noviembre 25, 2024

Uruguay y Chile: La resurrección de la moderación

Foto de Pawel Czerwinski en Unsplash

Este domingo 24 de noviembre del 2024 tuvieron lugar dos procesos electorales, en Uruguay y en Chile. Ambos correspondientes a balotajes o segundas vueltas. En el caso uruguayo, a una elección nacional presidencial entre las dos primeras mayorías, Álvaro Delgado y Yamandú Orsi; en el caso chileno, a una elección regional de gobernadores en todas aquellas regiones donde ninguno de los candidatos había alcanzado la mayoría necesaria en la primera vuelta.

La relevancia de ambas elecciones residía en que se dan en un contexto mundial propenso a la polarización, incertidumbre, y desgaste de la democracia, contexto en el que las posturas extremas están sacando mayores réditos. Prueba lo señalado los gobiernos presididos por Milei en Argentina, Maduro en Venezuela, Bukele en El Salvador, Ortega en Nicaragua, Trump en EEUU, Putin en Rusia, Netanyahu en Israel. Y están al acecho en Brasil y Francia, al igual que en muchos otros países.

A diferencia de lo que estamos viendo en esos países, en Uruguay sus ciudadanos se dieron el gusto de dejar pasar al balotaje a los dos candidatos con posturas más moderadas, uno representando a la centroderecha, y el otro a la centroizquierda, dejando fuera a los candidatos extremos.

Álvaro, del Partido Nacional, cargó sobre sus hombros la responsabilidad de ser el candidato de la continuidad del gobierno de Lacalle Pou, desgastado tanto por un narcotráfico que llegó a las puertas mismas de su oficina presidencial, como por una política proclive al neoliberalismo. Su contrincante Yamandú, del Frente Amplio, por el contrario, reivindicó la necesidad de acotar los espacios de acción al neoliberalismo, reivindicando el rol del Estado para hacer frente a la desigualdad. Su origen provinciano, su carácter humilde, su condición de profesor, y su talante proclive a la búsqueda incesante de los acuerdos, fueron sus cartas de presentación que finalmente posibilitaron su triunfo. Un triunfo que tonifica no solo a la izquierda uruguaya, sino mundial.

Por su parte, en Chile se daba por sentado que la derecha y la extrema derecha triunfarían por paliza en el balotaje de la elección de gobernadores. Tenían todas las de ganar ya sea por la tendencia mundial más arriba mencionada, como por el caso de abuso sexual de parte del subsecretario del interior (Monsalve) que les vino anillo al dedo, como por los problemas de seguridad imperantes y las dificultades del gobierno para impulsar el crecimiento económico y llevar a cabo su agenda. Se presumía que el triunfo de la derecha sería arrollador. Para sorpresa de todos, no hubo tal triunfo arrollador que aseguraran un próximo gobierno de derecha. Sin perjuicio de lo expuesto, siguen teniendo todas las de ganar, al menos en tanto no surja con nitidez un candidato en representación de las fuerzas de izquierda y centro izquierda.

Lo más importante de los resultados de la elección de gobernadores, es que muestran un claro rechazo a posturas maximalistas, dando preferencia a quienes están dispuestos a ceder, a buscar acuerdos y puntos de encuentro. Eso pareciera explicar gran parte de la derrota tanto de candidatos opositores, como de proclives al gobierno. Es el caso de los candidatos del partido republicano que llegaron a la segunda vuelta, pero no pasaron este tamiz, al igual que la candidata de la UDI en Valparaíso (María José Hoffman). O el caso de Alejandro Navarro, quien pensó que la ciudadanía obviaría su respaldo a Maduro en tiempos no muy lejanos.

En fin, se me quedan muchas cosas en el tintero, pero lo relevante, es que los procesos electorales en Uruguay como en Chile, por parte de gobiernos de distinto signo, se llevaron a cabo democráticamente y en forma ejemplar, con resultados conocidos en la misma noche, aceptados por todos. Todo esto marca una enorme diferencia con el proceso electoral que no hace mucho se llevó a cabo en Venezuela, pleno de vacíos, y donde su gobierno presume de un triunfo que no ha sido capaz de demostrar hasta el día de hoy.

noviembre 19, 2024

El síndrome de Estocolmo

Un nuevo populismo de derechas -el fascismo puro y duro- pareciera que recorre el mundo, en principio, como resultado de un desencanto colectivo, de un sentimiento de frustración con la democracia, de que ésta nos ha fallado.

