que no demos con respuesta alguna. Quizás unos dirán para echar abajo el modelo de país en que estamos, otros para expresar sus sentimientos de frustración. Parecieran berrinches anárquicos que afloran cada vez con más frecuencia al amparo del anonimato.

No es primera vez que vivimos estos momentos de furia desatada. La historia del país está jalonada de estallidos sociales.  Sin ir más lejos recordemos los vividos hace menos de medio siglo, en la primera mitad de la década de los 80, en plena dictadura. Eran tiempos de alto desempleo motivados por la caída del sistema financiero donde las movilizaciones eran reprimidas con total desprecio por los DDHH. Ya entonces los desmanes hacían de las suyas sin importarles las consecuencias.

Con el arribo de la transición democrática, las aguas amainan al amparo de un nuevo clima. Pero a poco andar, en el primer decenio del presente siglo, el movimiento pingüino del 2006, bajo el gobierno de Bachelet I,  nos pone en estado de alerta. Las marchas y movilizaciones de entonces, pacíficas en su inicio, terminarían desmadrándose con fuerzas policiales sobrepasadas. El modelo de país que estábamos construyendo muestra sus primeras fisuras en el ámbito educacional. Se cambia la LOCE por la LGE.

Las manifestaciones pacíficas, legítimas, inherentes a una convivencia democrática, derivan, degeneran, terminan en expresiones de violentismo puro y duro que amenazan la institucionalidad imperante. Sus actores no son los mismos. Los primeros son quienes expresan un malestar; los segundos, rabias, anarquía.

En el 2011, ahora bajo el gobierno de Piñera I, estalla nuevamente un descontento creciente que encuentra cada vez más eco de la mano de sus líderes más emblemáticos de entonces: Boric, Jackson y Vallejo. Hoy son quienes se encuentran encabezando el poder ejecutivo con el objetivo de llevar a cabo las grandes transformaciones que el país demandaría. Vaya paradoja! Quienes ayer encabezaban las movilizaciones hoy están al frente del gobierno por decisión popular.

El año 2019, bajo Piñera II, saltan todos los tapones a partir de un alza en el precio del transporte público (metro). La violencia desatada sin control alguno hace crujir la estabilidad institucional. Chile pareció un país de tierra arrasada. El oasis, el país modelo es puesto en jaque. Las castas, las élites de todo orden –económicas, sociales, políticas, académicas, culturales, religiosas, deportivas- se agarran la cabeza a dos manos. Días después, una multitudinaria manifestación nunca antes vista que se desarrolló con toda normalidad. En noviembre del 2019, desde la clase política surge el acuerdo por una nueva constitución. Con ello se asume que ahí estaba la madre del cordero, la necesidad de contar con un nuevo pacto social, de tener la oportunidad de sentar las bases de otro país, con bases distintas a las de la constitución del 80. El acuerdo pareció transformar toda la energía destructiva en energía constructiva.

Desde entonces hasta el 4 de septiembre de este año parecían soplar nuevos vientos. En el año 2020 un plebiscito de entrada dijo que casi un 80% quería una nueva constitución y que ésta fuese hecha por convencionales electos con ese exclusivo propósito, descartando la participación de diputados/senadores del congreso. Se eligieron los convencionales, siendo la mayoría de ellos no adscritos a partidos políticos, sino que a movimientos sociales. Vivían su minuto de gloria.  Los militantes de partidos políticos electos se podían contar con los dedos de la mano. La pelota política, como es la elaboración de una constitución, fue entregada a independientes, o supuestos independientes, y líderes de las más diversos movimientos sociales.

La derecha quedó confinada a menos del tercio sin posibilidad de veto alguno. Su bajo número de convencionales electos y el comportamiento del grueso de los convencionales que constituían la mayoría, contribuyó a que la derecha se atrincherara.

Del trabajo de la convención emerge una propuesta convencional que en el plebiscito de salida es rechazada abrumadoramente, por más del 60%, mediante el voto popular obligatorio. Como consecuencia, la pelota ha vuelto a manos de los políticos quienes parecen no saber con ella, incapaces, a la fecha, de acuerdo alguno.

