noviembre 02, 2026

Con los días contados

Esta columna está escrita para responder la pregunta ¿Cuál es el problema interno que existe en el Ministerio de Ciencias de Chile entre la ministra y la subsecretaria? ¿qué hay de trasfondo? 

La llegada de Ximena Lincolao para encabezar el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (MCTCI) fue una de las sorpresas más notorias del presidente José Antonio Kast (JAK) al momento de dar a conocer su gabinete. Una suerte de carta que traía bajo la manga con miras a revolucionar el mundo científico-tecnológico chileno para iniciar un despegue que nos llevaría a las grandes ligas mundiales de la innovación y el emprendimiento.

El mismísimo JAK dio algunas luces respecto de hacia dónde quería enfilar, cuando a poco de asumir declaró que ya era hora que las universidades dejaran de andar investigando para producir papers y/o libros que pasarían a ocupar los estantes de las bibliotecas.

Lo concreto es que a poco más de medio año de asumir, el MCTCI parece haber dejado de ser un ministerio propiamente tal, para convertirse en una bolsa de gatos, o un hervidero de cahuines.

La primera pista la tenemos en mayo de este año, cuando la ministra Lincolao ordena a su entonces subsecretario, Rafael Araos, implementar el despido de un tercio del personal bajo su responsabilidad. Al negarse a ejecutar la orden, Araos se va.

En mayo de 2026, apenas dos meses después de asumir el Gobierno, Lincolao ya había tenido un enfrentamiento grave con el anterior subsecretario, Rafael Araos. Consultada sobre el tema, Lincolao negó la existencia de despidos, afirmando que la salida de Araos obedeció simplemente a distintas maneras de gestionar y ver las cosas.

El puesto de Araos, la subsecretaría de Ciencia, es ocupado por Carolina Rossi, primero como subrogante, y a poco andar, es ratificada como titular. Con Carolina las cosas no han andado mejor, dado que ahora habría disputas por el control de la cartera, donde unos quieren imponerse sobre otros, porque Carolina no ha podido contar con un equipo propio, por despidos, por denuncias de malos tratos.

En concreto, hay mala onda, mal ambiente en un ministerio esencial de cara al futuro, para que el país salga del pantano del subdesarrollo. Y las señales que hay van en dirección contraria. ¿Hay problemas personales? ¿de personalidades? ¿de egos? Muy probablemente, pero no creo que se limiten a ellos.

Sospecho que los problemas de fondo son de mayor alcance, de ámbitos de poder, de conducción, donde primaría una visión separatista, no integral del mundo de la investigación científica respecto del mundo de la innovación y el emprendimiento.

Si a esto agregamos que quienes provienen de este último mundo tienden a despreciar a quienes se mueven en el terreno de la investigación en el campo de las ciencias, tenemos el conflicto servido para que Lincalao tenga sus días contados, al igual que Rabat.

Prueba de esto es que el gobierno ha enviado a Carlina Calvo a reforzar, intervenir y poner paños fríos en el ministerio para apagar este nuevo incendio. El mismísimo ministro del interior, Claudio Alvarado, tuvo que reconocer que “algo no está funcionando bien”.



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