Curiosamente esto se da no obstante que los mayores progresos socioeconómicos, científicos y tecnológicos, se han dado en democracia, bajo regímenes democráticos, allí donde existe división de poderes; donde las más altas autoridades políticas son elegidas por la ciudadanía y no entre cuatro paredes; donde el poder militar está supeditado, subordinado al poder civil; donde hay libertad de expresión y libertad para emprender; donde el mercado y el estado se conjugan y complementan, controlándose mutuamente con miras a maximizar el bienestar y minimizar la desigualdad.

Tales regímenes no han sido, ni son perfectos, tienen insuficiencias, qué duda cabe: la libertad de elección de autoridades está constreñida por unos medios de comunicación concentrados en pocas manos; la dependencia del poder militar al poder civil es tan solo una verdad a medias; en tanto que el mercado y el estado en vez de complementarse pareciera que buscaran ser sustituidos uno por el otro; la autonomía del poder judicial suele estar acosada por el poder político.

No faltan las limitaciones que impiden el despliegue de la democracia en toda su expresión, donde el dinero no sea la medida del valor de las personas. Así y todo, no se ha encontrado otro sistema político, distinto de la democracia, capaz de proveer el bienestar que toda población anhela.

Nuestro deber es profundizar la democracia, denunciar sus limitaciones para eliminarlas, no para degradarla. Lo que hacen los populismos, tanto de izquierda como de derecha, es hacer uso de la democracia para socavarla, reducirla. Por eso duele la elección democrática de un racista, un misógino, un machista, un delincuente como Trump. Duele cuando se elige a personas que no creen en la democracia, como ha estado ocurriendo en Argentina, al elegir a Milei, como ocurrió en Brasil cuando se eligió a Bolsonaro.

Que estemos eligiendo a personajes que desprecian la división de poderes, que buscan concentrar el poder, es toda una señal de que algo anda mal, de insatisfacción, de frustración con la democracia, con los partidos políticos y con la institucionalidad imperante. También sería señal de que somos un tanto masoquistas, que queremos a quienes nos esclavizarán, nos harán sufrir, a quienes no nos quieren.  

De otro modo no logro explicarme que los inmigrantes estén votando por quienes los quieren expulsar; las mujeres por quienes las basurean; los negros por quienes los desprecian. Que los fallos que presenta la democracia, la decepción que pueda sentir respecto de sus resultados nos lleve a votar por quienes la desprecian, me hace recordar el síndrome de Estocolmo, por el cual nos terminamos identificando con quien nos agrede, siendo leales con quienes no nos quieren, negamos la realidad, y, por último, sentimos gratitud hacia quienes nos atacan.

Lo otra alternativa sería que yo esté equivocado medio a medio, lo que no me atrevo a descartar.

 

noviembre 15, 2024

Trump: lo que nos espera

Foto de Natilyn Photography en Unsplash

A propósito de la reciente elección de Trump y su encuentro protocolar con el presidente actual de EEUU, Joe Biden, mi señora me expresó su esperanza de que se moderara, de que no sería el ogro con que estaría siendo pintado, que tendería puentes con sus opositores. Le pregunté en qué se basaba para pensar en una eventual moderación. Su respuesta fue sencilla: “En que haya aceptado la invitación de Biden a concurrir a la Casa Blanca, se hayan dado la mano, e inicio al proceso de transición de un gobierno a otro de común acuerdo”.

No dejó de sorprenderme, pero pensándolo bien, percibí que su reacción, o su esperanza, muy probablemente sea la de muchos, particularmente de quienes no están en el día a día de la política, de quienes no se percatan que en las lides políticas hay poco espacio para la “buena onda”.

Le respondí que por mi parte no tenía esperanza alguna, que Trump las tiene todas para aparcar cualquier moderación, que por lo demás no está en su personalidad.

Los hechos, las decisiones adoptadas configuran un cuadro opuesto, un cuadro de radicalización, de aprovechar que tiene en su mano a la cámara de representantes, al Senado, a la corte suprema, dado que en todas estas instituciones cuenta con las mayorías necesarias para hacer lo que se le antoje. Y no desaprovechará esta oportunidad. Lo prueban sus primeras designaciones de autoridades que lo acompañarán en este período.

La experiencia de las defecciones que tuvo en su primer período presidencial le será muy útil para rodearse de quienes sean leales a su persona antes que al partido republicano o a cualquier otra cosa. Recordemos que bajo su gobierno no pocos fueron renunciando disgustados, o siendo defenestrados, por desacuerdos con sus decisiones o con su personalidad.