En medio de este escenario, en este último 19 de octubre se cumplieron los tres años desde el estallido, ahora ya no con un gobierno de derecha, sino que con uno de izquierda. Y los desmanes, la violencia desatada, siguen haciendo de las suyas a vista y paciencia de todo un país. Ahora, en un escenario que se ha vuelto más complejo después de la pandemia y de un contexto internacional de retorno a tiempos de guerra fría. La ultraderecha está al acecho esperando el momento oportuno para retrotraernos a tiempos que creíamos idos. Ya no vía golpes, sino vía votos.

Alcanzar al menos tres acuerdos políticos de parte de todas las fuerzas democráticas es un imperativo en el Chile de hoy. Un primer acuerdo para  elaborar una nueva constitución; un segundo acuerdo que aborde los agudos problemas en los campos educacional, previsional y de salud que nos aquejan; y un tercer acuerdo para enfrentar toda violencia, de cualquier índole, venga de donde venga, que nos permita disponer de un piso de seguridad personal, familiar y social que cada día se demanda con más fuerza.

octubre 11, 2022

Proceso constituyente empantanado

Foto de Yves Moret en Unsplash

A más de un mes del plebiscito de salida las aguas aún no se decantan, las conversaciones en torno a lo que viene parecen empantanadas. Unos sacan cuentas tristes, otros cuentas alegres. Los dimes y diretes andan a la orden del día. Quienes anduvieron fondeados los días previos han salido a la palestra arrogándose un triunfo que les habría sido esquivo si hubiesen estado en la primera línea.

Quiénes estuvieron tras la opción del rechazo los podemos clasificar en tres grandes grupos. Uno, el de quienes siguen enarbolando la constitución del 80  contra viento y marea, y ojalá se pudiese retrotraer a la original, sin sus modificaciones posteriores, excepto las que le venían como anillo al dedo. Acá están los de la derecha dura, los republicanos, los ultras con Kaiser, Marinovic, de la Carrera y Cubillos encabezándolos. Son quienes creen que ganaron, que les llegó su hora y asumen que la ciudadanía se pronunció de modo que no hay que seguir dándole vuelta, que no hay nada de qué conversar, que ya está todo dicho.

Dos, el de quienes queriendo seguir con la constitución actual, perciben que ya está muerta, que no hay nada más que hacer con ella, y por tanto están abiertos a conversar, a ver qué hacer. Acá está la derecha blanda, que pareciera asumir una postura realista, consciente que no podemos seguir como estamos  ya sea por el bien de ellos mismos, como del país en que vivimos. Acá veo a Macaya, a Desbordes, a Ossandón, a Briones, buscando desmarcarse de los cabezas calientes, de los ultras.

Tres, el de la centroizquierda que se enojó con el ninguneo a los famosos 30 años, que proviene del mundo concertacionista, que queriendo cambiar la constitución del 80, que cruzó el río y no estuvo disponible para aprobar una constitución como la que salió de la convención. Son quienes dieron la cara por el rechazo, con el beneplácito de la derecha blanda y el disgusto de la derecha dura. Este grupo representó a quienes rechazando la constitución del 80, encontraron que la propuesta constitucional que tenían entre manos era muy mala. Acá veo a Landerretche, Waissbluth, Parada, Rincón, Ealker, Maldonado.

Durante la campaña, tanto esta centroizquierda, como la derecha blanda de ChileVamos, al promover el rechazo se comprometieron con una nueva constitución que incluyera un conjunto de puntos que consideraban vitales, esenciales.  Objetivamente, no cabe duda que fue este sector, el de la centroizquierda, o como quiera que se le llame, el que inclinó la balanza a favor del rechazo.  

Los resultados del plebiscito de entrada dijeron que un 78% de los votantes querían una nueva constitución y que la totalidad de quienes debían elaborarla debían ser electos con ese exclusivo propósito. Los resultados del plebiscito de salida no los contradicen ni mucho menos porque lo que se consultaba era otra cosa: si queríamos o no la constitución que se nos proponía. La respuesta fue categórica: un 62% de los votantes la rechazó.

En medio de estos dos plebiscitos tuvo lugar la elección de convencionales y cuyo resultado tuvo la particularidad de que los votantes privilegiaron a candidatos independientes, o pseudoindependientes de los partidos políticos, y candidatos provenientes del mundo social. El triunfo del rechazo a la propuesta elaborada es una señal de que los convencionales elegidos no  hicieron bien su trabajo. La gente le pasó la pelota a los “no políticos” y el resultado no gustó. Ahora la pelota ha vuelta a manos de los políticos.

