febrero 05, 2025

Esperando a Michelle

Para enfrentar las elecciones presidenciales de fin de año (2025), la izquierda parece depositar sus esperanzas en que Michelle Bachelet termine por aceptar ser candidata por tercera vez.

Las razones que explican esta espera se centran en la ausencia de candidatos competitivos, dado que no marcan en las encuestas. Ni el Frente Amplio (FA), ni el partido comunista (PC), ni el socialismo democrático (PS, PPD y PR) tienen nombres competitivos para enfrentar a una derecha que sí tiene candidatos para tirar por la ventana. Lo prueba la presencia de Matthei en la primera línea de fuego, seguida por Kast y Kaiser, entre otros. Si bien Chile no es Argentina, a Kaiser hay que seguirlo con atención. De partida ya está desplazando a Kast.

En el FA, como quien da manotazos en el aire, procuran levantar nombres de última hora a partir de las últimas elecciones (Vodanovic, alcalde de Maipú recién reelecto por amplia mayoría) o de lindos discursos (Winter, diputado que no da puntada sin hilo). Pero en la práctica no tienen a nadie. 

El PC tiene una cartera de nombres (Jadue, Vallejo, Jara), pero hasta ellos mismos saben que en un país como el nuestro, y más en el contexto mundial en que estamos, no tienen posibilidad de alcanzar con alguna chance la presidencia del país. Eso le saben desde los tiempos en que eran el partido más poderoso dentro de la izquierda chilena. Sus precandidaturas siempre han sido testimoniales, sujetas a negociación. De allí que en el pasado su candidato siempre fuera Allende.

El PS, excepto a Michelle, no tiene a nadie por más que a última hora intenten levantar precandidaturas sin destino. El PR tampoco. El PPD tiene a Carolina Tohá, que si bien no marca en las encuestas, es una potente carta no desdeñable que está a la espera de la decisión de Michelle. En el mismo estado se encuentra Ricardo Lagos Weber, quien está dispuesto a tirarse a la piscina si Michelle y Carolina decidieran no ir.  

Así las cosas, no extrañaría que a fin de año tengamos una izquierda fuera de la segunda vuelta, teniendo que optar entre dos candidatos de derecha. Esta es la realidad política en que se está.

La espera de la definición de Michelle es, a mi modesto entender, inútil e injusta. Inútil, porque ella ya se ha pronunciado, ya ha dicho que no va a ser candidata. Ella ya cumplió, ya fue presidenta dos veces. Injusta, porque no tenemos derecho a exigirle que se presente una vez más, petición que no hace más que revelar la ausencia de proyecto en que se encuentra sumida la izquierda. Ausencia que pretendemos tapar levantando el nombre de Michelle.

Dicho lo anterior, se desprende que el problema de la izquierda no es la falta de candidatos o de nombres, sino de un proyecto que convoque, que recoja la experiencia acumulada, que no es poca, que recoja un contexto desafiante marcado por el declive del imperio estadounidense y la emergencia de una China que pareciera esperar con ardiente paciencia china su hora. En consecuencia, lo que corresponde es levantar un proyecto de izquierda, sólido, consistente, capaz de enfrentar una nueva realidad más compleja determinada por nuevos tiempos, nuevas tecnologías, nuevos modos de convivencia. Un proyecto capaz de encarar las propuestas de una derecha, que tras máscaras libertarias, ocultan dictaduras y la perpetuación de desigualdades e injusticias imposibles de soslayar.

Por ello mi tesis es que antes que andar pensando en un(a) candidato(a) para ganar las elecciones presidenciales o parlamentarias, se deba pensar en levantar, restaurar, resucitar y/o construir un proyecto de izquierda que de cuenta de lo expuesto. Con proyecto en mano, bajo la conducción de un liderazgo sólido, experimentado, convocante, sin dobleces, es lo que necesitamos para ganar. De esta forma tenemos opción de ganar, de romper la tendencia actual, dando vuelta el tablero.

Desgraciadamente, en Chile, y me temo que también en muchos otros países, se tiende a poner la carreta por delante de los bueyes, esto es, buscar candidatos y después pensar en el proyecto a implementar, en vez de al revés, como debe ser en toda democracia que se precie de tal: levantar el proyecto desde la sociedad civil a partir de sus organizaciones políticas y sociales, para recién después, ver quienes habrán de ser las personas más apropiadas para liderarlo. 