¿Qué se espera que haga Trump? Lo ha dicho sin arrugarse siquiera. En el ámbito de la política exterior apuntará a salirse de la OTAN, dejar que Taiwán y Ucrania que se las arreglen por su cuenta, y abandonar acuerdos en torno al cambio climático. En materia de política interna, cerrará toda institución pública -agencias, departamentos, etc.- relacionada con temas medioambientales, educacionales y sanitarios, elevará los aranceles a productos importados de terceros países, expulsará a los millones de inmigrantes ilegales que están en EEUU.

No creo que Trump se haya postulado tan solo para tener el fuero presidencial que le permita escapar de los procesos judiciales en que está inmerso. Postuló también para hacer todo lo expuesto en el párrafo anterior. Y como tiene todo el poder en la mano -el ejecutivo, el legislativo y el judicial-no tengo duda que lo hará. O que al menos lo intentará con mucha fuerza desde el primer día. Sus primeras nominaciones ya van en esa dirección.

Mencionaré tan solo tres botones de muestra. Uno, la nominación de Robert Kennedy Jr. para dirigir el Departamento de Salud. Éste no es un personaje cualquiera: es hijo de Bobby Kennedy y sobrino de John Kennedy, ambos asesinados, el primero siendo candidato a la presidencia, y el segundo en el ejercicio de la presidencia.  Robert Kennedy Jr. es un activista antivacunas y promotor de teorías de conspirativas y de desinformación en torno a las vacunas, las que ha vinculado al autismo. En el año 2023 se lanza como candidato a las elecciones presidenciales dentro del partido demócrata para posteriormente, ante la falta de apoyo, presentarse como independiente. Y a mediados de este año abandona la carrera presidencial para apoyar a Trump. Su misión en el Departamento de Salud será devolver la salud al país de acuerdo al movimiento MAHA (“Make America Healthy Again”).

El otro botón es Elon Musk, dueño de X, SpaceX y Tesla, a quien Trump le está confiando el Departamento de Eficiencia del Gobierno. Éste es una suerte de ministerio en el que, en palabras de Trump, deberá aconsejar y guiar para desmantelar la burocracia y acabar con los derroches y las excesivas regulaciones en el ámbito público. Habrá que ver en la práctica esto porque es un clásico de quienes postulan la necesidad de ser austeros practicando recortes en el sector público, pero que a la hora de la verdad terminan sus gobiernos batiendo récords de déficit público como ocurrió bajo la primera presidencia de Trump. Existen serias dudas respecto de cómo funcionará, y cuánto durará este tándem, Trump-Musk, porque se trata de dos multimillonarios con sus egos por las nubes.

El último botón está dado por Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, a quien en el año 2016 Trump lo llamaba despectivamente “pequeño Marco”. Gracias a que el tiempo les ha permitido vertebrar fuertes coincidencias en materias de política exterior, ahora lo designó responsable de las relaciones exteriores. Ambos son partidarios de sostener una línea dura frente a China; terminar cuánto antes la guerra en Ucrania; confrontar con los gobiernos de Irán, Venezuela y Cuba; y apoyar a Netanyahu en Israel.

Ya veremos si se da lo que cree y quiere mi señora, o lo que yo creo: que hundirá a EEUU y pondrá al mundo patas arriba.

 

noviembre 12, 2024

Los misterios de la democracia

Por paliza, y contra todo pronóstico, Trump es nuevamente presidente de EEUU. Luego de una interrupción de 4 años, ahora no solo con la mayoría del colegio electoral, que es la que manda en las elecciones presidenciales, sino de la mayoría de los ciudadanos, superando por más de 5 millones de votos a Kamala Harris.

Ganó a pesar de haber propiciado el asalto al Capitolio en la elección pasada en rechazo al resultado de las urnas que lo dieron por derrotado. Él y sus partidarios nunca reconocieron la derrota y sin prueba alguna denunciaron fraude. Ganó a pesar de ser acusado y condenado por 34 delitos. Ganó a pesar de todos los insultos proferidos a sus rivales.

Si todo lo anterior es cierto, entonces ¿porqué y para qué ganó? Unos dicen que ganó porque la gente no vota por valores universales, por los DDHH, por la democracia, o el imperio de la ética, ni nada por el estilo, sino que vota por cosas concretas, por el bolsillo, el trabajo, la seguridad, por cómo va en la parada. A los electores no les importaría si el candidato desprecia la democracia, incurre en delitos o faltas a la ética.

