mayo 24, 2026

La docencia universitaria degradada

Le pedí a IA que me hiciera una ilustración de muchas de las actuales universidades, como instituciones que están tendiendo a ver a los alumnos como clientes, antes que como ciudadanos, con capacidad de pensamiento crítico, de ver bajo el agua. El resultado es la ilustración que encabeza estas líneas.

En esta ocasión me centraré en la docencia universitaria. Ya tendré ocasión de hacerlo en torno a la investigación universitaria, así como de la vinculación con el medio.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ha sostenido, sin pelos en la lengua, que la universidad actual se ha convertido en una fábrica de producción y rendimiento. Y pone sobre la mesa los nombres de quienes fueron profesores universitarios hace 250 años. Y los compara con quienes lo son en la actualidad. En esos años estaban los genios. Hoy los genios pareciera que no están en las universidades. Lo mismo podríamos afirmar respecto de quienes están a la cabeza de las universidades. El grueso de los rectores pareciera que no les llegan ni a los talones de los rectores de antaño. Basta escucharlos para percatarse de la penetración alcanzada por la ideología neoliberal e iliberal y la consecuente banalización del ser universitario.

En la actualidad, las universidades, se hallan subsumidas en un ramplón neoliberalismo, en el que han caído también no pocas universidades públicas, las que en la práctica han dejado de ser tales. La máxima que parece inspirarlas es la misma que ilumina a las empresas productoras privadas, donde lo que importan son los resultados, los desempeños y la eficiencia. En este contexto no hay espacio para el pensamiento profundo, crítico, y sí abre espacio para la trampa, la corrupción, el engaño. Y no pocos rectores se han prestado para estos efectos, siguiendo al pie de la letra el racional neoliberal.

En efecto, la educación ha pasado a ser una mercancía más, que se compra-vende en el mercado al mejor postor donde se entra como alumno a una suerte de cañería -pipeline-, que es la universidad a la que ingresa, y se sale como profesional, con título en mano. Se asemeja a quien entra a un quirófano para hacerse una operación estética, donde se entra feo y se sale lindo, o supuestamente lindo. Claro que no pocas veces se sale convertido en un desastre, como mamarracho, e incluso aparentemente lindo. En el caso educativo, el título con que se egrese, puede valer callampa, como no pocos ilustres profesionales pueden estar comprobando.

El valor del título vendrá dado por el proceso educativo que tuvo lugar en la universidad. Y no es ningún misterio que este proceso, tal como se está llevando a cabo, está siendo fuertemente cuestionado desde el minuto que los alumnos son vistos como clientes o consumidores que compran un servicio, el educativo. Y los profesores deben tratarlos como tales, bajo la lógica de que “el cliente siempre tiene la razón”. Mal que mal están pagando por un servicio. Si bien no se explicita así, es lo que se subentiende, está implícito cada vez que hay alguna dificultad.

De ahí a una inflación de notas, de calificaciones, no hay un abismo, ni un paso siquiera, todo lo contrario, es lo que ya tenemos en todos los niveles educativos, no solo el terciario ¿Para qué hacernos problemas? ¿Para qué convertirnos en conflictivos? Y así vamos arando. El consumidor estudiante que entra a este proceso educativo sale como consumidor profesional, como un ciudadano pasivo, cuando lo que se supone es que una universidad forma personas con pensamiento crítico, profundo, agudo. No veo a la universidad formando para aprender a pensar. Quizás esto explique los tiempos de estamos viviendo, de nihilismo, de radicalismos, de mentiras que somos incapaces de detectar.

Todo esto se ve rematado por tratarse la docencia universitaria como la pariente pobre al lado de la investigación y su irrelevancia a la hora de la jerarquización académica.

El proceso de docencia universitaria no puede limitarse a la generación de competencias destinadas a satisfacer un mercado laboral crecientemente dinámico. Cada vez adquieren más y más relevancia las competencias ciudadanas, las de saber ser y estar en medio de tiempos en los que el piso se mueve sin parar. Los tiempos de certezas ya se fueron, y estamos entrando en tiempos de incertidumbre. La inteligencia artificial no está más que acelerando este proceso.

En concreto, sin darnos cuenta, visualizo una universidad, que en lenguaje de Byung-Chul Han, “ha sido colonizada por el mercado, convirtiendo el saber en información empaquetada, al profesor en un proveedor de servicios y al estudiante en un auto-explotado que busca acumular capital humano para cotizarse mejor en el sistema”.

Para saber más sobre el pensamiento de Byung-Chul Han en torno a la universidad actual sugiero leer sus libros La sociedad del cansancio (2010), La agonía del Eros (2012), Psicopolítica (2014) y Vida contemplativa (2022).

1 comentario:

  1. Anónimo4:37 p.m.

    qué susto me da .... como dice el tango: cualquiera es un señor....

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