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| Foto de Breno Assis en Unsplash |
Vinieron a vernos a San Vicente de la Barquera, mi
primo Carlos con su señora, y dentro de las múltiples conversaciones salió el
tema de la crisis de vivienda que se está viviendo en España. Crisis que no se limita a España dado que
también se vive en Francia y en Alemania, por mencionar tan solo un par de
países europeos. Se trata de una crisis mundial, que afecta a América Latina, a
África, etc. Y los más afectados no solo son los más pobres, quienes viven en
crisis permanente, sino que a los más jóvenes. La vivienda se ha vuelto un bien
inaccesible para el grueso de ellos.
Todo esto lo conversábamos mientras caminábamos hacia
el faro de San Vicente de la Barquera mientras veíamos casas y edificios con
sus pisos con las persianas abajo, desocupadas. Recordé un viaje familiar, con
mi señora e hijos, yendo en un coche alquilado desde Lisboa a Porto, hace ya casi
20 años, en Coimbra, me tocó ver un grafiti muy decidor, muy gráfico, que
invitaba a la reflexión: “Tanta casa sin gente, y tanta gente sin casa”.
En las grandes ciudades el tema se complica por los
okupas y los inokupas. Los primeros son quienes, viendo un piso, apartamento o
casa desocupada, se las arreglan para entrar en ella, y ocuparla; los segundos,
son quienes ocupan la vivienda en virtud de un contrato de arriendo, pero que han
dejado de pagar el canon mensual convenido en el contrato. Según lo que me
informó mi primo, la legislación sería tal, que es imposible desalojar a los
inquilinos.
Mi tesis es que esto no puede ser, que algo está
fallando. Mi pensamiento giró en torno a la necesidad de facilitar la compra de
viviendas por parte de quienes no la tienen, ya sea vía subsidios a empresas
constructoras y/o a familias demandantes, facilidades crediticias a potenciales
compradores, y desalentando la compra de segundas viviendas, elevando fuertemente
los impuestos a pagar, en estos casos, por contribución de bienes raíces (CBR
en Chile) o impuesto sobre bienes inmuebles (IBI en España).
Por otra parte, hay todo un tema de distribución en el
tiempo y en el espacio geográfico. En el tiempo, porque hay viviendas
desocupadas gran parte del tiempo, que solo son ocupadas en el verano,
feriados, o fines de semana. Y en el espacio geográfico, la crisis de vivienda
se vive intensamente en las grandes urbes, y al mismo tiempo se habla
de la España vaciada, particularmente las del interior, cuyos pueblos están
viendo reducido fuertemente su número de habitantes dado que el trabajo tiende
a concentrarse en las ciudades. Nada nuevo bajo el sol: el despoblamiento del
campo que no ha logrado ser amortiguado por la virtualización del trabajo que
ya no exige presencialidad al 100%.
Cuando conversaba con mi primo su objeción se centraba
en que limitar la compra de una segunda vivienda vía aumento del CBR o IBI, no
correspondía porque se trataba de una inversión fruto de ahorros obtenidos a
punta de trabajo. Y acá entramos en tierras pantanosas porque, a mi juicio, no
siempre tus ahorros son fruto de trabajo, y porque no todos quienes trabajan
están en condiciones de ahorrar.
Confieso que me cuesta comprarme la tesis de que “a
las personas que les va bien” es porque son personas de trabajo, de esfuerzo,
en tanto que “a quienes les va mal” es porque no se esfuerzan, no trabajan, son
flojos.

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