Sin un proyecto estructurado, con objetivos claros. el triunfo electoral para la obtención del gobierno y mayorías parlamentarias, se hace cuesta arriba. Lo primero es lo primero. Y este requisito es particularmente exigible si se quiere que Michelle represente, una vez más, a la izquierda. Mientras este proyecto no exista, confío que Michelle confirme su decisión de no ser candidata.

enero 31, 2025

Llegó respuesta de Trump ...

Foto de History in HD en Unsplash

Nota. Esta carta es en respuesta a una que le enviara y que encontrará pulsando aquí

Rodolfo!

Nunca imaginé que iba a recibir carta tuya, lo que te agradezco mucho. Y perdona que no te haya contestado antes, pero tú sabes que las nuevas responsabilidades que he debido asumir me impedían hacerlo como era mi deseo. Apenas recibidas tus líneas estuve a punto de llamarte para conversar, pero me acordé de tu sordera, por lo que me abstuve de hacerlo para no ponerte en aprietos.

El pueblo norteamericano ha querido que reasuma la presidencia que me fue robada 4 años atrás, 4 años perdidos y que van a exigir que redoble mis esfuerzos para hacer realidad el sueño de reverdecer laureles intentando “Make America Great Again” (MAGA). Vuelvo con más experiencia, sin apoyarme en timoratos que siempre andan con calculadora en mano. Algo se aprende con el tiempo, y la experiencia me dice que tengo que partir desde el primer minuto con todo, Debo aprovechar el contundente triunfo que me ha dado el pueblo porque de lo contrario, todo se deshilacha, se vuelve floppy. También debo aprovechar que la oposición está groggy, aún sin entender lo que está pasando.

Como bien señalas, me acompaña Elon Musk, un superrico para que se encargue de reducir el aparato estatal, estrujándolo al máximo. Si bien Elon está en la primera línea de fuego, no estará solo, por cuanto también nos acompañarán Jeff Bezos y Mark Zuckerberg, superricos al igual que Elon, que están en la punta del desarrollo y la innovación tecnológica, quienes deberán apuntalar la inteligencia artificial como una poderosa herramienta para reposicionarnos con el peso y el poder que los estadounidenses nos merecemos.

Si bien inculpo a los demócratas, particularmente a los gobiernos de Obama y Biden que me precedieron, de la decadencia en que estamos sumidos, te confieso que por las noches me da vuelta por la cabeza la misión que Nixon en su presidencia encomendó a Kissinger, en la década de los 60 y 70. No sé si recuerdas Rodolfo, que Nixon envió a Kissinger a China en una suerte de misión secreta para intentar abrir el mercado chino a los productos de las empresas estadounidenses.

Desgraciadamente, lo que hemos estado viendo a lo largo de todas estas décadas, es todo lo contrario: El mercado de mi país, y el mundial, está siendo invadido por productos chinos. O sea, nos salió el tiro por la culata. Y todo bajo un sistema económico capitalista y un sistema político comunista, de partido único. Como comprenderás, esto es intolerable, y ello explica el tenor de mis primeras medidas.

No te imaginas cómo me gustaría tener un sistema político como el chino, con un partido único, donde la palabra del dirigente máximo es aprobada por unanimidad. En este sentido la democracia que tenemos me complica, pero de alguna manera intento sortearla, lo que explica las más de 100 órdenes ejecutivas que he ordenado desde el primer día de mi mandato. Espero que compartas todas mis acciones, particularmente, las que dicen relación con que existan tan solo los sexos masculino y femenino, eliminar los fondos para todos los programas destinados a promover la inclusión, y otros que no mencionaré para no agobiarte.

Te debes haber enterado que una obispa anglicana se dio el lujo de sermonearme respecto de la necesidad de ser misericordioso y compasivo con inmigrantes, gays y lesbianas que están aterrorizados con mi llegada a la cabeza del gobierno. Bueno, por si no lo sabes, esta obispa es roja, comunista, zurda, que le gusta revolver el gallinero. Me emputecía tener que escuchar su sermón, pero me aguanté no sin dificultades. En todo caso, esto revela que no transitaré por un lecho de rosas, sino de espinas. El discurso de la obispa fue claramente un discurso político que nada tiene que ver con lo que debe ser un sermón religioso. Meter en el plano terrenal lo que corresponde al plano celestial, es fatal. Mi tesis es que lo celestial debe subordinarse a lo terrenal, no al revés. Espero Rodolfo que pienses lo mismo.

Algunos de mis asesores me piden que me frene, que no siga abriendo nuevos frentes de conflicto como suponen que estaría ocurriendo. Aluden para estos efectos a la expulsión de inmigrantes hacia sus países de origen, a mi interés por Gröenlandia, por recuperar el canal de Panamá, por elevar los aranceles, salir de organismos multilaterales destinados a detener el cambio climático, etc. Estos asesores aluden a las reacciones que pueden generar y que eventualmente podrían volcarse en contra nuestra. Algunos dicen que mis medidas son como el canto del cisne, que la decadencia de nuestro imperio es irreversible. No lo creo. ¿qué piensas tú? Me gustaría mucho saber lo que piensas al respecto.

No sigo para no abrumarte, más sabiendo que estás en Pullay y no es mi intención estropear tus días en ese lugar que no conozco, pero del que me has hablado maravilla. Tantas maravillas que me dan ganas de pegarme un pique por esos lados. Espero que haya alguna pista de aterrizaje para mi avión particular. En una de esas voy en vuelo directo de Mar-a-Lago hasta allá, sin pasar por los controladores aéreos incapaces de controlar el tráfico aéreo en Washington como lo prueba la reciente colisión de dos aviones. En todo caso si voy, te avisaré con tiempo, porque sé que no siempre estás allá.

Me despido con un abrazo confiando que estés bien. Hasta pronto!

Donald

enero 23, 2025

Carta a Donald Trump

Donald!

Veo que has vuelto por tus fueros, ahora reanimado por un contundente respaldo popular a pesar de todas las peripecias vividas. Reforzado por un congreso a tu pinta para hacer realidad tu slogan “Make America Great Again” (MAGA). Vuelves teniendo a tu espalda un primer gobierno que te dejó con sabor a poco. Quisiste repetirte el plato sin lograrlo. Insististe, y ahora sí. Esto da cuenta de tu pertinacia, de no darte por vencido y acá estás. Has vuelto en gloria y majestad, con medio mundo a tu favor, incluyendo a muchos de tus opositores de entonces, que ahora se rinden a tus pies, de quienes están siempre disponibles para arrimarse a buen árbol. No es para menos dado que no todos los días ni todos los países eligen a un delincuente como presidente. Toda una proeza. 

Desde el primer día de tu gobierno, incluso desde antes, decidiste ir por todo acompañado de los más ricos, de los dueños de las mayores empresas tecnológicas del mundo. A uno de ellos, Elon Musk, lo pusiste a cargo del adelgazamiento del aparato público gubernamental; a un Kennedy lo pusiste a cargo de la salud pública. Retribuyes los apoyos recibidos en campaña, lo que habla bien de ti. Por suerte tus amigos no roban, son un espejo tuyo,y así lo ha reconocido el pueblo que te votó.

Dentro de tus primeras órdenes ejecutivas -aquellas que no requieren pasar por el filtro del congreso-, está aquel que está permitiendo excarcelar a tus huestes que asaltaron el capitolio hace ya poco más de 4 años convencidos que entonces te habían robado la elección. Al golfo de México le cambias su nombre por golfo de América sin decir agua va. Estás haciendo ancho uso del poder que te confirió el pueblo estadounidense por la vía electoral. Un triunfo aplastante que te permite gobernar sin contrapesos, hacer lo que quieras. 

En plena Catedral de Washington, a una obispa, en el sermón del día de tu entronización se le ocurrió decir que la gente está asustada, que tiene miedo y pedirte, suplicarte, compasión y misericordia con los inmigrantes, con los gays, con las lesbianas. Te vi cómo te mantenías impasible, aunque por dentro la molestia te corroía al ver cómo se estaba politizando un acto religioso.

Pero no te preocupes, el poder real lo tienes tú, ella no tiene poder alguno. todo el poder es tuyo, puedes hacer lo que se te antoje. Es la hora del inicio de la era dorada de los EEUU, de recuperar el sitial que se merece y quienes pretendan disputársela deberán atenerse a las consecuencias. El destino parece querer que recuperes el canal de Panamá que nunca debió ser entregado; Canadá debe ser un estado más de los EEUU porque así tú lo piensas. Mal que mal tu palabra es ley, al igual que Gröenlandia merece ser también parte de EEUU. Tu generosidad es tal que estás dispuesto a pagar unos dólares a Dinamarca para facilitar las cosas. Total, con plata se compran huevos, y algo más.

Algunos pretenden, maliciosamente, compararte con Hitler. Lo hacen basados en tu contundente victoria, como la de Hitler en 1933, pero olvidan que al menos hasta ahora, no has incendiado el Capitolio, claro que no has tenido necesidad de hacerlo, al menos hasta ahora; también lo hacen porque la justicia te ha condenado al igual que en su tiempo condenaron a Hitler llevándolo a la cárcel, tiempo en el que escribió Mein Kampf (Mi lucha). A ti te falta escribir tu libro, pero ya lo harás en su momento. También lo hacen porque quieres que EEUU vuelva a ser grande, tal como Hitler lo quiso con Alemania proclamando (Deutschland über alles). Te cotejan con Hitler porque quieres anexarte nuevos territorios que te permitan moverte con soltura, tal como lo hizo el Führer; porque así como Hitler tuvo a Göebels, tú tienes a Musk. Al igual que hace casi un siglo atrás, el mundo se encuentra a la espectativa, cuando la Alemania de entonces y el EEUU de hoy fortalecen sus aparatos militares e industriales imponiendo sus condiciones a terceros. Por último te comparan porque ambos comulgan en la misma parroquia fascista. No se imaginan qué equivocados están al olvidar que mientras Hitler era la encarnación del diablo, tú no eres más que un santo varón.

Para no abusar de tu paciencia me permito una sugerencia destinada a subsanar un lapsus: en tu primer día te faltó firmar una orden ejecutiva que declare al pueblo estadunidense como el pueblo elegido por Dios. Los demás valemos maní.

Dale un beso a Melania de mi parte en reemplazo del que no pudiste darle porque el ala del sombrero era muy ancho,

Rodolfo

 

enero 18, 2025

La casa de Guardia Vieja: una compra fallida

Hace un par de semanas me escribió un amigo con quien compartimos gratas tertulias en Arica, en la segunda mitad de la década de los 80, que desde los noventa reside en Santiago. Ambos estudiamos en Beaucheff en los tiempos bravos, la segunda mitad de los años 60 e inicios de los 70. Él ingresó un par de años después. Habitualmente le hago llegar las columnas que escribo en mi blog. A continuación, transcribo el escueto diálogo que sostuvimos recientemente por whatsapp (A: mi interlocutor; B: yo):

A: Hola estimado Rodolfo ¿qué tal un artículo sobre el caso Compra Fallida de Casa de Allende? ¿Hasta cuándo el gobierno sigue en Modo Aprendizaje?

B: Jaja, una vergüenza!!! Aparte de eso, ¿de qué otra cosa podría escribir? ¿No basta con lo ya escrito?

A: Es que siempre echo de menos visiones más ecuánimes, aún cuando seas partidario de Boric. En general, las miradas con un solo prisma, en mi opinión, pierden imparcialidad y credibilidad. Este gobierno va metida en metida de pata, plagado de improvisaciones, con dramas en educación, salud y economía.

Hoy este amigo, como tantos otros, se cansó de la izquierda y se pasó a la otra vereda clamando por más seguridad y crecimiento económico. Está jubilado y creo que ha sido tentado por los cantos de sirena provenientes del sesgo de quienes guían el comportamiento de las élites chilenas. Este amigo echa de menos una visión más ecuánime de mi parte, dado que considera que las miradas con un solo prisma, les hacen perder imparcialidad y credibilidad.

El diálogo transcrito fue a raíz de la compra que el gobierno se ha propuesto de la casa donde vivió Allende para transformarla en museo, al igual que con la casa de Aylwin. Con la compra de la casa de Allende se armó la batahola porque entre sus dueños figuran Isabel Allende, actual senadora e hija de Salvador, y Maya Fernández, ministro de Defensa del actual gobierno y nieta de Salvador. Estaríamos ante un clásico caso de nepotismo y de flagrante violación de una disposición constitucional, o una ley, que prohíbe contratos de venta entre el Estado y familiares inmediatos de personeros o funcionarios públicos del poder ejecutivo, legislativo o judicial. Por ello, el gobierno tuvo que echar marcha atrás a la compra. Sin duda que se trata de un hecho grave que no debió haber ocurrido, que merece ser denunciado, y es bueno y sano que así haya ocurrido posibilitando que se echara marcha atrás en lo que se pretendía hacer. Ese es el valor de la democracia, que permite las denuncias sin que les caigan encima las penas del infierno a los denunciantes -torturas, despidos, desapariciones, muertes, etc.-.

Con lo que estaba haciendo la oposición bastó y sobró para que el gobierno se percatara que se hizo un nuevo autogol. No era necesario que me sumara al coro opositor que no conforme con la renuncia de una ministra, que no vio la flagrante ilegalidad en que se estaba incurriendo, pide las penas del infierno que nunca pide cuando los errores los cometen algunos de los suyos. ¿Es que acaso ellos son los ecuánimes, los imparciales y nosotros, quienes no comulgamos con el sibilino lenguaje mercurial y sus compañeros de ruta, los sesgados, los parciales, los incapaces de ver la verdad revelada?

En mi opinión, las casas de las familias de Allende y Aylwin no deben ser compradas, debieran ser donadas por sus respectivas familias si el Estado tuviese algún interés por conservarlas como museos, como representantes de un modelo de sociedad, de gobierno, para conocimiento de generaciones futuras.

En síntesis, no me sumo al sesgo en que sí incurre la derecha y la ultraderecha que ahora hace gárgaras frente a un caso que no le llega ni a los talones de aquellos casos que ocultaron en tiempos del innombrable. Como botón de muestra, el regalo por parte del Estado de centenares de propiedades de CEMA-Chile a doña Lucía, o las privatizaciones a precio de huevo de empresas públicas a altos personeros del régimen de entonces.

Está bien que griten, que reclamen, pero por favor, no me pidan que me sume a quienes en su momento no gritaron ni reclamaron, sino todo lo contrario. Es lo único que pido. Aunque esté equivocado, prefiero seguir en la acera en que estoy. Porque sigo creyendo más en un país visto como una sociedad antes que como una suma de individuos, cada uno rascándoselas con sus propias uñas.

 

enero 15, 2025

La docencia: pariente pobre


Foto de Collab Media en Unsplash

En Santiago estudié Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile, en su Escuela de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, quizás más conocida como Escuela Beaucheff. Los profesores investigadores eran contados con los dedos de la mano. El grueso de ellos eran profesionales de gran experiencia, altos ejecutivos que trabajaban en empresas del sector público o privado que llegaban a clases con una mano adelante y otra atrás. A lo más, con alguna pequeña libreta que empezaban sus clases preguntando dónde habíamos quedado en la última clase. E iniciaban sus clases con una pachorra, un dominio espeluznante. Si se trataba de un buen profesor, por lo general lo eran, en el transcurso de la clase, no volaba una mosca. Por mi sordera me sentaba en primera fila y no podía tomar apuntes porque tenía que concentrarme en “escuchar” leyendo los labios del profesor de turno. Si no modulaba bien, para mí era un mal profesor porque no le entendía nada. Al terminar cada clase le pedía a un compañero que me prestara los apuntes que había tomado para copiarlos en casa. Eran tiempos en los que no existían las fotocopiadoras. A lo más los estencils, los dittos. Tampoco existían los celulares para grabar las clases ni nada por el estilo. Es así como el grueso de mi tiempo de estudio lo ocupaba copiando apuntes de compañeros.

Pocos de mis profesores eran investigadores, el grueso de ellos fueron ejecutivos. Mis mejores docentes fueron estos últimos, no los primeros. Con ello no estoy diciendo que los investigadores no puedan ser buenos docentes. Pueden serlo y de hecho muchos lo son.

Estoy hablando de mis tiempos estudiantiles, esto es, de hace más de medio siglo atrás, de la década de los 60, cuando al mismo tiempo las aulas universitarias estaban impregnadas de un fuerte clima político. Entre mis compañeros de generación destacan Kako Latorre, Francisco Prat, Hernán Büchi y Maño Riesco, quienes han dejado huella en los más diversos ámbitos, pero muy especialmente en el político.

