febrero 19, 2020

El proceso constituyente (parte 5)

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 Entre las críticas que se formulan al proceso constituyente en el que está inmerso el país es el de la famosa hoja en blanco, esto es, que el diseño y la construcción de la nueva constitución parte de cero, con una hoja en blanco. La crítica se sustenta en ¿por qué partir de cero y no partir de lo que tenemos efectuando las reformas que se acuerden? ¿Por qué no continuar con la estrategia de mejoramiento continuo de la actual constitución en que hemos estado empeñados desde el triunfo del No en el plebiscito del 88?

  Estamos ante el clásico dilema en que se encuentran muchas organizaciones: mejoramiento continuo versus reingeniería. Por lo general se opta por lo primero, una estrategia de gradualidad, destinada esencialmente a la necesidad de adaptación a un contexto cambiante para mantener vigencia, para satisfacer las necesidades del mercado y/o abrir nuevos mercados y/o enfrentar nuevos desafíos. La reingeniería es una alternativa válida en contextos críticos, que fuerzan a las organizaciones a repensarse completamente, invitándolas a abrirse, a explorar nuevas opciones, a “salir de la caja”, a replanteárselo todo, a innovar radicalmente.

Desde esta perspectiva, lo que habría que plantearse es si el país vive o no un momento crítico en su devenir político, si transcurridos 40 años desde que entró en vigencia la actual constitución, y sin perjuicio de las múltiples reformas de las que ha sido objeto en todo este período, amerita seguir siendo reformada por la vía seguida hasta este minuto, o ha llegado la hora de una reingeniería que nos invite a repensar el país que queremos. Esto es lo que parece estar en juego en el plebiscito de abril.

Rara vez una organización resuelve implementar una reingeniería en tiempos de “normalidad”. Por el contrario, como ya se afirmó más arriba, en momentos de crisis. Por tanto, lo que habría que preguntarse es ¿cómo estamos como país? ¿Estamos satisfechos con nuestra situación y la de quienes nos rodean? ¿Nuestros problemas son los clásicos, tienen solución dentro de los cánones en que nos movemos? ¿O requieren de un fuerte cambio de timón? ¿Tenemos opciones de mejoras significativas?

Quienes adhieren a la constitución actual no deben olvidar que ella fue concebida en dictadura, entre cuatro paredes, sin participación alguna, salvo de sus adherentes. Y cuando la construyeron lo hicieron sobre una hoja en blanco, haciendo tabla rasa con la constitución del 25. Sin recato alguno, y sin arrugarse siquiera, aplicaron la famosa metáfora de la retroexcavadora.

La opción apruebo lo que aspira es que tengamos una constitución construida entre todos, incluso por quienes respaldan la constitución que tenemos a través de los representantes que escojan para la convención que se convoque con ese propósito. Esto significa que la hoja no será tan en blanco, porque podrán incluir todo lo bueno que estimen tiene la actual constitución si así lo determinan dos tercios o más de los convencionales.

Esto explica que dentro del gobierno y de las mentes más lúcidas de la derecha, no pocos se han abierto a la opción de aprobar la gestación de una nueva constitución.

El proceso constituyente (parte 4)

Desde una acera, se sostiene que la actual constitución le ha dado estabilidad al país, además de haber permitido un desarrollo económico que ha logrado reducir la pobreza desde un 40% a menos de la mitad de dicha cifra. Desde la otra acera se afirma que es ilegítima, que fue fraguada en dictadura y aprobada mediante un plebiscito fraudulento, bajo un contexto caracterizado por limitaciones a las libertades de prensa, de expresión y de reunión, junto con la ausencia de un padrón electoral conocido.

Es importante destacar que el crecimiento económico y la disminución de la pobreza, unos lo imputan a la constitución, en tanto que otros le asignan los méritos a los gobiernos de la Concertación. Es hora de que no nos engañemos, y que aprovechemos la instancia que hoy tenemos para pronunciarnos sin trampas. Ello nos obliga a ser críticos, reflexivos. ¿Podemos afirmar, con una mano en el corazón, que el desarrollo económico que hemos experimentado a partir de los años 90 ha sido gracias a la constitución que tenemos ahora? Quien podría demostrarlo? No fue acaso porque a partir de los 90 el país fue acogido por el mundo con los brazos abiertos facilitando la expansión de su comercio exterior? O por las políticas de la Concertación que buscaron crear un clima de concordia?

Qué tiene que ver la constitución con todo ello? Por otro lado, se puede señalar que las altas tasas de crecimiento al inicio de la transición a la democracia se han ido reduciendo en los últimos años. Podríamos afirmar por ello que gracias a la actual constitución el crecimiento se ha debilitado? Ni lo uno ni lo otro.

El pecado de la constitución vigente es fundamentalmente de origen, y por más reformas que haya experimentado, algunas de ellas muy significativas, sigue manteniendo su sello original. Por último, no tiene nada de malo que lo tenga. Lo importante es que así lo crea la mayoría, que quienes vivimos en este país podamos pronunciarnos, debatir, conversar sobre la constitución que queremos. Ese es el espíritu que asumo tiene el proceso constituyente en que estamos sumergidos. Acá no se trata de demoler casa alguna, muy por el contrario, se trata de construir una casa entre todos y para todos, salvo que se quiera seguir viviendo en la casa actual, donde no pocos sienten que no han participado en su construcción y/o se sienten incómodos en ella. Por ello nada mejor que nosotros mismos decidamos. El clima que se genere después depende esencialmente del espíritu con que participemos, del lenguaje que usemos y de nuestra disposición a respetar el resultado que emerja.

febrero 06, 2020

El proceso constituyente (parte 3)

En mi columna pasada hice mención a algunas miradas que postulan desde una izquierda extrema en caso que triunfara la opción rechazo en el plebiscito programado para el próximo mes de abril. Ahora haré mención a lo que desde la derecha no pocos procuran instalar la idea de que lo que sobrevendría si ganara la opción apruebo una nueva constitución sería una suerte de salto al vacío, que el caos se apoderaría del país, que corremos el riesgo de convertirnos en una suerte de chilezuela. Pregonan que no es necesaria una nueva constitución, que basta con hacer algunas reformas. Es así como por miedo, algunos se han retractado de abrirse a una nueva constitución, prefiriendo preservar la actual. Asocian la opción apruebo a la inestabilidad, al desorden, a una atmósfera crispada.

Es imprescindible poner paños fríos a estas visiones apocalípticas. No podemos ni debemos dejarnos llevar por miradas extremas, asumiendo que nos jugamos al todo o nada. Tenemos que estar abiertos a participar con entusiasmo en todo este período, con espíritu democrático, poniéndonos en los zapatos del otro, sin recurrir a triquiñuelas. Tenemos la oportunidad de quedarnos entrampados en el subdesarrollo o dar un gran salto hacia adelante, lo que depende exclusivamente de nosotros mismos, de nuestra capacidad para filtrar, discernir, comprender y decidir, sin hacernos eco de fake news, y libres de presiones e influencias indebidas. Los medios de comunicación y las redes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a ello de manera que podamos votar con plena conciencia de las ventajas y desventajas de cada opción, recordando que no nos jugamos la vida, que el país no cambiará de un día para otro según el resultado que se obtenga.

Recuerdo que para el plebiscito del 88, quienes respaldaron la opción del SI, la de la continuidad del régimen del innombrable, la campaña estuvo centrada en el terror, en la violencia, en que sobrevendría el caos. Sin embargo, la derrota del SI no generó lo que vaticinaban sus impulsores, muy por el contrario, posibilitó la existencia de un ambiente de menor crispación, de mayores libertades y avances sustantivos en la superación de la pobreza. Hoy, enfrentamos nuevos problemas que demandan lo mejor de nosotros para resolverlos. El país no cambió de la noche a la mañana, pero sí ha cambiado en estas décadas, y existen nuevos motivos de insatisfacciones que podemos y debemos atender.

De cara a lo que viene, nada nuevo bajo el sol a pesar que la historia ha demostrado que una campaña de este tenor no necesariamente es efectiva. La campaña del SI en el plebiscito del 88 es una prueba de ello.

enero 28, 2020

La búsqueda de un sentido común compartido

Esta columna ha sido escrita por el suscrito junto con Jim Morin y es el resultado de varias conversaciones en torno a conceptos relevantes para los fenómenos que se están dando, no solo en Chile. Estas conversaciones han girado en torno a las ideas de Bernardo Lonergan, que Jim Morin ha estudiado en profundidad.

En los tiempos que corren, pareciera urgir, en Chile y el mundo, un llamado a la cordura, al sentido común. Pero ¿qué es el sentido común? A simple vista, sería una suerte de brújula que invita a pensar y hacer lo que consideramos obvio de acuerdo a la formación, a la educación que hemos recibido, así como al marco de significados y valores en que nos desenvolvemos. Sin embargo, en tiempos de revuelo social aparecen diversos sentidos comunes que buscan tomar el mando de un barco en medio de un mar tormentoso.

En la búsqueda de una definición menos intuitiva y más rigurosa, nos remitimos a Bernardo Lonergan (1904-1984), jesuita, filósofo, teólogo y economista canadiense, considerado uno de los pensadores católicos más importantes del Siglo XX, en relación a los desafíos del mundo moderno. Él describe el sentido común como expresión de la inteligencia práctica de cada persona que busca satisfacer sus necesidades básicas teniendo en cuenta su relación con los demás. Es una suerte de inteligencia puesta en acción que se apoya en la colaboración con quienes nos acompañan para sostener el desarrollo técnico, económico, político y cultural de la sociedad. Así, en tiempos de paz y justicia se progresa para asegurar un bien de orden en beneficio de todos.

El sentido común observa, comprende, evalúa y actúa espontáneamente en relación con las demandas y las posibilidades que se presentan en la vida cotidiana. Su importancia reside en su capacidad para satisfacer nuestras necesidades y las de quienes nos rodean. En síntesis, contribuye a orientar el desarrollo integral de nuestra existencia. El sentido común aparece desde temprana edad por medio de la socialización, está presente en todos los contextos sociales, y perdura a lo largo de la vida. Un país será más o menos cohesionado en tanto logre tener un sentido común compartido.

Haciendo el símil con el barco en un mar tormentoso. ¿Funciona bien la brújula del sentido común, que es la conciencia que observa, interpreta, y juzga para decidir lo que hay que hacer? Se supone que el capitán y la tripulación han desarrollado un sentido común especializado que los hacen capaces de navegar en medio del peligro, para sobrevivir y encontrar el rumbo a seguir. ¿Qué pasa cuando los pasajeros se intranquilizan y protestan cuando sienten que el barco corre peligro? Es en estos momentos de peligro y de posibles quiebres que aparecen diversas expresiones encontradas del sentido común.

Esta analogía puede ayudarnos a ponderar lo que estamos viviendo. Todos, sin excepción, estamos implicados y afectados por las formas en que el sentido común se despliega en un determinado contexto socio-cultural. Mal que mal, pasajeros, tripulantes y capitán estamos todos en un mismo barco. En una situación de peligro, afloran diversas reacciones del sentido común, develando que éste no es uniforme y que presenta sesgos que pueden limitarlo. Dado que el sentido común es patrimonio de cada persona, las observaciones, interpretaciones, juicios de valor y decisiones de cada uno van a variar según la respectiva historia personal. Esta historia está dada por la formación y/o vivencia que se haya tenido, así como por los beneficios o perjuicios recibidos por el bien de orden reinante.

Los conflictos sociales y quiebres históricos develan cómo los sesgos del sentido común de un grupo se consolidan en oposición a los sesgos de otros grupos para agudizar aún más los conflictos y la desintegración social. Cuando estos son recurrentes y se establecen como patrón, la sociedad tiende a ingresar en un ciclo de decadencia histórica. En vez de ser piezas de un mismo puzzle que da sentido y valor a la vida, pasamos a ser piezas de ningún puzzle, o quizás de distintos puzzles. Dejamos de ser un país tal como lo entendemos. Basta pensar en qué ocurriría si el capitán del barco adopta una decisión que es resistida por la tripulación? o si entre estos se produce un motín con el respaldo de los pasajeros? o si entre estos últimos, unos adhieren al capitán en tanto que otros a la tripulación? o si entre los tripulantes se produce una división?

La historia nos enseña también que los conflictos y quiebres presentan oportunidades para explicitar el potencial y las limitaciones del sentido común de nuestra generación. En una democracia, el diálogo crítico y auténtico es el medio por el cual los sujetos escuchan para aprender de los sesgos y superarlos en la búsqueda colaborativa de un bien de orden mayor en beneficio de todos.

En relación a los tiempos que vivimos, el sentido común liberal, tal como lo interpreta la derecha, a partir de una fuerte crítica al Estado como agente planificador y/o regulador, supone que el emprendimiento individual posibilita un desarrollo eficiente de la economía. Por el contrario, el sentido común social, tal como lo ve la izquierda, propone un desarrollo económico planificado basado en la solidaridad acompañado de una fuerte crítica a las desigualdades originadas por el modelo liberal. El conflicto entre ambas ideologías dificulta visualizar cómo superar sus limitaciones y potenciar mutuamente sus fortalezas.

Por ello es esencial que ambos reconozcan que tienen una brújula común de cuatro puntos cardinales que orienta la conciencia de cada sujeto auténtico. Estos cuatro puntos cardinales son la capacidad para observar con atención, interpretar con inteligencia, juzgar con fundamentos y decidir cómo actuar con libertad responsable. Un sujeto auténtico es aquel que está consciente, que entiende y vive los sesgos e intenta superarlos para que emerja un sentido común compartido por todos.

Nosotros que fuimos formados en las fortalezas y sesgos del siglo XX tenemos la obligación de pasar el mando del barco a una nueva generación. Sabemos que el mar está agitado y que se aproxima una tormenta mayor sin precedentes, provocada por un tipo de desarrollo que está causando un desequilibrio ecológico que amenaza tanto al factor capital como al factor trabajo, ambos requeridos para el desarrollo. En vez de enfrascarnos en discusiones sesgadas por ideologías con raíces en el pensamiento del siglo XIX, la sabiduría nos exige movilizar tanto el emprendimiento individual como la solidaridad social para desarrollar un sentido común compartido que busca cómo convivir con justicia y en equilibrio con los recursos de nuestro planeta.

El proceso constituyente (parte 2)

En mi columna anterior hice mención a la oportunidad que representa el próximo plebiscito para pronunciarnos en torno a la constitución política del Estado, donde se definen las líneas gruesas de la forma en que nos organizamos y de nuestra convivencia. Sería la primera vez en que podremos expresarnos democráticamente respecto del tipo de país en que queremos vivir. También resumí el significado de las opciones en juego, aprobar o rechazar la elaboración de una nueva constitución.

Desafortunadamente, al menos hasta la fecha, desde las distintas trincheras, en vez de centrarse la energía en los méritos de sus respectivas opciones, se tienden a reportar mensajes apocalípticos de triunfar una u otra opción, tanto en los medios de comunicación convencionales como en las redes sociales. La polarización está en marcha buscando instalar una campaña del miedo, tanto de parte de quienes están con la opción apruebo, como con la opción rechazo.

Algunos de quienes respaldan la opción apruebo afirman que la perpetuación de la actual constitución implicaría la recurrencia en el tiempo de los estallidos sociales, los que tenderían a incrementarse. Se apoyan en la revolución pingüina del 2006, la rebelión universitaria del 2011, y el tsunami social del último 18 de octubre. Sin embargo, olvidan que ninguno de estos estallidos fue precedido por plebiscito alguno donde todos tengamos la posibilidad de expresarnos sobre la actual constitución. Es una diferencia que estimo clave.

En efecto, si en el plebiscito ganara la opción de rechazar la elaboración de una nueva constitución, lo democrático es aceptar el veredicto y no sacarse el pillo con argumentos sacados de la manga. Más que amenazar con los mil y un demonios de ganar la opción rechazo, lo que corresponde es asegurar que la gente pueda votar informadamente, concentrarse en las ventajas que conlleva la construcción de una nueva constitución desde una hoja en blanco, sin imposiciones ni violencias de ninguna naturaleza, asegurarse que el mayor número de personas vote, y que los espacios publicitarios sean equilibrados para las distintas opciones. Flaco favor le hacen a la opción apruebo al basarse en las consecuencias negativas de la opción contraria.

Lo mismo vale respecto de quienes desde la acera contraria, la del rechazo, ponen el acento en el vacío o caos que se generaría de ver triunfante la opción apruebo. Pero eso será materia de la próxima columna.

enero 22, 2020

El proceso constituyente (parte 1)

Ya se están dando los primeros pasos del proceso constituyente, cuyo primer hito será el plebiscito en el próximo mes de abril. Los distintos actores están posicionándose y mostrando sus cartas. De momento no se observan grandes sorpresas.

El acuerdo alcanzado en noviembre último entre las distintas fuerzas políticas, tanto de derecha como de izquierda, se logró al amparo del estallido social desencadenado el 18 de octubre. Su momento álgido fue la marcha de más de un millón de personas convocada por una diversidad de organizaciones sociales, vía redes sociales, sin liderazgos convencionales ni padrinos políticos, y abrazando una larga serie de demandas de todo orden, expresivas de un malestar y enojo acumulados. De alguna manera, el acuerdo político posibilitó descomprimir la energía almacenada para su encauce institucional. Mientras se inicia el proceso constituyente, los poderes ejecutivo y legislativo intentan abordar las demandas sociales más potentes centradas en atender los agudos problemas existentes en educación, salud y pensiones.

La importancia del plebiscito se explica porque es primera vez que la ciudadanía tiene la oportunidad para pronunciarse electoralmente en torno a la constitución actual, que no obstante las múltiples reformas que ha acumulado hasta la fecha, tiene su génesis en 1980.Mal que mal, la constitución vigente fue fraguada en plena dictadura, entre cuatro paredes, y validada mediante un proceso electoral sin garantía alguna para los sectores opositores. De hecho no existían siquiera registros electorales ni posibilidad alguna de fiscalización. Desde entonces, la constitución original ha experimentado diversos cambios, pero manteniendo incólume su estructura básica.

Han transcurrido ya casi 40 años desde entonces, por lo que parece razonable tener la oportunidad de pronunciarnos directamente si queremos o no una nueva constitución. Sería la primera vez que podríamos expresarnos colectivamente, de dilucidar un tema recurrente, zanjándolo definitivamente. Saludable para todos, tanto para quienes están más cerca de la derecha como de la izquierda, porque debiera ponerle término a los cuestionamientos que ha tenido en estas casi cuatro décadas.

Si gana la opción rechazo, significa que se rechaza la elaboración de una nueva constitución, y por lo mismo, se opta por la continuidad de la constitución que nos rige. En consecuencia, legitima la constitución que tenemos, lo que no deja de tener un sentido positivo para sus adherentes. Así lo han entendido no pocos de ellos.

Si gana la opción apruebo, significa que se pone término a la actual constitución para iniciar un proceso conducente a disponer de una nueva, donde la ciudadanía pueda participar tanto en la elección de quienes tengan la responsabilidad de elaborar la nueva carta fundamental, como en el levantamiento de propuestas en el ánimo de que la nueva constitución sea un reflejo del país que queremos, de la forma en que nos organizamos, de los derechos que aspiramos consagrar. Su relevancia descansa en que se está tratando de la construcción de la constitución, llamada también la ley de leyes, esto es, la ley que enmarca las leyes que emergen del poder ejecutivo y legislativo.

enero 16, 2020

Nuestro cuello de botella: la educación

Recientemente tuve el privilegio de ser invitado a participar en uno de los diálogos ciudadanos organizados por el gobierno regional del Maule destinados a identificar las principales necesidades que tenemos como país.

Estos diálogos, así como los cabildos, han sido estimulados en gran parte gracias a la erupción social desatada a partir del pasado 18 de octubre y que en cierta forma han disparado las alarmas, cuyo tenor depende del cristal con que se mira. Desde un extremo, se pone el acento en los actos de inusitada violencia que se han desatado sosteniéndose que la erupción tiene su origen en el partido comunista con el propósito de erosionar un sistema neoliberal que el mundo ha estado mirando como modélico, ejemplo a seguir. Desde el otro extremo, el énfasis está puesto en las marchas pacíficas y masivas, expresivas de un malestar acumulado por los más disímiles motivos: entre los que destacan dificultades para acceder a una educación y salud de calidad, precariedad laboral, alto endeudamiento y bajas pensiones. Esta tesis apunta al cambio constitucional acompañado de una potente agenda económica y social.

En referencia a las principales necesidades que tenemos, mi intervención estuvo centrada en la educación, dado que es el que considero como el gran cuello de botella que tenemos, y que ya lleva mucho tiempo. No es nada nuevo lo que estoy afirmando, y por lo mismo, es preocupante.

Mal que mal, desde hace más de medio siglo venimos haciendo una reforma educacional tras otra, desde tiempos de Frei Montalva. Si bien el país que tenemos hoy no es el mismo en términos de cobertura, seguimos al debe en términos cualitativos. Otros países, particularmente en el sureste asiático, que estaban más rezagados que nosotros, hoy nos aventajan y por mucho. Desde hace más de medio siglo vengo escuchando que debemos diversificar nuestras exportaciones, romper nuestra dependencia del cobre y de nuestros recursos naturales, agregando valor a nuestros procesos productivos. Sin embargo, si miramos nuestra matriz productiva y exportadora, así como nuestra cultura empresarial y laboral, todo indica que seguimos sin dar el salto.

Nuestra visión cortoplacista, así como la imposibilidad de llegar a acuerdos en materias sustantivas, nos impide despegar. Mientras sigamos invirtiendo menos del 1% de nuestro producto geográfico bruto en investigación y desarrollo; mientras solo unos pocos académicos e investigadores se inserten en empresas productivas privadas; mientras el peso de las inversiones en investigación y desarrollo lo lleve el Estado; y mientras no exista una cultura que valorice el trabajo responsable y bien hecho, seguiremos comulgando con ruedas de carreta.

Basta mirar lo que ha ocurrido con los países que en este último medio siglo han dado el salto al desarrollo. Ya no exportan piedras, sino que tecnología cada vez más sofisticada. Todo ello gracias al respaldo de un potente sistema educativo capaz de desatar todas las potencialidades del ser humano. No hay atajos.

enero 09, 2020

Las redes sociales: ¿son buenas o malas?

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La gran promesa de las redes sociales está al debe. Su explosión introdujo en no pocos un optimismo desbordante, dada su capacidad para comunicarnos, para interrelacionarnos con bases temáticas, en torno a tópicos del interés de cada uno. El resultado parece ser frustrante.

Hay quienes extrañan los tiempos epistolares, cuando las cartas, los amores, se tomaban su tiempo para ir de un punto a otro, días, semanas, meses. Escribir y recibir unas líneas era toda una ceremonia, un alto en el camino que invitaba a recordar, reflexionar, madurar, pensar, soñar. Hoy son tiempos de ráfagas, de instantáneas, de escribir en un dos por tres y enviar, tiempos de no perder el tiempo. Sin embargo, hoy parece perderse más tiempo que el que se gana, así como antes, se ganaba más tiempo que el que se perdía cuando nos sentábamos a escribir y leer, pausada, tranquilamente. Las letras parecían tener más peso, eran más reflexivas; las de ahora son sobre la marcha, son disparos que se gatillan.

Hablar por teléfono podía costar un ojo de la cara, había que pensársela muy bien antes de levantar el auricular. Por lo mismo la llamada estaba reservada para comunicar lo importante, no lo trivial; hoy, si encargáramos un estudio de big data para rastrear lo que se comunica vía redes sociales, muy probablemente nos retrate de cuerpo entero. Me inclino a pensar que menos del 1% de lo que se transmite es trascendente, incluso para sus protagonistas, y que similar proporción de personas son quienes transmiten mensajes relevantes a sus destinatarios.

Son los tiempos que corren, tiempos inmediatistas. En este sentido, la esperanza que trajeron consigo las redes sociales están siendo decepcionadas, al dejarnos un sabor un tanto amargo, una suerte de vaciedad, de pérdida de tiempo.

Políticamente resulta escalofriante pensar en la potencialidad que tienen las redes sociales. En sus inicios los énfasis estaban puestos en sus cualidades, en la posibilidad para disponer de más información para tomar decisiones. No veíamos la otra cara de la moneda, su capacidad para transmitir información falsa, mentiras, las que son capaces de esparcirse como reguero de pólvora. En el ámbito político, la democracia que se asumía saldría fortalecida con el surgimiento de las redes sociales, parece estar viviendo el proceso contrario, debilitándose velozmente como consecuencia de la multiplicación sin freno de noticias falsas que se transmiten sin corroborar mayormente su veracidad y sus fuentes.

Llega a producir escalofríos pensar que las redes sociales se estén usando para promover la violencia, la distribución de noticias falsas. Para enfrentar esta nueva realidad nada sacamos con escondernos, marginarnos, abandonar, cerrando nuestras cuentas para convertirnos en una suerte de ermitaños virtuales. Lo mejor que podemos hacer es aumentar nuestra capacidad para pensar críticamente, para discernir, para separar lo verdadero de lo falso, lo que implica que tenemos que fortalecer nuestra educación, nuestro proceso formativo para no ser presas fáciles de quienes buscan despistarnos.

Curiosamente estas líneas están escritas luego de ver que quien me alentó a introducirme en una de las redes sociales –facebook-, está con ganas de cerrar sus cuentas e irse al fin del mundo.

enero 07, 2020

El matonaje en acción

El año empezó con todo, tanto a nivel internacional como nacional. En el mundo, Trump dio una clase de matonaje al ordenar el asesinato de un general iraní, el comandante Qasem Soleimani, estratega de las operaciones militares iraníes en Oriente Medio y cabeza de las Fuerzas de elite de Al Quds. En Chile, la postergada Prueba de Selección Universitaria (PSU) que debe ser rendida por quienes aspiran ingresar a la educación superior ha sido boicoteada por las agrupaciones estudiantiles ACES y CONES, impidiendo el normal desarrollo de la PSU  en cerca de 100 locales en el país.

El asesinato de Soleimani se concretó mediante un bombardeo desde un dron teledirigido equipado con misiles que dejó caer sobre el vehículo que lo transportaba desde el aeropuerto de Bagdad, la capital de Irak. Estamos hablando del asesinato de un alto militar de Irán, por orden del presidente de un país, USA, que se erige a sí mismo como un paladín de la democracia a nivel mundial, USA.

El magnicidio me hace recordar el asesinato de Orlando Letelier, quien fuera embajador de Chile en USA y ministro del interior, defensa y relaciones exteriores bajo el gobierno de Allende. Este asesinato, fue ordenado desde la macabra DINA en tiempos del innombrable en septiembre de 1976 en plena capital de USA, Washington, mediante la detonación de una bomba del vehículo en que viajaba. Tanto el innombrable como Trump, se sienten con licencia para matar sin tener que rendir cuenta ante nadie. Matonaje puro y duro desde las más altas esferas.

Intentemos descifrar la lógica con que actúan estos personajes. Ellos parecen asumir que el dilema es, tú o yo, pero ambos no cabemos en este espacio. Visualizan el problema como uno de supervivencia. Tú quieres mi destrucción, por lo que me siento autorizado para eliminarte, exterminarte. Con ello dan inicio a una escalada, a una espiral de violencia sin fin. El Medio Oriente es un fiel testimonio de ello. Irán ha prometido vengarse. Trump twitea asegurando que Irán no tendrá nunca un arma nuclear. Y así sucesivamente, se busca la imposición del terror, disuadir por la fuerza.

En Chile, el sabotaje al desarrollo de la PSU, es otro acto de matonaje, de violencia, de otro tenor, pero que no por ello deja de tener las características de matonaje. En efecto, por sí y ante sí, organizaciones estudiantiles decidieron impedir que estudiantes pudiesen rendirla, coartando su libertad para ello. El razonamiento es el mismo que el de las barricadas que restringían el paso vehicular mediante el lema “el que no baila, no pasa”. Acá el que manda soy yo. No hay diálogo alguno, no hay nada que conversar, solo hay imposición.

Al igual que en el caso anterior, intentemos descifrar la lógica de quienes bloquearon el normal desarrollo de la PSU. Sus críticas apuntan al carácter segregador, elitista del proceso de selección para ingresar a la educación superior, por factores ajenos a las potencialidades y capacidades intelectuales de quienes egresan de la educación media. Argumentos sólidos que validan un proceso de análisis y reflexión respecto de la pertinencia de la PSU en las instancias correspondientes. Argumentos que comparto, pero que de modo alguno validan la violencia que implica impedir por la fuerza que puedan rendir la prueba quienes quieran rendirla. La energía habría que centrarla en eliminar y/o modificar la PSU, así como en no rendirla masivamente. Sin violencia, sin odio, pacíficamente. Pero claro, esta es la vía larga, la de la persuasión, la de la conversación, del diálogo, de la paciencia, del intercambio de ideas.

No hay atajos, el de la violencia termina volviéndose en contra de quienes la practican.

diciembre 27, 2019

2019 Un año imprevisible

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No cabe duda que se va un año que pocos previeron, tanto a nivel nacional como internacional. No sé de nadie que haya previsto que en Chile este sería el año del estallido social, que se abriría la cancha para el cambio constitucional y que la coalición de gobierno viviría su crisis más intensa.

