marzo 19, 2026

Con licencia para matar

Foto de Jeff Kingma en Unsplash

Como dos matones de barrio, Trump y Netanyahu, se encuentran haciendo de las suyas. La lógica que tienen es impecable: prevenir y/o liberar. El mismo racional de siempre, y de los mismos de siempre. Prevenir que tengan la capacidad de producción nuclear, de tener la bomba atómica, o de instalar un régimen que coarte las libertades. Liberar a los pueblos de tiranías, de regímenes opresivos. 

Mientras Netanyahu habla poco, Trump habla hasta por los codos, pero ambos hacen gala de su poder armado, con licencia para matar. El fin justifica los medios, no importando si en el camino caen niños ni civiles. Todo vale en esta cruzada.

Esto terminará mal. De momento se trata de guerras, bombardeos, capturas, asesinatos, bloqueos que estamos viviendo por vía televisiva, pero cuyas consecuencias recién estamos empezando a percibir. Lo más trágico en que observamos los acontecimientos impertérritos, sin capacidad para hacer nada, para detenerlo. Estamos ante la imposición de la fuerza bruta, del ingreso a un mundo sin reglas. Los esfuerzos desplegados hasta la fecha para revertir este estado de cosas, al menos hasta ahora, han sido insuficientes e infructuosos.

No me calza que Trump pueda capturar a un presidente, el de Venezuela llevárselo a su casa, y no pase nada. Si alguien pensó que era para restaurar la democracia, ya se habrá percatado que tras el rapto está el interés por apoderarse del petróleo que yace bajo suelo venezolano. Si alguien pensó que el pueblo venezolano saldría a defender a su presidente convertido en rehén, se habrá percatado que eso no ocurrió, sino todo lo contrario.

No me calza que Trump pueda colocar un testaferro en Cuba para dar vuelta la tortilla, lo que está a punto de ocurrir si es que ya no ha ocurrido, sin que pase nada. Si alguien pensó que el pueblo cubano saldría a las calles a defender la revolución, se habrá percatado que eso no ocurrió, y capaz que termine ocurriendo lo contrario, que las masas salgan a las calles celebrando la “liberación”.

No me calza que Trump e Israel maten de un paraguazo a la cúpula gobernante iraní sin que pase nada. Dicen que lo hacen para liberar al pueblo iraní de un régimen opresor nacido a partir de la revolución islámica de 1979. Cualquiera con dos dedos de frente se percatará que lo que le interesa a Trump no es la instauración de la democracia, sino el petróleo. En tanto que a Netanyahu lo que le importa es que no tenga capacidad nuclear.

Lo que estamos viendo es la caída de máscaras. Lo que está importando es el poder puro y duro. Nada de democracia, organismos internacionales, de paz, de reglas, de DDHH, ni qué otros ocho cuartos. Todo esto está saltando por los aires.

Aprovecho de señalar que los regímenes imperantes en Venezuela, Cuba e Irán son de mi devoción. Mis preferencias de gobierno están muy lejos de lo que esos regímenes representan, por lo que de estas líneas no cabe deducir que adhiero a ellos. Quienes me conocen, bien lo saben.

¿Qué es lo que me está llamando la atención?

Uno, que ahora las intervenciones son puntuales, capturando o matando a peces gordos, esperando que surjan líderes políticos locales, testaferros, sin involucrarse directamente. Así han procedido en Venezuela y esperan hacerlo en Cuba e Irán.

Dos, que Rusia y China no se estén dando por aludidos, no implicándose. En el caso de Rusia presumo que por estar centrado en Ucrania, y no tener capacidad de producción interna de petróleo. El caso de China, es distinto, para no empeorar las cosas, pero en algún minuto sospecho que tendrá que meter la cuchara porque su aparato productivo es altamente dependiente del abastecimiento de petróleo de Irán.

Tres, que ni Trump ni Netanyahu hayan querido descabezar el régimen de Corea del Norte, país que sí tendría la capacidad nuclear que los iraníes han querido desarrollar. Quizás por eso mismo no lo han descabezado, porque ganas les debe sobrar. Y también porque Corea del Norte no tendría petróleo. A fin de cuentas, lo que está tras todo esto, es el control del petróleo.

Cuatro, todo esto me hace recordar tiempos de niños, en los que uno quiere llevarse todas las pelotas. Yo puedo tener la pelota, pero tú no, y si tienes una, te la quito porque solo yo puedo tenerla. Los países que tienen capacidad nuclear no quieren que otros países la tengan. El remedio para esto es simple: que nadie la tenga. O nadie tiene una pelota, o todos tienen una pelota. ¿Por qué unos sí, otros no? ¿Porque unos son buenos y otros los malos?

Con todo, soy optimista. No puede triunfar el mal. Más temprano que tarde, el bien se impondrá.

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