abril 27, 2021

El factor político

Photo by Michael Dziedzic on Unsplash

La reciente resolución del tribunal constitucional (en adelante TC) en torno al tercer retiro del 10% de los fondos de pensiones ha sido un duro golpe al gobierno que apostó a la inconstitucionalidad del proyecto aprobado por el congreso nacional, tanto en la cámara de diputados como en el senado. Aprobación que incluyó a representantes adherentes del gobierno.

La decisión adoptada por el TC –también llamada la tercera cámara- da cuenta de que no existe una única verdad jurídica, de que todo puede interpretarse de una u otra manera. Interpretación que depende de los vientos que estén soplando, particularmente cuando estos vientos son muy fuertes, levantan polvaredas, amenazan temporales o tempestades. El lector se preguntará ¿de qué vientos estamos hablando? De los vientos políticos. No del clima en términos meteorológicos, sino que del clima político.

El TC, constituida por supuestos dioses nominados por las élites a propuesta de las distintas corrientes políticas dominantes, es un organismo supuestamente autónomo cuyos integrantes serían ilustres personajes. Éstos, estarían suficientemente iluminados como para no pertenecer a este mundo terrenal, estar por sobre el bien y el mal, sin ideología alguna, a pesar de que si les hacemos una radiografía, observaríamos que cada uno tiene su corazón inclinado hacia uno u otro lado.

Con su decisión, el TC ha demostrado la relevancia que tiene el factor político, que intervino no solo en esta ocasión, sino que está presente en todo momento. Confirmó que se trata de un órgano político más, incapaz de sustraerse al vaivén político imperante como aspiran los poderes fácticos.

Existe un cierto sector político, en particular la derecha y la centroderecha, que quiere hacernos creer que existen decisiones, particularmente las de orden económico, que deben adoptarse con independencia del factor político. Una y otra vez insisten en que todo lo que tiene que ver con la economía no debe verse contaminada por la política, o por factores políticos. Asumen que toda incursión de la política en la economía la contamina negativamente. Olvidan que la economía es política desde el minuto que productores y consumidores son personas con sus preferencias que naturalmente buscan incidir y dominar en los mercados, los que deben regularse de alguna manera. Las características de estas regulaciones, inevitablemente vendrán dadas por factores políticos, por quienes están en posesión del poder económico, social y/o cultural, ya sea a la vista o por debajo de la mesa. En este último caso se suele hablar de los poderes fácticos, los que actúan en las sombras.

A modo de ejemplo, recuerdo que el permiso posnatal fue negado una y otra vez por parte de la derecha cuando era oposición, porque desincentivaba la contratación de mujeres, y por tanto una medida que aparentemente las beneficiaba, terminaría perjudicándola. El argumento era esencialmente económico puro, ortodoxo, matemático, apolítico, como si estuviéramos operando sobre objetos inertes. Con el tiempo, de la noche a la mañana, modificaron su postura por razones meramente políticas. Tomaron la temperatura del ambiente y vieron que el horno no estaba para bollos.

Otro ejemplo viene dado al crearse las AFP, un vulgo sistema de capitalización privado obligatorio individual, basado en el aporte de los trabajadores, sin ningún aporte estatal ni empresarial, impuesto e implementado tan solo para el mundo civil. No incluyó al mundo de las FFAA y Carabineros, a quienes se les mantuvo un sistema de reparto. El fundamento básico de ello radicó en que las FFAA y Carabineros eran el soporte político del régimen del innombrable, que el mundo civil no tenía representación política alguna, salvo el mundo empresarial que se veía beneficiado al no aportar a los fondos de pensiones, y sí beneficiarse de ellos al posibilitar acceder a dichos fondos.

En síntesis, no nos engañemos, el factor político ha estado, está y estará siempre presente, a la vista o escondido. Inevitablemente, en cada fallo del TC, implícitamente el factor político entra a tallar. Nos guste o no.

abril 20, 2021

Covid19 y sus protagonistas

Photo by Huyen Pham on Unsplash

La pandemia está demostrando la importancia que tenemos todos para derrotarla. Sin embargo, esta responsabilidad descansa particularmente en los científicos, el personal de salud, los políticos, los empresarios y los periodistas.

Los científicos por sus capacidades para investigar el virus y encontrar vías para neutralizar su capacidad para atacar nuestra salud. Los resultados ya están a la vista con el desarrollo de vacunas en tiempos records. El personal de salud –médico y paramédico-  que está llevando a cabo un heroico combate por recuperar a los pacientes afectados por covid-19. Todos ellos, científicos y personal de salud, han sabido estar a la altura de las circunstancias.

Distinto ha sido el caso de políticos –de gobierno y oposición-, empresarios y periodistas. Políticos y empresarios, al igual que el grueso de los economistas ortodoxos, han tendido a privilegiar intereses políticos y económicos por sobre una visión integral, de conjunto, con la verdad por delante, que facilitara la adopción de medidas efectivas desde el primer minuto que se desató la pandemia. Los periodistas, por su incapacidad para ejercer su rol de cuarto poder, de controlador del poder político y económico, exigiendo que se provea de información veraz, completa y oportuna a la ciudadanía.

En consecuencia, si ha quedado algo de manifiesto desde el inicio de la pandemia, es la necesidad de disponer:

1. De un sistema de salud público robusto capaz de sortear los desafíos del día a día, y capaz de superar los desafíos que impone una pandemia como la que estamos enfrentando; y

2. De periodistas y medios de comunicación suficientemente incisivos, críticos y escudriñadores, que les permita cumplir con el rol de comunicar con meridiana claridad a la ciudadanía la realidad que se está viviendo y los fundamentos de las medidas adoptadas por las autoridades.

Por último, pero no por ello menos importante, se ha desnudado nuestra interdependencia: que lo que le ocurra a un tercero, también afecta a uno, y viceversa. Los contagios han puesto sobre la mesa que la salud de los demás incide en la salud de uno. Lo mismo se puede afirmar a nivel de los países. Lo que esté ocurriendo en otro país, de manera directa o indirecta, impacta en los demás países. En síntesis, ningún país se la puede solo sin la colaboración de los demás; lo mismo vale respecto de las personas. No sacamos nada solos, salvo aislándonos, si los demás no asumen también su responsabilidad.

En este plano se observa un fracaso político a nivel mundial de primer orden. La política de que cada país se las arregle con sus propias uñas, no ha funcionado, por el contrario, ha agravado el problema. La pandemia ha demostrado que para problemas mundiales se requieren políticas mundiales por sobre políticas nacionales.

