Esta columna está escrita para responder la pregunta ¿Cuál es el problema interno
que existe en el Ministerio de Ciencias de Chile entre la ministra y la
subsecretaria? ¿qué hay de trasfondo?
La llegada de
Ximena Lincolao para encabezar el Ministerio de Ciencia, Tecnología,
Conocimiento e Innovación (MCTCI) fue una de las sorpresas más notorias del
presidente José Antonio Kast (JAK) al momento de dar a conocer su gabinete. Una
suerte de carta que traía bajo la manga con miras a revolucionar el mundo
científico-tecnológico chileno para iniciar un despegue que nos llevaría a las
grandes ligas mundiales de la innovación y el emprendimiento.
El mismísimo JAK
dio algunas luces respecto de hacia dónde quería enfilar, cuando a poco de
asumir declaró que ya era hora que las universidades dejaran de andar
investigando para producir papers y/o libros que pasarían a ocupar los estantes
de las bibliotecas.
Lo concreto es
que a poco más de medio año de asumir, el MCTCI parece haber dejado de ser un
ministerio propiamente tal, para convertirse en una bolsa de gatos, o un
hervidero de cahuines.
La primera
pista la tenemos en mayo de este año, cuando la ministra Lincolao ordena a su
entonces subsecretario, Rafael Araos, implementar el despido de un tercio del
personal bajo su responsabilidad. Al negarse a ejecutar la orden, Araos se va.
En mayo de
2026, apenas dos meses después de asumir el Gobierno, Lincolao ya había tenido
un enfrentamiento grave con el anterior subsecretario, Rafael Araos. Consultada
sobre el tema, Lincolao negó la existencia de despidos, afirmando que la salida
de Araos obedeció simplemente a distintas maneras de gestionar y ver las cosas.
El puesto de
Araos, la subsecretaría de Ciencia, es ocupado por Carolina Rossi, primero como
subrogante, y a poco andar, es ratificada como titular. Con Carolina las cosas
no han andado mejor, dado que ahora habría disputas por el control de la
cartera, donde unos quieren imponerse sobre otros, porque Carolina no ha podido
contar con un equipo propio, por despidos, por denuncias de malos tratos.
En concreto,
hay mala onda, mal ambiente en un ministerio esencial de cara al futuro, para
que el país salga del pantano del subdesarrollo. Y las señales que hay van en
dirección contraria. ¿Hay problemas personales? ¿de personalidades? ¿de egos?
Muy probablemente, pero no creo que se limiten a ellos.
Sospecho que
los problemas de fondo son de mayor alcance, de ámbitos de poder, de
conducción, donde primaría una visión separatista, no integral del mundo de la
investigación científica respecto del mundo de la innovación y el
emprendimiento.
Si a esto
agregamos que quienes provienen de este último mundo tienden a despreciar a
quienes se mueven en el terreno de la investigación en el campo de las
ciencias, tenemos el conflicto servido para que Lincalao tenga sus días
contados, al igual que Rabat.
Prueba de esto
es que el gobierno ha enviado a Carlina Calvo a reforzar, intervenir y poner
paños fríos en el ministerio para apagar este nuevo incendio. El mismísimo
ministro del interior, Claudio Alvarado, tuvo que reconocer que “algo no está
funcionando bien”.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario