noviembre 22, 2018

Un asesinato puro y duro

Digámoslo sin ambages, sin pelos en la lengua: la muerte de Camilo Catrillanca fue un asesinato puro y duro, cometido por fuerzas especiales del Estado, financiado con recursos de todos los chilenos. Un asesinato por la espalda sin que haya mediado delito, provocación ni fuga alguna.

Hasta ahora no he encontrado razones que lo expliquen ni justifiquen. Las versiones iniciales lo vinculaban a un robo de vehículos, avalado por el intendente de la región, la máxima autoridad política. Incluso llegó a afirmar que tenía antecedentes penales. Todo falso de falsedad absoluta.

Un medio de comunicación verspertino, La Segunda, en su portada afirmó que Carabineros tenía videos que confirmarían lo señalado. Afirmación acompañada de fotos con las fuerzas especiales uniformadas cuyos cascos portaban cámaras filmadoras de los acontecimientos. Al otro día, en el diario matutino La Tercera, la portada dice lo contrario: no hay video alguno!

¿Qué pasó en el interín? Las tarjetas de memoria fueron destruidas, “cortadas” con tijera! Se borró todo testimonio de los hechos. ¿Qué interesaba borrar? Los comportamientos, los hechos, delitos cometidos, no por los mapuches, sino por los uniformados, por agentes del Estado, por quienes tienen la obligación de proveernos seguridad, de protegernos de quienes delinquen.

Con la destrucción de las tarjetas de memoria, y las declaraciones del menor que acompañaba a Camilo, se derrumbó el castillo de mentiras que se estaba construyendo. Cuando el gobierno se percató que todo se le escapaba de las manos, que se vería arrastrado al abismo ante hechos que a estas alturas eran indesmentibles, no pudo más que aceptar, reconocer el derrumbe, la sarta de cuentos en los que se había visto envuelto. Y el costo político lo pagó el intendente con su renuncia por comprarse a ciegas las mentiras provenientes desde las fuerzas de carabineros. Su alto mando aún no paga las consecuencias de sus subordinados. Como siempre, el hilo se está cortando por lo más delgado.

En concreto, el asesinato se produjo en la región de la Araucanía donde existe la mayor proporción de mapuche; la región donde la derecha obtuvo la mayor proporción de votos en las últimas elecciones presidencial y parlamentaria; la región más militarizada del país. Una vez más, la víctima, un mapuche. Parece masoquismo. Votan por quienes más los reprimen. Como las víctimas que enamoran de su victimario, de quien lo tortura. Como para agarrarse la cabeza.

¿Hasta cuándo? ¿Cuándo nos sentaremos a conversar frente a frente, de verdad, con todas las cartas sobre la mesa en vez de armas? Solo entonces, mirándonos a los ojos, sin prejuicios, podremos aspirar a una paz duradera, verdadera. La violencia solo es portadora de más violencia, muertes, y vivir con las manos manchadas de sangre. Más vale vivir con las manos limpias.

noviembre 15, 2018

Fake news

Últimamente han aparecido expresiones anglosajonas de difícil traducción, siendo una de ellas las fake news: hacen referencia a noticias falsas que se hacen pasar como ciertas con el propósito de desinformar y/o engañar deliberadamente y que se difunden a través de los más diversos medios de comunicación. Si bien las fake news han existido desde siempre, su “popularidad” actual se explica esencialmente gracias a su altísima velocidad de propagación a través de las redes sociales –twitter, Facebook, whatsapp- y a su influencia en los resultados de elecciones políticas de muchos países, menoscabando, depreciando el valor de la democracia.

En el ámbito político, su intención es inducir a error en la decisión de voto mintiendo descaradamente a favor de unos y en detrimento de otros. Si bien esto no es nuevo, su fuerza en los tiempos que vivimos reside en que hoy se dispone de una red de comunicación social que no existía en el pasado: las famosas redes sociales que permiten esparcir noticias falsas como reguero de pólvora.

A ello debemos agregar: a) la portentosa la capacidad actual de almacenamiento de datos, que ha dado origen a los “big data” para registrar nuestros datos personales; b) la posibilidad de rastrear nuestras actividades en las redes sociales; y c) el desarrollo de algoritmos capaces de extraer una tipología de perfiles de comportamientos.

Todo ello está permitiendo que se difundan, a velocidad de crucero, las mentiras –las fake news- más apropiadas de acuerdo al perfil que se haya confeccionado para cada uno de nosotros. Lo prueba la última elección presidencial brasileña, donde el ganador, Bolsonaro hizo uso y abuso de ellas, sembrando de dudas la legitimidad de su elección.

Para que todo ocurra, los responsables de generar fake news deben ser personas sin sentido ético-moral alguno, y al otro lado, quienes reciben las fake news, deben ser personas sin capacidad para filtrar información, discernir, reflexionar, poner en duda la credibilidad de lo que se está leyendo. De allí que en los tiempos que vivimos la buena educación esté basada en valores y un profundo sentido ético-moral, y que nos provea de la capacidad para ver bajo el agua, pensar, reflexionar, discernir, separar la paja del polvo, esto es, la mentira de la verdad.

Así de simple, así de complejo.

noviembre 08, 2018

La pirámide de Maslow

Hace un par de días tuve una interesante conversación en torno a los últimos resultados electorales que se están registrando en el mundo, con una tendencia al autoritarismo en lo político y el neoliberalismo en lo económico. Mi interlocutor, un destacado profesor que periódicamente nos entrega anécdotas históricas a través de las redes sociales, me sorprendió al fundamentar lo que estaba ocurriendo con la pirámide de Maslow, la que desconocía por completo, por lo que me puse a indagar.

Esta pirámide tiene el nombre de su creador, Abraham Maslow, uno de los fundadores de la psicología humanista, donde establece una jerarquía de necesidades del ser humano que han de satisfacerse en la búsqueda de su más plena autorrealización. Bajo esta teoría se asume que nuestras acciones están guiadas por el objetivo de satisfacer un conjunto de necesidades que se encuentran en distintos niveles. Según el nivel en que nos encontremos de satisfacción, serían nuestros comportamientos y decisiones que adoptemos.

Según Maslow, son seis los niveles con que plantea su teoría. El primero, que está en la base de la pirámide la jerarquía, incluye las necesidades más básicas que tienen que ver con la supervivencia física, las que incluyen comer, respirar, dormir. Satisfechas estas necesidades, se pasa a un segundo nivel, asociado al miedo, esto es, a la necesidad de contar con seguridad física, de protección, de mantener lo que se tiene, de poder mantener satisfechas las necesidades básicas. Luego viene el nivel de asociación vinculado a la satisfacción de necesidades sociales, de relacionarse afectivamente con la familia y las amistades para sentir amor y sentido de pertenencia. Más arriba se encuentra el nivel correspondiente a la necesidad de ser reconocidos, respetados, valorados y que tienen que ver con la confianza y la autoestima, esto es, de sentirse bien con uno mismo. Por último, está el nivel más alto de desarrollo personal, que apunta a la necesidad de autorrealización, de desarrollo personal, espiritual, de darle un sentido a nuestra existencia mediante el desarrollo de todo nuestro potencial para una vida más plena.

Conocidos estos niveles cabe preguntarse en qué nivel se encuentra cada uno de nosotros. El ideal es estar en el nivel superior, el que supone el pleno desarrollo personal. Desgraciadamente la mayoría no lo está.

Aplicada esta pirámide a nivel de los países también podríamos preguntarnos lo mismo. ¿Dónde estamos? Los resultados de las elecciones y las posturas de los distintos partidos políticos parecen estar dándonos algunas pistas para responder la pregunta. En efecto, cuando las necesidades más básicas o biológicas se dan casi por satisfechas –comer, dormir, respirar, etc.-, especialmente para quienes han logrado salir de la extrema pobreza material, el miedo y las necesidades de seguridad y protección pasan a tener una mayor relevancia. Esto se da particularmente entre quienes se han sumergido en una suerte de consumo insaciable.

Allí donde la derecha y la ultraderecha están ganando elecciones parece ser que es porque escuchan y/o recogen esta búsqueda de protección y de seguridad de la población, de mejor manera que sus oponentes políticos.

Le haría bien al centro y a la izquierda reflexionar en profundidad sobre el tema, y la sociedad en que se inserta, para proponer políticas de seguridad que la población perciba como más confiables, humanas y eficientes que las que nos proponen quienes se están imponiendo mediante un discurso que menoscaba la democracia ensalzando el militarismo, el autoritarismo y el neoliberalismo.

Fuente de la imagen:
http://www.laboratorioti.com/2018/02/12/la-famosa-piramide-maslow-tienes-saber-motivar-gente/

noviembre 01, 2018

Bolsonaro: la democracia jaqueada

En las recientes elecciones en Brasil, tal como se esperaba -o temía-, Bolsonaro, un excapitán de la reserva del ejército brasileño, emergió como el presidente electo. Una ventaja de 10 puntos da cuenta de su triunfo indiscutible, y de una derrota sin atenuantes para su adversario, Haddad, abanderado del Partido de los Trabajadores (PT).

Cuesta asimilar el viraje que representa este resultado, así como sus fundamentos y vaticinar lo que viene. Respecto de los motivos, los partidarios de Bolsonaro ponen el acento en la inseguridad reinante con motivo de los elevados niveles de corrupción y violencia; sus rivales apuntan a la persecución sufrida por el PT, alentada desde las redes sociales mediante la proliferación de noticias falsas (fake news).