Otros dicen que ganó porque los trabajadores se cansaron del progresismo falso y abandonaron al partido demócrata (PD) por cuyas candidaturas solían votar, dado que se sintieron abandonados por el partido. Primero habrían sido los trabajadores blancos, luego los latinos y los negros.

Es la tesis de Bernie Sanders, líder del ala más izquierdista del PD y lo fundamenta en que a lo largo de estas últimas décadas, último medio siglo, la desigualdad entre los estadounidenses se ha agudizado, donde los más ricos se vuelven más y más ricos mientras más y más personas viven pateando piedras, al tres y al cuatro, y donde del nivel de vida del grueso de las nuevas generaciones es inferior al de sus progenitores. Todo esto a pesar de que hemos estado viviendo un período sin guerras mundiales y de persistente “progreso” tecnológico y del aumento de la productividad.

Otros dicen que ganó gracias a su discurso simple, al hueso, sin mayores preámbulos (Make America Great Again): uno, por la vía de la implementación de un muro físico para impedir la llegada de inmigrantes ilegales junto con la expulsión de ellos; y dos, por la vía de la implantación de un muro arancelario que permita reverdecer a una industria estadounidense que ha perdido peso en el concierto mundial.    

Muchos terminaron votando por Trump, como una forma de votar contra la clase política, o la casta como gusta llamarla a Milei, contra las élites dominantes, como si Trump no perteneciera a ellas.  La mayoría terminó por olvidar, u obviar, las barbaridades de Trump, sus condenas, sus comportamientos, sus abusos, los cuales terminó revirtiendo a su favor. En lugar de hundirlo, lo elevaron a la primera magistratura de un país que sigue teniendo el sartén por el mango a nivel mundial. Tambien dicen que ganó porque mal que mal, con plata se compran huevos. sobre todo en EEUU, aunque no solo allí.

Parece mentira, pero es verdad. Con la votación alcanzada, las mayorías obtenidas en el Senado y la Cámara de Representantes, y la que ya tiene en la Corte Suprema, Trump podrá hacer lo que le da la gana  sin tener que pedirle permiso a nadie.

 

noviembre 04, 2024

España devastada por la DANA

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

La DANA me pilla estando en España, aunque fuera de la zona de peligro, la que está concentrada en las costas del Mediterráneo de la comunidad valenciana y de Cataluña. Yo me encuentro en la costa que da al mar Cantábrico, entre Santander y Gijón.

¿Qué significa DANA? Es un acrónimo que significa Depresión Aislada en Niveles Altos, originado por el choque de aires fríos, polares, con aires cálidos y húmedos. Según sostienen los expertos, las DANAS no son imputables al cambio climático, dado que han existido siempre, aunque en el pasado se denominaban "gotas frias". Si bien la DANA no es imputable al cambio climático, éste está influyendo en su intensidad y frecuencia con las consecuencias que las noticias destacan, y que las imagenes permiten observar en todo su dramatismo.

Como siempre, los vaivenes de los fenómenos naturales ponen a prueba nuestra capacidad previsora, o imprevisora, para anticiparnos o reducir riesgos. Después de un desastre, nos agarramos la cabeza, lamentándonos por no haber tomado medidas preventivas; o por haber incurrido en la ejecución de obras que reportan beneficios en el corto plazo, minimizando o despreciando los eventuales riesgos que conllevan.

En Chile bien sabemos de estas cosas, donde de tiempo en tiempo tenemos terremotos o inundaciones originadas por torrentes de agua que caen de la cordillera por cauces habitualmente secos. Así y todo, pasado un tiempo hacemos lo que sabemos que no debemos, desafiando a la naturaleza que mas temprano que tarde, reacciona.

Es lo que nos está ocurriendo con el cambio climático. Sabemos que ya está entre nosotros, que debemos actuar, que debemos tomarlo en serio. Desgraciadamente somos incapaces de adoptar las medidas preventivas a tiempo desatendiendo los avisos, las advertencias que los expertos en la materia nos formulan.

La destrucción que las anegaciones ha traido la DANA en España me hacen recordar las vividas en Chile en la region del Maule, particularmente en Lincantén donde su centro de salud quedó sumergido en lodo, al igual que poblaciones nuevas en los alrededores de Curicó.