A fines del año pasado, respecto de lo que se venía para el 2019, hice mención a la existencia de una suerte de orden de “virar hacia la derecha” caracterizada por un viraje hacia el autoritarismo en lo político con miras a imponer orden y seguridad, hacia el neoliberalismo en lo económico, y hacia el conservadurismo en lo valórico. Todo ello a como dé lugar. Pues bien, en Chile, el estallido social de octubre que sorprendió a moros y cristianos, parece representar un alto en este viraje si nos atenemos a las demandas políticas, sociales y económicas que están tras las movilizaciones. En concreto, un hastío con el modelo neoliberal imperante.

Habrá que ver en qué terminará este cuento. Esto es lo que estará en juego el 2020. Todo parece señalar que será un año en el que estará en juego la continuidad de la actual constitución política del Estado, así como lo medular de un modelo al que se le imputa la mayor responsabilidad de la agobiante y creciente desigualdad reinante.

El año 2019, sorprendentemente termina con una coalición de gobierno hecha trizas, lo que de ningún modo significa que la oposición pueda cantar victoria, porque ella sigue por los suelos sin atinar. Probablemente sea el plebiscito de abril la ocasión en que surjan nuevos clivajes. Dentro de la derecha habrá quienes defenderán con todo la actual constitución y quienes se abran a la elaboración de una nueva. En la izquierda estarán quienes respaldarán el cambio constitucional, y quienes se marginen del proceso por no confiar en él. Lo que posiblemente esté en juego es el ascenso de los extremos, la polarización, o el predominio de la moderación, del sentido común.

A nivel internacional fue un año más previsible: Trump continúa en las cuerdas y el mundo sigue pendiente de una guerra comercial USA-China, donde sus principales líderes parecen estar jugando como el perro y el gato poniendo en ascuas al resto del mundo que vive al vaivén de sus caprichos.

En Gran Bretaña, Boris Johnson se está saliendo con la suya, siendo un hecho que el 2020 será el año del brexit, la salida de la Unión Europea. Lo ocurrido en Gran Bretaña es expresión del ascenso de los nacionalismos.

Mientras tanto, el cambio climático sigue su curso a vista y paciencia de todo del mundo sin que se visualice capacidad política para enfrentarlo. El fracaso de COP25 en Madrid es una clara señal de la ausencia de liderazgo que se vive a todo nivel.

Resulta paradojal que en tiempos de globalización, estén resurgiendo los nacionalismos en una suerte de reacción del tipo “sálvese quien pueda”. Frente a un tema que afecta a todo el planeta, como es el cambio climático, no existen soluciones nacionales, sino soluciones globales. Más que nunca se requieren acciones a nivel mundial, conjuntas. No hay que ser muy astuto para percatarse que al paso que vamos, vamos hacia un punto de no retorno. La complejidad del momento que se vive exige acciones globales. Aún es tiempo.

diciembre 26, 2019

¿Qué dijeron los talquinos?

Uno de los hitos del año que se va estuvo constituido por la consulta ciudadana que tuvo lugar este mes a lo largo del país. En el caso de Talca contó con la participación de más de 30,000 ciudadanos, quienes tuvieron oportunidad de expresarse en torno a temáticas puestas sobre la mesa por el estallido social del 18 de octubre. Estallido que tiene marcando ocupadas a las elites nacionales, procurando desentrañar los misterios de su origen, su razón de ser, sus características. Mientras unos ponen el acento en la forma, otros lo ponen en el fondo; unos en la represión, otros en la atención a las demandas.

Con los resultados a nivel comunal en mano, es interesante conocer lo que nos dicen los talquinos. A nivel institucional, en línea con los resultados nacionales, sobre el 90% de los talquinos afirman estar de acuerdo con una nueva constitución, y un 70% aspira que ella sea elaborada por una convención constitucional, esto es, por delegados especialmente elegidos para estos efectos. Menos del 25% se declaró partidaria de una convención mixta en la que la mitad de los delegados fuesen los actuales parlamentarios. Y sobre el 85% desea que se retorne al voto obligatorio, el que es concebido no solo como una derecho, sino como un deber ciudadano. Esto último se debería a la creciente proporción de ciudadanos que no votan en las elecciones a las cuales han estado convocados, particularmente por parte de los más jóvenes.

En el ámbito municipal, más del 80% de los talquinos, al igual que en el resto del país, aspiran que los municipios estén premunidos de más atribuciones y recursos. En este plano parece confiarse en profundizar una agenda de descentralización, regionalización y municipalización. Mal que mal, lo que la ciudadanía tiene más a mano, son los municipios.

Respecto de la consulta asociada a la corrupción, lavado de dinero o narcotráfico, sobre el 90% de los talquinos consideran que a quienes son condenados por estos delitos se les impida postular a cargos de representación popular y a empleos públicos. Similar proporción se expresó en los mismos términos a nivel nacional.

Al igual que en el resto del país, en Talca sobre el 90% se manifestó de acuerdo con rebajar el IVA a los productos de primera necesidad. Esta rebaja que en el pasado se veía como impensable, hoy se ve como imprescindible para aliviar los bolsillos de los sectores más desposeídos por su impacto dentro del presupuesto familiar.

En el ámbito social las tres demandas sociales visualizadas como las más importantes por los talquinos fueron el mejoramiento de las pensiones (25%), el mejoramiento de la calidad de la salud pública (20%) y el acceso y la calidad de la educación pública (15%). Estas tres demandas sociales son las mismas que encabezan los resultados a nivel nacional, y que ha enarbolado el estallido social de octubre.

Sobre el 85% de los talquinos afirman estar de acuerdo con eliminar el sistema de AFP y subsidiar los pagos que deben realizar los adultos mayores en materia de contribuciones de bienes raíces, de transporte público y de consumos básicos (luz, agua y gas). Las bajas pensiones de la inmensa mayoría de los adultos mayores explican esta contundente respuesta de los talquinos.

Por último, los resultados agrupados en el voto comunal, señalan que las cinco necesidades más importantes que se debieran satisfacer, cada una de ellas con más del 10% de las preferencias, son disponer de: una clínica odontológica municipal; un hospital base exclusivo para Talca, esto es, uno aparte del hospital regional existente; parques y áreas verdes en aquellos barrios donde viven los sectores más vulnerables; un plan de desarrollo participativo con los jóvenes y para los jóvenes talquinos; y consultas ciudadanas sobre materias de interés vecinal, al menos una vez al año.

Como puede verse, los resultados nos muestran a grandes brochazos las principales inquietudes de los talquinos y que las autoridades, tanto comunales, regionales como nacionales harían bien en analizar para orientar sus políticas y correspondientes acciones.

diciembre 18, 2019

¿Qué nos dijo la consulta ciudadana?

El pasado domingo 15 de diciembre tuvo lugar una inédita consulta ciudadana a nivel nacional que contó con la participación de más de dos millones de personas que votaron. A cada uno se nos dio 3 votos. Uno era el voto institucional de carácter eminentemente político, que fue el mismo a nivel nacional; otro era un voto de carácter social en torno a las demandas más relevantes; y el último era de carácter comunal propiamente tal que apuntaba a identificar las necesidades que la ciudadanía visualiza como más importantes. Desafortunadamente, al momento de escribir estas líneas aún no cuento con los resultados a nivel comunal para conocer seguir la pista de los resultados a este nivel.

La relevancia de la consulta radica en su carácter de pionera y ser consecuencia del estallido social desencadenado el 18 de octubre. Sin dicho estallido, no habría existido esta consulta. Las que han existido en el pasado han sido puntuales, esporádicas, a nivel local. De hecho la actual Constitución del 80 no contempla esta clase de consultas., y por lo mismo, sus resultados no son vinculantes. Esto es, no obligan a nada. Los alcaldes, los políticos, el congreso nacional, el gobierno pueden hacerse los locos, mirando el horizonte, sin cambiar en nada sus respectivas hojas de ruta.