La segunda guerra mundial dio origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), destinado evitar una tercera guerra mundial. En esta ocasión,  Covid19 está demostrando la necesidad de disponer de un organismo mundial, en este caso de salud como es la Organización Mundial de la Salud (OMS), con competencias y atribuciones que vayan más allá de sugerir o recomendar como ocurre en la actualidad.

abril 15, 2021

La vacuna ¿ha servido de algo?

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A más de un año del inicio de la pandemia y a varios meses de la aparición de la vacuna contra covid19, surge de boca de muchos, la pregunta del millón: ¿La vacuna ha servido de algo?

Se trata de una pregunta legítima. Recordemos que cuando partió todo a fines del 2019, y viendo los estragos que estaba causando covid19, las esperanzas se centraron en la pronta aparición de la vacuna salvadora. Gobiernos, laboratorios y científicos de todo el mundo concentrando sus esfuerzos en el logro de la vacuna. Los gobiernos proveyendo los recursos financieros para que laboratorios y científicos pudiesen desarrollar todo el proceso asociado a la fabricación de una vacuna al más breve plazo posible.

Es así como a fines del 2020 aparecen las primeras vacunas de distintos laboratorios que compiten entre sí en precios, en eficacia, en oportunidad de aparición, en seguridad. Las empresas farmacéuticas que están tras estos laboratorios están más que interesadas en el éxito de sus respectivas vacunas. Mal que mal, tras las vacunas hay apetitosas ganancias.

El tiempo de desarrollo de una vacuna es considerable, deben quemarse etapas investigativas, efectuarse pruebas orientadas a prevenir efectos adversos y a proveer el máximo de seguridad. De allí que desde que aparece un nuevo virus, hasta que aparezca una vacuna que lo neutralice, transcurre un tiempo no despreciable, que tradicionalmente ha tomado años.

En esta ocasión todo se ha dado en tiempo record, lo que es encomiable, pero no está exento de objeciones. Hay presiones de distinto orden, muchas razonables, así como otras espurias. Hay presiones de los gobiernos que desesperan al ver las caídas de sus economías, de las empresas farmacéuticas por “saltarse” pasos en el desarrollo de sus vacunas para ser los primeros.

Los medios de comunicación procuran informar a una población que enfrenta por primera vez un fenómeno de esta naturaleza donde pareciera que todos están dando palos de ciego sin saber a qué atenerse, como si estuviésemos ante una piñata cuando cumplíamos nuestros primeros años de vida. Las redes sociales multiplican mensajes contradictorios, donde unos y otros recurren a “expertos” con la última palabra en apoyo a las respectivas posturas.

Salen las vacunas a la cancha y nos encontramos con algunas paradojas. La pandemia no declina, incluso más, agarra vuelo. Entonces nos preguntamos, no sin razón ¿ha servido de algo la vacuna?

Los antecedentes dados más arriba pueden ayudar a respondernos.  Las vacunas han salido por la vía de la emergencia, esto es, sin haber pasado por todas las pruebas que un proceso normal hubiera implicado. La crisis sanitaria y económica ha obligado a gobiernos a abrirse a esta vía, la que está contemplada para situaciones como las que estamos viviendo. De allí que los niveles de eficiencia y seguridad no sean los que hubiésemos querido. En la cancha se están viendo los gallos, perdón, las vacunas. Ya lo estamos viendo con los efectos adversos por parte de vacunas que han afectado a algunos y que han obligado a ciertos países a suspender la aplicación de vacunas de marcas específicas. En estos días, en el contexto de una conferencia internacional pudimos observar cómo una experta que ya estaba en el podio, se desmayó en forma fulminante producto de una trombosis, ocasionada al parecer por una vacuna en particular.

En Chile tenemos un proceso de vacunación que ha asombrado al mundo entero, tal como en su momento Uruguay concentró la admiración mundial con su política de libertad responsable. Al final del día, todo se derrumbó. Hoy Uruguay y Chile son campeones en contagios, muertes y demases.

Chile tiene a buena parte de su población vacunada, pero así y todo, la pandemia sigue su curso, los hospitales están colapsando y el personal de salud ya no da para más.

¿Qué está pasando? ¿Significa que la vacuna no sirve para nada? Sirve, pero ella por sí sola no basta. Sirve desde el minuto que en Chile se está comprobando que la tasa de muertes por covid19 en la población de mayor edad está disminuyendo. Es justamente el segmento de la población que ya está mayoritariamente vacunada. No es un dato menor. Y la que está aumentando es la de la población de menor edad, que aún no está vacunada. Es claro que se está haciendo camino al andar. Es un tema de tiempo, no solo eso, es también un tema de comportamiento de gobernantes y gobernados. La vacuna no sirve de nada si bajamos la guardia, si seguimos revolviendo el gallinero como si acá no pasara nada. No, esto no es broma!

En todo caso, adhiero a lo que un amigo me ha hecho saber al hacerle llegar mi respuesta a la pregunta que encabeza esta columna, que la vacuna está demostrando que: 1. Las agencias responsables de aprobar medicamentos no son tan competentes como las circunstancias lo exigen; 2. La ausencia de liderazgo a nivel dirigencial, tanto en el ámbito político como profesional, ante un problema de primera magnitud; y 3. La existencia de “estupidez de rebaño”.

En síntesis, la vacuna sirve, pero no basta, no sirve tanto como quisiéramos porque salió apurada sin haber pasado la prueba de la blancura, y porque nos comportamos como si ella tuviera un efecto milagroso.

  

abril 13, 2021

¿Qué nos dicen los resultados de las elecciones en Ecuador y Perú?

Photo by Chandler Hilken on Unsplash

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Perú y Ecuador. En este último país fue la segunda vuelta ganada por el candidato de derecha, Lasso, exbanquero, en su tercera incursión presidencial. En Perú se trató de la primera vuelta, sin que ninguno de los candidatos obtuviera la mayoría absoluta, razón por la cual habrá una segunda vuelta entre las dos primeras mayorías.

En Ecuador, de alguna manera se preveía el triunfo de Lasso a pesar que en la primera vuelta, el candidato representante del correísmo, Araúz,  lo aventajó con creces. A duras penas, y a última hora, Lasso entró a la segunda vuelta, la que tuvo que disputar voto a voto con el candidato del movimiento indigenista, Yaku Pérez, quien dio la gran sorpresa.

El desafío de Lasso era entrar a la segunda vuelta. El correismo no ha logrado escapar al personalismo de su progenitor, lo que ha impedido su institucionalización y constituirse en un proyecto político confiable. Si bien se le suele adscribir a la izquierda, la verdad que ésta no lo reconoce como tal, lo que quedó demostrado en la segunda vuelta.

Lasso no la tendrá fácil, de partida no creo que le ayude su condición de exbanquero y su recetario neoliberal, tampoco le ayuda para nada las condiciones en que recibe el país. En todo caso esto último no le servirá para no cumplir las promesas efectuadas en campaña.

En Perú, se tenía una gran cantidad de candidatos en carrera, siendo una incógnita quiénes lograrían pasar a la segunda vuelta. Cualquier resultado habría sido una sorpresa y de hecho, lo fue. La primera mayoría recayó en un candidato de la izquierda radical,  Pedro Castillo, profesor primario rural y líder sindical., con casi un 20% del total de votos. Su frase favorita es "¡Nunca más un pobre en un país rico!". La segunda mayoría la obtuvo Keiko Fujimori en su tercera incursión presidencial con tan solo poco menos del 15% de los votos, la menor proporción de todas sus anteriores postulaciones. Si me forzaran a vaticinar qué ocurrirá en la segunda vuelta, me atrevería a apostar, aún a riesgo de perder la apuesta, que gana Keiko.

Para la derecha, en general la clave es pasar a la segunda vuelta. Lográndolo, las posibilidades de ganarla se elevan considerablemente aún cuando a ella entre con menor votación que su contrincante. ¿La razón? Es más fácil reunir los votos de la derecha, que los de la izquierda. ¿Por qué? Para estos efectos citaré al Pepe Mujica, expresidente uruguayo, quien sostuvo que “Las izquierdas se dividen por ideas. Las derechas se juntan por intereses”.  Esto se vio en la última elección presidencial chilena y lo seguiremos viendo no solo en Chile, en Latinoamérica, sino que en el mundo.

En síntesis, la derecha se las arregla, por las buenas, o las malas, para salir con las suyas.  Una realidad indesmentible. Para ello basta con ver lo que ocurre en Chile. La izquierda tiende a ser reacia a acercamientos al centro por temor a desnaturalizarse. Temores que tienen sus fundamentos, pero que alejan y dificultan sus posibilidades de acceder al poder político. Cuando ha logrado superar esos temores, ha triunfado sin mayores dificultades, pero quedando con sabor a poco luego de gobernar. Pone el acento en lo no alcanzado, en desmedro de los avances logrados, como ha sido el caso de la extinta Concertación en Chile. Olvida que un gobierno que quiera desarrollar cambios profundos en la sociedad, requiere de mayorías sólidas y consistentes. De lo contrario, saldrá trasquilada.

abril 12, 2021

La pandemia y la nueva constitución

 

Photo by Hedgehog Digital on Unsplash

La pandemia arrecia desafiándonos diariamente a adoptar todas las medidas a nuestro alcance para evitar que covid19 haga presa de nosotros. La buena noticia es que hay un proceso de vacunación en marcha, sin mayores contratiempos, observándose ya una baja en la muerte de adultos mayores,  primeros beneficiarios; la mala noticia, que covid19 sigue causando estragos, ahora en la población de menor edad, no obstante las restricciones que se nos han impuesto como personas y empresas. A ello se suma que está en duda la efectividad de la vacuna china con que se nos ha estado inoculando, y un peligroso copamiento de la capacidad de atención hospitalaria, tanto del personal de salud – médico y paramédico- como de la infraestructura física.

Más que buscar responsables o culpables de la realidad que estamos enfrentando, lo expuesto da cuenta de la necesidad de un análisis introspectivo respecto de los cuidados que están en nuestras manos implementar: distancia física, uso de mascarillas, lavado de manos, reducir salidas y contactos a los mínimos estrictamente necesarios.

Después de la noche, siempre viene el día; después de una tormenta, tiende a salir el sol. Más temprano que tarde, la pandemia será pasado. Por lo mismo es un imperativo no dejarnos llevar por la desesperación, muy por el contrario, es la hora de apretar la marca, de insuflarnos de optimismo, de no dejarnos arrastrar hacia la apatía, la indiferencia, la ansiedad (ver video). Ellas solo nos pueden conducir a un pozo negro. Ya llegará la hora de retomar los contactos físicos con nuestros seres queridos, del retorno a lo nuestro, a las conversaciones, a todo aquello que da sentido a nuestra existencia. Estamos en pausa. Ya volveremos en gloria y majestad.

Aprovechemos este período para repensarnos, para alterar nuestras rutinas, para hacer un alto en nuestra andadura existencial. Casualmente, o intencionalmente, estamos en medio de un proceso político conducente a disponer de una nueva constitución que también nos invita a repensar nuestra historia, lo que hemos sido como país, y el país que aspiramos tener.

La pandemia forzó el aplazamiento del proceso electoral. En cierto modo podríamos afirmar que la pandemia nos está dando tiempo para redefinir nuestras prioridades individuales, familiares, laborales y sociales, y vincularlas con el país que queremos.

Tendremos un Chile prepandemia y un Chile pospandemia. De nosotros depende que el Chile que emerja sea el que ansiamos. Ello se verá facilitado por la disposición con que nos encontremos a la hora de debatir la nueva constitución. Si nos atenemos a lo que las distintas corrientes políticas han estado planteando respecto del Chile que deseamos, no parecieran haber mayores desacuerdos: un país más amable, más integrado, más solidario, menos desigual, más respetuoso de la naturaleza, sin zonas de sacrificio. Las discrepancias parecieran centrarse en las vías para alcanzar ese objetivo. Esas discrepancias serán las que se deberán debatir en el marco de una pandemia que nos está exigiendo lo mejor de cada uno de nosotros en un entorno reflexivo.

abril 06, 2021

Gestionando las frustraciones

Photo by Christian Erfurt on Unsplash
En uno de los clásicos programas televisivos en el que se compite entre distintos concursantes, uno de ellos reaccionó de mala manera al ser eliminado y ver frustrados sus deseos de avanzar en la competencia correspondiente. Se sintió mal evaluado, afectado por una injusta evaluación.

A lo largo de nuestras vidas es inevitable que experimentemos una sensación de frustración cuando nuestras expectativas, nuestros deseos no son satisfechos. Es natural que así sea, particularmente cuando se perciba una sensación de injusticia. Sin embargo, por todos los medios posibles, debemos evitar perder los estribos, reaccionar mal. A como dé lugar debemos procurar sobreponernos. Caídas, frustraciones, tenemos todos, moros y cristianos.

Nos frustramos cuando queriendo jugar un partido, el entrenador nos relega a la banca; nos frustramos cuando postulamos a un puesto de trabajo que creemos merecer, y somos rechazados; nos frustramos cuando queriendo ocupar un puesto más alto en la empresa o tener una mayor remuneración, se pospone o rechaza nuestra petición; nos frustramos cuando remitimos un paper a una revista, y es rechazado o aceptado pero con múltiples observaciones que deberán ser acogidas; nos frustramos cuando postulamos un proyecto ante un fondo concursable o en una licitación, y es rechazado.

Los rechazos duelen, particularmente cuando ellos provienen de quienes lo hacen sin mayores fundamentos, razones o argumentos, ni sugerencias de mejoramiento. Así y todo, dado que inevitablemente pasaremos por tales situaciones, debemos  ser capaces de gestionarla, controlarla, manejarla, domesticarla, de modo que nuestra reacción juegue a favor nuestro, no en contra, sacando las lecciones del caso. No debemos permitirnos que la frustración nos deprima, nos hunda, sino que todo lo contrario, verlo como un escollo a ser superado.

Esto lo lograremos, ya sea por la vía de limitar nuestras expectativas o deseos, mediante la correspondiente reflexión introspectiva, como por un apropiado análisis del contexto en que nos desenvolvemos, con el propósito de cerrar la brecha entre lo deseado y lo posible.

También lo lograremos si somos capaces de asimilar las observaciones, las razones por las cuales en su momento fuimos rechazados. Una reacción proactiva por lo general da buenos resultados. De los rechazos se aprende más que de las aprobaciones. No pocas veces aprobaciones de buenas a primeras dan cuenta de evaluaciones displicentes, no rigurosas. Una evaluación más estricta, más severa, muchas veces puede más que una laxa, relajada. Hay momentos y momentos. Un paper o un proyecto que ha sido rechazado en una primera instancia evaluadora con observaciones de forma y fondo, pueden contribuir a que salga uno mucho mejor a aquel que fuera aprobado de buenas a primeras.

En el fútbol, y en el deporte en general, vemos con frecuencia cómo jugadores salen de la cancha en medio de un partido frustrados por el cambio ordenado por el entrenador. No pocas veces expresada con rabia o violencia. Lo mismo ocurre con los entrenadores cuando ven que se les escapa un triunfo a segundos del término del partido.

En síntesis, frente al mal tiempo, hay que apechugar, aguantar, recoger velas, sacar las lecciones del caso, ver qué mejorar, qué cambiar, aperrar, y volver a arremeter con todo. No renunciar ni bajar los brazos.

abril 04, 2021

La vida no es una carrera

Photo by Snowscat on Unsplash

En tiempos de pandemia, en una de las redes sociales vinculadas al mundo del trabajo apareció una queja expresada como sigue “Me quiero cambiar de trabajo, llevo 5 años de jefe de área y no veo oportunidades para subir de cargo”. Queja proveniente de quien con alrededor de 30 años se veía estancado, sin mayores horizontes, sin "poder escalar". Desgraciadamente se trata de un enfoque cada vez más frecuente, particularmente entre los más jóvenes o quienes inician su vida profesional.

Las preguntas que me hago cuando me encuentro con quienes así se plantean, es ¿Para qué quieres "subir de cargo"? ¿Crees que la vida es una carrera?

Esta conducta proclive al cambio laboral al interior de una empresa, o a otra empresa, es consecuencia de estar inmersos en una sociedad que estimula el “aprovechamiento de las oportunidades”, o que asocia el cambio al emprendimiento, a la innovación o a la creatividad. Sin querer queriendo, se alienta una visión de la vida como si de una carrera se tratara, de andar galopando por la vida buscando ascender, ganar más. Son quienes vinculan el éxito al ascenso laboral y/o salarial; en tanto que el fracaso se relaciona con la permanencia en un mismo puesto de trabajo, en una misma empresa. Desprecian la estabilidad privilegiando la volatilidad, la ambición.

Entre los gurúes o quienes ofician de coach, suelen afirmar que querer es poder, para lo cual interrogan a quienes recurren a sus servicios: ¿dónde quieren estar en 10 años más? En base a la respuesta proponen elaborar un plan, una hoja de ruta con el propósito de estar donde se quiere estar.

La vida me dice que se trata de una pregunta de difícil respuesta, o sin respuesta. Se requiere una lucidez y una clarividencia que está reservada para unos pocos. La mayoría nos movemos en las penumbras, somos como hojas a merced de vientos que no manejamos. Como dijera en su tiempo Ortega y Gasset, uno es uno y sus circunstancias, las que no manejamos ni controlamos. Circunstancias que nos superan, que acotan nuestro espacio de decisiones, que limitan nuestra elección y que no podemos soslayar, pero que sí debemos reconocer para una suerte de ajuste mutuo.

Por lo señalado, difícilmente podemos proyectarnos laboralmente, así como afirmar que nuestras vidas han sido tal cual las planeamos, tal cual quisimos que fueran.

Ver la vida como una carrera encierra costos no menores, tanto en términos de salud, como familiares, que no son despreciables. No todo lo que brilla es oro. El sosiego, la reducción de las ambiciones, una forma positiva de ver las cosas, la estabilidad, reporta beneficios no despreciables que en el último tramo de este trayecto de vida, se agradecen. Al final del día, lo que nos da sustancia, es lo que somos, más que lo que hacemos o tenemos, nuestro interior, nuestros valores, nuestro bagaje cultural, nuestra capacidad para relacionarnos con los demás y con la naturaleza. 

abril 01, 2021

La danza de los millones

Fuente: www.fundaciónsol.cl

La actual campaña política chilena asociada a las próximas elecciones, se caracteriza por: 1) tratarse de 4 elecciones simultáneas, la de constituyentes o convencionales, de gobernadores, de alcaldes y concejales; 2) la altísima cantidad de candidatos, la inmensa mayoría desconocidos para los mortales de a pie; 3) el alto número de candidatos independientes, o que postulan como tales; 4) la gran cantidad de candidatos que ocultan su militancia partidaria; 5) desarrollarse en pleno apogeo de una pandemia que se resiste a decaer; y 6) comprometer cuantiosos recursos monetarios.

No deja de sorprender este súbito interés electoral, incluso de parte de quienes abominan de la política, particularmente de quienes en su fuero interior quisieran que no hubiesen elecciones. Son quienes prefieren que apareciera algún “salvador” que nos ahorrara la realización de elecciones periódicas que solo abren espacio para que una chusma ignorante se haga partícipe de decisiones en el ámbito público. Resignados a que tengan lugar las elecciones quienes históricamente han tenido el sartén por el mango, se han lanzado al ruedo con el propósito de no perder los espacios de poder que poseen desde los tiempos de la colonia. Cuando en ocasiones han perdido tales espacios, no han dejado de recuperarlos con creces, sacando los aprendizajes correspondientes.

