mayo 30, 2018

Desde Torrelodones


El mundo político español toma posiciones en torno a la moción de censura que presentará el líder del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), Pedro Sanchez, contra el gobierno de Rajoy. Moción presentada como consecuencia de las condenas a un alto número de colaboradores quienes le acompañan en el gobierno por actos de corrupción. Al momento de escribir estas líneas, se desconoce si se contará con las mayorías suficientes para derribar a Rajoy.

Mientras tanto, en Torrelodones, pueblo localizado en las cercanías de Madrid, camino a La Coruña, la vida transcurre tranquilamente con un municipio que se caracteriza por estar en manos de una agrupación política vecinal. Partido que obedece al nombre de Vecinos por Torrelodones (VT) y que no existe más allá de las fronteras del municipio. Como su nombre lo indica, fue creado por un conjunto de vecinos cansados de los partidos tradicionales y cuya motivación esencial es servir a los vecinos, en la convicción de que más allá de las distintas concepciones políticas que pueda tener cada uno, existen temas a nivel municipal en los que es más fácil actuar de común acuerdo desde un partido distinto a los existentes a nivel nacional o regional.

Como botón de muestra tuve ocasión de comprobar la importancia que se asigna al interés común en la educación de los niños. A modo de ejemplo, se les invita al reciclaje, al respeto al medio ambiente, a la limpieza de la comuna mediante una significativa iconografía educativa pública. Por otro lado, para reducir la congestión vehicular particular, el municipio provee locomoción pública gratuita para el transporte de los escolares. A ello se agrega la provisión gratuita de receptáculos, a los hogares interesados, para la producción de humus a partir de la basura orgánica generada en los hogares.

El resultado es una comunidad entusiasta, activa e interesada por lo público, capaz de mirar más allá de sus intereses privados. Un fenómeno similar tuve ocasión de observar en una Junta de Vecinos de una urbanización no muy lejana, La Fontanilla. Allí se había eternizado una directiva que terminó por corromperse. Cuando los vecinos decidieron tomar el toro por las astas, se organizaron para derrotar electoralmente a los mismos de siempre, comprometiéndose a no estar más de dos períodos. Así lo hicieron, saneando la deuda que recibieron y dejando múltiples obras en beneficio de la vecindad.

Parece cuento, pero no lo es.

mayo 25, 2018

Desde Madrid


Dicen que España está en crisis económica, financiera, laboral, política. No pocos afirman que ya tocó fondo, y que se observa una recuperación en todos los planos, excepto la política. El gobierno, encabezado por Rajoy, del PP (partido popular), de derecha, está esterilizado por una corrupción que la golpea una y otra vez como consecuencia de acciones dolosas de no pocos de sus más cercanos colaboradores que están investigados, imputados y/o condenados. Esto, más la rebelión independentista que anima a Cataluña, constituye un lastre que debilita todo esfuerzo por su recuperación.

Sin perjuicio de lo expuesto, España sigue viva, en movimiento. Tuve ocasión de vivir en España en la década de los 80, en tiempos de la transición democrática, de las movidas madrileñas, cuando se abrió hacia Europa luego de décadas de autarquía franquista. Desde entonces, España ha sido capaz de ponerse a tono, de contagiarse del espíritu europeísta, iniciando una etapa de crecimiento y desarrollo que solo vino a desmoronarse con la crisis financiera de fines de la primera década del presente siglo.

El desarrollo científico-tecnológico también ha tenido su lado oscuro, al igual que en tantos otros países. Miles de pequeños y medianos locales comerciales, así como de industrias han quedado en el camino, arrastradas por la irrupción del comercio electrónico, de internet, de las empresas en línea, reemplazadas por unos pocos grandes conglomerados empresariales.

Madrid sigue teniendo el atractivo de antaño a pesar de la paulatina desaparición de sus clásicos bares atestados de gentes y sus suelos tapizados de servilletas. La modernización también los ha alcanzado. El toreo está de baja y el fútbol en alza, como lo ilustra el interés despertado por la final por la liga de campeones que tendrá lugar este sábado entre Real Madrid y Liverpool.

Mientras tanto, en Chile parecen soplar nuevos vientos. Las noticias que llegan a Madrid y a todo el mundo dan cuenta de una intempestiva irrupción de las causas feministas pospuestas una y otra vez, pero que ya no admiten mayor dilación. Dentro de las esferas de gobierno no pocos ariscan la nariz, por tratarse de causas que históricamente han estado asociadas a la izquierda. Sin embargo, la justicia que encierran las peticiones por una igualdad de trato, por la no discriminación, más allá de todo cálculo económico, está impidiendo que la derecha y al propio gobierno hagan la vista gorda. Hoy parecen estar obligados a asumir una postura que habría sido impensable tan solo unos años atrás. En buena hora!

mayo 16, 2018

El nepotismo en gloria y majestad

A raíz del fallido nombramiento del hermano del presidente como embajador en Argentina, se reflotó el tema del nepotismo. De rebote salpicó al hijo del ministro del interior y la oposición aprovechó la ocasión para airear otros innumerables casos. En la situación del hermano fue la Contraloría la que se interpuso, precisando que no podía tomar razón antes de un tiempo. Dada la premura que el propio gobierno se había fijado, no tuvo más remedio que echar pie atrás. En el caso del hijo del ministro del interior, quien es primo de primer grado del presidente, para que la oposición no se diera un festín, decidió dar un paso al costado. Sin perjuicio de ello, de todas formas, la oposición está dándole como al gobierno. No es para menos. Mal que mal, se la han dado en bandeja.

Reconozcamos que es difícil encontrar gobiernos en los cuales no se den situaciones de esta naturaleza. De hecho, desde la derecha rápidamente se encargaron de elaborar una suerte de dossier con todas las redes familiares implementadas en gobiernos anteriores. Por tanto, si esto se ha dado desde tiempos inmemoriales, cabe preguntarse: ¿por qué tanto escándalo?

Me centraré en cuatro razones. Una, la conducta adoptada cuando eran oposición las fuerzas políticas que ahora están en el gobierno; dos, por los avances que registra el país en materia de transparencia que permiten conocer hoy lo que antes no se sabía; tres, porque les guste o no, quienes ahora nos gobiernan, quienes cortan el queque son los de arriba, los pudientes, quienes viven en Las Condes, Vitacura, La Dehesa; y cuatro, porque al país pareciera que aún le queda una dosis de decencia, de capacidad para asombrarse, escandalizarse ante determinadas situaciones.

Cuando quienes nos gobiernan eran oposición, dentro de sus banderas estuvo la necesidad de hacer carne la igualdad de oportunidades, de la necesidad de abrir espacio a la meritocracia, asegurando que en caso de acceder al gobierno sacarían a los operadores políticos enquistados, que atacarían el nepotismo, el amiguismo, y el famoso pituteo.

Como discurso, impecable, inobjetable, tan impecable e inobjetable, que les permitió triunfar en las elecciones presidenciales. Sin embargo, en la práctica, dado que quienes nos gobiernan provienen de cunas de oro, que se distribuyan los cargos entre ellos, en familia, es altamente reprochable. Doblemente reprochable que bajo los gobiernos anteriores dado que sus dirigentes provenían de cunas de bronce o plata, antes que de oro. Mal que mal, dentro de las propias élites es posible distinguir a unos de otros.

Como sostuviera el gobierno pocos pueden dudar de las capacidades de quien iba a ser el embajador en Argentina. De igual modo, tampoco tenemos derecho a poner en duda de las capacidades del hijo del ministro del interior, contratado a honorarios. El punto es otro. ¿Acaso no hay otros con similares o mayores capacidades que el hermano del presidente para ser embajador? ¿Acaso no hay otros con las capacidades que el hijo del ministro?