No faltarán quienes busquen minimizar la relevancia de la consulta, ya sea porque no abarcó a la totalidad de las comunas, como porque no contó con el apoyo del Servicio Electoral (SERVEL) y porque sus resultados pueden pasarse por alto. Sería un craso error que nos puede costar caro. No hay que olvidar que fue una consulta realizada a capella por las Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM) donde participaron alcaldes de todos los colores políticos, quienes asumieron la responsabilidad de su organización como una manera de “saber” lo que la gente quiere, sin violencia, sin odio, sin presiones, sin destrucción, sin mayor publicidad, y sin intermediarios, en forma directa. Es importante resaltar la ausencia de publicidad y la baja participación de los políticos en esta consulta. La gente tuvo ocasión de expresarse sin influencias indebidas ni machacantes.

Los resultados que se han estado dando a conocer son bastante elocuentes respecto del sentir ciudadano, tanto a nivel nacional como comunal, los cuales son bastante coincidentes en general, salvo en casos muy puntuales. Es así como más del 90% de quienes votaron afirman querer una nueva carta constitucional, y sobre el 70% aspira que esta nueva constitución salga de una convención constituyente integrada en un 100% por personas elegidas para estos efectos, excluyendo a los actuales parlamentarios.

Estos resultados dan cuenta de, al menos dos cosas. Una, que la ciudadanía estima que la actual constitución ya no admite más parches o reformas como las efectuadas a la fecha, y que a casi 40 años desde que nos rige, ya es hora de tener una constitución en regla, debidamente legitimada, que responda al Chile de hoy. Y dos, da cuenta del desprestigio de los actuales senadores y diputados, dado que no se quiere que participen en la construcción de esta nueva constitución no se quiere contar con la participación de ellos. Lo señalado debiera verse corroborado en el plebiscito de abril del próximo año.

A los resultados señalados se agrega que más del 80% de los votantes aspira que los municipios estén dotados de mayores atribuciones y recursos para el cumplimiento de las tareas que les son propias. Y por último, sobre el 90% de la población considera que quienes hayan sido condenados por corrupción, lavado de dinero, o narcotráfico, no pueden postular a cargos de elección popular ni ocupar empleos públicos. Faltó consultar si tales delitos deben ser inexcarcelables, esto es, penalizados con cárcel y no por clases de ética o pagando con recursos financieros como es lo que ha estado ocurriendo.

En el ámbito social, las mayores preocupaciones están centradas en mejorar las pensiones, en el acceso y la calidad de la educación pública, y en el mejoramiento de la calidad de la salud pública y su financiamiento. Como puede verse, estos resultados están totalmente alineados con lo que ha sido la agenda social de la rebelión de octubre.

diciembre 16, 2019

De bono en bono

Foto de Kira auf der Heide en Unsplash
Los gobiernos parecen haber encontrado en los bonos la varita mágica que les permita sortear conflictos, sacar de apuros, y/o resolver problemas. Estamos hablando de todo tipo de bonos, los de invierno, los de marzo, los de la luz, el agua, las fiestas patrias, etc. Poco se diferencian de los aguinaldos dado que estos tienen un carácter más permanente, legal. Con el paso del tiempo, en particular el modelito neoliberal que nos consume, ha ido haciendo uso y abuso de ellos.

Las razones que explican los bonos son esencialmente dos. Uno, son temporales, no comprometen recursos en el tiempo, se dan de una vez, para capear un temporal, para resolver una urgencia. Los economistas ortodoxos son proclives a los bonos justamente porque no demandan recursos a futuro que no se sabe si se van a disponer. Dos, fomenta la dependencia, el clientelismo. Por lo mismo, los políticos son proclives a ellos. Hacen creer en terreno que gracias a ellos los beneficiados tienen bonos. Como si los recursos salieran de sus bolsillos. Invita a congraciarse con ellos, a creer que gracias a los gobiernos tenemos bonos.

Aprovecho de dejar constancia que esta no es una crítica a ningún gobierno en particular, sino que a todos, moros y cristianos, de izquierda y derecha. Mal que mal a los bonos han recurrido todos, desde el innombrable en adelante. Y seguro que antes también. No será hora de poner los puntos sobre las íes?

Los bonos no resuelven nada en el mediano ni largo plazo. Tan solo sirven para urgencias. El tema es que cuando con cierta frecuencia las portadas de los medios faranduleros informan de algún bono, ello da cuenta de una agenda política-económica dominada por urgencias, y por tanto, de que algo anda mal. Y esto ocurre cuando lo urgente domina lo importante.

Veamos un ejemplo simple. Las aceras se encuentran en tan mal estado que a cada rato hay que andar reparándolas. O las calles, cuando hay que andar tapando hoyos que incrementan los gastos de mantenimiento y reparación de los automóviles y la locomoción pública. Los bonos representan eso: tapar hoyos. Es la solución a nuestros problemas? Para nada! Cuál es la solución? Muy simple para cualquiera con dos dedos de frente: hacer bien las aceras, construir bien nuestras calles acompañándolas de adecuados mantenimientos en los momentos oportunos. El costo que involucra esto, pueden tener la certeza que es menor que la de andar tapando hoyos.

Así y todo, se nos va la vida tapando hoyos, esto es, a punta de bonos. No será hora de abordar los problemas del país más en serio?

diciembre 09, 2019

¿Qué pasó? ¿Qué pasará?

Con motivo del estallido social que se ha prolongado ya por más de un mes y medio, Lucía Santa Cruz, factótum de una derecha conservadora, se explayó en el diario El Mercurio bajo el mismo encabezado de esta columna (6 de noviembre de 2019). Allí afirma que desde un tiempo ha venido insistiendo en torno a 7 puntos sobre los cuales me permito compartir algunas reflexiones a partir de una invitación de una prima muy querida.

a)la fragilidad de nuestra democracia;

Me pregunto: cuándo ha habido democracia en el más pleno sentido de la palabra, al menos en Chile? La verdad que nuestra democracia está al debe en muchos sentidos. Si bien se ha extendido el derecho a voto, no ha sido gracias a mujeres como Lucía, sino que muy por el contrario, ha sido una conquista que ha costado sangre, sudor y lágrimas. Por otra parte el voto ha sido distorsionado en distintas etapas dela historia política por la indebida intromisión del dinero, ya sea vía compra de los votos en tiempos de latifundios, ya sea por la magnitud de recursos financieros de que disponen la distintas fuerzas políticas. Por lo demás, la independencia de los distintos poderes del Estado característicos en una democracia, ha dejado bastante que desear en varios pasajes de la vida política nacional. La fuente de la fragilidad, qué duda cabe, reside en la desigualdad social imperante y la concentración de recursos económicos en una élite que le permite controlarlo todo.

b)la pérdida de los consensos fundamentales;

Me pregunto ¿cuándo han existido? ¿A qué le llama consenso fundamental? ¿A aquellos acuerdos impuestos a punta de bayonetas? ¿A aquellos celebrados bajo cuerda después del triunfo del NO en el 88 y antes de las elecciones presidenciales del 89? ¿Con el dictador gobernando un año más a pesar de ser derrotado sin apelaciones con todo el viento a su favor? ¿con el dictador cautelando “la transición democrática” desde la comandancia en jefe del ejército para evitar que se desbocara el caballo, esto es, la democracia? ¿el dictador devenido en demócrata? ¿y luego, sin pisar tierra, deviene el senador vitalicio para asegurarse fuero y no ser juzgado por crímenes de guerra? No hay tal pérdida de consensos fundamentales porque nunca han existido. Para que existan es imperativo que estemos sentados en una misma mesa en igualdad de condiciones, sin armas ni dineros bajo ni sobre la mesa.