En esta columna me centraré en los recursos monetarios comprometidos, tanto los de origen público como privados, particularmente de estos últimos. Respecto de los primeros, no deja de llamar la atención que tales aportes sean directamente proporcionales a la votación alcanzada en las elecciones más recientes, esto es, a mayor cantidad de votos, mayor es el aporte público que reciben. Lo señalado implica que los partidos más grandes tienen derecho a recibir mayor cantidad de fondos públicos para financiar sus campañas políticas. Es como si en una carrera de 1,000 metros, a unos se les permite partir de más adelante o antes de tiempo, y a otros, desde más atrás o después que otros. Estimo que todos los partidos políticos legalmente establecidos, una vez cumplidos los requisitos exigidos para su formación, debieran tener acceso a la misma cantidad de recursos públicos, la misma cantidad de tiempo en los medios de comunicación masivos, etc.

Respecto de los aportes privados a la campaña resulta desvergonzada la nómina de los principales donantes. Sin duda que no se trata de algo nuevo, por cuanto siempre han existido bajo cuerda, con la ventaja de que ahora son de conocimiento público. Es un avance, pero ello no quita la distorsión que ella genera en la capacidad de difusión de los mensajes que los distintos candidatos desean entregar a la población. Al revisar la nómina de los donantes, ellos tienden a ser de lustrosos apellidos, cuyos discursos proclaman la intensificación de la competencia, pero que con sus apoyos financieros terminan reduciendo la competencia política.

Mal que mal con plata se compran huevos. Por lo demás, cuesta creer que tales aportes económicos sean por bolitas de dulce. Al observar quienes son los candidatos más beneficiados, particularmente a quienes postulan a la convención constituyente, uno no puede sino pensar que es para defender sus propios intereses antes que el bien común. O bien, que confunden sus propios intereses con los nacionales, fenómeno por lo demás bastante frecuente.

Lo señalado se confirma al conocer las cifras comprometidas. Que hayan candidatos recibiendo aportes privados por sobre $ 100 millones y otros por debajo de dicha cifra puede hacer la diferencia en el resultado electoral. Por suerte la correlación no es lineal, y se han dado casos de que han salido derrotados candidatos con mayores aportes, pero desafortunadamente no es la norma.

Por lo expuesto, para reducir la influencia del dinero en la política, en los procesos electorales, con miras a al fortalecimiento de la democracia, es indispensable una ciudadanía crítica, reflexiva, capaz de sustraerse a a los cantos de sirena con que diariamente nos bombardean. Cuál es la idea? Que no sea el dinero el que haga la diferencia, sino que la competencia de ideas. 

marzo 24, 2021

Los triunfos obnubilan .... se aprende más con las derrotas

Gustavo Espíndola on Unsplash


Como nunca antes hemos tenido tantos candidatos y tantas elecciones al mismo tiempo, en un mismo año y con una pandemia en nuestras espaldas. En esta ocasión me centraré en las elecciones presidenciales de fin de año, donde ha irrumpido un nuevo candidato, sumándose a los muchos ya existentes, Gabriel Boric, lanzado al ruedo por un movimiento llamado Convergencia Social, y ahora también respaldado por Revolución Democrática, ambos adscritos al Frente Amplio.

Pocas veces se ha visto que a menos de un año se tengan tantos candidatos, o pseudocandidatos, tanteando el terreno sin que asome ninguno como favorito de lado y lado. Si bien las encuestas posicionan desde hace tiempo a no más de dos como potenciales ganadores (Lavín y Jadue), los bajos porcentajes que les favorecen, y la gran proporción de indecisos, revelan que estamos ante un escenario que está extremadamente líquido, y donde puede ocurrir cualquier  cosa. Lo único que se podría asegurar es que, si concurren más de dos candidatos, como es lo más probable que se dé, nadie ganará por mayoría absoluta, y que por tanto, habrá segunda vuelta.

Al menos hasta ahora, por la derecha y la centroderecha ya están corriendo, o probando como viene la mano, 6 candidatos (José Antonio Kast, Joaquín Lavín, Evelyn Matthei, Mario Desbordes, Ignacio Briones y Sebastián Sichel); en tanto que por la izquierda y la centroizquierda, hasta ahora van 7 candidatos (Daniel Jadue, Pamela Jiles, Paula Narvaez, Luis Maldonado, Ximena Rincón, Heraldo Muñoz y Gabriel Boric). Si bien se sabe que para julio están programadas las primarias presidenciales, cuyos resultados para quienes participen en ellas son vinculantes, se desconoce tanto qué coaliciones irán a estas primarias. Tampoco se sabe quiénes son los candidatos que estarán disponibles para ir a ellas, quienes optarán por saltárselas para estar en la papeleta de noviembre, así como quienes tirarán la toalla de aquí a noviembre.

Lo más probable es que los resultados que arroje la convocatoria que tendrá lugar en abril para elegir convencionales, gobernadores, alcaldes y concejales, nos den mayores pistas, apuntalando a unos y hundiendo a otros. Entre paréntesis, no podemos obviar que esta convocatoria está en riesgo por una pandemia que está afectando con mucha fuerza a todo el país y que impide que la atención se centre en la justa electoral de abril. Sin perjuicio de ello, llama la atención que para la elección de convencionales, la derecha haya logrado concentrarse en una única lista, mientras la izquierda se ha desperdigado en una multiplicidad de listas. Con ello está farreándose la posibilidad de cambios sustantivos a nivel constitucional dado que bajo el sistema electoral en que se desarrollará la elección de convencionales, es un hecho que la izquierda estará subrepresentada. Ello ocurrirá por su propia incapacidad para levantar la mirada y superar el extremo divisionismo que le afecta.

Lo paradojal estriba en que la presencia de una derecha reunida en una única lista para la elección de quienes elaborarán la nueva carta fundamental, es consecuencia directa de la aplastante derrota experimentada en el plebiscito de octubre del año pasado. Allí su opción de mantener la actual constitución a duras penas sobrepasó el 20%, mientras la opción de cambiar la constitución obtuvo casi el 80%. El contundente triunfo de quienes querían cambiar la constitución, por el contrario, ha contribuido a  dar por ganado lo que no se ha ganado aún, creyéndose que la partida estaba ganada. La frustración que muy probablemente sobrevendrá traerá secuelas insospechadas.

Lo señalado demuestra una vez más que las derrotas enseñan más que los triunfos. Éstos tienden a enceguecer, a obnubilar, a perder la brújula, todo lo contrario de lo que suelen producir las derrotas, las que invitan a la reflexión, a la maduración, al aprendizaje. En su momento sostuve que el triunfo del apruebo en el plebiscito de octubre del año pasado corría el gran riesgo de convertirse en una victoria pírrica. Y así me temo que sea. Haciendo el símil futbolístico, cuando muchos creían que el partido había terminado, la realidad era que recién había terminado el primer tiempo, que vendría un entretiempo donde si el contrincante lo aprovechaba, podría revertir el resultado alcanzado cambiando su estrategia para el segundo tiempo. El partido termina cuando sean elegidos los convencionales. Incluso más, ni siquiera entonces se podrá festejar, ya que solo deberíamos hacerlo el día que emerja una constitución con la que concuerden no solo unos pocos, ni siquiera una mayoría, sino una gran mayoría, para que el país la sienta suya. Cuando sobrevenga ese día podremos cantar victoria y festejar con bombos y platillos.

marzo 17, 2021

RBU: ¿podremos vivir sin trabajo?