En esos tiempos en el mundo académico no se exigía publicar. La investigación estaba centrada en el objetivo de saber más sobre las más diversas materias, en especial a las más atingentes al desarrollo del país, en esos tiempos centrados en la sustitución de importaciones ante la endémica escasez de divisas. Pocos estaban preocupados de publicar o patentar los resultados de sus trabajos. Tampoco existía la categorización académica en verdaderas castas supuestamente ordenadas por una supuesta jerarquía inobjetable. Eran tiempos en los cuales los académicos se trataban entre iguales, y en los cuales trabajar en la universidad, más que un trabajo del que se vivía, era un honor del cual uno se enorgullecía.

Hoy, por el contrario, trabajar en la universidad se ha transformado en una profesión en sí misma, donde más que experiencia y trayectoria profesional se exigen doctorados y posdoctorados. Y para mantenerse y ascender jerárquicamente, se demanda publicar en revistas indexadas y ganar proyectos concursables. Publicas, o hasta acá llegamos. Y en tal contexto como todo conejo que va tras la zanahoria para sobrevivir, tienes al mundo académico de cabeza tratando de publicar y adjudicarse proyectos. Todo esto se ve alentado por la publicación de rankings que empujan en la dirección de publicar más y más. 

Ya hay toda una industria tras esto en el campo de las revistas científicas, las que ahora se jerarquizan en cuartiles, tal como se jerarquizan a los académicos. Y hay revistas que cobran por publicar; universidades que pagan por publicar; y así entramos en una espiral sin fin mientras los alumnos de las carreras de pregrado ven que sus profesores son reemplazados por segundos de a bordo, porque los titulares están sumergidos en sus proyectos, en sus publicaciones, o asistiendo a congresos, seminarios u otros eventos de su especialísima especialidad.

Dadas las métricas imperantes para la evaluación de las actividades que realizan los académicos, no es difícil imaginar los efectos perversos que esto conlleva. Entre ellos, que la docencia no es prioridad dado que no ayuda a la jerarquización, a subir de jerarquía, ni a tener más ingresos, ni a estar en la planta regular de las universidades.

Sería interesante que las universidades dieran a conocer los problemas que resuelven las investigaciones que se llevan a cabo en su seno y el costo asociado a ellas. El caso es quizás más dramático en las universidades regionales, dado que nacieron para promover el desarrollo de las regiones en que se insertan. No tengo duda que han hecho su contribución. Su sola presencia ya constituye todo un aporte, pero me asiste la certeza que puede ser mucho mayor. No solo puede, debe ser mayor. La investigación debe ser para resolver problemas reales que nos afectan, antes que para cumplir métricas. Y sin sacrificar la docencia.

 

enero 09, 2025

¿En cuál universidad estudiar?

Foto de The Jopwell Collection en Unsplash
En mi última columna vimos las variables a considerar a la hora de elegir una carrera. En esta ocasión divagaremos en torno a las variables que se asume debiésemos tener in mente a la hora de elegir o priorizar las universidades en las cuales queremos, o podríamos estudiar. La diferencia es importante.

Mientras más alto es el puntaje que hemos alcanzado en las pruebas correspondientes, nuestra libertad de elegir a la hora de postular, aumenta; y mientras más bajo sea este puntaje, más se reduce nuestra libertad de elección.

Por lo general se tienden a considerar como las mejores universidades aquellas que tienen más años de acreditación y en el mayor número de áreas (docencia, investigación, vinculación con el medio, posgrado, gestión). Casualmente son aquellas que tienen más historia, más tradición, más años de circo. Allí hay un alma mater consolidado. Es razonable que así sea.

Pero ojo, dentro de cada universidad no todas las áreas del conocimiento están tratadas al más alto nivel, estando unas más desarrolladas que otras, lo que dependerá de la distribución del cuerpo académico y de su calificación. Por tanto, se hace necesario indagar respecto del estado de la carrera que se quiere estudiar en aquellas universidades que la imparten. Quienes son sus profesores, cuál es su experiencia, qué tan conocidos son en su disciplina, su accesibilidad, su trato. Para esto último lo ideal es conversar con los egresados y actuales alumnos. Preguntarles qué tal es la carrera, cómo son sus profes, los laboratorios.

Como en ningún otro país en el mundo, lamentablemente las universidades chilenas publicitan la cartera de carreras en oferta como quien vende un producto de consumo. La decisión de elegir la universidad donde estudiar no es broma, no es una decisión a tomar al voleo, sin pensar mayormente en base a la publicidad: es una decisión crucial.

No pocas universidades se vanaglorian de disponer de un cuerpo docente donde un alto porcentaje de sus profesores tienen el grado de doctor. Ojo, el grado de doctor no hace al buen docente, el grado de doctor se relaciona con el trabajo investigativo, y a la hora de los quiu, los doctores se resisten a hacer clases, privilegiando los proyectos de investigación y publicar papers. En ello se les va la vida porque al final del día se les evalúa por los papers que publican, por los fondos de investigación concursables que obtienen, no por la calidad de las clases que imparten. El ideal es contar con una plantilla de académicos capaces de reunir una alta capacidad investigativa con una alta capacidad de comunicación docente. Lo que no es fácil porque hay doctores y doctores.

Las carreras son para formar profesionales en las distintas disciplinas para que se desempeñan en sus respectivos campos de acción. Por ello es importante que los académicos sean profesionales con experiencia práctica, con trabajo en terreno, que trabajan y hayan trabajado en empresas, no solo en aula o en laboratorio, sino que donde las papas queman. Académicos que hayan innovado en la práctica, no en el papel, emprendedores que hayan triunfado o fracasado, que se hayan caído y levantado. Yo tuve el privilegio de tener como profesores a pesos pesados que trabajaban empresas tanto públicas como privadas en puestos de primera línea que dejaron una huella indeleble en mi formación.

Hoy, vía Google, vía la inteligencia artificial, todos quienes postulan a las universidades deben hacerse un tiempo para hacer todas las consultas, porque en el mundo académico, así como en todos los otros mundos, hay de todo. De otro modo corremos el riesgo de que nos pasen gatos por liebres.

enero 06, 2025

El dilema de la carrera a estudiar

Foto de Akson en Unsplash

Por estos días una nueva generación de jóvenes inicia su postulación a las universidades y carreras, rutina que se repite año a año para quienes han egresado de la enseñanza media. Momento en el cual jóvenes que bordean las dos décadas de vida deben tomar decisiones, que incidirán en el futuro que les espera: ¿qué carrera estudiar? Y ¿en qué universidad?

Recuerdo cuando hace ya más de medio siglo, en los días previos a mi postulación, en tiempos de bachillerato, mi tío me preguntó ¿qué pensaba estudiar? Le respondí periodismo o arqueología. Me miró de arriba para abajo y me dijo: No, no quiero muertos de hambre en la familia. Me quedé de una pieza, nunca imaginé dicha frase. Solo atiné a reaccionar preguntando ¿entonces qué estudio? Mi tío me dice, sin asomo de duda: ingeniería. Yo no tenía idea lo que era la ingeniería, la que asociaba a la construcción de puentes, edificios, carreteras, embalses, estadios. A duras penas me atrevo a preguntarle ¿por qué? Y mi tío, con una seguridad pasmosa en forma taxativa, sin el menor asomo de duda me responde “porque le pegas a las matemáticas”. Así de simple. Ni yo sabía que era bueno para las matemáticas, no me consideraba como tal ni mucho menos. Lo que más me gustaba era leer los diarios, estar en contacto con la naturaleza, estar de campamento, hacer fogatas en los campamentos, mirar las estrellas.

El periodismo me gustaba porque veía que los periodistas salían de viaje como corresponsales, transmitían los partidos de futbol con una pasión desenfrenada, a punto tal que si ibas al estadio y escuchabas el partido por la radio portátil, todo apuntaba a que no era el mismo partido que estabas viendo. Allí donde el locutor sentenciaba un cuasigol, lo que veían tus ojos era otra cosa nada que ver. Esta capacidad para transmitir algo distinto a lo que veías era impagable. El mejor campeonato mundial de futbol me tocó escucharlo por radio, no verlo: el del mundial del 58 en Suecia, donde Brasil se coronó campeón mundial por primera vez de la mano de Pelé con tan solo 16 años.  ninguno de los que me tocó ver después por TV le llegó a los talones.