El mensaje es inequívoco: la ciudadanía no quiere ni la constitución del 80 ni la que se nos propuso. Hay que elaborar otra que tome en consideración las razones por las que ha rechazado tanto la constitución que tenemos como la que se le propuso. Hay una experiencia acumulada que debe ser asumida, hay lecciones que deben desprenderse del proceso vivido. Abandonar trincheras, mirarnos a los ojos, abrir nuestros corazones, sentarnos a conversar, llegar a acuerdos, ceder, o como diría el padre Hurtado, dar hasta que duela.

octubre 03, 2022

Mahsa Amini ¿Qué está pasando en Irán?


Una joven mujer iraní de origen kurdo y tan solo 22 años ha muerto tras ser arrestada y torturada por no usar el velo islámico (hiyab) en los términos establecidos por el régimen iraní. En simple, por no cubrirse todo el pelo, por dejar al descubierto parte de su cabello. El velo islámico es el que cubre la cabeza y el pecho que usan las mujeres musulmanas cuando están en presencia de personas que no forman parte de su familia inmediata.

El arresto de Mahsa fue ejecutado en Teherán a punta de engaños por parte de agentes de la llamada “Policía de la Moral” del régimen iraní, lo que en otras partes se llaman “fuerzas especiales”. Integrantes que se creen con licencia para todo. La detención implementada, en presencia de su hermano, tuvo el propósito de llevarla a un centro de detención para recibir una “clase informativa”. Solo les faltó decir que para recibir “clases de ética” como las dadas a los hermanos Carlos (Délano y Lavín) a propósito del memorable caso Penta. Al hermano de Mahsa le aseguraron que la liberarían en una hora. La “clase informativa” consistió en dos horas de golpes y torturas que la condujeron a la muerte.

La torturaron hasta tal punto que del centro de detención tuvieron que llevársela en ambulancia al hospital. Como diría algún experto en la materia “se les habría pasado la mano”. En el hospital estuvo dos días en coma hasta morir. Todo por no usar su velo como lo quiere el gobierno iraní. Así de simple. O lo usas como corresponde, o atente a las consecuencias. Para que entiendan, para que aprendan, para que sepan cómo se debe usar el velo. No habría otra forma que entiendan.

Las protestas se suceden. Las mujeres iraníes se rebelan, protestan, salen a las calles cortándose el cabello y quemando el hijab, desafiando a las fuerzas especiales de Irán encargadas de reprimirlas. El cabello ha pasado a ser su nueva bandera. Claman por la libertad. La imperiosa necesidad de imponer “el orden” ha forzado una represión que está dejando una estela de muertos que a la fecha se acerca a la centena, si es que no la ha sobrepasado.

No podemos permanecer indiferentes. Es obligación nuestra reaccionar, escandalizarnos, rechazar, hacer todo lo que nos es posible para impedir que esto siga ocurriendo en Irán o en cualquier otra parte, incluso en la quebrada del ají.

septiembre 29, 2022

Bolsonaro versus Lula

Foto de Tutz Dias en Unsplash

Este domingo tienen lugar las elecciones presidenciales en Brasil cuya disputa está centrada en Lula y Bolsonaro, representando ambos visiones diametralmente opuestas respecto de lo que se entiende por democracia y desarrollo.

La relevancia de estas elecciones se explica por tratarse del país más grande de América Latina y porque ahora se da la confrontación que no pudo tener lugar en las elecciones pasadas. A estas últimas no pudo concurrir Lula por haber sido sacado de la carrera presidencial por iniciativa del propio Bolsonaro vía judicial a través del entonces fiscal Moro.

Posteriormente, Bolsonaro, una vez entronizado en la presidencia, se encargó de premiar a Moro designándolo como ministro de justicia. Cargo al cual tuvo que renunciar poco tiempo después. El proceso judicial siguió su curso, comprobándose que Lula era inocente de todas las acusaciones por las cuales se le mantuvo encarcelado por poco menos de 2 años.