También están quienes afirman que lo que se está dando es la ley del péndulo, esto es, un movimiento de la izquierda hacia la derecha y que no sería exclusivo de Brasil. De ser cierta esta apreciación se podría pensar en un giro desde una izquierda moderada hacia una derecha moderada. Pero si nos atenemos al contenido de la campaña, a las características de Bolsonaro, así como a sus pensamientos, expresiones y conductas, representa a una ultraderecha nacionalista, militarista. Por lo tanto, el péndulo se habría movido no de un extremo a otro, sino que de una versión moderada a una extremista, porque en ningún caso se podría sostener que tanto Lula como Dilma hayan representado y aplicado políticas de extrema izquierda. Más bien al contrario, procuraron avanzar en sus políticas a punta de acuerdos y negociaciones dentro de un sistema político marcado por el caudillismo y el personalismo. Visto así, el resultado simboliza un fracaso de la política con mayúscula, esto es, entendida como el arte de la negociación para la resolución pacífica, civilizada de los conflictos entre los distintos grupos de interés que conforman una sociedad. Y por lo mismo, un triunfo de las soluciones militares, no negociadas.

De allí que resulta un tanto doloroso, y en cierto modo un contrasentido, que por la vía democrática haya triunfado un candidato cuyo pensamiento se aleja mucho de lo que entendemos por democracia.

Lo expuesto invita a la reflexión por parte de quienes creemos firmemente en la democracia sin apellidos, y muy especialmente a la izquierda. Si nos remitimos a la búsqueda de seguridad ante la violencia y la corrupción imperantes como causales del triunfo de Bolsonaro, entonces significa que la izquierda no sintonizó con esta demanda regalándole estas banderas.

Para la izquierda moderada lo ocurrido también invita a repensar las modalidades bajo las cuales negocia con quienes tiene al frente para no caer en riesgo de ser cooptada, desnaturalizada o corrompida. De lo contrario, la ciudadanía castiga mucho más a la izquierda que a la derecha, y pierde su principal atributo diferenciador: el ético-moral.

Sin perjuicio de lo señalado, el nombramiento de Sergio Moro como Ministro de Justicia, habiendo sido el responsable de la operación Lava Jato destinada a combatir la corrupción y el lavado de dinero, que condujo al enjuiciamiento a Lula, a su inhabilitación como candidato, y a su condena y encarcelamiento, invita a sospechar, por decir lo menos, en un juego sucio.

Se puede pensar que Moro que fue premiado por encabezar el combate a la corrupción para que continúe su tarea ahora al frente de un ministerio. Sí, pero también es lícito pensar que fue galardonado por ser el responsable de haber dejado fuera de carrera a quien era el candidato que punteaba en las encuestas y que posibilitó el triunfo de Bolsonaro.

Por último no puedo dejar de mencionar el tema del impacto de los fake news que se esparcen como reguero de pólvora vía redes sociales sobre las nuevas tecnologías de información. Los medios de comunicación tradicionales, así como los partidos políticos parecen estar sobrepasados, perdiendo influencia a favor de cerebros grises en las sombras capaces de multiplicar al por mayor noticias falsas.

Habrá que ver qué es lo que viene porque en estos tiempos postmodernos todo parece darse vuelta.

octubre 25, 2018

Brasil en su hora

En la semana tuve el privilegio de ser invitado a participar en un conversatorio organizado por académicos de la Facultad de Educación de la UCM para abordar lo que se avecina tras la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil. Conversatorio que contó con la participación de investigadores visitantes brasileños. Siendo el país más grande de nuestro continente sus resultados tendrán una influencia más allá de sus fronteras.

Hoy quizá se sigue lo que allí ocurre, quizá más que otras veces, porque las mayores posibilidades de triunfo las tiene un candidato, Bolsonaro, que rompe los esquemas a los que estamos habituados, porque su modelo político es el autoritarismo, el militarismo; y en lo económico, su modelo ideal, si es que tiene alguno, a la luz de los tecnócratas que están tras él, el neoliberalismo.

Su triunfo sería equivalente a que en Chile hubiese una elección donde participara y ganara el innombrable. Es una elección donde un candidato no ve con malos ojos las dictaduras, así como quienes lo respaldan. En columnas anteriores ya hemos abordado lo que podrían ser las causas que han llevado a Brasil a la polarización actual. Ahora intentaré llamar la atención en torno a la paradoja que encierra el escenario político-económico en el que se encuentra Brasil.

El neoliberalismo que se ha ido imponiendo en los más diversos países de Latinoamérica, en paralelo al repliegue de los socialismos y sus variantes, por las características que le son propias, no ha hecho sino agudizar las desigualdades, la incertidumbre, la inseguridad, la violencia, la pérdida de derechos, con excepción del derecho a la propiedad. Para enfrentar estas realidades, en vez de encarar y responsabilizar al neoliberalismo de esta realidad, los más recientes resultados electorales parecen decirnos que se está optando por más autoritarismo, más represión, para poder aplicar más neoliberalismo, para ir a un neoliberalismo a fondo, sin vaselina. Lo que en Chile se impuso dictatorialmente, a sangre y fuego, Brasil está en alto riesgo de imponerlo democráticamente, por la vía electoral. En mi impresión sería análogo a pretender apagar un incendio con bencina.

Aun cuando no se descarte un vuelco de última hora en las preferencias electorales, hay que prepararse para un eventual triunfo de Bolsonaro como una oportunidad para reinicializarnos, resetearnos, reconstruirnos, e iniciar la travesía por el desierto para recobrar fuerzas, para insuflarnos de nuevas ideas y entusiasmarnos. Mal que mal, las derrotas enseñan más que los triunfos. Por lo demás, no hay mal que por bien no venga. Al mal tiempo, buena cara. Nunca está de más volver a empezar, volver a nacer.

octubre 23, 2018

Ad portas de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil



Conversaciones sobre las pensiones en Chile (parte 2)

Desde la derecha se empecinan en llenar de alabanzas al sistema de pensiones chileno sosteniendo que estaríamos a la vanguardia a nivel mundial y que no pocos países quisieran tener un sistema como el nuestro.

Suelen partir con frases de buena crianza, tales como “recibir una pensión digna es una necesidad de vital importancia”, pero a poco andar efectúan afirmaciones que procuran desmentir lo que se sabe. Por ejemplo, afirman que “cualquier sistema obligatorio es un sistema público” y que en el caso del sistema chileno se le denomina equivocadamente como privado.

No nos emborrachemos: no por ser obligatorio el sistema de pensiones chileno es público. Es privado por donde se le mire. La recaudación, la gestión, la inversión de las cotizaciones, y su distribución, es privada en un cien por ciento, y la efectúan las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) que son cien por ciento privadas. Que las cotizaciones sean obligatorias y las reglas bajo las cuales operan sean fijadas por leyes y regulaciones no convierte en modo alguno al sistema de pensiones en un sistema público.

Importa recordar que las AFP fueron creadas en tiempos del innombrable en 1980, siendo el padre de esta criatura José Piñera, hermano del actual presidente, entonces ministro del trabajo. Si bien en estos casi 40 años de andadura ha sufrido modificaciones, su impronta original, sigue vigente contra viento y marea, a pesar de los esfuerzos de no pocos por cambiar sustantivamente su filosofía central: que cada uno se rasgue con sus propias uñas, esto es, la capitalización individual.

Los defensores del sistema no pueden evitar reconocer que se trata de un tema de interés público, donde por lo mismo, la política importa e influye, tanto por la cantidad de dinero involucrada y como por el alto número de personas afectadas, por lo general electores. Lo que no veo que reconozca la derecha es el desmedido apetito, la codicia que despiertan en las AFP, en sus dueños, las utilidades que les reportan las comisiones que cobran por la administración de las cotizaciones de los trabajadores, las que no se condicen con las rentabilidades de los fondos. Por lo demás, no es posible desconocer los intereses cruzados que existen entre personeros de derecha, los directores, ejecutivos y dueños de las AFP, los que se extienden a las empresas en las que se invierten los fondos, que no son sino los recursos de los trabajadores. No será difícil adivinar que en una sociedad tan desigual como la chilena, donde los superricos se cuentan con los dedos de la mano, que al final del día los apellidos tienden a repetirse. Para darle un toque ocasionalmente escogen a uno que otro despistado del otro lado, que no era de la derecha, pero que termina comprándose el cuento completo.

La derecha procura llevar agua a su molino afirmando que las bajas pensiones se explican fundamentalmente por la inestabilidad e informalidad de más del 20% de los trabajadores, lo que genera que existan muchos meses en que no se cotiza. A ello habría que agregar, que las remuneraciones son bajas y que las expectativas de vida han aumentado. Por tanto, podemos concordar en que mientras todo esto ocurra, inevitablemente las pensiones seguirán siendo bajas. En consecuencia, bajo el paradigma actual, con cualquier sistema, público, privado o semipúblico, de capitalización individual o de reparto, el monto de las pensiones que se reciba al término de una vida de trabajo, no variará sustantivamente.

La derecha, el centro y la izquierda, deben y pueden concordar en la necesidad de innovar por la vía de romper la actual relación entre las remuneraciones recibidas a lo largo de la vida laboral con la pensión a recibir. El monto de las pensiones deberá independizarse de los ingresos recibidos durante los años de trabajo y ser el mismo para quienes jubilen a una misma edad. El origen de este monto deberá ser estatal y puede ser por la vía de un mismo aporte estatal al momento de nacer o por un monto mensual desde el nacimiento. Al cumplirse la edad de pensionarse, todos recibirían un mismo monto, el cual cada uno puede complementar con los ahorros o cotizaciones voluntarias que pueda haber hecho. Si alguien puede y desea seguir trabajando, podría hacerlo posponiendo su jubilación para recibir un monto mayor.

El financiamiento de este esquema lo más razonable debiera ser en base a un impuesto a las empresas más automatizadas, robotizadas, tecnologizadas, que son las que han estado reduciendo la demanda de trabajo, precarizando e informalizando el mercado laboral sin pagar costo alguno. Si no fuese posible implementar un impuesto de esta naturaleza, tendría que pensarse en un porcentaje sobre las transacciones efectuadas con tarjetas de crédito o débito bancarias.

No me fío del sistema de reparto convencional, que a veces parece extrañar a no pocos. Mis aprensiones van por el lado de “las diabluras” que históricamente se han dado, como fueron lo fueron los arreglines que se hacían en los últimos años con las rentas porque se jubilaba con el promedio de las últimas rentas, así como con las entonces famosas “perseguidoras”.

Se me queda en el tintero el tema de la administración de los fondos de origen estatal. El que dejaré para más adelante.

octubre 18, 2018

Conversaciones sobre las pensiones en Chile (parte 1)

Hace tiempo que tengo pendiente escribir sobre este tema, y si no lo he hecho no es por falta de interés, sino porque tengo una mirada muy particular que no calza con lo que se escribe al respecto. Lo más probable es que esta columna deba ser complementada por otras porque resulta imposible condensar en estas líneas todo lo que deseo expresar.

En esta ocasión me limitaré a hacer una suerte de titulares respecto de mis pensamientos sobre la materia. Para empezar, creo que nos estafaron cuando en 1981 se creó el nuevo sistema previsional basado en las cuentas individuales gestionadas por las AFP y que una vez que el sistema funcionara “en régimen”, al momento de jubilar, se recibiría alrededor del 70% de los últimos ingresos. Se presumía la inexistencia de lagunas previsionales, esto es, períodos de desempleo, y que la cotización sería sobre el total de los ingresos.

Tanto lo uno como lo otro resultó ser falso, y se sabía que iba a ser falso. En efecto, la existencia de una continuidad laboral es una excepción, porque lo más común es que existan numerosos períodos en que se está desempleado, particularmente en los sectores de más bajos ingresos. Y respecto de quienes han tenido altos ingresos, por sobre el tope previsional, el monto que se cotiza obligatoriamente no se condice con los ingresos que poseen.

A ello se agrega que en el pasado, antes de 1981, el descuento previsional estaba por encima del 20%, en tanto que bajo el sistema de las AFP la cotización bajó al 10%. Esta diferencia posibilitó que quienes se cambiaran del sistema de reparto existente al nuevo sistema previsional privado vieran aumentados sus ingresos. Este aumento de ingresos fue el cebo, el anzuelo para estimular el traspaso, sin que la gente percibiera los perjuicios futuros que estos cambios le ocasionarían tanto en términos de los ingresos que recibirían al momento de jubilar, como de la extensión de la vida laboral hasta los 65 años a lo menos. Recuérdese que antes de 1981 por lo general se jubilaba al cumplirse una determinada cantidad de años de trabajo.

La estafa se ve corroborada al constatar que las FFAA y carabineros fueron exceptuados de adscribirse al nuevo sistema, lo que solo se explica por los perjuicios que su eventual traspaso ocasionaría a su personal. Es lícito plantearse por qué no se consideraron los daños previsionales que generaría a los civiles.

En síntesis, el sistema previsional actual fue instalado a punta de bayonetas, populismos y engaños que a la fecha no se han podido levantar, que por el contrario, se ha ido consolidando en base a influencias indebidas e intereses creados.

Más allá de lo señalado, estimo que no es sostenible continuar bajo el paradigma actual caracterizado por montos de pensiones basados en los ingresos percibidos a lo largo de una vida laboral. Ya estamos sumergidos en un mundo donde el trabajo se está precarizando y/o informalizando, por lo que las lagunas previsionales han llegado para quedarse. Lo prueba la creciente debilidad del factor trabajo y el mayor peso del capital en el funcionamiento de las organizaciones. La robotización y la automatización han llegado para quedarse.

Lo descrito, así como muchos otros puntos, invitan a pensar en una suerte de reingeniería en materia previsional, no solo en términos de los porcentajes a cotizar, sino respecto del origen de los fondos previsionales, su administración –pública y/o privada-, y su distribución –reparto y/o individual-.

octubre 13, 2018

Brasil: todo se ha puesto cuesta arriba

Los resultados de las recientes elecciones en Brasil, tanto presidenciales como parlamentarias, dan cuenta de un giro político mayúsculo que se inscribe en una tendencia mundial que no deja de ser preocupante. Se sabía que Bolsonaro estaba punteando, pero pocos imaginaron que tendría la votación que alcanzó, y de ellos algunos señalaban que podría ganar en la primera vuelta.

Si bien habrá segunda vuelta, lo concreto es que Bolsonaro en esta pasada ganó por paliza, poniendo cuesta arriba las posibilidades de su contendor, Haddad. Es como si en un partido de futbol uno de los rivales se fuera a los vestuarios con una victoria parcial de tres o cuatro a cero. Darlo vuelta no es imposible, pero tendrían que concurrir hechos que no se vislumbran. No se ve qué pueda cambiar para remontar el resultado de la primera vuelta.

De partida, el contendor no se puede cambiar, a lo más podrá cambiar su estrategia, pero difícilmente pueda modificarla radicalmente en estas semanas. Y un cambio de estrategia que sea efectivo necesariamente pasa por un análisis crítico profundo. Un mea culpa auténtico. También es difícil que Bolsonaro cometa errores de bulto en este tramo. Con la victoria en el bolsillo rehuirá los debates y seguramente se limitará a expresiones que no pongan en riesgo su triunfo. Al menos sus asesores harán todo lo que esté en sus manos para reducir las frases para el bronce que lo identifican.

Y lo más probable es que todo esto tampoco sea suficiente puesto que la victoria de Bolsonaro tiene raíces profundas que emanan de errores imposibles de soslayar. No es razonable ni sostenible creer que la gente es irracional, estúpida y/o ignorante cuando vota por Bolsonaro, y que no lo sea cuando vota por Haddad. Tampoco es razonable ni sostenible creer que el partido de los trabajadores, el PT y Lula, sean corruptos, y que no lo sean Bolsonaro y quienes lo respaldan, ni que Bolsonaro y sus boys vayan a terminar con la corrupción y la violencia urbana. Estamos ante un candidato, Bolsonaro, que encontró un blanco al cual apuntar sus dardos: los seguidores de Lula, los petistas, captando y canalizando la rabia y la ira en su contra, tal como en su momento lo hizo Hitler contra los judíos y los comunistas.

La corrupción reinante no nació con Lula, ni mucho menos, aunque así lo quieran presentar los medios de comunicación, ni se limita al PT, sino que atraviesa a todo el arco político, incluyendo a quienes atacan al PT y quienes juzgaron y condenaron a Lula. Por el contrario, la corrupción, así como la violencia urbana están instaladas desde hace mucho tiempo, reforzadas por el modelo económico imperante, y si a la fecha no ha podido ser erradicada, menos lo será por un personaje como Bolsonaro cuya receta es la clásica de la ultraderecha: más militarización, más represión, más neoliberalismo.

Que el pueblo vuelque sus preferencias hacia una opción de este tenor, da para reflexionar en torno a una dura interrogante: ¿qué ha llevado a que Brasil llegue a esta situación? ¿qué hacer para que no lleguemos a una coyuntura como la brasileña?

Días difíciles, muy difíciles, esperan a Brasil, así como a muchos otros países.

octubre 03, 2018

Bolsonaro en punta

Este domingo son las elecciones presidenciales en Brasil, la mayor potencia latinoamericana. Uno de sus candidatos, Bolsonaro, lleva todas las de ganar en la primera vuelta.

Las razones que explican la actual realidad política brasileña se centran en la corrupción que aqueja a toda su clase política, originada por una dirigencia empresarial que ha sido capaz de prostituir a gran parte del mundo de la política, y que se ha expandido a las más diversas esferas.

Por decir lo menos, resulta curioso que el candidato que encabezaba las encuestas, Lula, haya quedado fuera de carrera por decisión del poder judicial. El Partido de los Trabajadores que condujo al país sacando de la pobreza a millones de brasileños está siendo destruido tanto por la encarnizada oposición de la derecha como por la corrupción que estaría afectando al partido. Y digo “estaría” porque a esta altura del partido ya no sé dónde está la verdad, ni quienes la tienen. En efecto, me es imposible no ver al ladrón detrás del juez. Quienes juzgaron y destituyeron a Dilma Rousseff no parecen ser blancas palomas libres de polvo y paja. Tampoco lo son quienes decidieron que Lula no podía postular ni quien ejerce hoy la presidencia, Temer, ni quienes conforman el Congreso ni los tribunales de justicia.

En este marco, entre muchas otras candidaturas, emerge la de Bolsonaro, un clásico candidato que en circunstancias normales no pasaría de la marginalidad, de ser un outsider. Sin embargo, bajo las circunstancias actuales de Brasil, de crisis política que se prolonga por al menos un par de años, irrumpe fuertemente con un discurso populista, racista, machista, homófobo, militarista, de la clásica ultraderecha admiradora de las dictaduras militaristas. Su modelo es la dictadura de Pinochet.

Una artera puñalada en medio de un acto de campaña logra el efecto de catapultarlo, acercándose ya al 30% de las preferencias. Al paso que va, apelándose al voto "útil", no pocos especulan que podría ganar en primera vuelta. 

Este tipo de candidatos siempre han existido y seguirán existiendo, pero en términos electorales suelen tener menos de un 10%, y en tiempos de crisis moderadas, a lo más alcanzan el 20%. Su pleno desarrollo lo alcanzan cuando se está frente a crisis mayores, cuando la polarización se extrema y consigue la adhesión de la derecha y de los sectores más pobres hastiados que caen bajo el embrujo de cantos de sirena.

Se trata de un candidato que no se ha cansado de decir barbaridades. En el año 1999 afirmó que “la dictadura 2003 debería haber matado a 30,000 personas más, comenzando por el Congreso y el presidente Henrique Cardoso”. En el año 2001 sostuvo que “sería incapaz de amar a un hijo homosexual, prefiero que muera en un accidente de coche”. Dos años después, en la televisión le dijo a una diputada que “yo a usted no la violaría porque no se lo merece”. Y el último broche de oro que se le conoce, lo dio a conocer el año pasado cuando declaró que “un policía que no mata no es policía”.