Los hay y de sobra, y por más que se diga lo contrario, se optó por ellos por la confianza que despiertan, la que viene dada por los lazos familiares. Con esa lógica es como vamos metiendo a familiares, amigos y contactos. Esta observación, este reproche vale tanto para moros como cristianos, para quienes están en el mundo de izquierda y en el de la derecha.

El nepotismo no es algo nuevo, y se da en todas partes. Es cierto, pero ojo, porque ello no implica que haya que resignarse a su existencia o que esté en la naturaleza del ser humano como no pocos sugerirían. Muy por el contrario, su persistencia debe hacer redoblar nuestros esfuerzos por eliminar todo rasgo de nepotismo.

mayo 10, 2018

Berlín: el valor de lo público


No obstante que Berlín volvió a ser la capital de Alemania luego de la reunificación, hace ya casi 30 años, sus habitantes se empeñan en señalar que la Alemania profunda está fuera de Berlín. No pocos berlineses, con alguna dosis de exageración e ironía, afirman que mientras en Alemania todo funciona, en Berlín nada funciona. Pude comprobar que efectivamente hay cosas que no funcionan, pero ello no significa que nada funciona. Por ejemplo, una línea del tranvía no estaba operativa, no funcionaba. Ante esta situación, se activó inmediatamente una línea de bus de emergencia para que hiciera el mismo recorrido.

Berlín es una ciudad cosmopolita, se podría afirmar que el mundo está en ella. Por sus calles, parques, lagos y plazas podemos observar personajes de todos los colores y pelajes, procedentes del mundo entero. Me centraré en dos puntos que me han llamado la atención. Uno, la amabilidad de su población, rasgo que se expresa de mil maneras. Si te ven perdido, te preguntan si pueden ayudar en algo. En una ocasión estando en la salida de una estación del metro (U-bahn), en Friedrichstrasse, consulté a un joven que pasaba dónde estaba el Hackescher Market. Me indicó hacia dónde debía ir y para allá partí. En pocos segundos vuelve el joven para pedirme disculpas porque le bajó la duda, consultó a un tercero, comprobando que se había equivocado y que era para otro lado. Le agradecimos. Otro caso similar me ocurrió cuando quise ir a ver una alfombra de tulipanes en un jardín, el Britzergarten. Los buses, similares a los de Santiago, impecables, con choferes atentos que no trepidan en bajarse para ayudar a los discapacitados a subirse y bajarse del bus en sus sillas de ruedas. Todo con buena cara, no como si fuera un cacho.

El otro punto tiene que ver con el valor de lo público, trátese de la locomoción colectiva, de la salud, de la educación, de la previsión, del esparcimiento, de los espacios. Mientras en Chile denostamos todo lo que huele a público y sobrevaloramos lo privado, acá la relación público-privada es resultante de acuerdos entre trabajadores, empresarios y gobierno, donde nadie la pone el pie encima al otro. Acuerdos donde se impone el equilibrio con una justa distribución de los beneficios y costos entre las partes, sin necesidad de contubernios, colusiones, abusos o estafas que tanto nos caracterizan y que dificultan sobremanera nuestra convivencia.

El valor de lo público se expresa de mil maneras, pero destacaré especialmente lo concerniente al esparcimiento, a la cantidad, calidad y limpieza de espacios públicos –parques, estacionamientos, plazas, lagos, calles, juegos infantiles-. No se hace necesario que cada uno tenga su propio jardín. El jardín de uno es el parque, la plaza de juegos. No es necesario que cada uno tenga su piscina. Además de los preciosos lagos existentes y donde se sumergen los berlineses apenas sale el sol, también hay piscinas públicas a precios módicos. La buena locomoción pública inhibe la necesidad de que cada familia tenga su propio vehículo particular, y si lo tiene, no lo ocupa para la vida diaria, sino que tan solo para los fines de semana, reduciendo con ello los costos de la congestión.

Claro que todo esto es ayudado por una manera de ser de los berlineses, caracterizada por su sencillez y su responsabilidad, que de alguna manera ha sido asimilado por los inmigrantes.

mayo 04, 2018

Lecturas berlinesas


Luego de un abril ventoso, lluvioso, frío, irregular, Berlín aparece en todo su esplendor, irreconocible para quien solo había estado en sus inviernos. Sus parques en tiempos primaverales nada tienen que ver con esos mismos parques invernales. Rebosantes de bicicletas, viejos, jóvenes y niños, le sacan el jugo al sol y al día que se alarga. Los parques, las plazas, los jardines reverdecen con fuerza.

Aprovecho de caminar, mirar y leer. En casa, cerca de Wollankstrasse, leo un libro de la rusa Svetlana Alexiévich, Los últimos testigos. En él se vuelcan los relatos de quienes sobrevivieron a la segunda guerra mundial luego del paso de los alemanes en su ruta a Moscú y que vieron morir a sus padres y hermanos. Todos los relatos son dramáticos. En uno de ellos sacan a un matrimonio de su casa, la queman, los llevan al bosque y al marido y uno de sus hijos de 13 años los hacen cavar su propia fosa, mientras fuerzan a su madre e hija a verlos sin llorar bajo la amenaza de dispararles. Hecha la fosa, los acribillan para caer al fondo de la fosa. Son los estragos de toda guerra cuyas secuelas se perciben en el aire, en las calles, en los barrios de Berlín.

Donde mi hijo, que está en el barrio de Neukölln, leo Volver a los 17, un libro de varios autores que incluye relatos de quienes eran niños bajo la dictadura chilena del innombrable iniciada en 1973. Relatos que dan cuenta de las peripecias vividas, de las persecuciones sufridas, de la búsqueda de trabajo, de las detenciones, de la resistencia, de los abusos.

Donde mi hija, quien también vive en Berlín, cerca de Oestlerstrasse con Pankstrasse, leo Ensayo sobre la ceguera, del portugués José Saramago. En él se da cuenta de quien repentina, sorpresivamente, mientras va manejando se queda completamente ciego, viéndolo todo blanco. No puede seguir manejando, por lo que se produce una gran congestión. Un buen hombre lo ayuda para conducirlo hacia su casa. Luego la señora lo lleva al oculista quien lo examina. Le hace las preguntas de rigor, lo examina. No le encuentra nada, todo perfecto, pero no ve. Primera vez que se encuentra ante un caso de esta naturaleza que parece no tener explicación. No sigo para estimular su lectura.

Estando en Berlín, y cuando aún no se apagan los ecos de la guerra en Siria, Corea del Norte y Corea del Sur parecen estar iniciando el sendero hacia su reunificación de la mano de sus respectivos líderes. Quién lo hubiese creído. Constituye todo un hito, tal como en su momento lo fue la reunificación alemana a menos de medio siglo del término de la segunda guerra mundial.

Mientras tanto, en América Latina seguimos comulgando con ruedas de carreta en materias fronterizas. Cuándo será la hora de nuestra reunificación? De que nos veamos como los Estados Unidos de Latinoamérica?

abril 27, 2018

Tiempos de paz armada


El espectro de la guerra persiste una y otra vez en algún lugar del planeta como para dar por cierto los peores presagios. Dependiendo de dónde se está, la guerra se visualiza ya sea como un juego o como una realidad terrorífica.

En Europa, donde me encuentro de visita, está presente en museos, en las calles, plazas, memoriales. La experiencia de haber vivido y sido escenario dos guerras mundiales está marcada a sangre y fuego. Han conocido y vivido sus consecuencias. Saben de qué se trata. Saben, al igual que Siria en la actualidad, que toda guerra es sinónimo de hambre, destrucción y muerte. Es difícil encontrar familias que no hayan sufrido sus consecuencias.

