enero 21, 2026

Gravar la automatización

Foto de Homa Appliances en Unsplash

Hace 5 años escribí dos columnas referidas a la necesidad de implementar una renta básica universal (RBU) tituladas RBU: ¿podremos vivir sin trabajo? y Dándole vueltas a la RBU. En ellas afirmaba que, al paso que vamos, nos estamos encaminando hacia un mundo que nos permita vivir decentemente sin necesidad de tener un trabajo remunerado. Afirmación que está sustentada en un desarrollo científico-tecnológico que no solo está destruyendo más puestos de trabajo que los que crea, sino que, además, como guinda de la torta, los está precarizando. La informalidad crece, los contratos de por vida tienden a desaparecer para reemplazarse por contratos temporales.

Las máquinas nos están reemplazando. Las grandes empresas con miles de trabajadores están dando paso a empresas con decenas de trabajadores apoyados por máquinas, robots. Y al paso que vamos tendremos empresas conformadas por máquinas-robots apoyados y/o controlados por unos pocos trabajadores. No sé si ya tenemos empresas sin trabajadores, pero para allá vamos. Se me dirá que en algún minuto de la cadena habrá uno o más trabajadores dado que los robots habrán de ser creados por humanos. Entiendo que ya hay robots que están siendo fabricados por robots, y la inteligencia artificial (IA) ya está haciendo su aporte acelerando este proceso de empresas con cada vez menos trabajadores.

Es en este contexto que irrumpe la llamada RBU que ha ido tomando distintas denominaciones (bonos, seguros, etc.) y formas según el país que se trate.

Toda una paradoja el “progreso” en que estamos inmersos, con cada vez más bienes y servicios, pero en condiciones laborales cada vez más inestables que nos hacen vivir a salto de mata. Vivimos con ingresos cuyo componente fijo va en descenso, mientras con nuestros costos ocurre lo contrario: los fijos van in crescendo. El impacto psicológico y sociológico no es menor. Las relaciones familiares, sociales, laborales, políticas se deterioran. El piso se mueve, se desestabiliza. Muchos de los crecientes conflictos sociales y políticos que estamos observando se relacionan con esta temática.

Lo expuesto también ayuda a explicar la pérdida de relevancia del factor trabajo en beneficio del factor capital. Para los dueños del factor trabajo, los trabajadores, la mano de obra manual e intelectual, estos son tiempos aciagos. Por el contrario, para los dueños del factor capital, los capitalistas, la automatización les viene de perillas, aunque no están exentos de la necesidad de sortear obstáculos vinculados con los grandes capitales que exige la automatización que exigen los tiempos actuales.  Lo prueba la desaparición de las pequeñas empresas, o absorción de ellas por empresas de mayor tamaño, en los más diversos sectores -bancario, aeronáutico, pesquero, supermercadista, etc.-.

Lo señalado explica que la expresión bíblica “te ganarás el pan con el sudor de tu frente” esté batiéndose en retirada y el surgimiento de la RBU que más temprano que tarde terminará por imponerse sencillamente porque vamos hacia un mundo con menos trabajo. Lejos de ser una mala noticia, debe ser una buena noticia, porque nos amplía el espacio de libertad de uso de nuestro mayor tiempo libre. Pero para ello debemos estar preparados, porque al menos hasta ahora estamos siendo educados, formados, para trabajar, no para saber qué hacer con nuestro tiempo de ocio. Además, debemos estar preparados para financiar una RBU que no sea meramente testimonial o de supervivencia.

El punto es ¿cómo financiamos una RBU decente? Lo razonable es que lo hagan las máquinas que están realizando el trabajo que nosotros hacíamos. Bill Gates lo ha dicho recientemente: hay que gravar la automatización. No puede ser que las empresas estén automatizando, eliminando puestos de trabajo sin atenerse a las consecuencias. Gates lo dice sin pelos en la lengua al afirmar que “El trabajo humano tiene valor social. Si lo sustituye la tecnología, debemos reinvertir en la humanidad”.

Por lo demás va en beneficio de las mismas empresas porque ellas sin demanda no tienen destino. De nada les sirve estar insertos en una población sin poder adquisitivo.

Estamos inmersos en un proceso de automatización imparable y acelerado por la irrupción de la IA que ha llegado para quedarse. No atender las consecuencias en el plano social que esto conlleva es lo que parece explicar una realidad marcada por la emergencia de conflictos que se prolongan en el tiempo. A su vez, tales conflictos abren espacio a políticos identificados con posturas extremas que hoy parecen campear por doquier.  

 

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