febrero 25, 2026

El declive del credencialismo

Foto de MD Duran en Unsplash

Estamos ingresando a un mundo que está exigiendo más evidencias de capacidades, antes que títulos o certificaciones. Hoy por hoy las empresas están tendiendo a contratar personas más  por lo que han sido y son capaces de hacer, antes que por sus diplomas, títulos de pregrado o posgrado y/o credenciales educacionales de cualquier otro orden.  La pregunta es ¿por qué?

Bien sabemos que todo título o certificado no es sino un documento, de rango oficial, que acredita el cumplimiento de un conjunto de requisitos específicos por parte de quien es identificado en el documento. Se asume que el cumplimiento de tales requisitos asegura al titular la adquisición de un conjunto de saberes para desempeñar determinadas funciones dentro de una organización y/o en la sociedad.

Esta columna nace porque estamos viviendo tiempos de pérdida de valor de los títulos, postítulos, certificados. Visualizo 4 motivos de esta devaluación.

Uno, porque el titulo o certificado no acredita lo que dice acreditar, lo que puede ocurrir cuando hay manga ancha a la hora de exigir y/o calificar, y que denomino inflación educacional.

Dos, porque en un contexto de vertiginoso desarrollo científico-tecnológico, todo se ha vuelto volátil, incluidos los títulos y certificados, puesto que los conocimientos, las habilidades que se exigen hoy, difieren de los de ayer.

Tres, porque la educación está siendo vista por no pocos como un negocio que hay que estrujar al máximo por la vía del marketing, aprovechando las dificultades del mercado para constatar la calidad del servicio educacional.

Cuatro, porque el perfil del cargo a ocupar está mal definido, exigiendo títulos o certificados que no garantizan que una persona se desempeñe efectiva y eficientemente en él.

Lo expuesto explicaría porqué el credencialismo está en la picota, en jaque. Lo que la sociedad, las empresas están exigiendo son pruebas indesmentibles, actuales, de competencias, de potencialidades, que no todo título o certificado es capaz de validar.

De allí que nos encontremos con empresas que cuando piden a un ingeniero, además exigen que su título no provenga de universidades determinadas. Está también el caso de que aún sin explicitarlo, priorizan a quienes tienen títulos o certificaciones de instituciones específicas.

También se tiene el caso de empresas interesadas en contar solo con profesionales que hayan egresado dentro de los últimos 5 años. La experiencia sigue teniendo valor para las empresas, pero dentro de ciertos límites.

Las credenciales y los certificados cumplen un rol de filtrar, discriminar, seleccionar a quienes cumplen ciertos requisitos respecto de quienes no los cumplen. Cuando no cumplen este rol, inevitablemente pierden valor en el mundo laboral, y es lo que pareciera estar ocurriendo.

El énfasis en el credencialismo abre un espacio desmesurado a quienes poseen títulos y certificaciones de competencias que, a la hora de la verdad, de ponerse en acción, no tienen. En tal sentido es una buena noticia que las ofertas de empleo exigiendo títulos o certificaciones de cualquier orden, estén disminuyendo.

Al menos es lo que está ocurriendo en los países de mayor desarrollo. Por ejemplo, Google recientemente acaba de contratar un alto número de personas sin títulos ni licenciaturas, que no han estado en la universidad, pero que resuelven problemas reales, que son autodidactas, capaces de aprender por su cuenta. Son personas que no tienen las paredes atiborradas de títulos y certificaciones. Todo un signo

Estamos entrando a un nuevo mundo, un mundo en el que la selección basada en títulos y certificados excluía a talentos que se aburrían en clases y/o son incapaces de seguir un plan de estudios plagado de asignaturas que no les interesan.

Ya no importa qué ni dónde estudiaste, sino qué has hecho, o cuáles son los frutos de tus estudios. Tu portafolio de evidencias, antes que tu portafolio de títulos, grados o diplomas.

Para los chantas, que el credencialismo esté en declive es una mala noticia.

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