Para rematarla, en España la DANA ha dado origen a una nueva disputa política, dado que hace poco se redujeron los recursos públicos destinados a la prevención de desastres, lo que explicaría que no se adoptaran las medidas preventivas pertinentes, ni que se diera aviso oportuno de lo que se venía encima. De haberse prevenido lo más probable que muchos de los más de 200 fallecidos habrían sobrevivido.

Nada funcionó, ni siquiera la tecnología, porque la población no pudo comunicarse ni efectuar pagos con tarjetas. De allí la desesperación y enojo de la población afectada, expresado con mucha fuerza cuando tanto el rey, como el presidente del gobierno español y de la comunidad autónoma valenciana se apersonaron en terreno para empatizar con los afectados.

Habrá que ver si la solidaridad de muchos y la capacidad de gestion de las autoridades involucradas será capaz de sortear este nuevo desafío que la fuerza de la naturaleza ha puesto sobre la mesa.

 

noviembre 03, 2024

Resultados interesantes de las elecciones regionales

Foto de Joel Barwick en Unsplash
 Las recientes elecciones regionales en Chile arrojaron resultados interesantes que deben llevarnos a mirar con optimismo el futuro. En lo grueso, si nos atenemos a los resultados, tanto de la elección de alcaldes, concejales, como de gobernadores y consejeros regionales, no hay duda que la izquierda ha visto mermada su presencia territorial, en tanto que la derecha la ha visto incrementada.

Esto no debiera sorprendernos. La realidad política hoy es muy distinta a la de años atrás. Las fuerzas de gobierno -Frente Amplio (FA), PC, PS y socialdemócratas (PPD y PR)- deben reconocer que las expectativas generadas en su momento se han visto defraudadas. La izquierda vive horas bajas, no solo en Chile. No solo la izquierda. Chile entero, su institucionalidad se encuentra jaqueada por la corrupción y la inseguridad que el narcotráfico, la desigualdad, la ambición desmedida y la ausencia de valores traen consigo.

No obstante lo señalado, viendo el vaso medio lleno en vez de medio vacío, estas elecciones también nos traen luz, aspectos positivos. Intentaré reseñar algunos de ellos.

Las elecciones se desarrollaron con plena normalidad, bajo un régimen de voto obligatorio y en dos días. Las sospechas opositoras de fraude esgrimidas previo al proceso electoral se las llevó el viento. El comportamiento de la ciudadanía y de las autoridades responsables fue intachable. En los tiempos que corren, de desprestigio de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial marcado por escándalos de diverso orden, la normalidad imperante es algo a destacar.

Ni la soberbia, la desfatachez, la sinvergüenzura de Marcela Cubillos, lograron su propósito. Marcela jugó a ganar, en su cancha, imponiendo su candidatura contra viento y marea. Llegó de Madrid para imponer su candidatura a la alcaldía de Las Condes. Era sandía calada. Llegó barriendo con quien se le pusiera por delante, sacando de carrera a quien era la alcaldesa, Daniela Peñaloza. En la derecha nadie se atrevió a pararle los carros. Quien terminó parándola fue Catalina San Martín, una mujer independiente de derecha que no estuvo dispuesta a dejarse avasallar, que dio pelea, y la ganó. El extremismo perdió.

En Maipú, Tomás Vodanovic, del FA, triunfó abrumadoramente. La ciudadanía le renovó con creces la confianza a un joven que ha puesto por delante la necesidad de una gestión transparente y eficiente, capaz de ponerse de acuerdo con quien sea, sin importar su domicilio político. Un joven que está sacando adelante un municipio diezmado por la corrupción en que lo sumió Katty Barriga cuyas sus extravagancias la tienen en las cuerdas. Frente a la tentación, por la votación alcanzada, de incursionar en la arena presidencial, él ha sido tajante: estos cuatro años la ciudadanía lo eligió para ser alcalde, no para ser candidato a la presidencia. Esta honestidad se valora.

Matías Toledo en Puente Alto rompe 24 años de hegemonía derechista de Renovación Nacional (RN). Venció por paliza, y sorpresivamente, a Karla Rubilar, en base a un silencioso trabajo de hormiga en la base territorial, en las organizaciones sociales. Karla, la afuerina, había sido incorporada al equipo del actual alcalde, Codina, para que fuera compenetrándose del municipio y de la comuna. No obstante todas las facilidades y recursos con que contó, fue derrotada sin atenuantes por Matías, un independiente de izquierda. Con plata no siempre se compran votos.

Son tan solo tres botones de muestra que nos están dando cuenta de que algo bueno puede estar pasando.