Curiosamente, los mismos países que en un pasado reciente estuvieron en guerra, han sido capaces de volver a mirarse los ojos, de recuperar espacios de conversación y convivencia, pasar de un país a otro. Prácticamente no hay fronteras entre ellos.

En América Latina, por el contrario, tiene el privilegio de no haber vivido, al menos en el presente y en todo el siglo pasado, una guerra en su significado convencional. Se la ve como algo ajeno o lejano, casi como un juego, desconociéndose su realidad, así como sus secuelas destructivas.

A raíz de la demanda de Bolivia ante el Tribunal Internacional de La Haya, en ambos países, Chile y Bolivia, volvieron a sonar los tambores de guerra. Bolivia exigiendo una salida soberana al Pacífico, y Chile resistiéndose en base a tratados firmados en su momento. Tambores de guerra alentados por los principales medios de comunicación de ambos países azuzando a sus respectivas poblaciones, y que se multiplican en las redes sociales.

Se invoca la defensa de lo conquistado a punta del heroísmo y la sangre derramada por nuestros antepasados, o la necesidad de disponer de una fuerza disuasiva. Se oculta la insensatez de toda guerra en la que se desangran nuestros jóvenes, los traumas que se generan y la destrucción de vidas. Guerras que suelen ser decididas y declaradas por terceros a nombre de ideales superiores, pero que suelen ser en defensa de intereses particulares.

Raro es el caso en que los protagonistas de una guerra sean fabricantes de armas. Quienes viven una guerra deben adquirirlas a países que sí las producen y exportan. Los avances en la capacidad de destrucción de estas armas se deben poner a prueba de tiempo en tiempo, dándoles salida a las “novedades”. Es lo que se percibe en la reciente decisión de Trump por realizar una operación “quirúrgica” y “focalizada” en Siria que puso a prueba sus nuevos misiles.

Desafortunadamente vivimos tiempos de una paz armada. Debemos pasar a tiempos de una verdadera paz, de una paz sin la amenaza de la guerra. Es hora de desarmarnos, de dejar de rendir tributo a la violencia y dar paso a la no violencia. De creer más en lo mejor, y no en lo peor de nosotros.

abril 19, 2018

Hay vida después del trabajo

Foto de Nick Fewings en Unsplash
Dentro de la población total, cada vez es mayor la proporción de adultos mayores. En Chile, en poco menos de tres décadas prácticamente se ha duplicado la proporción de adultos mayores (personas con más de 60 años). Mientras en 1990, había un adulto mayor por cada diez habitantes, hoy se tiene casi el doble adultos mayores.

Por otra parte, así como en 1990 había 35 adultos mayores por cada 100 personas menores de 15 años, actualmente se tienen más de 85 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años. En concreto, la pirámide etárea se está revirtiendo a una alta velocidad, la que probablemente se vea amortiguada por las corrientes inmigratorias que estamos viviendo.

Lo señalado está cambiando el paisaje humano: son cada vez menos los niños en los establecimientos educacionales; cada vez más los viejos en los establecimientos hospitalarios. La estructura de la demanda se está modificando en forma significativa y persistente, impactando en la oferta. En las plazas y las calles, son cada vez menos los niños que vemos, y más los viejos.

Todo ello es consecuencia de la baja en la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida que está produciendo el progreso científico-tecnológico sin precedentes que estamos viviendo a nivel mundial.

Esta realidad no tiene visos de detenerse, por el contrario, tiende a continuar su curso. ¿Estamos preparados para ello? ¿Cómo sociedad? ¿Cómo individuos? En estas líneas me referiré a este último punto: ¿estamos preparados para ser viejos? ¿para dejar de trabajar en el sentido convencional, esto es, a cambio de una remuneración? ¿para tener una calidad de vida razonable como viejos?

Mi apreciación es que ello depende de cómo nos pilla la vejez. En lo esencial me concentraría en tres factores. Uno, la salud física-mental; dos, la salud social; y tres, la salud financiera.

La salud física-mental es clave para una vejez como uno se la quisiera, y ella depende de factores genéticos y de la vida que hayamos llevado. Respecto de los factores genéticos, nada podemos hacer. Venimos de donde venimos y no tenemos vuelta. Por tanto, es esencial haber llevado una vida sana, sin excesos, equilibrada, bajo una alimentación sana, con actividad física. Si hemos llevado una vida reventada, difícilmente la vejez nos pillará bien parados.

La salud social está referida a vivir en paz consigo mismo, con quienes te rodean, tu familia, tu medio social; a llevar una vida auténtica, sin dobleces. Sentirse querido, para lo que es indispensable querer a quienes nos rodean, entender a los demás, ser capaces de ponernos en sus zapatos. Si hemos llevado una vida de peleas en familia, con nuestros vecinos, con quienes nos rodean, difícilmente la vejez nos pillará como quisiéramos.

Por último, está la salud financiera. Si bien, disponer de recursos financieros no hace la felicidad ni una buena calidad de vida en la vejez, sin duda alguna ayuda, tranquiliza. En ello incide tanto haber tenido ingresos razonables a lo largo de la vida laboral, como haber sido austero en los gastos, y sin endeudarse para satisfacer tentaciones, modas y/o caprichos.

Con una buena base de salud física-mental, social y financiera, no hay razón para pasarla mal en la tercera edad. Es la oportunidad para apearse de un caballo que anda a 100 kilómetros por hora, para sentir una distensión desconocida que nos permita mirar y disfrutar con calma el horizonte, la familia, las cosas simples de la vida, dejando atrás una vida exigente, sin pausas.

abril 11, 2018

Dos visiones contrapuestas

En la última semana santa volvió a repetirse, una vez más, la congestión, los atascos, en las carreteras del país, pero sobre todo, en la ruta Santiago-Viña del Mar. Nada nuevo bajo el sol. Lo novedoso estuvo constituido por las expresiones de Fontaine, flamante ministro de obras públicas, quien no resistió la tentación de darle como bombo al gobierno saliente al sostener que “no hemos invertido lo suficiente en carreteras o, en general, en infraestructura”. El subsecretario de Transportes aprovecha la oportunidad para reafirmarlo sin derecho a réplica. De paso, Fontaine aprovechó de ensalzar al modelito neoliberal que nos empapa al sostener que el aumento del flujo vehicular es una buena noticia, porque significa más oportunidades y más libertades para las personas.

Esto es, todo lo bueno viene de la mano del modelo, en tanto que todo lo malo, viene de los gobiernos, particularmente cuando no son los de la derecha, ya que cuando son de este último signo se asume que deben reparar las deficiencias de los gobiernos que reemplazan. Ahí están en acción las retroexcavadoras en los más diversos ámbitos sin que se les arrugue la cara.

En este país que se caía a pedazos hasta antes de las elecciones, ad portas de convertirnos en Chilezuela, desde hace tiempo que la velocidad de crecimiento del parque automotriz supera con creces la velocidad con que somos capaces de incrementar la infraestructura caminera. Olvidan que el innombrable destruyó la infraestructura ferroviaria y que dejó casi intocada la infraestructura caminera nacional, con excepción de la carretera austral construida a punta de los famosos programas PEM y POJ.

Más allá de los dimes y diretes, el punto es otro. Al paso que vamos, mientras no nos hagamos una suerte de introspección, el tema de la congestión que se está viviendo, en el marco del modelito que nos rige, no tiene solución, cualquiera que sea el gobierno que tengamos. Hablo no solo de las carreteras. Estamos inmersos en un sistema capaz de producir reos a una velocidad mucho mayor que la que tenemos para construir cárceles. Así como las carreteras colapsan, también colapsan las cárceles, así como ha colapsado la capacidad del Servicio Nacional de Menores (SENAME).

Manteniendo intocado el paradigma dominante, que tenemos impregnado a la vena, creo que no tenemos remedio. Bajo el modelo imperante seguiremos teniendo un país a dos velocidades, el de los que les va bien, el de los que se libran de caer en la fosa, y el de los que les va mal, los que se caen a la fosa, los marginados, los que quedan fuera del sistema. Los que la pasan bien, y los que la pasan mal.

Si esto fuera consecuencia de quienes trabajan y no trabajan, no estaría mal. Lamentablemente no son pocos los que la trabajan de sol a sol, y la pasan mal, así como también no pocos, la pasan bien a punta de fraudes y triquiñuelas, haciendo como que trabajan.

En síntesis, bajo el modelo vigente la capacidad para producir “males” supera con creces su producción de “bienes”. De lo que se trata es de revertir el modelo por uno capaz de producir más “bienes” que “males”. Con voluntad, con ganas, poniendo por delante los intereses del ser humano, es posible.

abril 05, 2018

El golpismo al acecho

La decisión del máximo tribunal de justicia del Brasil, rechazando el recurso presentado por Lula contra su condena a 12 años por corrupción está allanando el camino para su encarcelamiento. Lo resuelto tiene implicancias políticas insoslayables de cara a las próximas elecciones que tendrán lugar en octubre del presente año: saca de la carrera presidencial a quien encabeza las encuestas con un 35% de adhesión popular y pone en cabeza a quien va segundo, Jair Bolsonaro, un exmilitar, admirador de la dictadura y defensor de la aplicación de torturas, con cerca de un 20% de las expectativas de voto.

Lula ha copado el escenario político brasilero desde los tiempos dictatoriales. No le fue fácil acceder en el año 2003 a la presidencia por el temor que inspiraba su partido, el partido de los trabajadores (PT). Sin embargo, una vez en la presidencia, no obstante su origen humilde, obrero, sindicalista, demostró ser capaz de gobernar bajo un esquema de izquierda moderada, diseñando e implementando programas sociales en beneficio de los sectores más desposeídos, los que permitieron reducir significativamente la pobreza que desde siempre ha afectado a Brasil. Al postular a un segundo mandato en el año 2006, vuelve a triunfar gracias al reconocimiento popular. Gobierna hasta el año 2010, cuando Dilma Rousseff, quien fuera su jefa de gabinete y del mismo partido de Lula, el PT, se gana electoralmente el derecho a sucederlo.

Mientras tanto, la corrupción se extiende sin piedad, no solo en Brasil, sino que en el continente y en el mundo. La corrupción se globaliza, se internacionaliza, en el caso brasilero, de la mano de la empresa constructora Odebrecht. Salpica a Lula y a toda la clase política y judicial brasilera. Mediante un golpe blando, vía judicial, Rousseff se vio obligada a dejar la presidencia, siendo reemplazada por el actual presidente Temer. Todo ello, en virtud de un juicio iniciado por quien hoy se encuentra en la cárcel. El ladrón detrás del juez. En medio de esta caza de brujas está cayendo arrollado Lula. Como para afirmar: quien esté libre de pecado, que levante su mano.

En paralelo, desde los cuarteles militares se escuchan ruidos de sables, no faltando quienes se soban las manos esperando su hora. No resisten la tentación de involucrarse. Es así como el comandante en jefe del Ejército advierte, vía twitter: "Aseguro que el Ejército brasileño juzga compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, del mismo modo que se mantiene atento a sus misiones institucionales". Momentos después, otro general, por la misma vía, afirma: "Tengo la espada al lado, la silla equipada, el caballo listo y aguardo sus órdenes!!". Entusiasmado, otro general de la cúpula militar, sostiene: "Comandante!! Estamos juntos en la misma trinchera". Frase que es complementada por un tercer general, al declarar: "Estamos juntos, comandante". Para rematarla, poco antes, un general en la reserva, había declarado que si Lula no era enviado a la cárcel, "el deber de las Fuerzas Armadas es restaurar el orden". Palabras sacan palabras.

Dentro de las propias FFAA hay voces que invitan a la mesura, expresando que no se trata del pensamiento de todas las FFAA brasileras. Es así como el jefe de la aviación, que exige respetar la Constitución "sin apasionarse hasta el punto de poner las convicciones personales por encima de las instituciones". Además, procura poner paños fríos, afirmando que "Intentar imponer nuestras convicciones o las de otros es lo que menos necesitamos en este momento".

Ante estas declaraciones, el gobierno mira al techo, relativizando los mensajes remitidos desde las altas esferas militares y que entrañan el más descarado intervencionismo, olvidando que en democracia el poder militar no debe inmiscuirse en la contingencia y que debe subordinarse al poder político.

No pocos afirman que no están los tiempos para golpes. Lamentablemente, a lo largo de estas décadas de transición democrática que han estado viviendo nuestros países, no se han producido dos cambios esenciales con la radicalidad requerida. Uno, el de la subordinación real del poder militar al poder político, desde el momento que este último ha actuado pensando más en no pisar callos en el ambiente militar. Y dos, no se ve a la fecha que haya arrepentimiento alguno, ni institucional ni personal, por parte de quienes en su momento, cuando tuvieron el poder total, incurrieron en prácticas de exterminio. Estas dos circunstancias impiden asegurar que lo ocurrido en la fase militarista latinoamericana, no se vuelva a repetir.

La polarización que está viviendo la sociedad brasilera es la antesala del golpismo cuya virulencia no tendrá parangón en la historia del continente. Los perdedores serán los mismos de siempre, porque quienes tienen la manija, también siguen siendo los mismos de siempre.

abril 03, 2018

Partida en falso

Con bombos y platillos, de tiempo en tiempo, en Chile y no pocos países, se producen llamados a acuerdos nacionales. Con ello se da a entender que las discrepancias fuesen signo de retroceso. Resulta extraño constatar que cuando se proclama la unidad nacional, lo que se busca implícitamente es esconder bajo la alfombra los desacuerdos. Esto es, mostrar una cara distinta a la que realmente se tiene, como si tener distintas caras fuese un problema.

En estricto rigor, los países que avanzan efectivamente, que progresan, son aquellos capaces de vivir y procesar las diferencias, de mirarse tal cual son, sin tener que esconderse unos de otros, ni andar peleándose. En Chile, y al parecer en los países subdesarrollados, da la impresión que las diferencias, insoslayables, inevitables en toda sociedad que se precie de tal, empobrecieran, retardaran el progreso al que se aspira. Uno de los mayores problemas en nuestros países reside justamente en su incapacidad para procesar las discrepancias consustanciales a toda convivencia humana.

No está de más recordar que, en democracia, un gobierno es el poder ejecutivo, el que debe gobernar, ejecutar, cumplir y hacer cumplir las leyes que son debatidas y aprobadas por un congreso nacional, representante del poder legislativo. Institución llamada también parlamento, porque ahí es donde se parlamenta, discute, debate entre congresales –diputados y senadores- de cara a la gente, para el logro de los acuerdos nacionales, los que no necesariamente han de ser unánimes. La unanimidad no existe salvo en las dictaduras en base a las imposiciones y el amedrentamiento.

Por tanto, el espacio para la discusión de los temas de interés público es justamente éste. Ya no están los tiempos para cocinar entre cuatro paredes de espaldas a la gente. Los acuerdos verdaderos, para que no se los lleve el viento, deben ser frente a frente, con todas las cartas sobre la mesa, sin zancadillas, ni poniendo un puñado de billetes sobre la mesa.

Las diferencias se presume que enriquecen para modelar el país que se aspira, por lo que la clave reside en aprender a procesarlas. Estar disponibles para escuchar al otro, abrirnos, ponernos en los zapatos del otro, en vez de pretender construir una gran nación a punta de exterminar a los contrarios.

Un botón de muestra: a la actual constitución fraguada entre cuatro paredes y modificada entre gallos y medianoche. Su ilegitimidad de origen le penará por los siglos de los siglos mientras no nos sentemos a dibujar una nueva constitución con una hoja en blanco y teniendo presente la experiencia acumulada, que no es menor. Lo mismo vale respecto de un modelo socioeconómico impuesto en dictadura, y que a la fecha no ha logrado validarse como no pocos quisieran.

marzo 28, 2018

A lucrar sin parar

Gracias al movimiento estudiantil se generó un proyecto de educación superior que buscó eliminar el lucro en las universidades por la vía de impedir que estén en manos de empresas controladoras con fines de lucro. Este proyecto fue aprobado bajo el anterior gobierno de Bachelet con el concurso de parlamentarios de todas las bancadas luego de un largo proceso no exento de dificultades.

Y cuando se pensaba que el proyecto ya estaba en curso, Pilar Armanet, a nombre de la Corporación de Universidades Privadas, hace una presentación ante el Tribunal Constitucional (TC) para que revise la legalidad del artículo correspondiente. Con ello aprovecha la instalación del nuevo gobierno de derecha y la conformación de un TC dominado por quienes han colaborado con el primer gobierno de Piñera. Armanet, fue vocera del primer gobierno de Bachelet, milita en uno de los partidos que conformaban la Nueva Mayoría, el PPD, y actualmente es rectora de la Universidad de las Américas.

Como se temía, el TC acaba de declarar inconstitucional el artículo del proyecto de educación superior que prohibía las universidades incluir controladores con fines de lucro. El subsecretario de educación se apresuró a señalar que lo resuelto por el TC no altera la esencia de la legislación que prohíbe el lucro. Sostuvo incluso que la ley prohíbe tajantemente la posibilidad de lucro en las universidades y que el reciente fallo no altera esta situación. Finalizó afirmando que cualquier universidad que busque lucrar con la educación será sancionada.

Lo expuesto no dejará de extrañar a más de un lector. ¿Cómo es eso? ¿se prohíbe o no el lucro en las universidades?

El artículo 15 del DFL 1 del 30 de diciembre de 1980 afirma que las universidades, que se creen deberán constituirse como personas jurídicas de derecho privado sin fines de lucro. A más de un observador le extrañará que se trate de una ley de tiempos del innombrable, cuando el dominio de los economistas Chicago Boys no tenía contrapeso alguno. La razón fundamental la dio Pablo Barahona (QEPD), quien fuera ministro de economía, presidente del Banco Central y uno de los dueños de la Universidad Finis Terrae. Afirmó que las grandes universidades del mundo no tienen fines de lucro, sus rectores los eligen los profesores, no los dueños. No se venden ni se heredan como las fábricas o buses. El lucro sería a costa de la calidad. Lo que importó al momento de promulgarse la ley era abrir la posibilidad de crear universidades privadas que hicieran contrapeso a las universidades existentes que se veían dominadas e infiltradas por la izquierda. En consecuencia, no era el afán de lucro el que dominaba la escena, sino que ganar la batalla de las ideas por parte de la derecha en un terreno que históricamente le ha sido esquivo: las universidades.

Si se mira lo que son actualmente las facultades de economía y negocios del grueso de las universidades chilenas, incluidas las estatales, pocos dudan del ascenso de la derecha. Con el tiempo, consolidado el pensamiento neoliberal en las universidades, la tentación por lucrar se fue fortaleciendo. Surgieron figuras “originales” orientadas a burlar la ley: universidades sin infraestructura física que arriendan a inmobiliarias cuyos dueños son los mismos de las universidades. Empresas que prestan servicios a las universidades cuyos propietarios son los mismos, cuidándose de afirmar que las transacciones son a precio de mercado. Simultáneamente, a lo largo de todas estas décadas, las universidades lucran infringiendo la ley a vista y paciencia de autoridades nacionales que han estado mirando al techo aduciendo que no disponen de herramientas para controlar el lucro. Hecha la ley, hecha la trampa.

Desafortunadamente lo acordado por el TC más parece entrar en una lógica de guerra que de acuerdos, al borrar con el codo lo que se había acordado en el parlamento.

marzo 23, 2018

Jugando a dos bandas

En Chile, Piñera ha iniciado su gobierno siguiendo la lógica del refrán “a Dios rogando y con el mazo dando”. Por un lado, se está en una postura de buscar acuerdos con la oposición o parte de ella, proclamando la necesidad de la unidad nacional, buscando homologarse con el primer gobierno de la Concertación encabezado por Aylwin. Al mismo tiempo, particularmente a través de algunos de sus personeros, efectuando afirmaciones y/o adoptando decisiones que van en la dirección contraria a la proclamada al asumir.

En su primer discurso como presidente, Piñera hizo alusión a que buscará la unidad de todos los chilenos, y que reemplazará la errónea lógica de la retroexcavadora y el enfrentamiento por la sana cultura del diálogo, los acuerdos y la colaboración.

Si alguna vez se ha aplicado la lógica de la retroexcavadora, fue en tiempos del innombrable, cuando sin consulta, sin parlamento, entre cuatro paredes, se definió el modelo de país que tendríamos, y que supuestamente nos conduciría al desarrollo, el modelo educacional que nos regiría, el modelo previsional que posibilitaría pensionarnos con el 70% de nuestros sueldos en activo. Las consecuencias de esa retroexcavadora, están presentes en carne viva. En síntesis, mientras unos hablan de retroexcavadora, otros simplemente la aplican a como dé lugar.

Una sana cultura del diálogo, acuerdos y colaboración pasa necesariamente por estar abiertos a sentarnos sin imposiciones, amenazas, ni patadas en las canillas, reconociendo diferencias y buscando puntos de encuentro.

Será difícil llegar a acuerdos cuando al mismo tiempo se tiene un gabinete conformado por quienes en sus primeras declaraciones y acciones actúan más a semejanza de retroexcavadoras que de unidad y acuerdos. Colocar como ministra de la secretaría de la mujer a quien se opuso a la ley de aborto aprobada bajo el gobierno de Bachelet, y que por lo mismo deberá implementarla, no es justamente un mensaje de paz, sino que de guerra. Lo mismo ocurre con el ministerio de educación, en cuya cabeza se tiene a un ministro que es contrario a la gratuidad y que concibe a la educación como un bien económico. Y al frente del ministerio de justicia se nombra a quien fuera defensor del líder de Colonia Dignidad y soslayara las violaciones a los DDHH. Y la guinda de la torta es el ministro de defensa, quien en tiempos de senador de la región de la Araucanía estaba convencido que para resolver la violencia imperante en su región se debe recurrir a más mano dura, más represión, más militarización.

Las primeras actuaciones de estos personeros, así como de muchos otros, no son precisamente señales en la dirección de la búsqueda de acuerdos, sino que muy por el contrario. Pocas dudas caben que se está jugando a dos bandas, una estrategia que no ayuda en nada a una verdadera unidad nacional y al desarrollo del país.

marzo 14, 2018

El desafío opositor

Como consecuencia de las últimas elecciones presidenciales chilenas, desde el pasado 11 de marzo, una nueva coalición de derecha, ChileVamos, ha asumido la conducción del gobierno. Si bien en el Congreso Nacional ChileVamos no posee mayoría, ni en la cámara de diputados, dos factores contribuyen a facilitar el accionar gubernativo: el fuerte carácter presidencialista del sistema político chileno, y la existencia de una oposición que aún no se repone de la derrota experimentada y que difícilmente actúe unida.

La derrota de la centroizquierda ha sido consecuencia de su agotamiento y división. Agotamiento que se expresa en la no renovación de sus cuadros dirigenciales y de sus objetivos, esto es, en la ausencia de un proyecto político claro y atractivo a los nuevos tiempos, agravado por prácticas non sanctas más propias de la derecha. En síntesis, una suerte de pérdida de brújula.