Desde que salió de la cárcel, Lula se ha empeñado en recuperar su imagen pisoteada una y otra vez por Bolsonaro y sus seguidores inmediatos. Desde entonces inicio la travesía para volver a la presidencia, no dejándose amilanar por los ataques de que ha sido objeto. Travesía que lo tiene adportas de alcanzar un triunfo apoyado por los tiempos en los que estuvo en la presidencia, período en el que redujo significativamente la pobreza y posicionó a Brasil dentro del concierto de naciones más poderosas del mundo. La duda está en si logra ganar con mayoría absoluta en primera vuelta.

En términos ideológicos, en los tiempos que corren, claramente Lula representa a la izquierda, en tanto que Bolsonaro a la ultraderecha. En tal sentido, dado un contexto de avances de la derecha extrema, particularmente en Europa, esta elección cobra especial importancia en el concierto latinoamericano.  En efecto, en nuestro continente la ultraderecha está al acecho, particularmente en Chile, cuyo último candidato presidencial, José Antonio Kast, no dudó en visitar Brasil para abrazar la causa bolsonarista y obtener su apoyo.

Un triunfo de Lula en Brasil tendría un efecto tonificador para una izquierda que se encuentra de capa caída a nivel mundial y un reconocimiento para quien emergió décadas atrás como un líder de los desposeídos y que ha sido injustamente perseguido.

Bolsonaro está en las cuerdas y para ello está recurriendo a golpes bajos, que es el terreno en el que mejor se mueve. Pero todo indica que esta vez no saldrá con las suyas como ocurrió hace 5 años. Eso al menos espero!

septiembre 26, 2022

El ascenso de la ultraderecha en Italia

Foto de Damiano Baschiera en Unsplash

Este domingo 25 de septiembre del 2022, tal cual estaba previsto, ganó la ultraderecha italiana. Giorgia Maloni es la gran triunfadora con tan solo 45 años, la edad de mi hijo. Me asombra cómo el postfascismo está retrotrayéndonos a tiempos que creíamos superados. Pero como bien sabemos, el ser humano parece ser un animal capaz de tropezarse más de una vez con la misma piedra.

En términos futbolísticos diríamos que la delantera encabezada por la ultratrechista Meloni y secundada por dos bufones como son Salvini y Berlusconi, ha ganado por goleada. Cuesta entender cómo el discurso ramplón, populista, simplista del fascismo de la 2GM haya encontrado eco en la Italia actual, al igual que en no pocos otros países. La comprensión de este fenómeno es todo un desafío para lo que se supone es el sentido común. Su discurso es el clásico fascista, nacionalista, homofóbico amparado en su condición de mujer, madre, cristiana e italiana.

En un mundo que está siendo preso de una inseguridad desde los más diversos frentes, el mayor atractivo de Meloni parece ser el de no ser de medias tintas; de no admitir grises, es sí o es no, es blanco o negro, estás conmigo o contra mí. Azuzan a las multitudes levantando un enemigo al cual lanzar sus dardos, sea éste el comunismo, el feminismo, la inmigración, el globalismo. Enemigos que identifican como los responsables de todos los males. Un discurso que a la vuelta de la esquina se desploma no sin antes dejar una estela de tragedias.

El triunfo de Meloni no es un caso aislado, es consecuencia de un efecto dominó, de un período signado por el miedo, la incertidumbre. Ha sido precedido por Trump y Bolsonaro y Orban, en EEUU, Brasil y Hungría. En Francia el ascenso de Marine Le Pen alcanzó a ser detenido a duras penas. En Suecia y Polonia los nacionalismos andan a la orden del día, y para qué hablar de Putín, quien se ha nutrido del nacionalismo ruso para invadir Ucrania.

Italia en Europa pareciera ser lo que es Bolivia en nuestro continente, donde sus gobiernos tradicionalmente han sido de corta duración. Podríamos tranquilizarnos con que en italia todo puede ser, con que sus gobiernos son de corta duración, que más temprano que tarde, el gobierno de Meloni caerá y que la vida sigue igual.