Photo by rupixen.com on Unsplash

En una anterior columna, titulada Dándole vueltas a la RBU, hice alusión a la necesidad de ir a una renta básica universal, rompiendo de esa forma la tradicional asociación entre trabajo e ingreso económico. Todo ello en razón de un desarrollo científico-tecnológico sin precedentes cuya capacidad de destruir fuentes de trabajo está superando con creces su capacidad para crear nuevas fuentes laborales. Postulo que vamos hacía un mundo que debiera permitirnos vivir bien sin la urgencia de tener un trabajo remunerado.

Es importante comprender que el concepto asociado a la RBU nace en medio de un contexto marcado por lo que se ha llamado la 4ta revolución industrial que está incrementando significativamente la incidencia del factor capital en desmedro del factor trabajo. Y dentro de éste, el trabajo rutinario, operativo, mecánico, en favor del trabajo intelectual del más alto nivel. Lo prueba la pérdida de peso de los sindicatos de trabajadores y el ascenso de las organizaciones empresariales. La pandemia lo está acelerando. El neoliberalismo en su salsa.

El resultado de esta revolución en la que estamos inmersos, como una ola que nos atrapa, es la automatización de una multiplicidad de tareas y funciones, la que si bien genera nuevos puestos de trabajo –más sofisticados, más intelectuales, que exigen más alto nivel educativo-, destruye muchos más –los rutinarios, de menores exigencias educacionales, de mayores exigencias físicas-. Todo ello conduce a un incremento de la cesantía, la que se ha sorteado, al menos hasta ahora, por la vía del invento de las tarjetas de crédito que posibilitan el consumo presente con ingresos futuros. Esto es, endeudándonos, con todas las consecuencias que ello implica en el ámbito de las familias y empresas. Consecuencias en lo financiero, en lo sociológico y psicológico. Ya lo estamos viendo.

Entre las observaciones recibidas se incluye aquella que sostiene que el trabajo está siempre presente, con o sin renta, con o sin esfuerzo. Mirado el trabajo como una actividad, un proceso o una tarea destinada a producir un resultado con independencia del esfuerzo que implique, o de los ingresos que genere, sin duda que estará siempre presente. En este plano, trabajo siempre habrá. El punto es que lo que se entiende habitualmente por trabajo está asociado a la percepción de ingresos económicos. Este es el cordón umbilical que el portentoso desarrollo científico-tecnológico está poniendo en jaque, en duda, en la picota. Es la máxima bíblica “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” la que está siendo zarandeada. En estricto rigor, desde una perspectiva positiva podríamos afirmar que vamos hacia un mundo con más trabajo intelectual, no necesariamente remunerado, con más tiempo libre u ocioso para hacer lo que queramos, desarrollar trabajos voluntarios, sociales, etc. Más que una educación o formación para el trabajo, quizás debiéramos pensar en una educación para vivir mejor, para el mayor tiempo libre que se asume debemos tener. De otro modo, ¿qué sentido tiene todo el progreso que vemos en todos los ámbitos si al final no sabemos qué hacer con el tiempo libre?

Todo esto me hace recordar cuando en su momento informé, urbi et orbi, que jubilaba. Dentro de las múltiples respuestas recibidas destaco dos extremas. Una, de un amigo de mi infancia escolar, quien me dijo que acababa de jubilar y que estaba cumpliendo el sueño de su vida: construir instrumentos musicales de cuerdas. Para ello se fue preparando disponiendo de las máquinas y herramientas apropiadas. Hoy está “trabajando” en lo que quiere, sin que por ello se le esté pagando. La segunda respuesta vino de un amigo de mi adolescencia universitaria, quien había jubilado dos años atrás. Desde entonces, ha estado en tratamiento producto de una depresión severa ya sea porque fue forzado a jubilar o porque su vida era el trabajo. Sin trabajo habría caído en una suerte de pozo negro. Como pueden observar, dos realidades extremas al final de toda una vida de “trabajo remunerado”. Uno se sintió liberado, el otro deprimido. No escapará a la comprensión de los lectores, que para cualquiera con dos dedos de frente la opción deseable es la primera. Claro que eso no siempre depende de la voluntad de uno. Mal que mal, como expresara Ortega y Gasset, uno es uno y sus circunstancias. Lo ideal es mantener a raya las circunstancias y que uno tenga la manija.

Bueno, pero ¿qué tiene que ver todo esto con el RBU? Pues que con una buena RBU podemos darnos el lujo de vivir como queremos, haciendo lo que queremos, disminuyendo aquellos trabajos que hacemos por obligación, pero que no nos gustan. Para eso estamos automatizándolo todo, para sublimarnos, tener una vida más plena, más tranquila, menos tensionada. De lo contrario ¿para qué sirve el progreso? ¿de qué progreso estamos hablando?

En otra columna espero poder abordar el punto ¿cómo lo financiamos? La pregunta del millón! 

marzo 13, 2021

La maldita pandemia

Photo by Quino Al on Unsplash

La pandemia tiene al mundo patas arriba. En Chile también estamos afectados. Sus estragos económicos, sanitarios, sociales siguen vigentes al igual que el cansancio y la incertidumbre, a pesar de que ya han hecho su aparición las vacunas.

Respecto de los comportamientos de gobiernos y de las personas, es difícil identificar a aquellos países con resultados que podríamos calificar como exitosos en su batalla contra covid19. Quienes parecieran haber contenido en alguna instancia la pandemia, cantando victoria antes de tiempo, por una u otra razón, no han podido evitar rebrotes.

En Chile ya llevamos poco más de un año con la pandemia a cuestas y no se ven signos de que amaine, sino que todo lo contrario. Todo ello no obstante que ya tenemos vacuna, que está en marcha un exitoso programa de vacunación que nos tiene en buen pie en términos de la cantidad de personas vacunadas. Los contagios y los muertos por covid19 persisten, al igual que la velocidad de propagación del virus.

Preocupante además porque la primera línea de los equipos de salud, si bien siguen vivamente comprometidos con dar batalla, muestran signos de agotamiento; también de decepción al observar que una alta proporción de la población incumple los protocolos establecidos para enfrentar la pandemia. El personal de salud –médicos, paramédicos, y de apoyo- se empiezan a preguntar si vale la pena poner en riesgo su salud y privarse de descansos al observar que la tasa de ocupación de camas está alcanzando niveles críticos, mientras la población es habilitada para concurrir a gimnasios, cines o casinos.

