Me incorporé al Departamento de Matemáticas y
Física, entonces dirigido por Freddy Veas, siendo subdirector, Mario Alvarado,
quien me había entrevistado en Santiago meses atrás, junto con Enrique Guerra,
entonces Director Académico de la sede Arica de la Universidad de Chile. De esos
tiempos recuerdo a los profesores Eward Trigo, Gonzalo Masjuan, Yanko Ossandón,
Jaime Rodríguez, Víctor Sánchez, Benjamín Cordero, David Lazo, Edmundo Lazo,
Rojo, Washington Mansilla. Mi responsabilidad fue impartir las asignaturas de
estadísticas a las carreras que las demandaban, entre las que destacaban
Ingeniería Comercial, Contador Público, y Educación Parvularia. El Vicerrector
de entonces, era Sergio Giaconi, con quien me reencontraría años después en la
Universidad de Talca.
En Arica residí desde 1974 hasta 1995. Allí
nacieron mis hijos, en 1975 y 1977; allí hice vida familiar; allí salíamos
todos los fines de semana, en verano a la playa, inicialmente a La Lisera, más
adelante a Las Machas y Chinchorro; en invierno, a los valles, de Azapa y Lluta,
a Poconchile, a Molinos, a Gallinazos; algunas veces íbamos a Tacna, a Codpa, a
Camarones. Fueron años de crianza, de grandes amigos, de salidas a bailar los
fines de semana, de fines de año a todo pasto. La academia estaba centrada en
la docencia y la extensión, siendo marginal la investigación. Arica vivía horas
bajas. Atrás quedaron los tiempos de puerto libre, del barrio industrial con
sus industrias automotriz y electrónica. Tras quedó la Junta de Adelanto de
Arica (JAA), institución emblemática que representó todo un paradigma de
descentralización. Las grandes obras que persisten en Arica tienen su sello.
En esos tiempos, mi gran producción era
esencialmente docente, publicaciones docentes de apoyo a los estudiantes de mis
clases. Por cuenta propia, esto es, interés personal, sin relación con proyecto
alguno ni con las materias que impartía en docencia, tengo un par de
publicaciones en la Revista Arica de la Universidad del Norte: “Consideraciones
en torno al desarrollo regional” (1975) y “El recurso agua y su contaminación” (1976).
A esto quizás agregaría un proyecto destinado a automatizar y procesar los
registros del test de Apgar, utilizado para evaluar la salud del recién nacido
al primer y quinto minuto de vida. Esta
investigación fue desarrollada con el doctor Renato Beltrán, entonces director
de la Maternidad Pública del Hospital Juan Noé de Arica y sus resultados fueron
presentados como ponencia en las
Jornadas Chilenas de Obstetricia y Ginecología celebradas en la segunda mitad
de los años 70 (entre 1976 y 1978).
Fueron años bravos, en los que la universidad
estaba intervenida. Su vicerrector, Sergio Giaconi, designado por el
innombrable, vio sus días contados en 1976 cuando el régimen se cansó de los demócratas
cristianos por su defensa de los DDHH de quienes estaban siendo perseguidos. Traen
un nuevo vicerrector de Santiago, Félix Viveros, dentista, reservista, que se
daba el gusto de ingresar a la universidad en tenida de combate. Fueron años en
los que profesionales jóvenes adictos al innombrable se apoderaron de los altos
cargos universitarios para cambiarnos el pelo. A poco andar, Viveros es
reemplazado por quien era el secretario general de la sede, Lupercio Vásquez. Todos
nominados a dedo.
Todos los fines de año entrábamos en estado de
oración porque siempre se hacía necesario incurrir en ”ajustes” que implicaban
despidos, los que normalmente tenían lugar entre navidad y año nuevo.
En 1981 las Universidades de Chile y Técnica
del Estado son cercenadas, despojándoseles de sus sedes regionales al amparo de
una política de regionalización universitaria. Nada mejor que dividir para
reinar. Pero esta ya es otra historia, la que dejaré para la próxima.

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