c)la legitimación de la violencia para resolver las diferencias, y la complicidad con ella de actores supuestamente democráticos;

Me pregunto: ¿Qué dijo Lucía cuando el palacio de La Moneda ardió en llamas en 1973 cuando fue asaltado y bombardeado? Ahora viene a espantarse, y pero no la he escuchado decir ni pío en tiempos realmente violentos, cuando se torturaba en silencio, cuando se exiliaba, se desaparecía, se perseguía sin piedad a quienes no pensaban lo mismo que la derecha que aupó a las FFAA para que actuaran. Ahora, con ocasión del estallido social hacen lo mismo, solo que las FFAA de ahora quieren manos libres, no quieren ser juzgados por crímenes de guerra ni terminar en Punta Peuco. Porqué la violencia de las evasiones, de las colusiones, de los fraudes no se castiga con cárcel, sino que con clases de ética o pagando con los millones defraudados? Porqué Lucía no nos habla de la violencia partera de la violencia física que estamos viviendo estos días? De esta violencia Lucía no nos habla, hace la vista gorda.

d)la gradual erosión del prestigio de todas las instituciones del país por razones objetivas, pero también en virtud del asedio deliberado en contra de ellas;

Me pregunto: ¿quién ha estado erosionando el prestigio de las instituciones y las asedia deliberadamente? El prestigio de las instituciones se erosiona cuando ellas incumplen los deberes para las cuales fueron creadas, y su asedio proviene de aquellos sectores que promueven tales incumplimientos. En tiempos del innombrable, el poder judicial se convirtió en sucursal del poder ejecutivo controlado por las FFAA. Mientras se vulneraban los DDHH la Corte Suprema de Justicia, renunció a su rol cautelar mirando al techo. En tiempos del innombrable, el poder legislativo estuvo constituido por los cuatro comandantes en jefe de las distintas ramas de las FFAA y Carabineros. Y en la actualidad, con un poder político supuestamente democrático, pero que en la práctica está bajo el alero del poder económico concentrado en pocas familias cuyos delitos son excarcelables, no cabe duda que el prestigio de las instituciones está por el suelo.

e)la precariedad de un Estado de derecho incapaz de hacer valer la ley en La Araucanía o en el Instituto Nacional;

Me pregunto: ¿Qué dijo Lucía cuando el Estado de derecho fue arrasado en los 17 años del innombrable? ¿Acaso imperó entonces el estado de derecho? Impera el estado de derecho cuando te cobran intereses usureros? Cuando te fuerzan a endeudarte con sueldos irrisorios? ¿Cuándo estás forzado a aceptar lo inaceptable? ¿Cuándo se discute hasta la saciedad para subir el sueldo mínimo o la pensión básica por unos míseros pesos, mientras al mismo tiempo los parlamentarios se suben las dietas en millones de un minuto a otro? O cuando se aprueban gastos reservados millonarios para las FFAA?

f)el menoscabo de valores como la tolerancia, el pluralismo y la legitimidad de los acuerdos

Me pregunto: ¿Qué entiende Lucía por tolerancia? Aquella de los peones, de los obreros, a quienes se les pagaba su trabajo en las haciendas y minas con fichas para que compraran en los boliches, tiendas de los mismos dueños de tales haciendas y minas? No fueron los conservadores los que encabezaron la rebelión para terminar con el sistema de inquilinaje y opresión reinante. ¿Cuántos pagaron con sus vidas para terminar con este sistema laboral impuesto por una casta, la misma casta a la que pertenece Lucía? ¿De qué pluralismo nos habla Lucía? ¿El de la derecha social, liberal, conservadora? ¿El pluralismo entre iguales? ¿El de los decentes? ¿Qué entiende por decencia? ¿La de quienes vulneran una y otra vez los DDHH? ¿La de quienes quieren imponer el orden, su orden, a como dé lugar?

g)la ausencia de un grado mínimo de amistad cívica para que los adversarios no sean enemigos a ser destruidos.

Me pregunto:¿Qué entiende por la legitimidad de los acuerdos? ¿la der los acuerdos cocinados entre cuatro paredes? ¿la de los acuerdos entre los cuatro miembros de la junta militar? ¿la de los acuerdos entre conspicuos? ¿la de los acuerdos “impuestos” con pistolas al pecho o con dinero sobre, o bajo la mesa? La legitimidad de los acuerdos está dada por ser entre iguales, de cara a la gente, con todas las cartas sobre la mesa.

Con todo, concuerdo con Lucía, aunque mis motivos son diametralmente opuestos. En efecto, comparto que nuestra democracia es frágil porque está capturada por el nuevo dios imperante: el vil dinero que la corroe. Discrepo con Lucía respecto de la pérdida de los consensos fundamentales dado que ellos nunca han existido, y cuando han existido han sido de mentira, forzados, no voluntarios, impuestos, contra la voluntad popular.

Coincido con Lucía que se ha legitimado la violencia, pero yo hago referencia a otra violencia, la de los saqueos de las ISAPRES, de las AFPs, de los bancos y un largo etcétera. No intento minimizar ni validar la violencia de estos días, sino que por el contrario, procuro colocarla en su justa dimensión, en su globalidad, en forma no reduccionista.

Coincido en la precariedad del estado de derecho, no de ahora, sino que de siempre. Siempre ha sido precario para proteger los intereses de los más débiles. El estado de derecho, al igual que las FFAA son creaciones para proteger los intereses de los de arriba, en circunstancias que su razón de ser se asume que es al contrario: debe existir para defensa de los más débiles, no los más fuertes.

Coincido en que hay menoscabo de valores como la tolerancia, el pluralismo y la legitimidad de los acuerdos. No solo ahora, sino que siempre. Nunca hemos podido sentarnos en una misma mesa de igual a igual. El día en que sea posible, otro gallo cantará.

En síntesis:
Qué pasó? Pues todo lo que menciona Lucía se nos ha recordado como consecuencia de la explosión social.

Qué pasará? Todo depende de si nos tomamos en serio lo ocurrido, si somos capaces de sentarnos en una misma mesa, mirándonos a las caras, sin dinero ni armas en la mesa ni por debajo de ella; si somos capaces de tratarnos de igual a igual, sin discriminarnos, sin imposiciones, sin engañarnos. De lo contrario tendremos más temprano que tarde, una nueva erupción. Esto es como los terremotos, cuando la tierra se agita para liberar energía acumulada; mientras más energía se acumula, más fuerte el próximo terremoto.

diciembre 04, 2019

Los derechos humanos

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Por estos días, a raíz del estallido social vivido en Chile, ha resurgido el tema de la violación a los derechos humanos (DDHH) en el accionar de las fuerzas policiales. Personeros de organismos internacionales vinculados a la temática, en sus visitas al país han verificado numerosos casos de violación a los DDHH luego de innumerables denuncias y desgarradores testimonios por parte de los afectados.

Quienes defienden a los carabineros aluden a las difíciles circunstancias que les corresponde actuar en el cumplimiento de sus funciones, velar por el orden público en un contexto de manifestaciones, agresiones, saqueos, destrucción de bienes públicos y privados. A ello agregan que se encuentran sobrepasados, agotados, y que los carabineros también tienen DDHH.