Uno de sus contendientes lo retrata de cuerpo entero al sostener que “representa la negación de la política y de la democracia, el deseo de prender fuego para ver si vuelve a nacer algo”.

Toda su vida abrazó la fe católica, pero hoy es evangélico, consiguiendo la adhesión de ellos no obstante que su ideario se contrapone abiertamente a la ética cristiana.

Con todo no pierdo la confianza de que el pueblo brasileño sea capaz de discernir, en el silencio de la urna, e impedir su ascenso a la presidencia.

septiembre 27, 2018

Las paradojas de la política

En Chile se está viviendo un período político especial donde un gobierno de derecha debe abordar una agenda que no le acomoda. Desde sus propias huestes no pocos afirman que están aplicando políticas más propias de la actual oposición. Similar crítica se dio cuando bajo el primer gobierno de Piñera (2010-14) el entonces senador Longueira antes de ser nominado ministro, le acusó de ser una suerte de quinta Concertación.

Un botón de muestra es el proyecto de ley que reconoce y da protección a la identidad de género, impulsado por el gobierno de Piñera, fue aprobado en el Senado gracias al respaldo de la oposición y con el rechazo de la mayoría de los senadores de la propia coalición gobernante, particularmente de RN y de la UDI. Lo señalado da cuenta de un proyecto impulsado por la izquierda, que en el pasado no pudo aprobarse, gracias a un mayoritario rechazo al interior de la derecha, y que ahora fue aprobado. El mundo al revés como dirían algunos. Por ello José Antonio Kast, excandidato presidencial, exdirigente de la UDI, y actual impulsor de un movimiento de ultraderecha, acusa al gobierno de gobernar bajo una agenda de la izquierda. La oposición en un sector de la derecha es tal que intentarán ir al Tribunal Constitucional, a dónde recurren cuando las cosas no se dan a su pinta.

El otro caso está referido a la problemática que afecta a la Araucanía, donde la derecha siempre criticaba a los gobiernos por su incapacidad para detener la violencia, y muy especialmente por sus políticas conciliatorias y la ausencia de medidas represivas frente a hechos de violencia. Gran parte de su discurso, tanto a nivel nacional, como en la zona de la Araucanía, apelaba a la necesidad de incrementar los niveles de seguridad por la vía de aumentar la presencia y acción policial, alentando la necesidad de enviar fuerzas militares a la región. Hoy en cambio, a seis meses de asumida la conducción del gobierno, busca asumir un rol pacificador, de búsqueda de acuerdos entre los distintos sectores en lo que denomina Plan Impulso Araucanía. Este plan, al menos en el papel, más parece una continuidad de las acciones adoptadas por los gobiernos anteriores que buscaban estimular el desarrollo y establecer la paz en la región por la vía de una fuerte inyección monetaria bajo la lógica de que con plata se puede comprar la paz.

La otra novedad en este tema es el anuncio de algo que la izquierda siempre procuró impulsar sin mayor éxito por la persistente oposición de la derecha: el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Si bien falta aterrizar este y tantos otros anuncios, así como “la letra chica” con que estén acompañados, lo concreto es que este tema nunca estuvo en la agenda de la derecha. Y ahora lo está y tendrá que proponer un cambio en la constitución. No pocos congresales derechistas arrugarán la nariz.

En ambos casos los proyectos de ley implicados serán aprobados con el apoyo de la izquierda y la renuencia de no pocos en la derecha. Así y todo, insisten en que la actual oposición le está negando la sal y el agua al gobierno. Con razón dicen que la historia se escribe con renglones torcidos.

septiembre 20, 2018

Populismo al acecho

El populismo está al alza de la mano de la polarización política, económica y social. El populismo es el arte del engaño, de la explotación de las desgracias, de las desigualdades, de la mala educación. Por lo mismo suele ir de la mano del nacionalismo.

El populismo surge en tiempos de turbulencias de todo orden, político, económico, social, científico-tecnológica y existencial. Es alentado desde las sombras por siniestros personajes al amparo de discursos grandilocuentes, de frases para el bronce, pero muy especialmente de la incapacidad de gran parte de la población para discernir, reflexionar, analizar críticamente lo que ocurre. Personajes que actúan como pastores que conducen a sus rebaños al matadero sin que estos lo perciban. Ejemplos tenemos por doquier en el pasado y también actualmente, aquí en Latinoamérica, y donde quiera que vayamos.

Latinoamérica desde sus tiempos de independencia, ha experimentado oleadas de populismo. Los hay de derechas y de izquierdas, su común denominador es lo mencionado más arriba: la explotación de una crisis mediante el sacrificio de una o más generaciones por la vía de una oferta quimérica, que no especifica metas ni plazos.

En Europa, la construcción de la comunidad europea, fue a partir de las cenizas dejadas por la segunda guerra mundial a la que fue conducida por el nazismo y el fascismo a nombre de la superioridad racial. Hoy, esta Unión Europea se encuentra en jaque como consecuencia de los populismos y nacionalismos que están resucitando en los distintos países bajo el pretexto de los flujos migratorios, del desempleo y las dificultades de los gobiernos y los partidos políticos tradicionales para abordarlos.

En USA, Trump es la mejor expresión de un fenómeno que se apoya en lo peor del ser humano: el odio, la expulsión, el exterminio de quien es distinto, de quien no piensa como uno. Un inmigrante que toma la bandera del levantamiento de muros físicos, legales y arancelarios para frenar la inmigración.

Populismos y nacionalismos que se alimentan de las lacerantes, persistentes y crecientes desigualdades que las dirigencias empresariales, sindicales, políticas y profesionales han sido incapaces de reducir, junto con la apatía de muchos que se resisten a participar ante la ausencia de liderazgos creíbles y confiables entre ellas.

Tras los populismos que están entrando en escena hay fanatismos, fundamentalismos y dogmatismos que creíamos haber superado. Sin embargo, por lo que observamos a escala mundial, parecen retornar en todo su esplendor. Así parecen señalarlo los resultados de las últimas elecciones que se han estado registrando en los más diversos países. De fuerzas marginales se están convirtiendo en actores relevantes capaces de inclinar la balanza a uno u otro lado.

No obstante lo expuesto, confío en que más temprano que tarde este proceso se revierta de la mano de lo mejor de cada uno de nosotros. Próximamente, en Latinoamérica, tendremos una prueba de fuego en las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Brasil.

septiembre 14, 2018

¿Cuál democracia está más enferma? ¿la del 73 o la de ahora?

Con motivo del último 11 de septiembre, al cumplirse los 45 años del golpe, el presidente Piñera alude a la crisis política, económica y social que vivía el país, al afirmar que la democracia se encontraba gravemente enferma.

A diferencia de 5 años atrás, cuando por estas mismas fechas hizo alusión a los cómplices pasivos, ahora intenta ubicarse por sobre el bien y el mal, buscando balancearse como un equilibrista. Aquí todos seríamos responsables de lo ocurrido, lo que es lo mismo que decir que nadie lo es, y que sería la hora de dar vuelta la página, no quedarnos atrapados en el pasado, levantar la mirada hacia el futuro. En tan solo 5 años, ha pasado de la teoría de los cómplices pasivos a la teoría del empate de los errores con los horrores; en tan solo 5 años retornó al eufemismo de antaño, cuando no se podían decir las cosas por su nombre. Ya no habla de dictadura, sino de régimen o gobierno militar. Esto habla de un cambio, de un movimiento hacia la derecha.

Afirmar que Chile vivía una democracia gravemente enferma merece una mínima reflexión. Eran tiempos de convulsión, de rebelión, de altos niveles de conflictividad, de compromisos y donde los matices tendían a desaparecer. Por lo mismo se podría afirmar que la democracia estaba más viva que nunca, en pleno desarrollo con una elevada participación política, las mujeres tenían derecho a voto, las instituciones políticas funcionaban a tope, el ejercicio de la libertad de expresión en los medios de comunicación era total.

El 11 de septiembre del 73 clausuró todo esto. Si la democracia estaba gravemente enferma, con el “pronunciamiento” le dieron el golpe de gracia. La remataron bajo el anzuelo de convertir al país en “una gran nación”. Con mala cara en 1988 hicieron un plebiscito para perpetuarse con el mismísimo que la remató. El país, con lápiz en mano, sin bayonetas, decidió rechazar a quienes fueron los cómplices pasivos de entonces para entregar su confianza a los mismos políticos que habrían conducido al país a una “democracia gravemente enferma”.

La pregunta que debiéramos hacernos es si la democracia actual es sana. Como siempre, dependerá del cristal con que se mire, pero es como para pensarlo. Si algo no es del gusto de la derecha, ponen el grito en el cielo y recurren a la tercera cámara, el tribunal constitucional hecho a la pinta de ellos.

La pregunta de fondo es ¿quién diagnostica si una democracia está sana o no? ¿cuáles son los elementos determinantes del diagnóstico? ¿lo que digan los de arriba?

A veces pienso que es hoy cuando la democracia estaría gravemente enferma y que en el 73 estaba más viva que nunca. Mal que mal hoy la participación electoral está en descenso, al igual que la tasa de sindicalización, los grados de participación y actividades en juntas vecinales y centros de madres, la política cooptada por los negocios empresariales, la perpetuación de los mismos de siempre en los distintos cargos. Mientras tanto, las personas cada vez menos ciudadanas, subsumidas en su metro cuadrado, en su supervivencia, sin tiempo para involucrarse más allá de uno mismo.

