marzo 07, 2026

El mundo de hoy

EEUU e Israel, de la mano de dos halcones, Trump y Netanyahu, decidieron cortar por lo sano matando de un paraguazo a la cúpula gobernante de Irán. Cualquiera diría que se guiaron por el refrán “matando la perra se acaba la leva”. Así se expresaron, en una comunicación interna los conjurados el 11 de septiembre de 1973, al ordenar en Santiago de Chile, el inicio del bombardeo a La Moneda. Sin embargo, la historia nos dice todo lo contrario, dado que la perra resucita una y otra vez.

Como siempre, de la boca para afuera, las razones esgrimidas se centran en la restauración de las libertades, de la democracia. Este es el segundo, tercero, cuarto o quinto acto -ya he perdido la cuenta- de quien presumiera, en plena campaña electoral, hace poco más de un año, que suprimiría las guerras al día siguiente de su mandato: Trump, personaje que se mantiene al pie del candelero sin arrugarse siquiera. Si se le ha de reconocer una virtud, esta sería la de tener cuero de chancho.

El ataque a la dirigencia gobernante iraní fue precedido de la captura, hace menos de dos meses, de Maduro, el presidente venezolano, para llevárselo a EEUU. Y ahí Trump lo tiene en la cárcel sin que en Venezuela se arme la zamba canuta. Ahí tiene a Delcy, la presidenta “encargada” viendo cómo se porta. Todo apunta a que lo estaría haciendo bien según los cánones de Trump. Como premio, ahora han reanudado relaciones diplomáticas, las que se habían cortado en tiempos de Maduro. Mientras tanto, éste en la cárcel, muy bien gracias, sin que nadie esté moviendo un dedo por él. Por esta vía está ahogando a Cuba dado que le cortó el suministro de petróleo venezolano.

A este paso, poco a poco, espera recuperar lo que fue el patio trasero de EEUU, rememorando la doctrina Monroe, ahora Donroe en homenaje a Donald. Para celebrar, organizar, planificar esta recuperación, por estos días se están reuniendo más de 10 escuderos latinoamericanos de Donald en su residencia de lujo y descanso, localizada en Palm Beach, Mar-e Lago. Entre los invitados está nuestro presidente electo, José Antonio Kast, quien se codeará con la creme de la creme, para recibir las instrucciones con miras a detener y retroceder la influencia china.

Tanto Rusia como China, se hacen los desentendidos, no sé si para evitar males mayores, o porque no saben qué hacer, o porque se han hecho la repartija de las zonas de influencia: América Latina para EEUU; Ucrania y otros para Rusia; así como Taiwan y otros para China. Este último, lo más probable es que tenga más de alguna carta guardada bajo la manga.

Hay varias cosas que no entiendo, que no he logrado desentrañar, así como otras que sí entiendo. No entiendo que los países europeos estén absolutamente paralogizados, y lo que es peor, divididos; no entiendo que se crea que por medio de la devastación en el Medio Oriente se crea que se pueda llegar a la paz; no entiendo que se piense que el descabezamiento de un régimen por la vía del secuestro (caso venezolano) y/o del asesinato (caso iraní) quedará impune y suponga la restauración de la democracia. No entiendo que se crea que la paz se alcance por medio de la guerra.

Sí entiendo que estamos ante la intención de imponer la fuerza bruta, el imperio del poder económico y militar, por sobre el camino que se ha intentado recorrer desde fines de la segunda guerra mundial: el de la Organización de las Naciones Unidas, el del diálogo, del derecho internacional. Todo esto está saltando por los aires. Duele decirlo porque representa un fracaso de la política y el triunfo del militarismo.

Vivimos tiempos en los que abogar por la paz, oponerse a la guerra, suena a woke, una expresión con una fuerte connotación negativa. Trump y sus seguidores se creen los cowboys, los superman de los tiempos actuales, los realistas, quienes han resuelto tomar el toro por las astas y dejar de andarse con payasadas, feminismos, pacifismos, buenismos, ecologismos, indigenismos, y quién sabe cuántas yerbas más. Trump y sus perros falderos están empeñados en una cruzada destinada a salvarnos para extirpar el cáncer que nos estaría corroyendo.

Todo esto mientras en la Casa Blanca los pastores se reunían alrededor de Trump, posando sus manos en los hombros de Trump, orando, no para detener las guerras desatadas, sino para ganarlas. Todo esto, mientras las órdenes del mismo Trump siguen su curso.  La siguiente tabla es bastante ilustrativa del historial de EEUU sobre el tema y el record que está batiendoTrump.

En mi modesta opinión, al mal no se le vence con otro mal, o con más mal, sino todo lo contrario. Pero esto parecería ser algo woke.

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