mayo 22, 2026

La trampa de Tucídides

Trump no se aguanta de estar permanentemente en la cresta de la ola. Se las arregla para estar siempre en el candelero, esto es, llamando la atención permanentemente y generando una relación de amor y odio. Nadie, o pocos, pueden permanecer indiferentes ante sus expresiones.

Acaba de estar en China. De la boca para afuera puede decirse cualquier cosa, pero en la práctica todo apunta a revertir una realidad que aparece como irreversible. Una suerte de iniciativa desesperada por cumplir con su slogan MAGA (Make America Great Again) con el que logró volver a la Casa Blanca. Prueba lo señalado que no fue acompañado de políticos, sino que, de palos gruesos tecnológicos, de la élite tecnocrática que lo rodea. Ahí estaban Elon Musk de Tesla, Jensen Huang de Nvidia, Tim Cook de Apple, así como representantes de otras grandes empresas tales como Qualcomm, Boeing, Citigroup, Goldman Sachs.

No escapará a mis lectores que no fueron por bolitas de dulce. La hegemonía estadounidense, industrial, tecnológica y financiera está en declive. Y me atrevería a afirmar que a EEUU le salió el tiro por la culata. Recordemos la visita de Kissinger a China, en tiempos de Nixon, a comienzos de los 70, en 1971, para reunirse con Mao Tse Tung y Zou En Lai. Su objetivo fue abrir el mercado chino al aparato productivo estadounidense. Un mercado con dominio de una economía campesina, poco desarrollado, pero muy apetitoso por su magnitud, los millones de chinos. Lo concreto es que a partir de esta apertura los chinos se desarrollaron de forma tal que están terminando por dar vuelta la tortilla.

En poco más de medio siglo tenemos al primer ministro chino, Xi Jin Ping, frente a Trump hablándole de la “trampa de Tucídides”. Estoy seguro de que Trump, al igual que todos nosotros, lo desconocía, como lo prueba que haya quedado mirando al techo. Esta trampa hace referencia al riesgo de conflicto cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante. Tucídides fue un historiador griego que explicó la inevitabilidad de la guerra del Peloponeso (siglo V A.C.) debido a la emergencia de Atenas que activó las alarmas de Esparta, la potencia dominante.

Como puede verse, Xi fue al hueso, sin medias tintas, invitando a Trump a no caer en la trampa de Tucídides, esto es, la inevitabilidad de una conflagración entre una potencia emergente (China) y una potencia decadente (EEUU). Para estos efectos, Xi formuló la pregunta del millón: ¿Podrán China y Estados Unidos superar la 'trampa de Tucídides' y establecer un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?

Lo que hizo Xi, no fue una amenaza, sino una invitación a tratarse como iguales, lo que a Trump debe costarle tanto porque cree en el “destino manifiesto“ de EEUU, como por poner en jaque tanto su slogan MAGA como la expresión “God Bless America”. Pero lo peor de todo, para Trump y acérrimos sus seguidores en todo el mundo, es que China esté emergiendo con un sistema político que es la antítesis del que impera en occidente. Todo un tema que amerita otra columna, al menos una.

 

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