En mi última columna de esta serie (leer) revelé el modelo de escuela que inspiró la creación de la carrera de Ingeniería en Informática Empresarial (IIE) a quienes la diseñaron.
En dicho modelo se plantea que la propuesta
de valor de la carrera de IIE está “centrada en la
formación de profesionales capaces de innovar dentro de las organizaciones en
que se desempeñen en base a las TICs sobre la base del desarrollo de
competencias mediante un temprano acercamiento al ambiente laboral”.
Hoy, ya en la tercera década de este siglo, a más
de 20 años de la creación de la carrera, no obstante los vertiginosos cambios
producidos en estos años, la propuesta de valor mantiene intacta su vigencia. A pesar de que hoy estamos ante una revolución en marcha, en pleno desarrollo, el de la inteligencia
artificial (IA), que está remeciendo los cimientos de los más diversos campos.
En particular, para los efectos de lo que nos interesa, el laboral y el
educacional.
Hay profesiones que literalmente desaparecerán,
si es que ya no están desapareciendo, en tanto que otras cobrarán mayor realce,
así como surgirán nuevas profesiones. Estamos en pleno período de transición,
en el que veremos destrucción de puestos de trabajo, así como de creación de
nuevos puestos laborales.
La revolución informática, en un primer período, impactó esencialmente a los niveles operativos, repetitivos,
posibilitando la automatización de procesos al interior de las organizaciones,
lo que conllevó a un importante aumento en la productividad al mejorar la
eficacia y eficiencia de los trabajos que se desarrollaban.
La revolución actual, marcada por la inteligencia
artificial, apoyada en el desarrollo de las comunicaciones y de las capacidades
de almacenamiento, está impactando fuertemente, ya no los niveles operativos de
las organizaciones, sino sus niveles de control y estratégicos, esto es, sus
niveles cognitivos.
Esta revolución en la que estamos inmersos, remece el plano educacional, y en el caso particular de IIE, a
revisar no su propuesta de valor, sino su plan de estudios, el contenido de las
asignaturas que lo componen, y la comunicación-interacción con los alumnos. Las
clases frontales perdieron valor. Los profesores ya no tienen el monopolio del
conocimiento, el que los alumnos pueden encontrar interactuando con un agente
de IA.
Las clases deben convertirse en espacios de
discusión, de profundización, de interacción. Esto supone que los alumnos
llegan a clase sabiendo lo que se va tratar, y habiéndolo estudiado con
asistencia de IA. La clase es para discutir, intercambiar observaciones,
aclaraciones, y donde el profesor actúa como mentor, mediador, orientador. La
clase ya no es para pasar materia. Para qué ver lo que está en la red y que la
IA nos puede proveer sin mayores problemas.
El punto clave para que esto funcione reside en el supuesto,
esto es, que los alumnos ingresen a la sala de clase habiendo estudiado lo que
se va a tratar, con la batería de dudas y certezas, como para entrar a debatir
a una clase de dejó de ser expositiva para pasar a ser un taller de discusión.
Ahí está la madre del cordero, porque si los alumnos entran a la sala sin haber
buceado en torno a lo que se abordará, estamos fritos. Solo se estaría
perdiendo el tiempo. Y eso es responsabilidad de cada alumno.
Otros puntos se relacionan con la evaluación y aspectos éticos que no son soslayables, y que inevitablemente, también deben abordarse. Pero esto, tendremos que dejarlo para
otra ocasión. Abrazo!

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