Y cuando el individualismo gana la carrera, la democracia muere.

septiembre 06, 2018

Hay vida después del trabajo


Uno de los hitos de nuestras vidas está constituido por el paso de un estado de trabajador al de jubilado, expresión que se asume viene de “júbilo”. Se trata de un cambio de estado no menor, de cierta complejidad, razón por la cual se le suele temer, y por lo mismo, esquivar, posponer. Mal que mal somos hijos de rutinas, de disciplinas, y el trabajo nos provee de ellas.

Mi paso al estado de “júbilo” ha sido paulatino, de aterrizaje suave, pasando primero desde un trabajo a jornada completa a uno de tres cuartos jornada por 3 años, y luego a un cuarto de jornada durante un año. Finalmente, no sin cierto temor, colgué los guantes hace ya poco menos de un año.

Discrepo de quienes sostienen que se trata de un cambio de un estado activo a uno pasivo. Prefiero llamarlo de “júbilo” si se cumplen lo que identifico como cuatro condiciones.

Una, llegar en buenas condiciones de salud física, lo que si bien depende de factores genéticos y/o inesperados, uno también ayuda si ha llevado una vida sana, sin reventarse ni abusar de sus propias posibilidades, ya sea alimentándose sanamente, como realizando algún deporte.

Dos, llegar en buenas condiciones de salud mental, lo que si bien parece que ir más allá de nuestra voluntad, quizá podamos ayudar por la vía de llevar una vida intelectual intensa, con un pensamiento crítico y reflexivo que remueva nuestras neuronas para mantenerlas vivas.

Tres, tener una salud financiera básica que no la da la pensión básica ni mucho menos, y en este plano los países tienen una gran deuda con sus viejos. Los grandes avances científicos y tecnológicos de las últimas décadas, si bien han logrado elevar la esperanza de vida en términos de años, tienen pendiente mejorar la calidad de vida de muchos de ellos. A la salud financiera también la ayuda no dejarse llevar por los cantos de sirena del neoliberalismo y su presión para que consumamos más y más a costa de endeudamientos.

Cuatro, una salud familiar razonablemente sana, sin mayores problemas familiares, ya sea con hijos, nietos, maridos, esposas, parejas. Esto es, que no nos hagan sufrir, o les hagamos sufrir, sino que por el contrario, sean fuente de felicidad, de buenas vibras, de buena onda.

Si llegamos al ocaso de nuestra existencia con estas cuatro variables bajo control, me atrevo a asegurar que no hay razón alguna para pasarla mal. Por el contrario, es la etapa para hacer un alto en el camino con el fin de disfrutar y sentir la distensión, la paz, la tranquilidad que quizá haya sido tan esquiva en muchos parajes de nuestro devenir por esta tierra.

Es la oportunidad para levantar la frente, mirarse a sí mismo y el horizonte, para seguir luchando por aquello en lo que creemos, por fortalecer las amistades, por entregar lo mejor de nosotros mismos, por hacer aquello que siempre hemos querido, pero que una y otra vez hemos pospuesto por falta de tiempo.

Si, hay vida después del trabajo!

agosto 29, 2018

Un nuevo conflicto medioambiental

En Chile, una vez más se desata una crisis ambiental en la bahía de Quintero, Puchuncaví y Ventanas, localizadas en la zona costera norte de la región de Valparaíso. Es la que llaman zona de sacrificio, que se expresa en periódicas intoxicaciones masivas, enfermedades y una tasa de muertes por cáncer por sobre la media nacional, mala calidad de vida, como consecuencia de la contaminación generada por las empresas que allí operan. Esta realidad se ha ido repitiendo periódicamente no solo en esa zona, sin visos de erradicarse y con altos costos en la salud y desarrollo de sus habitantes.

Al igual que frente a otros hechos de similar tenor, como si de un temporal se tratara, las autoridades reaccionan sobre la marcha haciéndose eco de la indignación de los vecinos, anunciando medidas y responsabilidades, sin asumir sus respectivas responsabilidades. Anuncios que desafortunadamente, al menos hasta ahora, no son más que palabras que se lleva el viento. Pasada la emergencia todo vuelve a fojas cero, hasta un próximo episodio crítico.

En la zona afectada la contaminación a la que se hace referencia tiene relación con la emanación de gases tóxicos generados por empresas que allí operan. En otras oportunidades, la contaminación ha sido consecuencia de la evacuación de residuos líquidos al mar o derrames de petróleo, así como por la contaminación de los suelos por parte de una o más empresas públicas y privadas que operan en el sector.

En todos estos casos el gobierno, asociado al neoliberalismo, no ha desperdiciado la ocasión para inculpar, vía la Ministra del Medio Ambiente, desde el primer minuto a la Empresa Nacional de Petróleo (ENAP), empresa autónoma estatal. Desde la oposición, esta temprana acusación ha llamado poderosamente la atención, por cuanto la mayoría de las empresas que se encuentran en la zona son privadas, y donde no pocos de sus dueños están fuertemente vinculados con el pinochetismo y el piñerismo.

Si queremos que de verdad estos fenómenos no se repitan, que suelen afectar a los más pobres, es imposible sustraerse a las siguientes razones que explican estos desastres con consecuencias tan nocivas.

1. Una legislación ambiental laxa con bajos estándares de exigencias medioambientales en beneficio del crecimiento económico y las fuentes laborales; 2. Las presiones de empresarios y políticos, orientadas a obtener altas rentabilidades por la vía de traspasar costos medioambientales a la población en que operan; y 3. Un modelo de sociedad –el neoliberal- que invita a la población a mirar los problemas individualmente, y no colectivamente, como si ellos fuesen de los responsables de las situaciones en que se encuentran.

Solo abordando estas razones de frente, sin escabullir el bulto, y teniendo en mente los derechos que nos asisten a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, podremos superar esta crisis socioambiental. Para ello, es indispensable una ciudadanía empoderada, organizada, que tome el toro por las astas y plenamente consciente de los derechos que le asisten, capaces de hacer enfrentarse a empresarios y políticos cooptados por ellos.

agosto 23, 2018

Póker de ases


La muerte de Andrés Aylwin Azócar es la de un hombre como pocos, muy pocos. Su figura honra a la especie humana, al país que se dio el lujo de tenerlo entre los suyos, a su partido, la democracia cristiana. Ya se ha escrito mucho en torno a su figura, su humanidad, su coherencia de vida, su austeridad, su sencillez, su sentido de justicia, su coraje. Todo lo que se diga y escriba, es poco para todo lo que significó para quienes fueron perseguidos en los días más oscuros de este país, para lo que fue su lucha permanente a favor de la dignidad del ser humano, y en contra de los atropellos a los DDHH.

La huella que ha dejado su paso por esta tierra no podrá ser borrada por nadie, y lo sitúa junto a los mejores hijos que esta telúrica tierra ha engendrado. Como pocos, se fue con la frente en alto, el deber cumplido y dejándonos una gran lección en términos ético-políticos en tiempos de cólera ciudadana. Y por lo mismo, nos deja una gran tarea por delante, tanto a cada uno de nosotros, como a su partido de toda la vida, la democracia cristiana: la necesidad de elevar la vara respecto de lo que hay que hacer, lo que debemos hacer, para que haya justicia en este país, para que el odio no se apodere de nosotros, para que tengamos paz. Lo tenemos todo para vivir en paz, con decencia, con austeridad. No solo unos pocos, sino que todos, sin distinción de clases sociales.

Sin buscar mayores protagonismos, se la jugó en tiempos bravos. Fue de los pocos demócrata-cristianos que visualizó con mucha claridad la negra noche que sobrevendría al golpe del 73. En oposición a la postura oficial de su partido, fue uno de los 13 valientes firmantes de la histórica declaración condenatoria del golpe que le costó la relegación al norte del país y ser, desde el primer minuto, un férreo opositor a la dictadura.

Al recuperar su libertad en 1978 se consagra por entero, junto a otros abogados, a la defensa de los perseguidos, sin importar su color político. Escribo estas líneas con profunda emoción porqué viví y supe de las dificultades, de los sacrificios que entrañaba en esos años jugársela como se la jugó él. Bajo el alero de la Vicaría de la Solidaridad, instancia creada por el cardenal Silva Henríquez, trabajó intensamente por salvar a tantos que eran perseguidos por sus ideales políticos, en tiempos de toques de queda, de ausencia del debido proceso y cuando los tribunales de justicia abdicaron de sus responsabilidades.

Se nos fue justo cuando el tema de los DDHH vuelve a estar siendo agitado y puesto en jaque. En este tema no podemos transar bajo contexto ni pretexto alguno, no por nosotros, sino que por nuestros antepasados y nuestros descendientes. Todo tiene un límite. Andrés Aylwin lo tenía claro como pocos.

Dado que su nombre y sus dos apellidos empiezan con la letra A, si le hubiese correspondido tener algún otro apellido, de seguro que éste habría comenzado con la letra A para completar las cuatro A, el póker de ases.

Gracias por todo lo que hiciste, gracias por haberte tenido entre nosotros, gracias por tu ejemplo de vida. Mil gracias!!!

agosto 16, 2018

El museo de la memoria y de los DDHH


La designación de Mauricio Rojas como Ministro de Cultura por parte del presidente Piñera volvió a enardecer el ambiente político, particularmente al mundo de la cultura y de los DDHH, por expresiones vertidas en el libro Diálogo de Conversos, escrito hace unos años junto con Roberto Ampuero, quien fue confirmado como Ministro de RREE. En el libro, Rojas sostuvo que el Museo de la Memoria era un montaje, afirmando que su “propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar”.

Esta expresión, junto con otras, impulsó la petición de renuncia por parte del grueso del mundo de la cultura que se sintió ofendido con la nominación de Rojas como el responsable de las políticas públicas en materias culturales.

Calificar como un montaje el museo supone un desprecio por su significado. Dado que no conocía el museo, decidí visitarlo estos días para poder escribir en torno a lo que había provocado la caída de un ministro que solo alcanzó a ser tal un fin de semana.