¿Cuál es el mar de fondo tras este resultado? Me temo que es el hastío, el cansancio con una casta política que por décadas se ha dado vueltas en sí misma. La corrupción reinante también está haciendo lo suyo, la clásica avivada que termina socavando los cimientos de cualquier sociedad que se precie de tal. Lamentablemente me temo que la ciudadanía termine apelando a los peores. Como quien dice, poniendo a los gatos a cuidar la carnicería. Ojalá me equivoque!

septiembre 25, 2022

Especulando desde Pullay

Fuente: Rodolfo Schmal

Poco antes del último plebiscito de salida, el presidente Boric afirmó que de ganar el rechazo da por sentado que se haría necesaria una nueva convención, lo que en su momento descolocó a medio mundo. Sí, descolocó a moros y cristianos, a adherentes y opositores porque todos se planteaban de otra manera.

Mal que mal, entre los partidarios del rechazo estuvieron quienes no quieren la constitución actual, pero que tampoco les gusta para nada la constitución que se propone y que decidieron rechazar para entrar a reformar la constitución actual.

Entre los del apruebo estuvieron quienes no les gusta la constitución que se propone, pero que la prefieren antes que la actual. Los partidarios acérrimos del apruebo objetaron las expresiones de Boric porque asumía, en forma implícita, que el rechazo podría ganar. Y los extremistas del rechazo, que son quienes quieren seguir con la constitución actual tal como está, las criticaron porque aspiraban que un triunfo del rechazo implicara automáticamente la continuidad de la constitución del 80.

Ahora, con el inobjetable triunfo del rechazo en la mano, está meridianamente claro que el país, si bien no quiere la constitución actual –lo que fue expresado categóricamente en el plebiscito de entrada por casi el 80% de los votantes- tampoco quiere la propuesta constitucional elevada por la convención. La pregunta que habría que hacerse es si habría que elegir una nueva convención para que hagan otra propuesta constitucional que habría que someter a plebiscito, y así sucesivamente hasta que se apruebe una nueva constitución. En matemáticas esto se llamaría el ¨método de las aproximaciones sucesivas” hasta encontrar una constitución aceptable, esto es, aprobada por la mayoría. Teóricamente así sería, pero no creo que lo sea porque el país resistiría vivir varios años en este estado de “aproximaciones sucesivas”. Por lo demás, nada asegura que esto tienda a algo, porque podrían ser también oscilaciones en diversas direcciones y que al final no se aproxime a nada. En política las matemáticas no siempre calzan.

El tema es ciertamente complejo. El país pareciera estar partido en dos con miradas totalmente opuestas. Quizás podríamos hablar de cuatro países: el de la derecha (15%) que estuvo por el rechazo a secas para seguir con la constitución actual sin modificaciones; una centroderecha (35%) que estuvo por el rechazo para reformar, tomando como base la constitución actual para reformarla; una centroizquierda (35%) en la que unos habrían estado por el apruebo para reformar la constitución propuesta y reformar algunas de sus partes, así como otros que habrían estado por el rechazo, pero no para mantener la constitución actual, sino que para modificarla sustancialmente; y una izquierda (15%) que estuvo a ojos cerrados por aprobar la constitución propuesta. Las cifras son al azar y dan cuenta de mi impresión. Lo que quiero decir es que alrededor de un 70% estaría por otra constitución, distinta de la actual y de la propuesta.

Vamos a ver en qué termina esto, pero tengo mis aprensiones porque no obstante algunos gestos de buena voluntad, a la hora de los quiu, no faltan las zancadillas. Los ánimos están demasiado caldeados en un contexto mundial inestable en términos tanto económico-sociales como políticos. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde. Mal que mal, el horno no está para bollos, ni para unos ni para los otros.  

El gran aliciente que existe para salir airosos del trance en que estamos, es que si no salimos adelante, perdemos todos. Nadie gana, ni siquiera los de arriba. En tal sentido no debemos descartar alguna salida inesperada e insospechada imposible de predecir en un país como Chile.

septiembre 14, 2022

La resurrección del centro político

Foto de Thought Catalog en Unsplash

Soy de los que perdieron en el reciente plebiscito de salida. Voté apruebo porque prefería tener sobre la mesa la constitución propuesta antes que seguir con una basada en la constitución del 80. Voté por dar vuelta la página con una nueva constitución. Una clara mayoría dijo otra cosa.

Los distintos actores políticos están enfrascados en descifrar el resultado final desmenuzando los datos electorales a todo nivel, comunal, socioeconómico, etáreo, de género, etc. Mi análisis será más simple, apoyándome en cuatro grandes corrientes políticas que nos recorren: izquierda, centroizquierda, centro derecha y derecha. Se trata de una simplificación gruesa dado que las fronteras entre ellas son un tanto borrosas. Podríamos agregar dos categorías más en ambas puntas, la ultraizquierda y la ultraderecha, pero que para el presente análisis las he subsumido dentro de la izquierda y la derecha respectivamente.

