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| Foto de Sean Ferigan en Unsplash |
Parece increíble todo lo que ha estado haciendo Trump en su primer año de gobierno, disparando de chincol a jote, dejando la crema, por decir lo menos, tanto a nivel interno, como externo. Pocos, muy pocos iluminados han sido capaces de prever lo que sobrevendría. Tal como hay borrascas, temporales, ciclones en el ámbito climático, Trump está representándolo en el ámbito político. Y eso que la película aún no termina.
El ciclón Trump se veía
venir, era absolutamente previsible, pero no queríamos verlo. Hay algo que nos
impide ver, que nos impide creer, tal como hace casi un siglo atrás ocurrió en
Europa, cuando surgió la figura de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia.
Siempre cuesta creer lo increíble. Dejamos pasar, total, no es para tanto, son
exageraciones. Todos los signos, todas las pistas, todas las huellas que nos
pongan por delante son insuficientes cuando no queremos creer
Es lo que está ocurriendo
con Trump. En su primer mandato dejó algunas pistas de su carácter autocrático,
el que no pudo desarrollar por estar encorsetado por un congreso que no le era
afín. Hoy el panorama es distinto porque, al menos hasta ahora, el partido
republicano es mayoría en el congreso, y porque tiene a los republicanos en el
bolsillo. Mientras tanto, los demócratas están paralizados,
paralogizados, no atinan a reaccionar.
Todo esto está cambiando,
muy lentamente, muy a destiempo, pero está cambiando. Y estos cambios hay que
reforzarlos. Es imperativo poner freno a todos los autócratas, a todos los que
creen que pueden hacer lo que quieren, sean de la ideología que sean, de
izquierda, derecha, arriba o abajo. No podemos mantenernos impávidos ante los
abusos de poder. Nuestra pasividad terminará por pasarnos la cuenta. Nadie
tiene derecho a hacer lo que se le antoje en perjuicio de terceros.
Trump lo está haciendo a
vista y paciencia de todo el mundo. Cree que es llegar y llevar (*). Aspira imponer
el imperio de la fuerza bruta. Si no haces lo que quiero, te impongo aranceles;
si no subes el gasto militar, te bloqueo. Y así está gobernando para complacer a sus adherentes agrupados en Make América
Great Again (MAGA).
Se ha dado el lujo de capturar
a Maduro en Venezuela, sin que pase nada, sin que haya reacción ni capacidad reactiva
alguna por parte del gobierno y el pueblo venezolano. Ahora, está jugando con Venezuela
de la mano de Delcy Rodríguez, la “presidenta encargada”. ¿presidenta encargada
de quién? ¿de Venezuela o de Trump?
En una conferencia de
prensa, también se dio el lujo de trapear públicamente con el primer ministro
de Ucrania, Zelensky, enrostrándole que estaba perdido, que tenía que ceder
ante Putin. También ha menospreciado a Europa, aprovechando la falta de unidad,
la existencia de distintas posturas en los gobiernos que constituyen la Unión
Europea (UE). Trump no ha dado puntada sin hilo. Trump y Putin son las dos
caras de una misma moneda.
En su campaña, Trump sostuvo
que la guerra en Ucrania la terminaría en 24 horas. Afirmación que suponía la
entrega, el abandono de Ucrania por parte de Europa para complacer a Putin. Lo
concreto es que la guerra continúa desangrando no solo a Ucrania, sino que al
mundo entero.
Si a esto agregamos la pretensión
trumpista de hacer suya Groenlandia, por las buenas o las malas, tenemos la
mesa servida. Por suerte, al menos para este caso, la UE parece haberse puesto
de acuerdo, forzando a Trump a poner marcha atrás. El mensaje es claro: ante
personajes de este tenor, no caben respuestas pusilánimes. Macron parece ser uno de los primeros en visualizarlo.
Ahora se le abrió un
frente interno gracias a la ICE, la policía de control inmigratorio, cuyas
actuaciones están generando consecuencias que delatan el tenor, el verdadero
rostro del gobierno de Trump. Los miembros de ICE parecen ser equivalentes a
las fuerzas paramilitares, o policías secretas propias de las dictaduras, como
fueron los Tonton Macoutes de Duvalier, los miembros de la Schutzstaffel (SS) de
Hitler, los integrantes de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos
Internos) de Stalin, y quienes conformaron la DINA (Dirección de Inteligencia
Nacional) de Pinochet en Chile.
La elección parlamentaria de
fines de año, en EEUU, es la oportunidad para ponerle freno a la embestida trumpista, la
que debe ser acompañada por una postura de párele por parte de Europa y el
resto del mundo. Trump es el clásico personaje que exige tener al frente a quienes
tengan la capacidad para entender que no es con palabras de buena crianza, ni
cediendo terreno, como puedas hacerlo entrar en razón.
Todo esto se enmarca en la gran batalla cultural en que se ha embarcado Trump bajo la premisa de que el mundo occidental se encontraría amenazado por el comunismo, el islamismo, el feminismo, el homosexualismo, el indigenismo, el ecologismo, el animalismo.
El presidente electo, José
Antonio Kast, recientemente se ha hecho eco de este enfoque en un foro mundial
que congregó a quienes consideran que el mundo ha ido demasiado lejos,
alejándose de los valores judeocristianos que nos caracterizarían.
Lo curioso es que el contenido
de los archivos de Epstein, que involucran a Trump, va en la dirección
contraria de la que pregonan sus adherentes.
(*) “Llegar y llevar, compre en La Polar” gancho publicitario empleado por una empresa comercial chilena llamada La Polar.

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