El museo no difiere mayormente de otros existentes en el mundo destinados a recordar los horrores producidos por regímenes dictatoriales. Son museos abiertos a la comunidad creados para no olvidar, pero cuyo fin esencial, es generar conciencia para que nunca más vuelva a ocurrir. Son museos que se caracterizan por mostrar hechos, vía fotos, documentos, medios de prensa, lo que son capaces de hacer quienes logran el control total del Estado, cuando todos los poderes se concentran en una persona, en un partido político o en una clase social.


Estos museos no están destinados a analizar las causas de los horrores, porque no existe causa alguna que justifique horror alguno. En la discusión que ha emergido en estos días, han surgido voces que apuntan a una suerte de sesgo por parte de lo que presenta el museo. No hay sesgo alguno por cuanto todo lo que se muestra es justamente el gran acuerdo que se supone que hemos alcanzado, y que no es otro, que los horrores –las torturas, las desapariciones, los lanzamientos de cuerpos vivos al mar, los asesinatos, etc.- no debieron haber ocurrido jamás, y que por lo mismo, no deben volver a ocurrir.

Donde no hay consenso, es respecto de las causas que condujeron al período más negro de nuestra historia. Quienes insisten en meter en un mismo saco las causas de este período con lo ocurrido en el período propiamente tal no buscan sino justificar, implícita o explícitamente, lo ocurrido. Con ello abren espacio para que de repetirse las condiciones que generaron esta negra etapa, los actores que emerjan incurran en los mismos horrores pasados.

Se equivoca Rojas al afirmar que uno de los propósitos del museo es el de impedirles razonar a quienes lo visitan. Muy por el contrario, nos invita a razonar, a reflexionar de modo que nunca más volvamos a vivir algo similar; también nos invita a evitar que se reproduzcan las causas que nos condujeron al desastre.

Por lo mismo, también se equivoca Ampuero cuando afirma que es un museo de la mala memoria. Bajo ningún contexto persona alguna, ni siquiera los criminales, tienen derecho a ser torturados, ni acribillados por la espalda, ni desaparecidos por agentes del Estado.

Que la caída de Rojas haya sido consecuencia de que hay personas que se pusieron de pie rechazando su nominación, es una muy buena noticia. Es signo de que el país mantiene su vitalidad, que está vivo.

agosto 13, 2018

Procedencia de una acusación constitucional

La Corte Suprema decidió otorgar la libertad condicional a oficiales en quienes se encontraban en Punta Peuco, todos condenados por delitos de lesa humanidad, esto es, crímenes contra los DDHH. Todos ellos participaron en secuestros y torturas sin que a la fecha muestren señales de arrepentimiento alguno. Cabe señalar que se trata de secuestradores y torturadores de connacionales que no tuvieron derecho a nada.

Dentro de los múltiples retrocesos que se observan en el mundo en materia de derechos humanos, podemos rescatar algunos avances. Entre ellos, la jurisprudencia internacional contra los delitos de lesa humanidad, y la pérdida de soberanía jurídica de los países que suscriben convenios sobre la materia. Pérdida de soberanía porque se reconoce que las leyes internacionales están sobre las leyes nacionales.

Esto implica que los dictadores no la tienen todas consigo, que sus crímenes no son prescriptibles, no son amnistiables. La idea es que aún cuando logren escabullirse de las respectivas justicias nacionales, se les agarre a nivel internacional. Es lo que ocurrió con el innombrable, quien en Chile era intocable en el sentido, ya sea porque tenía todo el poder en la mano, ya sea porque el dejar el poder político retomó el cargo de comandante en jefe, y de acá saltó a la senaturía vitalicia, conservando un fuero que lo ponía a recaudo de la justicia. Como se sintió intocable, tuvo la ocurrencia de viajar fuera del país. Ahí lo agarró la justicia internacional para someterlo a un proceso judicial que en Chile no era posible.

La decisión de un grupo de diputados de evaluar la presentación de una acusación constitucional contra los ministros de la Corte Suprema se fundamenta en el abandono de sus deberes al ignorar la existencia de tratados internacionales que impiden otorgar la libertad condicional a quienes hayan sido condenados por delitos de lesa humanidad.

Desde el gobierno, por boca de su ministro del interior, consideran grave la presentación de una acusación constitucional porque se haya emitido un fallo que no sea del gusto de los legisladores, con lo que se estaría afectando la autonomía y la independencia del poder judicial. Esta interpretación es equívoca, por cuanto en múltiples oportunidades los tribunales han fallado a disgusto de muchos legisladores, sin que por ello se presente acusación constitucional alguna.

El tema es que la autonomía tiene un límite, el cumplimiento de la legislación nacional e internacional. Si Chile aspira a ser un país serio, no puede darse el lujo de tener en libertad condicional a criminales de lesa humanidad que han abusado de todo el poder del estado que detentaban.

Más allá de si prospera o no la acusación constitucional, si logra la mayoría o no, su presentación no es un simple saludo a la bandera, es una obligación ético-moral con quienes sufrieron las consecuencias de los crímenes y con nosotros mismos para poder seguir mirándonos de frente.

agosto 09, 2018

Sala cuna universal

El gobierno de Chile acaba de promulgar una ley destinada a posibilitar que toda mujer trabajadora con hijos de menos de dos años puedan llevarlos a una sala cuna. Se trata de un importante logro que se estuvo persiguiendo por mucho tiempo y que recién hoy logra cristalizarse. Esta ley ha sido presentada por una de sus ministras como una de las reformas más emblemáticas del gobierno encabezado por Piñera.

No es para menos considerando que si desde 1973, cuando fue derrocado el gobierno de Allende, las mujeres trabajadoras vieron cercenados muchos de sus derechos en estas materias, los que han podido recuperarse tan solo parcialmente desde 1990. Si desde entonces no han podido consolidarse ha sido porque cada vez que se proponía desde los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría lo que hoy se promulga, la derecha se oponía una y otra vez apelando a la responsabilidad fiscal así como a no elevar los costos laborales en las empresas privadas.

Sin embargo hoy, el propio presidente de la república ha afirmado que “hay que compartir de forma justa el costo” y refiriéndose al artículo 203 del código del trabajo que estableció la obligatoriedad de la prestación de los servicios de sala cuna a quienes contrataban a 20 o más trabajadoras sostuvo: “Vamos a eliminar esta discriminación. Hoy día solamente los empleadores que contrataban tenían que pagar este costo, los que no, se iban absolutamente gratis”. A la hora que viene a percatarse! Más vale tarde que nunca.

Lo curioso es que esta discriminación la impuso la propia derecha para no encarecer los costos de las micro, pequeñas y medianas empresas. Discriminación que dejó fuera de la posibilidad de acceder a los servicios de salas cuna a todas las trabajadoras de estas empresas. Con ello se excluía a más del 70% de las mujeres trabajadoras de este país, las que ahora, si es que no viene con letra chica, se verían beneficiadas.

Algo similar ocurrió bajo el gobierno anterior de Piñera con el tema de la extensión de los permisos pre y postnatal, así como la exención del 7% de cotización de salud para los adultos mayores con bajos ingresos. Si estas acciones las realiza la izquierda serían populistas, pero viniendo de la derecha, parecen no serlo. El mundo al revés, tal como Trump imponiendo aranceles y el máximo gobernante de la China comunista defendiendo el libre comercio.

La verdad es que la nueva ley de sala cuna universal, asumiendo que no hay gato encerrado, no hace sino poner las cosas en su lugar. El empresariado debe estar ariscando la nariz, y como siempre lo ve como un impuesto al trabajo. Impuesto que inhibiría la creación de nuevos puestos de trabajo, que por lo mismo, alentaría la cada vez mayor informalidad que se observa en el mercado laboral, sin visualizar los enormes beneficios de todo orden que puede generar.

agosto 08, 2018

La fiesta del chancho muerto

Este fin de semana tendrá lugar una fiesta costumbrista en plena plaza de armas de Talca y cuyo nombre despierta la curiosidad de no pocos. Se trata de una fiesta que nació hace una década que identifica muy bien a Talca y a la región del Maule, en particular su vida campesina. Con los años ha ido subsanando sus ripios iniciales y ya el año pasado mostró su madurez, la que se espera confirmar en estos días.


El fuerte de la fiesta es la oferta gastronómica basada en el chancho, la que se ha extendido acogiendo cocinas del resto del país que permiten saborear la riqueza culinaria existente en el país y que no siempre se valora.

La expresión “Talca está de chancho muerto”, se asocia a aquellos momentos de alegría familiar en torno al chancho sacrificado en medio de su crudo invierno para saborear los productos que se derivan de él, entre los que se destacan las prietas, los arrollados, los costillares, los chuncheles y las longanizas.

La vida campesina por estos lares gira alrededor del chancho de tal forma que muchos de sus refranes se relacionan con él y que se han extendido a nivel nacional e internacional. Cuántas veces no “la pasamos chancho” expresando con ello lo bien que la hemos pasado; o cuando afirmamos que alguien anda “más perdido que chancho en misa”; o “ese chancho no da manteca” o “chancho limpio no engorda”, todas expresiones propias del campo chileno que se han ido extendiendo.

Ojalá la fiesta mantenga su origen costumbrista, regional que tan bien nos identifica y que su organización siga caracterizándose por su sobriedad, limpieza y orden. Cada uno de nosotros puede ayudar a ello, llevando sus propios cubiertos, sus ganas de pasarlo bien en familia degustando, saboreando los distintos platos campestres acompañados de un rico vaso de vino de la zona.

agosto 03, 2018

Manga ancha para los de arriba, manga angosta para los de abajo

Los nuevos tiempos, más que mejores, parecen ser de miedo. No solo el prestigio de los políticos está por el suelo. También lo está el de los miembros de las fuerzas armadas, incluyendo por cierto a los carabineros, el de los sacerdotes, los dirigentes deportivos, y el de los empresarios. Si bien todos salen salpicados, no debemos meterlos a todos están en el mismo saco dado que, aunque nos cueste creerlo, hay quienes se destacan por su honestidad, su limpieza de alma. Sin embargo, como dice el refrán “hay justos que pagan por pecadores”.