Mi tesis sostiene que quien atraiga el grueso de las voces de centro, sean estas de centroizquierda como centroderecha, es quien gana. Así ocurrió con el plebiscito de entrada, donde la izquierda logró capturar casi el 80% de la votación dando inicio al proceso constituyente. Así ocurrió también en la elección presidencial con el triunfo de Boric, facilitado por el hecho de que en la segunda vuelta compitiera con Kast, representante de una derecha extrema. Y si nos remontamos más atrás, al plebiscito del 80, la opción del No ganó en gran parte gracias a los desgajamientos producidos desde las entrañas mismas de la dictadura del innombrable. Entre los nombres que se cambiaron de acera destaco los de Mónica Madariaga, Federico Willoughby, Armando Jaramillo, Julio Subercaseaux y Liliana Mahn.

En esta ocasión, en el plebiscito de salida, la opción del rechazo logró atraer a gran parte de la centroizquierda, en tanto que la centroderecha se cuadró íntegramente. Ahí es donde estaría la madre del cordero. Y la pregunta que asoma de Perogrullo es ¿porqué? El centro, tanto de izquierda como de derecha, tiende a representar a quienes no están en el día a día de la política, quienes tienen posturas moderadas, no extremas, graduales, no abruptas, quienes le hacen el quite a tierras movedizas, desconocidas, salvo cuando se viven momentos desquiciados.

Así ganó el NO el 88: mientras la campaña del SI se centraba en el caos que sembraría un eventual triunfo del NO, la campaña por el NO se impuso poner la pelota al piso y colocando al frente a sus voces más moderadas. Así también se ganó el plebiscito de entrada, enfatizando la necesidad de dejar atrás una constitución mal parida que vanagloria el individualismo y desprecia el espíritu comunitario como base del desarrollo al que todos aspiramos. Así también logró acceder Boric a la presidencia cuando al pasar a la segunda vuelta decide limar las aristas más ásperas de su programa para atraer al mundo de centro, esencial para toda victoria en las urnas.   

Así fue como ahora se perdió en el plebiscito de salida. La derecha logró atraer para su opción, la del rechazo, a todo un mundo de centro que evaluó mal la propuesta constitucional la convención. Esta mala evaluación nos dice que la propuesta constitucional no recoge las aspiraciones de una mayoría. Y esta mayoría la conquista quien logra atraer para sí a ese centro que en Chile siempre ha sido crucial, nos guste o no. Bien sabemos que solo mayorías claras y contundentes en las urnas, son las que viabilizarán las transformaciones necesarias para tener un país más equilibrado, en todo el sentido de la palabra. Por tanto, la orden del día para recuperar una mayoría como la alcanzada en el plebiscito de entrada, es reconquistar el centro político del país. No es una misión imposible. Basta simplificar y clarificar la propuesta constitucional, despojándola de sus acápites más conflictivos, reduciéndola a aquellos aspectos básicos donde se puedan encontrar consensos. Hacer aquello que no hizo la convención.

Aparentemente la derecha ganó desde el momento en que el rechazo obtuvo más votos. Pero ojo, para ganar se tuvo que esconder y poner en el escaparate a figuras del centro político, particularmente de la centroizquierda, la niña bonita de esta elección. Acá no ganó la derecha, sino que el centro político, y quien perdió fue la izquierda, que sin querer queriendo, se vio arrastrada por una izquierda radical, extrema. Este centro político tiene ahora la obligación de concretar las reformas que comprometió en campaña y no verse inmovilizada por una derecha que está queriendo sacar las castañas con la mano del gato.

septiembre 07, 2022

Fuimos por lana y salimos trasquilados

Foto de Kayle Kaupanger en Unsplash

Como consecuencia de la contundente derrota de la opción a la que adhería el gobierno en el plebiscito de salida, no obstante que los análisis abundan, no por ello me abstendré del mío. Acá va.

