enero 02, 2026

Aprender a perder

Foto de Steven HWG en Unsplash

Aprendemos para saber hacer, para saber estar, para saber ser, para saber más. Aprendemos para ganar, ya sea concursos, posiciones, competencias, capacidades, pero llega una hora en que debemos aprender a perder, a aceptar, a asumir pérdidas.

La razón es simple: llega un momento en que nuestras capacidades dejan de crecer, y empiezan a decaer. Llega el minuto en que dejamos de ganar, para comenzar a perder. En unos más temprano, en otros, más tarde. Rara vez estamos preparados para encarar esta fase de pérdidas, físicas, mentales, sociales, financieras. Llega el minuto en que ya no podemos hacer movimientos que nos eran habituales; en que nuestros pensamientos se vuelven más lentos, en que los problemas de comunicación -habla/escucha- dificultan nuestra sociabilidad. En unos más rápidamente, en otros más lentamente, entramos a la etapa de las pérdidas.

No es fácil asumir la tarea de enfrentar, asimilar, aceptar dejar atrás el período de “ganar” para ingresar al de “perder”. Una tarea menos fácil que nunca porque vivimos tiempos en que se tiende a valorar a los ganadores que dejan en el camino a los “perdedores”. Para rematarla, estamos en tiempos en que se procura responsabilizar a los propios “perdedores” de su estado de tales.

Sin embargo, nadie, puede escapar al sino de tener que hacer frente a este período en que suelen resentirse las saludes ya mencionadas -mental, física, financiera, social y familiar-. Solo logran escapar a este sino quienes han fallecido antes de llegar a la fase de pérdidas.

El desafío de quienes estamos en esta fase, los llamados adultos mayores, de tercera o cuarta edad, es aprender a perder. Y quizás el primer desafío que tenemos sea el de asumir, tomar conciencia de las pérdidas, que la eterna juventud no es tal, que cada período tiene su encanto. Que así como hay pérdidas, hay ganancias, las cuales debemos buscar, encontrar, identificar. Con el tiempo podemos ganar sabiduría, experiencia, calma, paciencia, mayor disfrute de la naturaleza, de la compañía de quienes nos rodean.

Quizás no las encontremos, pero no por ello debemos intentar encontrarlas. Aprender a perder es una expresión que recogí de un interesante libro titulado “Las gratitudes”, de Delphine de Vigan, escritora francesa, donde reflexiona en torno a la vejez y la soledad.