Al respecto es importante distinguir cuándo se debe hacer referencia a los DDHH y cuándo no. Si una persona ataca o agrede a otra persona podemos estar en presencia de un delito según el tenor de la agresión y sus consecuencias; si una persona ataca o agrede a un carabinero, la connotación del delito es de mayor magnitud por tratarse de una agresión a una autoridad, a un funcionario público, a nuestro custodio.

Distinto es el caso de una agresión por parte de un carabinero, no en el marco de su accionar para repeler a un ataque, sino en el marco de un abuso del poder que le ha sido concedido por la sociedad para su resguardo. Es el caso cuando se dispara, golpea y/o patea en el suelo a una persona que ya ha sido reducida. O cuando se lleva a una persona detenida a una comisaría y se le apremia ilegítimamente, se le desnuda, atormenta, lesiona para reducirlo a la más mínima expresión. En estas circunstancias cabe la expresión de violación a los DDHH. Por tanto, en ella concurre el abuso del poder por parte de un agente del Estado en desmedro de las personas.

Dado el estallido social que se ha estado viviendo desde el 18 de octubre, no pocos han estado relativizando el concepto de los DDHH y su violación por la necesidad de imponer y restaurar el orden a como de lugar. La lógica subyacente es que en este minuto, la imposición del orden es más importante que los DDHH. Ello supone que sería imposible restaurar el orden sin violar los DDHH. Muy por el contrario, la violación de los DDHH “desordena” en vez de ordenar, atiza el fuego, asume que el orden se impone por terror, mediante el amedrentamiento, el efecto “ejemplificador” que se busca cuando se violan los DDHH.

Entre los logros, aprendizajes de la humanidad, de la sociedad en general, se encuentra el de rechazo a los atropellos a los DDHH, los cuales no son permisibles bajo circunstancia alguna.

Tanto carabineros como las FFAA no tienen manos libres para hacer lo que quieran en todo momento, así como nadie la tiene. Menos ellos que tienen el monopolio de las armas. Monopolio que solo tiene sentido en la medida que estén subordinadas al poder civil.

Todo indica que entre los déficits a lo largo de los procesos posdictatoriales de América Latina se cuenta una apropiada formación en DDHH por parte de las FFAA y carabineros, así como en parte importante de la población civil, y en una subordinación total, sin medias tintas de ellas al poder político civil.

*) quien escribe esta columna no es abogado ni experto en DDHH, por tanto, los conceptos vertidos vienen de una persona común y corriente, y por lo mismo estoy abierto a las rectificaciones pertinentes.

diciembre 03, 2019

Uruguay: ¿qué es lo que viene?


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La ajustada victoria de Lacalle es ilustrativa de una realidad que se está dando en todas partes: la existencia de dos mitades que no piensan igual, más bien que piensan, razonan de una manera diametralmente distinta. Entre esas mitades existiría una grieta cuya profundidad cuesta dimensionar. Si bien no son mitades homogéneas dado que al interior de ellas existen fisuras, éstas no alcanzan a tener la dimensión de la grieta.

Si tomáramos una línea con un punto inicial y un punto final, ambos asociados a las extremas derecha e izquierda, podemos decir que existía una suerte de continuum por la existencia de un centro moderador, que de alguna manera actuaba como vaso comunicante o amortiguador. Hoy la línea está quebrada, transformada en dos líneas, sin puntos en común. El quiebre es la grieta, es la señal de incomunicación, salvo que exista un esfuerzo de aproximación, de reconstrucción de una única línea, una línea de reencuentro de ambas. En Uruguay, el escenario político a lo largo del siglo pasado estuvo dominado por los partidos blanco y colorado, sin contrapeso alguno. La derecha y la izquierda se encontraban subsumidos en ambos partidos merced a la ley de lemas imperante. Recién a inicios de la década de los 60 hace su aparición Frente de Izquierda de Liberación Nacional (FIDEL), nacido al amparo de la revolución cubana, antecesor del actual Frente Amplio (FA).

El FA logra romper la hegemonía de los partidos tradicionales recién a comienzos del presente siglo, encabezando el gobierno por tres períodos consecutivos. Los grupos de izquierda que se encontraban en los partidos blanco y colorado, aun siendo por lo general minoría al interior de ellos, lograban algún grado de influencia en las correspondientes andaduras gubernamentales. Al desprenderse para confluir en el FA, una consecuencia fue la derechización, tanto del partido blanco o nacional como del partido colorado.

Es así como se llega a que así como blancos y colorados eran partidos rivales, hoy son partidos aliados que, junto con la reciente creación política de uncomandante dado de baja por el presidente Vázquez, Manini Ríos, Cabildo Abierto. Este último partido tiene su base partidaria entre los militares y de quienes tienen una débil adhesión a los ideales democráticos.

Así como en Uruguay, en muchos otros países, al menos de Latinoamérica, se ha producido un vaciamiento del centro, que es la que explica la grieta. Cuán insalvable sea esta grieta está por verse. Este vaciamiento político, también se ha estado dando a nivel socio-económico. En efecto, dentro del eje pobreza-riqueza, la grieta se expresa en la creciente y lacerante desigualdad que nos afecta. Si bien, en mayor o menor medida los niveles de pobreza han disminuido, quienes han salido de ella se encuentran en un estado de alta vulnerabilidad, “a medio morir saltando”, bajo el temor de volver a caer en cualquier momento en la pobreza por la inseguridad y precariedad de sus empleos.

La elección presidencial uruguaya y su resultado se inscriben en este contexto. Los pilares del triunfo de Lacalle fueron crecimiento y seguridad, los mismos que llevaron al triunfo de Piñera, candidato de la derecha en Chile. Se acabaría la fiesta de los delincuentes y se retomaría la senda del crecimiento. Al menos en lo que respecta a Chile, lo concreto es que hoy se puede afirmar que los delincuentes ya no están de fiesta, sino que de carnaval. Y respecto del bajo crecimiento que reprochaban al gobierno de Bachelet, hoy se tienen que morder la lengua, porque el deterioro que se observa es demasiado elocuente.

Haría bien Lacalle en leer bien el escenario en el que se encuentra. Si quiere imponer el modelo neoliberal a como dé lugar, siguiendo el camino de Chile, le irá mal. Lo que se está viviendo en este minuto, el reventón social es consecuencia de una imposición del modelo que la izquierda no fue capaz de desmontar, a lo más amortiguar, retrasar el estallido que ya nadie pensó que vendría.

Al respecto sugiero leer la columna fin del modelo neoliberal 

El FA ya gobernó y cayó en la trampa de la corrupción, de la cooptación, del anquilosamiento, del nepotismo, y por poco se le perdona. Su derrota en la actual coyuntura debe verse como un triunfo. Suerte que no ganó porque la obliga a repensársela, a volver a sus orígenes, a renovarse. Con otro triunfo se habría dormido en sus laureles. Tenía que morder el polvo de la derrota.

Ahora Lacalle deberá tener al frente a un FA más inteligente, más joven, que rescate lo mejor de sí. Si Lacalle decide ir por el camino de dotar al país de un mejor Estado, más robusto, con menos grasa y más músculo, que no sea cooptado por grupos de interés, con una seguridad basada en una mejor educación y una mejor salud, antes que en más FFAA, deberá contar con el apoyo entusiasta del FA.

En estas circunstancias, la insalvable grieta a que hacía alusión al comienzo, se podría salvar.