Lo preocupante es que los delitos implicados –fraudes, cohechos, colusiones- no son de ciudadanos de a pie, de soldados rasos, sino que de las clases dirigenciales, de las élites, las que se supone que deben dar el ejemplo, constituirse en modelos a seguir. Y vaya los modelitos que tenemos! Modelitos que avergüenzan, y no solo eso, sino que, de una u otra forma, se las arreglan para sortear los “debidos procesos” ya sea eternizándolos, ya sea “negociándolos” para reducir o eliminar las penas, o por último, acogerse a prescripciones.

Y cuando se trata de legislar sobre la materia con miras a aplicar penas más duras, no faltan quienes aducen toda clase de razones para que ello no ocurra. En paralelo los medios de comunicación nos atiborran con noticias en torno a crímenes -asaltos, portonazos, femicidios, etc.- o noticias faranduleras –mal que mal los diarios que más se venden son los sensacionalistas-. Simultáneamente algunos altos personeros políticos, diputados, ministros o el propio presidente de nuestra república buscan animarnos el almanaque con bingos, corbatas, sugerencias destinadas a invertir en el exterior, o con lecciones botánicas al recordarnos que para que crezca un nuevo árbol, hay que dejar atrás los arbolitos viejos, en alusión al cierre de empresas.

El “desliz” del ministro de economía es espeluznante, por venir de donde viene, del responsable, junto con el ministro de hacienda y todo el país de promover las inversiones en el país, sembrar confianza, de atraer inversión extranjera, y no andar promoviendo que los nacionales inviertan en el exterior. No es tan solo un asunto de forma, sino que un asunto de fondo. Este ministro de economía, Valente, es el mismo que en su momento editó un libro para celebrar los 30 años del sistema de AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) y en el que se resaltaban sus bondades. Consultado por sus cotizaciones en las AFP, muy suelto de cuerpo y sin arrugarse, tal como ahora, sostuvo que no cotizaba porque era independiente, y que prefería invertir en otros instrumentos. Como el cura Gatica, predica pero no practica.

Todo esto ocurre en tiempos en que los de arriba se abanican mientras los de abajo la están viendo perder, o precarizar, sus fuentes laborales, aumentar sus niveles de endeudamiento; y/o endurecer los castigos para sus delitos. Pareciera ser la hora de repensarlo todo, de aplicar una suerte de reingeniería en la forma en que nos organizamos, en que actuamos, en que hacemos las cosas.

Y si me apuran un poco, creo que lo descrito trasciende al país.

julio 28, 2018

Por la boca muere el pez

Foto de Markus Winkler en Unsplash
La región del Maule (Chile) está siendo testigo del cierre de emblemáticas empresas, en este caso, la planta que tiene la Industria Azucarera Nacional (IANSA) en Linares y la empresa de pastas Suazo en Curicó. Este hecho forma parte de una cadena de cierres o traslados de empresas regionales que se arrastra por décadas con las consiguientes consecuencias en términos de empleo.

En un caso, IANSA, se trata de una empresa nacional de origen estatal, privatizada en tiempos del innombrable. Una empresa creada en el marco de una estrategia de desarrollo y de seguridad nacional destinada a forjar una sólida base productiva en el ámbito industrial y alimentario. Contexto que explica la creación de múltiples empresas públicas (estatales). Entre otras, destacan la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA), la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), la Empresa Nacional del Carbón, la Compañía de Teléfonos de Chile (CTC), la Empresa de Aceros del Pacífico (CAP), la Empresa Nacional de Computación (ECOM), la Línea Aérea Nacional (LAN), la Empresa periodística La Nación, la Sociedad Chilena Química y Minera de Chile (SOQUIMICH) y Laboratorios Chile. Algunas desaparecidas, en tanto que muchas de ellas privatizadas en los últimos años de la dictadura en un proceso caracterizado por la falta de transparencia. Esta falta de transparencia permite explicar su traspaso a quienes estaban arrimados al poder de entonces. Ejemplos paradigmáticos son Yuraszeck y Ponce Lerou, este último entonces yerno del innombrable.

En el otro caso se trata de una empresa privada que sucumbe frente a la despiadada competencia de empresas nacionales oligopólicas y las importaciones. Aguantó hasta donde le fue posible, pero finalmente cayó al carecer de las espaldas financieras de sus competidores. Si bien en un comienzo los consumidores se ven favorecidos con menores precios, una vez despejado el panorama se genera una oferta oligopólica con alto riesgo de incurrir en colusiones. Productores oligopólicos que finalmente terminan por perjudicar a los consumidores.

En ambos casos, al amparo de la sacrosanta eficiencia, se adoptan decisiones en las que se sacrifica al ser humano. Es un imperativo revisar esta creciente realidad que está destruyendo nuestra convivencia. Todo país con dos dedos de frente fortalece su base agrícola, subsidiándola si es necesario, no la abandona como nosotros.

Lo llamativo es que esto viene a ocurrir en el marco de un gobierno que triunfó bajo el lema “vienen tiempos mejores”. Al menos para los trabajadores de la planta de Linares de IANSA, así como para los de la empresa de pastas Suazo, y de tantas otras empresas que están reduciendo personal, los tiempos actuales están lejos de ser tiempos mejores. La pregunta que cabe hacerse es ¿para quienes son tiempos mejores?

julio 23, 2018

Entre corbatas y bingos

Desde mi regreso a Chile la política está dando muestras del nivel de sus capacidades y pensamientos, ilustrados por medio de dos casos que la retratan de cuerpo entero. Un caso está referido a lo que representa una corbata para el abordaje de una política de defensa, y el otro, al rol que cumplen los bingos en la educación chilena.

El primero tiene relación con una invitación extendida al abogado y académico, doctor en Derecho, Jaime Bassa, para exponer en su calidad de experto en defensa, a la comisión de Defensa de la Cámara de Diputados. Al asistir sin chaquete ni corbata fue cuestionado por dos diputados, uno de la UDI y el otro del partido radical (PR), por considerarlo "una falta de respeto". Ante esta objeción, se le consultó respecto de sus antecedentes académicos, a lo que respondió: "Soy abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, doctor en derecho de la Universidad de Barcelona, magíster en Derecho de la Universidad de Chile, magíster en Filosofía de la Universidad de Valparaíso. No sé si la corbata agrega a algo a lo que tengo que decir”.

En el caso del bingo, la guinda de la torta la puso el Ministro de Educación, Gerardo Varela, quien en el marco del aniversario de la organización de apoyo a la educación Enseña Chile, afirmó que “Todos los días recibo reclamos de gente que quiere que el ministerio le arregle el techo de un colegio que tiene goteras, o una sala de clases que tiene el piso malo. Y yo me pregunto: ¿por qué no hacen un bingo?". Frase que llamó la atención por su crudeza. A modo de explicación, sin que se le arrugara la cara, remató sosteniendo: “Por qué desde Santiago tengo que ir a arreglar el techo de un gimnasio. Son los riesgos del asistencialismo, la gente no se hace cargo de sus problemas, sino que quiere que el resto lo haga”. A diferencia de anteriores desaguisados, en este no hubo improvisación alguna, por cuanto se trató de un discurso leído.

El caso de la corbata es revelador del nivel de formalismo imperante, de la importancia que se le asigna a las formas, antes que al fondo, al contenido de lo que se debate, así como al trato que se da a unos u otros en un país donde los delitos de los pobres se castigan con todo el peso de la ley, mientras que ante los delitos cometidos por los personajes de cuello y corbata se mira al techo.

El caso del bingo revela la mirada imperante a nivel gubernamental, del neoliberalismo que azota al país, donde se asume que cada uno debe arreglárselas como puede, donde el individualismo prima por sobre lo colectivo. Una mirada que empapa y rebalsa el ámbito educacional: lo empapa porque se educa para tener más antes que para ser más; para que prime un espíritu competitivo antes que colaborativo; y lo rebalsa porque invade otros ámbitos, particularmente el de salud y el previsional, donde cada uno tiene que rascarse con sus propias uñas, o a punta de bingos.

No obstante que estos hechos parecieran invitarnos al pesimismo, el optimismo no debe abandonarnos, porque aún no hemos perdido la capacidad de sorpresa, para asombrarnos ante este tipo de discursos y hechos. Mientras mantengamos y acrecentemos esta capacidad para sorprendernos y elevar nuestras protestas podemos seguir creyendo en que otro mundo es posible.

La solución a los problemas de Chile no pasa por bingos ni por corbatas.

julio 20, 2018

La tragedia de Nicaragua

Sandino debe estar revolcándose en su tumba por lo que está viviendo Nicaragua. Se asumía que luego de salir de la dictadura de Somoza, sobrevendría la democracia, y con ella el desarrollo. No hay que olvidar que el derrocamiento del Somoza en 1979 dio origen a lo que se llamó la revolución sandinista, la que debió enfrentar la agresión de los EEUU de Norteamérica en tiempos de Reagan a través del financiamiento de los “contra”, como se denominó a la guerrilla contrarevolucionaria. No obstante este adverso contexto, en sus primeros años, bajo la conducción de Daniel Ortega, se impulsó la participación, la alfabetización y la reforma agraria, entre otras acciones orientadas al mejoramiento de las condiciones de la población. Todo ello bajo un esquema democrático, lo que posibilitó que en 1990 triunfara la oposición a la revolución sandinista.

