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| Foto de Steven HWG en Unsplash |
Aprendemos para saber hacer, para saber estar, para saber
ser, para saber más. Aprendemos para ganar, ya sea concursos, posiciones, competencias,
capacidades, pero llega una hora en que debemos aprender a perder, a aceptar, a
asumir pérdidas.
La razón es simple: llega un momento en que nuestras
capacidades dejan de crecer, y empiezan a decaer. Llega el minuto en que dejamos
de ganar, para comenzar a perder. En unos más temprano, en otros, más tarde. Rara
vez estamos preparados para encarar esta fase de pérdidas, físicas, mentales,
sociales, financieras. Llega el minuto en que ya no podemos hacer movimientos
que nos eran habituales; en que nuestros pensamientos se vuelven más lentos, en
que los problemas de comunicación -habla/escucha- dificultan nuestra
sociabilidad. En unos más rápidamente, en otros más lentamente, entramos a la
etapa de las pérdidas.
No es fácil asumir la tarea de enfrentar, asimilar,
aceptar dejar atrás el período de “ganar” para ingresar al de “perder”. Una
tarea menos fácil que nunca porque vivimos tiempos en que se tiende a valorar a
los ganadores que dejan en el camino a los “perdedores”. Para rematarla, estamos
en tiempos en que se procura responsabilizar a los propios “perdedores” de su
estado de tales.
Sin embargo, nadie, puede escapar al sino de tener que
hacer frente a este período en que suelen resentirse las saludes ya mencionadas
-mental, física, financiera, social y familiar-. Solo logran escapar a este
sino quienes han fallecido antes de llegar a la fase de pérdidas.
El desafío de quienes estamos en esta fase, los
llamados adultos mayores, de tercera o cuarta edad, es aprender a perder. Y quizás
el primer desafío que tenemos sea el de asumir, tomar conciencia de las
pérdidas, que la eterna juventud no es tal, que cada período tiene su encanto. Que
así como hay pérdidas, hay ganancias, las cuales debemos buscar, encontrar,
identificar. Con el tiempo podemos ganar sabiduría, experiencia, calma,
paciencia, mayor disfrute de la naturaleza, de la compañía de quienes nos
rodean.
Quizás no las encontremos, pero no por ello debemos
intentar encontrarlas. Aprender a perder es una expresión que recogí de un interesante
libro titulado “Las gratitudes”, de Delphine de Vigan, escritora francesa,
donde reflexiona en torno a la vejez y la soledad.