Se tenía “la pelota” (el gobierno), se quería conservarla, pero ya no se sabía qué hacer con ella, y tampoco se quería que la tuviera la derecha.

Todo ello se confabuló para que se llegara a las elecciones con una centroizquierda facturada, partida al menos en dos: la Nueva Mayoría (NM) y el Frente Amplio (FA). Al menos dos, porque la NM, si bien existió formalmente hasta el término del gobierno de Michelle Bachelet, mostró fisuras desde sus inicios, debilitando su accionar. Dada la envergadura de las reformas que se aspiraban concretar, estas fisuras afectaron significativamente su claridad, eficacia y eficiencia.

Se viven tiempos donde lo expuesto parece darse también en otros países. En Argentina, la división del peronismo abrió la puerta al triunfo de una derecha encabezada por Macri, empresario de fortuna, al igual que Piñera. En Brasil, la derecha accede al gobierno a través de Temer, luego del golpe blando contra Dilma Rousseff. Ya antes, Paraguay había defenestrado a Lugo por el mismo mecanismo. En Ecuador, su actual presidente Lenin Moreno, si bien llegó al gobierno como continuador de su antecesor Correa, al asumir introdujo un giro hacia la derecha. En Perú, la última elección se dio esencialmente entre dos candidatos de derecha. En América del Sur hasta la fecha se han librado de esta tendencia, tan solo tres países, Uruguay, Bolivia y Venezuela. Sin embargo este último país, dada la crisis en que se encuentra sumida, no destaca justamente por ser un ejemplo a imitar.

Las derrotas duelen, pero también son oportunidades para repensar, reflexionar en profundidad, para reencontrar la brújula perdida. Es la tarea que tiene por delante la actual oposición, tarea que demanda una alta tasa de responsabilidad. Ya se dio un importante primer paso, al actuar unida para presidir el senado y la cámara de diputados. Estos años que vienen serán para saber qué hacer con la “pelota” (gobierno) con miras a tener el país que queremos. Ojalá 4 años sean suficientes.

marzo 08, 2018

Una oportunidad fantástica

La premiación de la película Una mujer fantástica con el Oscar a la mejor película extranjera nos sitúa, como país y una vez más en el ámbito artístico-cultural, en la cresta de la ola y en el tapete noticioso mundial.

Antes de la premiación, la expectativa era enorme, así como la cautela, dado que en más de una ocasión “el pan se quemó en la puerta del horno”. Expectativa generada por la calidad y el abordaje dado a una temática compleja, la transexualidad; y cautela por la eventual resistencia a premiar una película de esta naturaleza.

Apenas se supo que la película había sido premiada, el candidato presidencial electo chileno, Piñera, no dudó en aprovechar la fantástica oportunidad para afirmar en un twit, al más puro estilo Trump: “Esta noche el cine chileno tocó ls estrellas. Grande Chile y un gran abrazo, con orgullo y emoción, a todo el equipo de #UnaMujerFantástica, la mejor película extranjera en los #Oscars”.

Dentro de los sectores políticos que lo respaldaron en la última elección, no dejó de sorprender la aparición del meteórico twit. Mal que mal, en el marco de la última campaña presidencial, consultado sobre el tema, Piñera sostuvo que en muchos casos la transexualidad se corrige con la edad y que no podía pretenderse que el género sea algo cambiable todos los días a la sola voluntad de las personas, llegando al extremo de rematar que no debíamos andar cambiando de género como quien se cambia de camisa todos los días. Estas afirmaciones dan cuenta de la superficial visión que posee de un tema que afecta en términos de exclusión y discriminación a quienes están involucrados.

Por otra parte, el grueso de quienes respaldaron a Piñera, que conforman la coalición ChileVamos, se caracterizan por su conservadurismo valórico y su resistencia a enfrentar la homosexualidad, fenómeno que visualizan como una anomalía, una desviación y/o una enfermedad, al igual que las personas trans. Ello explica su resistencia a legislar en estas materias, particularmente en la UDI y RN. Si bien, están asomando sectores liberales en estas materias en el seno de la propia derecha, siguen siendo minoría y las queda un largo trecho que recorrer.

Mientras tanto, la orden del día en la derecha es resistir, aguantar, frenar. Pero como el agua que busca su cauce, más temprano que tarde tendrán que sumarse. Se resiste a reconocer la igualdad de género, la transexualidad, así como en su tiempo se resistió al divorcio. Es lo que llamo la derecha atrasada. Dentro de esa derecha, Piñera así como ve oportunidades de negocio, no puede dejar de ver oportunidades políticas, como en este caso, donde no desperdició la fantástica ocasión para darse una olímpica vuelta carnero.

marzo 01, 2018

La mala educación no es gratis

Una mala educación, esto es, una educación de mala calidad, nos condena como país. Por tanto, me atrevería a afirmar, que revertir esta realidad está entre nuestros mayores desafíos.

No es necesario ser muy astuto para percatarse de las razones. Ser ignorante en la actualidad, tiene un costo muy alto. No solo nos sume en la pobreza material e intelectual, sino que además nos convierte en consumidores compulsivos al no tener la capacidad de reflexionar, de analizar críticamente, y por tanto corremos un alto riesgo de ser engañados fácilmente, de ser malos profesionales, de no desarrollarnos como personas. En síntesis, una mala educación nos destruye como personas y por ende, como país. Así de simple.

Si aspiramos ser un país desarrollado es imprescindible un esfuerzo mayúsculo en materia educacional, de todo orden, tanto financiero como de los procesos de enseñanza-aprendizaje, de gestión y de evaluación.

Lo expuesto involucra el trabajo a realizar tanto en el aula como fuera de aula, tanto en los establecimientos educativos como en el seno de las familias. Si bien los profesores son claves, la responsabilidad educativa no se circunscribe tan solo a ellos, sino que se hace extensivo al personal no docente, administrativo, directivo, a los medios de comunicación, al ambiente familiar.

Se equivoca quien crea que el proceso educativo se limita a los períodos escolares, porque en rigor se hace extensivo a toda la vida. Se aprende desde que nacemos hasta el fin de nuestros días. Nunca es tarde para aprender; siempre hay algo que aprender. Estar abierto a aprender es de la esencia del desarrollo humano. Esto nos incumbe a todos, la buena, la verdadera educación nos libera, la mala educación nos esclaviza.

Termino estas líneas con un mensaje que apareció en la puerta de entrada de una universidad, que decía más o menos así: “Destruir cualquier nación no requiere el uso de bombas atómicas o el uso de misiles de largo alcance, sólo se requiere de un bajo nivel educativo, ignorancia de su historia y que sus estudiantes hagan trampas en los exámenes y ante cualquier barrera que encuentren en la vida; los pacientes mueren a manos de quienes se gradúen como médicos; los edificios se derrumban a manos de quienes se gradúen como ingenieros; el dinero se pierde a manos de especuladores, malos economistas y malos contadores; la justicia se pierde a manos de jueces y abogados mal formados; la desigualdad se agudiza. En concreto, el colapso de la educación es el colapso de la nación.

Todos tenemos derecho a una educación de calidad, y nadie tiene derecho a recibir una educación de mala calidad. La buena o mala educación no se circunscribe a tener o no recursos económicos. Va mucho más allá de ello. La mejor defensa de un país es tener un país bien educado antes que bien armado.

febrero 23, 2018

La receta de Trump

El reciente asesinato de 17 estudiantes en un establecimiento educacional de Florida, en USA, por parte de un exalumno del mismo establecimiento de tan solo 19 años, nos vuelve a estremecer. La receta de su presidente Trump es muy simple: se requiere que la gente tenga más armas, y en este caso particular, que los profesores vayan armados. Si los profesores estuviesen armados muy probablemente se habría podido evitar la matanza.