Hay algo que no calza, indicio de que no lo estaríamos haciendo bien y que debemos mejorar sustancialmente. Las autoridades de gobierno han gestionado bien y oportunamente el proceso de compra de la vacuna. El sistema de salud primario se ha lucido en el proceso de vacunación. Hasta ahora se observa pleno respeto a las prioridades de vacunación, a diferencia de lo que se ha dado en otros países, donde altas autoridades se han saltado la fila –véase los casos de Perú y Argentina-.

La pregunta que debemos hacernos es ¿en qué estaríamos fallando? Aventuraría dos hipótesis.

La primera, a nivel poblacional, un comportamiento que raya en la irresponsabilidad más absoluta por parte de no muchos, pero que incide. Las aglomeraciones, al igual que la participación en fiestas clandestinas, y el incumplimiento de los aforos y protocolos establecidos, son solo algunos ejemplos que están obstruyendo el abatimiento de la pandemia. Un exitoso proceso de vacunación no basta si va acompañado de un relajamiento en las conductas. Estos son los momentos claves que exigen aperrar para enfrentar la pandemia, dejarla atrás cuanto antes y que afecte al menor número de personas.

La segunda, a nivel gubernamental, de autoridades, la adopción de decisiones que no se entienden. Bajo el esquema de paso a paso, periódicamente vamos pasando de una fase a otra sin que se sepa cuáles son los criterios bajo los cuales se toman tales decisiones. Esta falta de transparencia no invita precisamente al acatamiento de las decisiones que se adoptan, las que finalmente se presume que obedecen a presiones de grupos de interés. Alguien sabe ¿cuál fue el criterio aplicado para el otorgamiento de los permisos de vacaciones? ¿cuál es la lógica que está tras la decisión para que una comuna pase de una fase a otra? ¿por qué dos vecinas contiguas, fuertemente comunicadas, estén en distintas fases? Si tales criterios existen, no se conocen, y por tanto habría una falla en la política de comunicación. En tal sentido los mensajes que se transmiten son equívocos. No se entiende que se promueva un relajamiento cuando los indicadores de contagios y/o de ocupación de camas alcanzan niveles críticos. 

Si se mejoraran estos aspectos, cabría esperar una positiva reacción por parte de la población con miras a remar todos juntos para el mismo lado y de este modo dejar cuanto antes atrás esta maldita pandemia.

marzo 10, 2021

España: reordenando el naipe político

Photo by Javier Martinez on Unsplash

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, España, del Partido Popular (de derecha), en forma sorpresiva, ha dado un golpe a la cátedra al convocar a elecciones anticipadas, alternativa contemplada en el sistema político español.

La decisión fue gatillada por la moción de censura presentada por Ciudadanos (partido de centroderecha) junto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en Murcia, comunidad donde Ciudadanos (Cs) gobernaba en coalición con el PP. La decisión se sustenta en irregularidades asociadas a abusos de poder y corrupción en el proceso de vacunación contra covid19 que afecta a la comunidad de Murcia. Irregularidades vinculadas a pasar por alto las listas de espera por parte de altos cargos del gobierno regional. Lo mismo que hemos visto en Perú, Argentina, Brasil y Paraguay. En Chile, al menos hasta ahora, nos hemos librado de caer en estos “deslices”. Como resultado de esta moción de censura, quien asumiría la conducción en Murcia, con el apoyo del PSOE, sería una representante de Cs.

Debemos tener presente que en España rige un modelo político autonómico, donde cada comunidad tiene su propio gobierno, y dada la fragmentación política que ha emergido de las últimas elecciones, ningún partido político tiene la fuerza suficiente para gobernar por sí mismo, viéndose forzado a hacerlo en coalición. En Murcia, al igual que en algunas otras comunidades, el acuerdo alcanzado en el año 2019 entre el PP y Cs fue que la presidencia fuera ejercida por un PP con el apoyo de Cs. Al respaldar la moción de censura presentada por el PSOE, Cs lo que hizo fue desahuciar el acuerdo en consideración a las irregularidades arriba mencionadas.

Esta decisión, de carácter regional, está teniendo un impacto nacional cuyas dimensiones y esquirlas aún no se dimensionan. Es así como en la comunidad de Madrid, su presidenta Díaz Ayuso, expulsa a los representantes de Cs en su gobierno y resuelve convocar a elecciones anticipadas, previendo que la moción de censura presentada en Murcia también tuviera lugar en Madrid. De hecho, el PSOE y Más Madrid (MM), una escisión de Podemos, la presentaron contra Díaz Ayuso. La duda ahora está en qué tuvo lugar antes, lo que deberá resolverse en instancias judiciales. Según lo que se resuelva habrán o no elecciones anticipadas.

Es preciso resaltar que Díaz Ayuso, con tan solo 42 años, es un todo un personaje dentro de su partido, el PP, ya que tiende a correr por la libre. Si bien fue aupada por su líder nacional, Pablo Casado, con la venia de Aznar, su postura más cercana a VOX que de Cs, incomoda a no pocos dentro del PP. Sin duda que Díaz Ayuso se está jugando al todo o nada al apostar por su victoria en unas elecciones anticipadas. Una jugada arriesgada en un escenario volátil.

Lo concreto es que los naipes, los comportamientos de los distintos partidos políticos, se barajarán de otra manera como consecuencia de lo que se está viviendo. Las coaliciones dominantes muy probablemente se reconfiguren, tanto a un lado como a otro. Por el lado de la derecha, el PP se sentía más cómodo con Cs que con VOX, pero lo ocurrido no hace sino facilitar un encuentro PP-VOX que muchos no veían con buenos ojos. Curiosamente, esto también impacta al gobierno nacional, encabezado por Pedro Sánchez, cuya coalición PSOE y Podemos no ha andado como un coche sobre ruedas, dado que su andadura que ha estado plagada de fricciones. Para el PSOE no deja de ser tentador romper con Podemos y aliarse con Cs, sin embargo su viabilidad es muy discutible, esencialmente porque Cs viene de baja. Siendo un partido que entró en escena con mucha fuerza en poco tiempo, también ha ido bajando su peso electoral con mucha rapidez. Las recientes elecciones en Cataluña así lo confirman.