Esta oposición logra gobernar por más de 15 años, hasta el 2007, año en el que Daniel Ortega, el pueblo nicaragüense vuelve a depositar su confianza en él para encabezar el gobierno. Desde entonces, por ya más de 10 años, se encuentra gobernando un país, sin lograr sustraer a las grandes mayorías de la pobreza en que se encuentran.

Hoy, Nicaragua vuelve a concentrar la atención mundial, por el alto nivel de conflictividad social existente y la dura represión policial, militar y paramilitar por parte de los adeptos al gobierno sandinista para enfrentar lo que en un inicio fue una protesta universitaria contra la inacción gubernamental para encarar un desastre ecológico provocado por incendios, deforestaciones e invasiones ilegales en una reserva biológica. Posteriormente las motivaciones de las protestas se extendieron a otras esferas, destacándose las relacionadas con la reducción de las pensiones, así como los aumentos en los impuestos a trabajadores y empleadores.

La reacción gubernamental no pudo haber sido peor de la que fue. No obstante que el gobierno echó pie atrás en muchas de sus medidas, la violenta represión gubernamental no hizo sino agravar la situación. Daniel Ortega, ya no es ni la sombra de lo que fue, pasando a ser un represor más que solo busca sostenerse a como dé lugar.

Qué es lo que viene? No se sabe. Al igual que en Venezuela, no se visualiza que Ortega y su camarilla den un paso al costado, ni convocatoria a elecciones anticipadas con garantías a todos los sectores. Tampoco se visualiza una oposición unida capaz de vertebrar un proyecto nacional.

La izquierda latinoamericana ha perdido la brújula, su supremacía ético-moral, socavando sus propios ideales. Urge una reingeniería que restaure su razón de ser, oponiéndose con fuerza contra todo asomo de corrupción y autoritarismo, venga de donde venga.

julio 17, 2018

Trump: un peligro público

Pocas dudas caben que Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica para buscar camorra, jugar a la guerra como quien juega a las bolitas. Su actual periplo por Europa así lo ilustra. Le gusta estar en estado de lucha contra lo que sea. Eso parece energizarlo, darle adrenalina. Se las da de matón como lo ilustran sus gestos, sus actitudes, sus decisiones, sus polémicas. Está en su salsa.

En la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) subió y bajó a sus aliados por sus bajos gastos militares, conminándolos a aumentarlos significativamente. Cabe recordar que la OTAN nace con posterioridad a la segunda guerra mundial, en tiempos de guerra fría y de un mundo bipolar, como una suerte de fuerza disuasiva, en defensa de Europa, frente a la amenaza que podía representar la Unión Soviética. Hoy, Trump reta vía twitter a sus aliados, como un vulgar patrón de fundo. Pareciera que le será más fácil negociar con Putin que con sus aliados. Mal que mal, su acceso a la presidencia en el año 2016, se explica en gran parte gracias a la intervención rusa en el proceso electoral estadounidense. No pocos estiman que Trump está debilitando la democracia, que admira a Putin, y recelan de su forma de encarar tanto la política nacional como internacional, pasando por alto protocolos e institucionalidades. Como prueba de ello citan los encuentros sostenidos con los líderes norcoreano y chino, así como sus opiniones sobre distintas personalidades que encabezan gobiernos que se asumen aliados. En concreto, se entendería mejor con quienes son sus adversarios que con sus aliados.

De hecho, llega a Inglaterra, uno de sus aliados más fieles, disparando contra el plan para salir de la Unión Europea de la primera ministra May, el famoso brexit, y contra el alcalde de Londres, calificando su desempeño como terrible. Sus calificaciones son más propias de matones que de presidentes. ¿Qué se cree? Si bien posteriormente se desdijo, lo concreto es que sus dichos son pan de cada día.

Por otra parte, Trump también se ha declarado en guerra comercial con medio mundo, empezando con China, pero que se extiende a la Unión Europea. Todo por considerar que no han tratado comercialmente en forma justa a los EEUU, arrogándose el derecho a decirle a la primera ministra May lo que debería hacer. ¿Qué se cree?

Respecto de la inmigración, sin arrugarse siquiera, consideró que es una vergüenza la aceptación de inmigrantes por parte de Europa, la que estaría perdiendo su cultura. ¿Qué se cree? ¿Con qué derecho pretende restringir la inmigración cuando él mismo es un inmigrante?

En síntesis, Trump es un peligro público que nos desafía a todos.

julio 13, 2018

Una final de miedo

Este fin de semana se define quién será el nuevo campeón del mundo, Francia o Croacia. También se dirimirá quienes ocuparán el tercer y cuarto lugar entre Inglaterra y Bélgica. No manejo estadísticas, pero presumo que es primera vez que entre los cuatro primeros solo se incluyen dos países que han sido campeones una sola vez.

Ha sido un mundial lleno de sorpresas de todo orden. Sorprende que Croacia, esté en la final; sorprende que Alemania haya quedado tempranamente en el camino, al igual que Brasil, ambos países habitualmente protagonistas y serios postulantes a campeonar; sorprende la distancia entre el futbol que se practica en el viejo continente; y sorprende el impacto de la inmigración en el juego que se practica en los distintos países.

Durante el desarrollo del mundial de futbol pudimos distinguir al menos dos fases: la primera, los partidos correspondientes a los grupos donde, dos países de cuatro, pasaban a los octavos de final, y la segunda, la de los octavos hasta ahora. En la primera, salvo excepciones, los partidos se distinguieron por su naturaleza especulativa, conservadora, con mucho juego de medio campo, triangulaciones, esperando triunfar a partir de algún error del rival.

Esto cambió radicalmente en la segunda fase, dado que ahora se jugaba al todo o nada, donde la derrota significaba irse para la casa. Y los equipos empezaron a mostrar su real poderío. Los partidos empezaron a ser de meta y ponga, a toda velocidad. Cada país mostró su esencia y su verdad. Argentina, México, Brasil, Uruguay y Colombia sucumbieron ante el avance arrollador de equipos europeos enriquecidos por la inmigración tanto africana como sudamericana.

El campeonato nos ha permitido visualizar una creciente distancia entre el futbol nuestro y europeo. Quizá sea un poco prematuro especular respecto de sus causas, pero por el momento me atrevería a aventurar un par de motivos. Desgraciadamente nos llevan años luz en cuanto a profesionalismo, disciplina, trabajo físico. Si a ello le agregamos la técnica que han logrado incorporar gracias a los inmigrantes y jugadores venidos de estas latitudes, se podrá comprender la dinámica y vertiginosidad de los partidos, así como la resistencia física de jugadores capaces de resistir físicamente enteros partidos de más de 90 minutos.

A lo señalado podríamos agregar la corrupción que ha afectado a la confederación sudamericana de futbol, la CONMEBOL, y al futbol en general, así la temprana partida al futbol europeo de quienes son nuestros mejores jugadores, y la pobreza en que se debaten los principales actores.

Todo ello podría explicar por qué al lado de los partidos que hemos estado presenciando, los nuestros parecen pichangas de barrio.

Quién ganará la final? No lo sé, sólo sé que el mejor futbol de este minuto estará presente, y que quien gane será un digno campeón capaz de haber dejado en el camino a muchos equipos de fuste.

julio 11, 2018

Desde Alemania


Conversando en Berlín con un amigo, le consulté por su posición política respecto de la actual canciller de Alemania, Angela Merkel. Me dijo que no había votado por ella. No dejó de extrañarme, haciéndole ver mi admiración por ella en virtud de su postura frente a un tema álgido, como es el de la inmigración, al resistir las presiones por sumarse a las políticas antiinmigratorias de otros gobiernos europeos. Sí, se me respondió, su postura en esta materia es intachable, pero no olvidemos que Alemania se encuentra entre los 5 países mayores exportadores de armas, junto con Estados Unidos, Rusia, China y Francia.

Esto último no deja de ser una contradicción cuando estos mismos países son quienes están en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, organismo creado después de la segunda guerra mundial con el propósito de promover la paz en el mundo. Lo expuesto da cuenta de la hipocresía imperante en el ámbito político mundial. Mientras los dueños de las empresas fabricantes de armas de los mayores países exportadores de armas se enriquecen, los países que más compran se desangran en guerras que los empobrecen más y más.

Otros países que destinan una importante proporción de sus productos geográficos brutos a la compra de armamentos, lo hacen bajo el argumento de la necesidad de aplicar políticas nacionales de defensa disuasivas. Los países que más necesitan destinar recursos a educación, salud y previsión, terminan destinándolos a financiar a sus Fuerzas Armadas. Éstas, tal como la demuestra la historia de América Latina, han terminado por disponer de un poder político que ni siquiera las transiciones democráticas han sido capaces de desmontar como es debido.

Actualmente, el tema migratorio está condicionando la política alemana produciéndose una primera crisis en la coalición gobernante, gatillada por la postura antiinmigratoria de uno de los tres partidos de gobierno, la CSU (los otros dos son la CDU y el SPD). Esta posición de la CSU, así como la creciente oposición que está enfrentando Merkel al interior de su propio partido, la CDU, se explica por la gangrena que se está produciendo a su derecha con el crecimiento del AFD, una fuerza populista de ultraderecha y que se asocia a los neonazis, quienes alimentan la xenofobia y el populismo. Hasta la fecha, no sin grandes esfuerzos, Merkel ha logrado sortear las dificultades que la realidad actual plantea.

Alemania, y Europa en general, deben entender que el flujo migratorio no es por azar. Nadie se va de su país, de su hogar, por voluntad propia. Lo hace escapando de guerras, de pobrezas, de persecuciones. Cuando el diferencial social, económico, cultural excede ciertos rangos, las migraciones son imparables. La historia así lo señala. Mal que mal, todos somos hijos de migrantes. Incluidos quienes proponen restricciones que sus propios antepasados habrían sido incapaces de sortear.