La arqueología me atraía porque me permitía acampar, salir al aire libre. Como pueden ver, mis motivos eran bien pedestres. Pero eran tiempos en los que uno a esa edad no cortaba ni pinchaba. Eran otros tiempos. hoy es impensable que terceros tomen la decisión por uno. Yo no tenía escapatoria, ni se me pasó por la mente contrariar la voluntad del tío.

Rendí el bachillerato, obtuve 25 puntos, los suficientes para postular a ingeniería, la que era impartida por la Universidad de Chile y la Universidad Católica. Quedé en la Chile. No puedo ocultar que la sufrí. En primer año éramos 500 quienes ingresamos en 1966 distribuidos de 100 en 100 en 5 grupos. Por el apellido me tocó el último grupo, el E. Eran tiempos bravos, donde a segundo año solo pasaba uno de cada dos estudiantes. La especialidad se escogía recién en tercer año. Eran tiempos de las tablas Larsen, de la regla de cálculo y cuando recién asomaban las calculadoras Texas Instruments a precio de oro. 

Tiempos en los que hacer clases en la Chile era por bolitas de dulce, por el privilegio de hacer clases en Beaucheff. Tuve profesores memorables, Moisés Mellado, todo un personaje de raíz mapuche a quien tuve el gusto de visitar su casa una vez, una casa abarrotada de libres distribuidos desordenadamente, pero que él sabía dónde estaban. A Jorge Cauas, en esos tiempos vicepresidente del Banco Central bajo el gobierno de Frei Montalva, quien llegaba a clases directamente del banco con una libretita y que comenzaba la clase preguntando qué materia habíamos visto la última vez. Posteriormente se puso al servicio del innombrable para asumir la responsabilidad de aplicar una política de shock en 1974, política que se asemeja a la de la motosierra de Milei en Argentina actualmente en curso. A Efraín Friedmann en Mecánica Racional. Efraín llegaba con mucha pachorra y gran atraso a las clases sin arrugarse siquiera, pero nadie se iba: Todos lo esperábamos porque sabíamos que llegaba, tarde, pero llegaba. Se manejaba al revés y al derecho en su materia con ejemplos de la vida real que daban cuenta de su ideología, de hacia donde estaba su corazón. Todos profesores pesos pesados que hacían sus clases y se iban dejando una estela de conocimientos. Así como ellos, muchos otros que ocupaban altos puestos en empresas públicas o privadas, que tenían un conocimiento tanto teórico como práctico. Todos ellos me hicieron sufrir. No sé cómo salí vivo de este período.

Lo concreto es que terminé como ingeniero civil industrial, lo que de alguna manera quizás me permitió no ser un muerto de hambre como diría mi tío, pero lo que son las cosas de la vida. Escribo desde que tengo uso de razón. Más de 20 años publicando columnas en La Estrella de Arica, luego otros tanto años en el diario El Centro de Talca, y últimamente en DiarioTalca. Y ahora en mis tiempos de “júbilo”, como jubilado, centrado en medios digitales nacionales (elquintopoder.cl) e internacionales (pressenza.com).

El agua, por algún lado se escurre. No siendo periodista de profesión, he estado terminando por serlo a punta de porrazos, de voluntad.

Cuando les llegó la hora a mis hijos de ingresar al mundo de la educación superior, no me atreví a ser como mi tío. Estos ya son otros tiempos en los que mas vale atenerse a considerar tres variables en la postulación a una carrera, dándole a cada una el peso, o la prioridad, que el interesado estime pertinentes. Estas variables son: 

a) la vocación, lo que uno quiere, aquello que uno siente es lo suyo; 

b) la capacidad, para qué siente uno que tiene “dedos parar el piano”; y 

c) el mercado laboral, dónde hay más trabajo, dónde están los puestos de trabajo mejor pagados. 

Lo ideal es que las tres variables vayan de la mano, esto es que lo que uno quiere, lo que a uno le gusta, coincida con la capacidad, la facilidad que uno tiene y con la oferta de trabajo que se proyecta para los próximos años. 

Tomar en cuenta, no ignorar estas tres variables, creo que hace bien a los jóvenes que deben decidir.

El tema de la elección de universidad ya es otro cuento, que tendré que dejar para otra ocasión.