Lo concreto es que el tablero político español está de miedo y es imposible prever en qué terminará.

marzo 04, 2021

Cuando un amigo se va

 

Se nos fue, físicamente para siempre, en la plenitud de su existencia, con 56 años, un amigo a quien conocí a poco de llegar hace ya más de 25 años, Sabino Rivero, Ingeniero Civil en Informática de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM)  quien trabajaba entonces en el centro de informática de la Universidad de Talca. A poco de llegar a Talca, en la segunda mitad del año 1995  tuve el privilegio de conocerlo y acompañarlo en un proyecto inédito que le tocó liderar destinado a crear un sistema para la gestión curricular, “hecho en casa”, desarrollado con recursos propios, apoyado por el personal que trabajaba en el centro. Dicho sistema ha sorteado todos los desafíos hasta el día de hoy y se mantiene como el núcleo del sistema vigente en la universidad, cambiando esencialmente su interfase con el usuario para adaptarse a los requerimientos de los usuarios con las nuevas tecnologías de información.

Posteriormente el destino quiso que nos reencontráramos. Frente a la intempestiva renuncia de un académico, y siendo yo director de departamento, le solicité apoyo para guiar un par de tesis y terminar de impartir un curso. Su apoyo fue total e inmediato, sin condiciones, ni vacilaciones.

Años después, en el 2010, las vueltas de la vida lo alejaron del centro de tecnología de información, destinándosele a la escuela de ingeniería en informática empresarial creada en el 2005. Desde el primer minuto se puso a disposición de la escuela, entonces liderada por el ingeniero Andrés Ruiz Tagle, a quien le correspondió la fase de creación de la carrera con un sello propio, el de aprender haciendo en estrecho contacto con las empresas de la región. En el 2011, Ruiz Tagle emprende nuevos derroteros y a la escuela se le solicita un nombre para dirigirla. Sabino estaba recién incorporado a ella. A uno de los académicos se le ocurre proponer su nombre. Pensé que no aceptaría, pero él no dudó en aceptar que su nombre fuera propuesto a la rectoría si generaba consenso entre sus colegas. Esta reacción retrata una de sus características: su disponibilidad, su apertura a enfrentar nuevos desafíos.

Con Sabino se da inicio a una nueva fase en el desarrollo de la escuela, la que denominamos de consolidación. Con el apoyo de todos los académicos de la escuela, y un proceso de acreditación en marcha, consigue que en el año 2012 ella se acreditada por 5 años, todo un logro para una carrera nueva y con un título único en todo el país. Terminado ese período, logra una nueva acreditación por 6 años, expresión de reconocimiento a un trabajo de participación en el que estuvieron implicados egresados, alumnos, académicos, administrativos, autoridades. En todo este proceso Sabino mostró dotes de liderazgo no clásico, un liderazgo blando. Lo prueba el hecho de que lo quieren moros y cristianos, alumnos y egresados, colegas. superiores y subordinados. A cada problema le buscaba su solución. A cada alumno un consuelo. Acá muestra otra faceta de su personalidad: veía el vaso medio lleno, no medio vacío.

Sin previo aviso, intempestivamente, covid19,  traicioneramente se lo llevó, dejándonos en la estocada a quienes tuvimos el privilegio de su amistad y/o de conocerlo. Hoy despedimos a un hombre bueno, sencillo, modesto, que nos quiso y se hizo querer. Tranquilo, mesurado, tolerante, abierto, sociable, amante de la naturaleza y de la parrilla.

Fueron muchas las ocasiones en que compartimos jornadas de trabajo y convivencia. Este es un adiós que duele doblemente por irse en la plenitud de sus condiciones y dejar un sentimiento de orfandad en su familia y entre los amigos que tuvimos el honor de contar con él.

Con todo, para quienes seguimos en este derrotero, tendremos que superar su ausencia física animados por su ejemplo de profesionalismo, sencillez, calidez y humildad. Mientras lo recordemos seguirá viviendo en nuestros corazones.

marzo 03, 2021

Dándole vueltas a la renta básica universal (RBU)

 


En el ámbito público, se ha estado dando un debate, desde el inicio de la pandemia respecto de si priorizar la economía del país o la salud pública. Este debate tiene su origen en que sin trabajo es imposible vivir, y sin salud te puedes morir.

La afirmación de que sin trabajo es imposible vivir, a esta altura del desarrollo científico-tecnológico y de lo que vemos a diario, es a lo menos discutible. A propósito de esta afirmación, en una sobremesa familiar, en medio de la conversación me atreví a sostener que vamos hacia un mundo sin trabajo tal como lo hemos concebido hasta ahora. Por tanto, más temprano que tarde, tendremos que romper el cordón umbilical entre trabajo e ingreso al que estamos habituados por los siglos de los siglos. Esto implica que, irremediablemente tendremos que ir hacia lo que se ha dado en llamar renta básica universal (en adelante RBU), una suerte de piso que nos permita vivir con independencia de si tenemos o no trabajo.

Esta concepción se ha visto reforzada gracias a la pandemia, la que ha puesto de manifiesto la fragilidad del mundo laboral. Bastó un covid19 para que muchas actividades disminuyeran su nivel habitual o se dejaran de realizar –turismo, hotelería, gastronomía, comercio-, lo que motivó que muchos perdieran sus empleos, el consumo descendiera significativamente. La consiguiente grave crisis sanitaria y económica, ha impulsado a los distintos gobiernos del mundo a implementar fórmulas orientadas a amortiguar el impacto pandémico.

En materia sanitaria, aprovechando la entrada en escena de las vacunas, han puesto en marcha procesos de vacunación, con mayor o menor éxito según el país que se trate; en materia económica, se han activado subsidios de cesantía e ingresos familiares de emergencia. Estos últimos no son sino un prolegómeno de lo que se entiende por RBU. Su única diferencia estriba en que el primero, tal como su nombre lo indica, es de emergencia, y por lo mismo se asume temporal, a diferencia de la RBU que tiene carácter permanente. Digo que es un prolegómeno porque si el desempleo se mantiene en el tiempo, la RBU va ir cobrando fuerza para evitar males mayores. De hecho, aun cuando la pandemia quede atrás en el tiempo, la RBU se irá consolidando a medida que se profundicen los procesos de automatización, disminuya la demanda de empleo por parte de las empresas, se agudicen los conflictos sociales por la falta de empleo.

Estamos inmersos en una sociedad que tiene una capacidad de destrucción de puestos de trabajo que está muy por encima de su capacidad de creación de nuevos puestos de trabajo. Si a la fecha esto no se ha puesto de manifiesto ha sido tan solo gracias a la aparición de las tarjetas de crédito que nos han permitido incrementar nuestro consumo en base a endeudamiento. Este endeudamiento encierra un costo que va más allá de los usureros intereses cobrados, que terminan expresándose en tensiones, depresiones, obesidades, y las más diversas psicopatías.

En la sobremesa familiar fue inevitable que surgieran dos puntos que para quienes se oponen a la RBU son cruciales. Uno de ellos tiene relación con la anomalía que implica la percepción de un ingreso sin trabajar, y el otro tiene que ver con ¿cómo lo financiamos? Estas observaciones espero abordarlas en próximas columnas.