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| Foto de Pascal Bernardon en Unsplash |
Por estos días estamos viendo, gracias a Trump, que
Alemania está volviendo por sus fueros. Una suerte de resurrección del nazismo
y de volver a armarse. Todo, como consecuencia de unos EEUU que en manos de Trump postula
la necesidad de que la Unión Europea se las arregle por su cuenta, al mismo tiempo que
alienta el resurgimiento de la ultraderecha. Para ello apoya a los regímenes nacionalistas,
eufemísticamente llamados euroescépticos, que comulgan con su visión del mundo. Trump olvida que fueron los mismos EEUU quienes prohibieron el rearme de Alemania a fines de la década de los cuarente del siglo pasado.
Pocas dudas caben que busca horadar las bases de los
países que conforman la UE, unidad política, económica y social que se alcanzó
a fraguar a medio siglo del término de la segunda guerra mundial (2GM). La gran
paradoja es que, al término de la 2GM, con una Alemania derrotada, dividida, con
su economía por los suelos, para que no volviese a verse tentada por rearmarse,
las potencias ganadoras -EEUU, URSS, Francia e Inglaterra-, los aliados,
acordaron prohibir el rearme alemán, al igual que el rearme japonés.
Todo esto me recuerda el término de la primera guerra
mundial (1GM) de 1914-18, las condiciones impuestas por las potencias
vencedoras a través del tratado de Versalles a Alemania, también derrotada en
esa oportunidad. Entre ellas, las de prohibir su rearme. Esta prohibición,
junto con la ausencia de ayuda para recuperar la economía, fue generando un
contexto político y social que posibilitó la emergencia de un populismo que se
hizo carne en el nacionalsocialismo -nazismo en Alemania- bajo la figura de un
personaje, Adolf Hitler, quien tuvo la paciencia para esperar su hora, no trepidando
en violar las disposiciones que impedían el rearme alemán, impulsándolo bajo cuerda
con la venia de las élites políticas alemanas de entonces.
Para estos efectos, no dudó en explotar la realidad que
se vivía enfocando el blanco a grupos específicos de quienes conformaban la
sociedad alemana: los judíos, los comunistas, los gitanos, los homosexuales y
otros grupos minoritarios. La experiencia nazi ya sabemos cómo terminó: con su
hundimiento, dejando tras sí millones de muertos y familias destruidas. Como
consecuencia de esta 2GM uno de los acuerdos, al igual que cuando finalizó la
1GM, se acordó prohibir el rearme alemán. Pero ahora esta prohibición fue
complementada con un programa de ayuda para la recuperación no solo de
Alemania, sino que, de Europa, el llamado plan Marshall, concebido a partir de
la experiencia vivida después de la 1GM.
Este plan fue una iniciativa de EEUU con dos objetivos
explícitos y uno implícito. Los explícitos fueron contribuir a reconstruir una
Europa que estaba en escombros, y detener la expansión del comunismo de la
URSS. El implícito, fue evitar que Alemania volviese a tentarse a rearmarse.
El resultado de este plan, en Alemania, de la mano de
Ludwig Erhard, entonces ministro de finanzas del gobierno encabezado por Konrad
Adenauer, junto con la laboriosidad y disciplina del pueblo alemán, dieron
forma a lo que suele llamarse como el milagro económico alemán. La prohibición
de destinar recursos al rearme militar terminó siendo una ventaja para
Alemania, porque la forzó a concentrar sus recursos económicos y capacidades
humanas en su recuperación para convertirse en la potencia industrial que es
actualmente.
Por eso, no se entiende la presión de Trump para que la
UE aumente su presupuesto militar, que inevitablemente deberá provenir de una
disminución de recursos que se destinan a otros sectores. Lo más probable es
que con la mirada puesta en los negocios, Trump esté pensando en que el mayor
gasto militar de los países de la UE esté destinado a la compra de armamentos estadounidenses.
En el minuto actual, como están las cosas, Trump le está dando alas al
extremismo. Dijo que, con él en el gobierno, al otro día terminarían las
guerras. No está haciendo otra cosa que, todo lo contrario. Pero esto ya es
tema para otra columna.

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