Así de simple es el raciocinio del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Para defendernos, necesariamente debemos armarnos en uso de nuestra libertad y del derecho a defendernos. Este es el pensamiento de la derecha y de los conservadores, tanto de allá como de todo el mundo.
Para matizar lo señalado, Trump afirmó que los profesores debieran entrenarse para ir armados a sus establecimientos, elevar la edad de quienes pueden adquirir una pistola, de los 18 a los 21 años, junto con exigirles un certificado que acredite que están en condiciones mentales de portarla.

La receta de Trump, de la derecha, de los conservadores, es siempre la misma, la del llanero solitario, la del cowboy, la del pájaro loco. Es una de las tantas contradicciones del sistema de vida norteamericano capaz de producir, al mismo tiempo, admiración y repulsión. La sociedad del self made man, la del que se forja por sí mismo, donde uno se puede abrir camino por sí mismo. La meca dorada para los inmigrantes que han construido esa nación.

La receta de Trump es la clásica de la represión antes que de la prevención, la que busca atacar las consecuencias sin abordar las causas. Hay que armarse hasta los dientes. Es la política del ojo por ojo, diente por diente, de la ley de la selva ante la incapacidad de la institucionalidad para enfrentar y resolver las causas que están tras estos hechos. Curiosamente, el desarrollo de la humanidad, el progreso, se asume que está asociado a la construcción de un modus vivendis, de una sociedad que supere esta política del ajuste de cuentas a nivel individual.

Dado el nivel de desarrollo de la sociedad norteamericana y que es la nación más armada del planeta Tierra, con la mayor tasa de personas portadoras, podría suponerse que debiera ser la más segura. Lamentablemente la sucesión de tragedias a las que de tiempo en tiempo nos tiene acostumbrados, revela el alto nivel de inseguridad que se vive.

En estas circunstancias, no debiera extrañar que en un país donde prácticamente cada persona duerme con un arma bajo la almohada, mueran diariamente casi 100 personas como consecuencia de disparos. Y eso que su ingreso per cápita está sobre los 50 mil dólares anuales.
Ya el año pasado, a raíz de la matanza en Las Vegas, se había reactivado el debate en torno al control de armas. Sin embargo, más allá de la efervescencia del momento, hasta la fecha, sin mayor reflexión, sigue primando el derecho a la libertad de portar armas para la defensa.

Quienes creemos en que otro mundo es posible, no debemos bajar los brazos ni esfuerzo alguno en proclamar a los cuatro vientos que la solución no pasa por el armamentismo, sino que por el desarme total. Meta lejana, pero irrenunciable para los que creemos en el ser humano.

febrero 15, 2018

La austeridad perdida

Vivimos tiempos de hiperconsumismo. La dinámica económica y el énfasis en el crecimiento, para tener y consumir más y más, parecen exigir que en vez de formarnos como personas, interesa que se nos forme como productores y consumidores. La austeridad, el recato, la modestia, el vivir para ser más, para crecer humanamente, parecen quedar relegados a un segundo plano.

En la actualidad el concepto de austeridad ha quedado reducido al ámbito de la acción social por parte del Estado en nombre de la disciplina fiscal. La desigualdad socioeconómica se extiende a la desigualdad en materia de austeridad. Mientras al Estado se le exige austeridad, particularmente en el campo de sus políticas públicas o sociales, por otro lado al interior de este mismo Estado campean los gastos militares a tajo y destajo y/o los fraudes en escalas de difícil dimensión sin que se les ponga atajo. A los de abajo les aprietan los zapatos y a los de arriba se los sueltan.

Por el lado privado, lo que está caracterizando a los sectores de altos ingresos es la ostentación antes que la austeridad, y de lo cual dan cuenta las páginas sociales de la prensa escrita y las teleseries en la prensa audiovisual. En Chile, quien fuera presidente, Jorge Alessandri Rodriguez, alias el paleta, estaría revolcándose en su tumba, o agarrándose la cabeza, si viera el comportamiento de los suyos, la derecha, en el Chile actual. Las ciudades se están partiendo en dos: donde están los de arriba y donde están los de abajo, con patrones de consumo que buscan “igualarlos”, pauteados por una penetrante publicidad que se conjuga con un endeudamiento facilitado por el dinero plástico. Este dinero plástico –las tarjetas de crédito- que nos permite efectuar compras hoy con ingresos futuros no era viable en el pasado. Los créditos se limitaban a compras de alto volumen, tales como la compra de una propiedad, una casa o un departamento.

Por otra parte, la innovación tecnológica hace cada vez más perecederos los productos, invitándosenos a renovar toda clase de productos. Mal que mal el consumo “mueve” la economía, el país, el trabajo. Qué pasaría si hiciéramos un alto en nuestro consumo, lo hiciésemos más pausado, sin endeudarnos mayormente. El país se detendría? La tasa de empleo disminuiría? Las inversiones se retraerían?

La austeridad implica no implica renunciar a una buena vida, sino que no caer en la vorágine del consumo. La buena vida, como niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, pasa necesariamente por no entrar en el juego al que se nos presiona.

Para resistir requerimos más que nunca una buena educación, la que nos permita discernir, reflexionar, discriminar, no dejarnos envenenar, ser más personas. Un país con una mala educación lo más probable que su gente sea manipulada por los poderes fácticos que nos rondan.

febrero 08, 2018

El crecimiento y la educación

Pareciera que vivimos convencidos que para que haya prosperidad, necesariamente tenemos que crecer. Sin crecimiento sería una ilusión pensar en tener un país próspero. Creo importante señalar que no todo crecimiento asegura prosperidad, ni desarrollo si no hay una buena educación de por medio.

Más que la tasa de crecimiento, lo que importa es su composición o su estructura, quiénes se benefician de él. Un crecimiento que se base o se exprese en un aumento de la demanda interna, esto es, de los consumidores nacionales, es muy distinto de aquel asociado a un aumento de la demanda externa, o de otros países. De igual modo, un crecimiento basado en las exportaciones de recursos naturales, sin mayor valor agregado, es muy distinto de aquel causado por exportaciones de recursos con alto valor agregado o altamente tecnologizados.

Son distintos porque los afectados y/o beneficiados no son los mismos. No cabe duda que en las últimas décadas hemos crecido en forma importante, y en este plano la transición política vivida en Chile cuenta con un saldo a favor que se expresa en la significativa reducción de la pobreza, a menos de la mitad de la existente al término de la dictadura. ¿A dónde han ido a parar quienes dejaron de ser pobres? A engrosar las capas medias bajas, pero que ante cualquier recesión pueden volver a la pobreza. Se incorporaron al circuito de consumo, se entusiasmaron, pero simultáneamente viven con el temor de regresar al mundo que abandonaron no sin esfuerzo.

Un buen termómetro de lo descrito está dado por la estructura de la matrícula escolar básica. La matrícula particular pagada históricamente no ha logrado superar el 10% de la matrícula total; el resto se distribuye entre la matrícula particular subvencionada y la matrícula municipal según el vaivén económico. Si las cosas andan bien, sube la matricula particular subvencionada a costa de la matrícula municipal, si las cosas andan mal, es el revés. El total de ambas es del orden del 90% con independencia de las tasas de crecimiento.

Si hiciéramos un mapa socioeconómico grueso constaríamos que los sectores de más altos ingresos tienden a matricular a sus hijos en establecimientos particulares pagados; quienes tienen ingresos medios, matriculan a sus hijos en establecimientos particulares subvencionados; y los sectores de bajos ingresos, en escuelas municipales. Qué nos dicen los datos de matrículas? Que la matrícula particular pagada se mantiene estable con independencia de las tasas de crecimiento, o sea, no cualquiera ingresa a ese selecto club, que existiría una suerte de barrera difícil de franquear. Nos dice que el concepto de la meritocracia y del aprovechamiento de las oportunidades solo vale para pasar de ser pobre a clase media baja o semipobre dado que la movilidad solo se da entre la matrícula particular subvencionada y la municipal.