Sin duda que la derrota cuesta asimilarla y comprenderla en toda su magnitud. Lo más fácil es achacarla a factores externos, que si bien existieron, no los considero determinantes para un resultado que no se esperaba, al menos de la magnitud que alcanzó. Nadie, ni siquiera en la oposición se atrevió a vaticinar una diferencia por sobre 20 puntos (68% versus 32%).

La oposición se encargó de distribuir noticias falsas a través de las redes sociales de manera descarada sembrando a diestra y siniestra dudas, inquietudes, temores, miedos. Los medios de comunicación convencionales también contribuyeron, al igual que la difícil situación económica que está viviendo la gran mayoría de los hogares. A ello agréguese la disparidad de recursos financieros disponibles por parte de una y otra opción fue enorme.

Nadie duda de lo señalado, pero no es nada nuevo. Esta realidad también se dio en la campaña para el plebiscito de entrada y para la presidencia, tanto en la primera y segunda vuelta. Y sin embargo, casi el 80% quiso una nueva constitución y Boric logró acceder a la presidencia en forma holgada. Sin embargo ahora no fuimos capaces de repetir los triunfos anteriores, y por el contrario, perdimos por paliza, farreándonos una oportunidad histórica.

¿Qué pasó? Sin perjuicio de factores que incidieron, pero siempre estarán presentes cuando quieres realizar transformaciones profundas, tengo el convencimiento de que acá fueron factores internos, errores nuestros, que están bajo nuestra responsabilidad los que hicieron posible este traspié. Intentaré bosquejarlos someramente.

El proceso constituyente llevado a cabo por los convencionales estuvo plagado de incidentes desafortunados, por decir lo menos. Como era de esperarse, estos incidentes fueron multiplicados adinfinitum por las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. También hizo lo suyo el predominio de convencionales “independientes” provenientes de movimientos sociales por sobre los convencionales “políticos”, cuya mirada tiende a ser más amplia, larga y dúctil que la de los primeros.  

El resultado de la convención, la “nueva constitución” en vez de entregar estabilidad y certidumbre, en la práctica incorporó inestabilidad e incertidumbre al abrir espacio a las más diversas interpretaciones, dando alas a los más variados temores en sectores moderados que terminaron siendo capturados por los opositores. Todo esto, por cierto, multiplicado al por mayor por todas las vías imaginables.

El concepto de plurinacionalidad y de las autonomías indígenas fue muy mal entendido, y por lo mismo, mal explicado, mal comunicado. No pocos se compraron el cuento de que el país se dividiría en tantas partes como regiones o grupos indígenas existen. Y si fue bien transmitido, significa simplemente que el país no está preparado, no está en condiciones de asumir la plurinacionalidad.

Fuimos por todo, pero el resultado no cuajó. La mayoría encontró en la nueva constitución al menos algo que objetar y que lo motivaba a rechazar. Perdimos a los moderados, olvidándonos que son claves. Olvidamos que en el plebiscito de entrada se ganó por casi el 80% gracias a que hasta sectores de derecha votaron por una nueva constitución porque entendían que la del 80 ya no daba para más. Olvidamos que el triunfo de Boric se produjo gracias a que al frente había un candidato de ultraderecha y que para la segunda vuelta moderó su programa y logró atraer para sí a todo un mundo que tiende a ser presa fácil de la derecha. Nos olvidamos de lo que en su momento sostuvo Boric en su primer discurso presidencial: vamos lento porque vamos lejos.

Hay otros factores internos, pero con éstos bastan. Fuimos por lana y salimos trasquilados. Se jugó al todo o nada, y se perdió. Así de simple. En democracia esto es sin llorar. Solo nos queda lamer nuestras heridas, aprender de los errores, corregirlos y levantar cabeza.

septiembre 04, 2022

Toda una paliza

Inicio la escritura de estas líneas en pleno proceso electoral con gente aun votando y la terminaré una vez que al menos se sepa la tendencia. Lo primero que habría que consignar es que el proceso electoral ha sido ejemplar como históricamente lo ha sido en Chile y que no deja de enorgullecernos. Una jornada democrática con amplia participación, que se ha desarrollado bajo un clima expectante frente a la incertidumbre del resultado final. Todos han arriado sus particulares banderas para quedar bajo una única bandera, la de Chile, la de la estrella solitaria.

