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| Foto de Growtika en Unsplash |
Toda empresa, a la hora de tener que contratar a un profesional, quisiera contratar a quien tenga experiencia y esté en la cresta del conocimiento en la disciplina correspondiente. Dados los vertiginosos cambios científico-tecnológicos en que estamos inmersos, se trata de un desafío no menor.
No es el único desafío,
puesto que también estamos en tiempos en los que ha cobrado creciente
relevancia contar con profesionales con capacidad para ensamblar, integrar conocimientos,
capacidades, competencias que habitualmente eran contrapuestos, incapaces de convivir en un
mismo profesional.
Al momento de crearse
la carrera de Ingeniería en Informática Empresarial (IIE) estos dos desafíos
estuvieron muy presentes en su gestación, y fue el sello que se le impuso desde
el primer minuto por parte de su director de entonces, Andrés Ruiz-Tagle, a quien tuve el
gusto de acompañar junto a otros académicos que proveníamos del Departamento de
Informática, así como de otros departamentos de la entonces Facultad de
Ciencias Empresariales (FACE), hoy Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Talca.
El primer desafío,
implicó generar un plan de estudios tal que los estudiantes de IIE, no solo
egresaran con un título bajo el brazo, sino con experiencia. Para estos efectos
la carrera tomó muy a pecho el modelo orientado al desarrollo de competencias
en el que se había embarcado la Universidad de Talca.
Un modelo que miraba
la competencia como la puesta en acción, la puesta en práctica de un conjunto
de capacidades. Competencia que debía evidenciarse. De allí que al menos una
asignatura, en cada semestre, debía tener asociado el desarrollo de un proyecto en
una empresa, proyecto que debía dejar evidencias de que se estaba en posesión de
la competencia a desarrollar. A esto se agregó la inclusión del concepto de
consultorías, en reemplazo de las tradicionales prácticas.
Esta concepción es la
que permitió que los estudiantes de la carrera, al minuto de egresar lo
hicieran con experiencia laboral. No era primera vez que incursionaban en una
empresa, ya estaban fogueados, le habían perdido el miedo. Esta es una faceta
de la carrera que tanto los egresados como los empleadores valoraban muy
positivamente.
El segundo desafío,
formar egresados capaces de fusionar conocimientos que suelen estar en veredas
opuestas, estuvo en la génesis misma de la carrera, dado que los ámbitos de la gestión
y de la tecnología se daban la espalda. Se era un profesional de la gestión, o
se era un profesional del mundo de la tecnología. IIE fue la primera carrera de
pregrado, en todo el país, que asumió la tarea de formar un profesional que
integrara competencias en materias de gestión y tecnológicas.
Satisfechos estos
desafíos, no podemos sentarnos en los laureles porque los desafíos de hoy son
otros. El mundo está cambiando, y mucho con la irrupción de la inteligencia artificial.
Esta incide tanto en el mundo educativo, como en el mundo del trabajo. El rol
del profesor docente ya no es el tradicional, al igual que la forma de trabajar
en las empresas.
Al menos los egresados de las primeras generaciones pueden dar fe de lo expuesto.

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