Lo expuesto también da cuenta del estigma que afecta a la educación chilena, donde se asume que la calidad de un establecimiento está dada por el monto a pagar por concepto de arancel a pesar de que no existe evidencia alguna al respecto.

Para tener un país próspero, más que un crecimiento de tantos puntos porcentuales, se requiere poner el acento en un sistema educacional en el que los más pobres reciban una mejor educación que quienes tienen los más altos ingresos. Ya habrá oportunidad de conversar en torno a lo que entendemos por “mejor educación”.

En síntesis, quienes se verán más favorecidos con altas tasas de crecimiento son los sectores más pudientes, y los menos favorecidos, los sectores más pobres; por el contrario, con bajas tasas de crecimiento los más afectados son estos últimos, mientras que los primeros se abanican.

febrero 01, 2018

Será posible la prosperidad sin crecimiento?

En el reciente Congreso Futuro realizado en nuestro país, que tuvo lugar no solo en Santiago, sino que también en ciudades regionales, entre ellas Talca, entre los grandes y apasionantes temas abordados, se incluyó el del crecimiento. En esta charla, de Tim Jackson, destacado académico inglés, sostuvo que no podemos poner el foco en un crecimiento indefinido sin que en algún momento se produzca un impacto tal sobre nuestro planeta, cuyos recursos son finitos, que finalmente afecte nuestra capacidad de sobrevivencia. Jackson nos invita a reflexionar en torno a la posibilidad de una prosperidad sin crecimiento.

Desde tiempos remotos se ha debatido en torno a este tema. A mediados del siglo pasado el temor estuvo centrado en el crecimiento poblacional, particularmente entre los más pobres. Este temor se ha ido conjurando a través de una planificación familiar por medio de la masificación de píldoras anticonceptivas y la promoción del uso de preservativos. El caso extremo se observó en China con la política de limitar el número de hijos a uno solo por familia, política que hoy está en discusión y en vías de relajación.

A comienzos de los 70 los temores se centraron en las dificultades para encarar un crecimiento basado en un alto consumo de petróleo, lo que hizo encender las alarmas, presumiéndose un pronto agotamiento de las reservas. Es así como en 1972 se publica el informe titulado “Los límites del crecimiento”, donde se cuestionaba la tesis del crecimiento continuo de la actividad económica dados los límites físicos del planeta. Mal que mal los recursos que se tienen no son infinitos. Fueron los tiempos en que se postulaba la tesis del crecimiento cero.

Estos temores han terminado disolviéndose gracias a los avances científico-tecnológicos que han logrado disminuir la dependencia del petróleo por parte de los distintos países. ¿Significa ello que las preocupaciones eran infundadas? Muy por el contrario, tales preocupaciones impulsaron investigaciones, orientaron decisiones de financiamiento por parte de los gobiernos y privados para el logro de una mayor eficiencia en el uso de los recursos, así como hacia la búsqueda de nuevos yacimientos petrolíferos y de nuevas fuentes energéticas.

Con todo, es claro que no podremos crecer indefinidamente y que la prosperidad tenemos que ser capaces de alcanzarla sin que necesariamente estemos en perpetuo crecimiento. Esto nos lleva a reflexionar en torno a nuestros modos de vida, hábitos y estructuras de consumo. Por momentos pareciera que viviéramos en un ecosistema que aguanta todo. Pero no, nuestro ecosistema es frágil, su equilibrio está siendo puesto en jaque como lo prueban los cada vez más frecuentes desastres naturales –aluviones, inundaciones, terremotos-.

Esto pareciera un juego donde creamos problemas y los resolvemos. Al menos hasta la fecha hemos sido capaces de reaccionar y adoptar los cambios correspondientes. El agujero de ozono en la atmósfera que por años estuvo creciendo, ahora parece estar reduciéndose. Sin embargo no debemos bajar la guardia y no nos vendría nada de mal hacer un alto en nuestra existencia para no estar sometiendo a prueba los delicados equilibrios del planeta en que vivimos.

Con el desarrollo científico-tecnológico que hemos alcanzado, es una vergüenza que uno de los problemas mayores que enfrenta la humanidad sea el de la pobreza que aún aflige a millones de personas en el mundo entero, y la creencia que su solución pase por un crecimiento indefinido haciendo la vista gorda respecto de la distribución de sus frutos.

enero 25, 2018

El camino al desarrollo: el caso de Estados Unidos de Norteamérica

En mi última columna di cuenta del camino al desarrollo seguido por Inglaterra. En esta ocasión lo haré en torno a los Estados Unidos de Norteamérica (USA) dado que se tiende a pensar que allá son los campeones del neoliberalismo, de la libre competencia, de la no intervención estatal. Mal que mal en USA están los próceres provenientes de la Escuela de Chicago bajo la dirección de Milton Friedmann. Tales próceres, entre los que destacan no pocos chilenos, se encargaron de distribuir la “verdad revelada” en materias económicas al mundo entero.

Sin embargo, es preciso recalcar que no obstante que el neoliberalismo nace en USA, a lo largo de casi toda su existencia, allá se practica lo contrario. Y no será porque sean estúpidos, sino que por el contrario. La historia económica de USA se caracteriza por la práctica de un desembozado intervencionismo estatal. Incluso ha sido llamado el país madre y bastión del intervencionismo moderno, particularmente para el desarrollo de sus bases industriales. IBM no habría sido nunca IBM sin el apoyo estatal. Lo mismo que con muchas de sus principales industrias. Para qué hablar de su industria armamentista.

Antes de su independencia, cuando era una colonia de Inglaterra, ésta le prohibía que produjera manufacturas con alto valor agregado, para evitar su competencia. Cuando USA se independizó, muchos de quienes eran partidarios del libre comercio, percatándose de las desventajosas condiciones en que se encontraban, se convirtieron en defensores de un intervencionismo estatal que fuese capaz de sentar las bases industriales que les permitiera acceder al desarrollo y estar en condiciones de competir.

Desde entonces, hasta el término de la segunda guerra mundial los sucesivos gobiernos de USA, tanto republicanos como demócratas implementaron activas políticas de intervención estatal en las más diversas esferas. De hecho, por más de 100 años la tasa arancelaria para importar productos manufacturados fue uno de los más altos del mundo. Este “apoyo”, junto a la de los altos costos de transporte en esos tiempos, dotó a la economía norteamericana de una protección que hizo posible su desarrollo industrial para alcanzar a ser una potencia sin contrapeso mundial. Recién una vez asentado su dominio, después de 1945, una vez finalizada la segunda guerra mundial, USA decide liberalizar su comercio y a transformarse en el nuevo campeón del libre comercio.

La irrupción de los japoneses, de los tigres del sudeste asiático y del gigante chino, todos apoyados por fuertes estados protectores de una base industrial sólida, a punta de aranceles, de espionajes industriales, de envío de sus estudiantes a las mejores universidades del mundo, otorgando incentivos para que industrias extranjeras se instalen en sus suelos afectó la competitividad de la industria norteamericana. Y para resolverlo ¿Qué hace USA? Elige a Trump! Y qué hace Trump? ¿Profundiza el librecomercio? Muy por el contrario, lo rigidiza, lo bloquea, buscando el retorno de sus empresas instaladas en el extranjero.

Así es como nos encontramos hoy con la paradoja de que el país campeón de la libertad, de la competencia, aboga por el intervencionismo estatal, en tanto que China, bajo la dirección del partido comunista chino, se convierte en el representante del libre comercio. El mundo al revés.