Importa consignar que cualquiera sea el resultado final, el proceso constituyente no concluirá, seguirá abierto, iniciándose una nueva etapa cuyo tenor vendrá dado por 3 factores: uno, cuál sea la opción ganadora; dos, por la magnitud de la diferencia entre las opciones en juego; y tres, por el comportamiento de la población y su clase dirigencial de todo orden, particularmente los líderes políticos, sociales y empresariales.

El plebiscito de salida ha tenido lugar luego de una intensa campaña a favor y en contra de la propuesta elevada por una convención constituyente elegida democráticamente. Campaña efectuada en un contexto extremadamente complejo marcado por golpes bajos, noticias falsas, fuerte incidencia de las redes sociales, el desnivel de recursos disponibles por parte de una y otra opción, una economía nacional y mundial en declive. A ello cabe agregar la asunción de un nuevo gobierno hace menos de 6 meses encabezado por el presidente más joven que ha tenido el país en toda su historia, y sin disponer de las mayorías en el parlamento. Mayorías imprescindibles para realizar las profundas transformaciones comprometidas.

Cualquiera sea el resultado final, la pelota será traspasada al parlamento en funciones, ya sea para ver cómo y qué cambiar de la constitución del 80 o de la propuesta constitucional, lo que dependerá de cuál sea la opción triunfante: rechazo o apruebo. Lo que la campaña ha puesto de manifiesto es que las posturas extremas están condenadas al fracaso: tanto por parte de quienes quieran mantener la constitución del 80 tal cual, sin moverse ni un ápice de él, como por parte de quienes se empecinen en implementar la nueva constitución tal cual está.

En consecuencia, se iniciará una fase de negociaciones, y la fuerza con que se acceda a ella por parte de los distintos actores, estará determinada por cuál sea la opción que gane y por la diferencia con que se ganó/perdió. Lo que viene será muy distinto si se trabaja a partir de la constitución actual o a partir de la nueva constitución. Uno pasa a ser el dueño de casa y el otro la visita. Y también será muy distinta la fuerza con que las partes se sientan a conversar si el triunfo ha sido holgado o estrecho. En el cuadro que sigue se ilustran los escenarios que se abren, todos caracterizados por la negociación, la conversación.

Gana/Resultado

Estrecho

(menos de 10 puntos)

Holgado

(más de 10 puntos)

Apruebo

E1: Se negocia mucho con el apruebo en posición dominante

E3: Se negocia poco con el apruebo en posición dominante

Rechazo

E2: Se negocia mucho con el rechazo en posición dominante

E4: Se negocia poco con el rechazo en posición dominante

Continúo estas líneas, conociendo la tendencia de los resultados, los cuales revelan un abrumador triunfo de la opción rechazo, lo que nos ubica en el escenario E4 de la tabla, con la dirigencia del rechazo en posición claramente dominante y con poca capacidad de negociación de quienes respaldaron el apruebo.

Es interesante consignar que para el plebiscito de entrada la opción de una nueva constitución logró casi un 80%, porcentaje que en este plebiscito de salida se redujo estrepitosamente a una cifra, al momento de escribir esta columna, que bordea el 40%. La pregunta que la dirigencia del apruebo debe hacerse es ¿qué se hizo mal para reducir a la mitad el porcentaje alcanzado en el plebiscito de entrada? Hubo un vuelco tal que obliga a una introspección, a asumir con humildad el veredicto popular.

Ahora, la responsabilidad se traslada al interior de los partidarios del rechazo donde conviven quienes quieren mantener la constitución del 80 tal cual está, quienes quieren cambios cosméticos, y quienes reconocen la necesidad de cambios profundos acorde a los tiempos que vivimos.

En este marco, serán claves el comportamiento, la conducta que adopten los distintos actores implicados, tanto a nivel de base poblacional y laboral, como a nivel de la dirigencia política, sindical, social y empresarial. Poner paños fríos a las cabezas calientes deberá ser la orden del día para abrir espacio a la sensatez, al sentido común, a la cordura, mirándonos a los ojos, dejando atrás un clima de odiosidad inconducente. Se deberá pasar a un clima de acuerdos de cara a la gente, sin cartas escondidas abriendo espacio a la confianza para dejar atrás desconfianzas. Este es el gran desafío, la gran responsabilidad que tendrán los políticos y el gobierno encabezado por Gabriel Boric.