septiembre 30, 2026

Mi vida académica … parte 3

Llegué a Arica con mi señora en agosto de 1974, siendo recibido en el aeropuerto por una de las profesoras de entonces, Fresia Zúñiga, quien nos condujo a una residencial de mala muerte localizada en calle San Martín, entre 21 de Mayo y Sotomayor, donde estuvimos un par de días, para después irnos a una residencia en calle 18 de Septiembre, que años después sería la sede del Colegio de Profesores de Arica. Allí estuvimos hasta fin de año antes de arrendar un departamento, el 125, en el edificio Lastarria que estaba en Caupolicán 955.

Me incorporé al Departamento de Matemáticas y Física, entonces dirigido por Freddy Veas, siendo subdirector, Mario Alvarado, quien me había entrevistado en Santiago meses atrás, junto con Enrique Guerra, entonces Director Académico de la sede Arica de la Universidad de Chile. De esos tiempos recuerdo a los profesores Eward Trigo, Gonzalo Masjuan, Yanko Ossandón, Jaime Rodríguez, Víctor Sánchez, Benjamín Cordero, David Lazo, Edmundo Lazo, Rojo, Washington Mansilla. Mi responsabilidad fue impartir las asignaturas de estadísticas a las carreras que las demandaban, entre las que destacaban Ingeniería Comercial, Contador Público, y Educación Parvularia. El Vicerrector de entonces, era Sergio Giaconi, con quien me reencontraría años después en la Universidad de Talca.

En Arica residí desde 1974 hasta 1995. Allí nacieron mis hijos, en 1975 y 1977; allí hice vida familiar; allí salíamos todos los fines de semana, en verano a la playa, inicialmente a La Lisera, más adelante a Las Machas y Chinchorro; en invierno, a los valles, de Azapa y Lluta, a Poconchile, a Molinos, a Gallinazos; algunas veces íbamos a Tacna, a Codpa, a Camarones. Fueron años de crianza, de grandes amigos, de salidas a bailar los fines de semana, de fines de año a todo pasto. La academia estaba centrada en la docencia y la extensión, siendo marginal la investigación. Arica vivía horas bajas. Atrás quedaron los tiempos de puerto libre, del barrio industrial con sus industrias automotriz y electrónica. Tras quedó la Junta de Adelanto de Arica (JAA), institución emblemática que representó todo un paradigma de descentralización. Las grandes obras que persisten en Arica tienen su sello.

En esos tiempos, mi gran producción era esencialmente docente, publicaciones docentes de apoyo a los estudiantes de mis clases. Por cuenta propia, esto es, interés personal, sin relación con proyecto alguno ni con las materias que impartía en docencia, tengo un par de publicaciones en la Revista Arica de la Universidad del Norte: “Consideraciones en torno al desarrollo regional” (1975) y “El recurso agua y su contaminación” (1976). A esto quizás agregaría un proyecto destinado a automatizar y procesar los registros del test de Apgar, utilizado para evaluar la salud del recién nacido al primer y quinto minuto de vida.  Esta investigación fue desarrollada con el doctor Renato Beltrán, entonces director de la Maternidad Pública del Hospital Juan Noé de Arica y sus resultados fueron presentados como ponencia en las Jornadas Chilenas de Obstetricia y Ginecología celebradas en la segunda mitad de los años 70 (entre 1976 y 1978).

Fueron años bravos, en los que la universidad estaba intervenida. Su vicerrector, Sergio Giaconi, designado por el innombrable, vio sus días contados en 1976 cuando el régimen se cansó de los demócratas cristianos por su defensa de los DDHH de quienes estaban siendo perseguidos. Traen un nuevo vicerrector de Santiago, Félix Viveros, dentista, reservista, que se daba el gusto de ingresar a la universidad en tenida de combate. Fueron años en los que profesionales jóvenes adictos al innombrable se apoderaron de los altos cargos universitarios para cambiarnos el pelo. A poco andar, Viveros es reemplazado por quien era el secretario general de la sede, Lupercio Vásquez. Todos nominados a dedo.

Todos los fines de año entrábamos en estado de oración porque siempre se hacía necesario incurrir en ”ajustes” que implicaban despidos, los que normalmente tenían lugar entre navidad y año nuevo.

En 1981 las Universidades de Chile y Técnica del Estado son cercenadas, despojándoseles de sus sedes regionales al amparo de una política de regionalización universitaria. Nada mejor que dividir para reinar. Pero esta ya es otra historia, la que dejaré para la próxima.


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