Para enfrentar las elecciones presidenciales de fin de año (2025), la izquierda parece depositar sus esperanzas en que Michelle Bachelet termine por aceptar ser candidata por tercera vez.
Las razones que
explican esta espera se centran en la ausencia de candidatos competitivos, dado
que no marcan en las encuestas. Ni el Frente Amplio (FA), ni el partido
comunista (PC), ni el socialismo democrático (PS, PPD y PR) tienen nombres
competitivos para enfrentar a una derecha que sí tiene candidatos para tirar
por la ventana. Lo prueba la presencia de Matthei en la primera línea de fuego,
seguida por Kast y Kaiser, entre otros. Si bien Chile no es Argentina, a Kaiser
hay que seguirlo con atención. De partida ya está desplazando a Kast.
En el FA, como quien da manotazos en el aire, procuran levantar nombres de última hora a partir de las últimas elecciones (Vodanovic, alcalde de Maipú recién reelecto por amplia mayoría) o de lindos discursos (Winter, diputado que no da puntada sin hilo). Pero en la práctica no tienen a nadie.
El PC tiene una
cartera de nombres (Jadue, Vallejo, Jara), pero hasta ellos mismos saben que en
un país como el nuestro, y más en el contexto mundial en que estamos, no tienen
posibilidad de alcanzar con alguna chance la presidencia del país. Eso
le saben desde los tiempos en que eran el partido más poderoso dentro de la
izquierda chilena. Sus precandidaturas siempre han sido testimoniales, sujetas
a negociación. De allí que en el pasado su candidato siempre fuera Allende.
El PS, excepto a
Michelle, no tiene a nadie por más que a última hora intenten levantar
precandidaturas sin destino. El PR tampoco. El PPD tiene a Carolina Tohá, que
si bien no marca en las encuestas, es una potente carta no desdeñable que está a la
espera de la decisión de Michelle. En el mismo estado se encuentra Ricardo
Lagos Weber, quien está dispuesto a tirarse a la piscina si Michelle y Carolina
decidieran no ir.
Así las cosas, no
extrañaría que a fin de año tengamos una izquierda fuera de la segunda vuelta,
teniendo que optar entre dos candidatos de derecha. Esta es la realidad
política en que se está.
La espera de la definición de Michelle es, a mi modesto entender,
inútil e injusta. Inútil, porque ella ya se ha pronunciado, ya ha dicho que no va
a ser candidata. Ella ya cumplió, ya fue presidenta dos veces. Injusta, porque
no tenemos derecho a exigirle que se presente una vez más, petición que no hace
más que revelar la ausencia de proyecto en que se encuentra sumida la
izquierda. Ausencia que pretendemos tapar levantando el nombre de Michelle.
Dicho lo anterior, se
desprende que el problema de la izquierda no es la falta de candidatos o de nombres,
sino de un proyecto que convoque, que recoja la experiencia acumulada, que no
es poca, que recoja un contexto desafiante marcado por el declive del imperio
estadounidense y la emergencia de una China que pareciera esperar con ardiente
paciencia china su hora. En consecuencia, lo que corresponde es levantar un
proyecto de izquierda, sólido, consistente, capaz de enfrentar una nueva
realidad más compleja determinada por nuevos tiempos, nuevas tecnologías, nuevos
modos de convivencia. Un proyecto capaz de encarar las propuestas de una derecha, que tras máscaras libertarias, ocultan dictaduras y la perpetuación de desigualdades e injusticias imposibles de
soslayar.
Por ello mi tesis es
que antes que andar pensando en un(a) candidato(a) para ganar las elecciones
presidenciales o parlamentarias, se deba pensar en levantar, restaurar, resucitar y/o construir un proyecto de izquierda que de cuenta de lo expuesto. Con proyecto
en mano, bajo la conducción de un liderazgo sólido, experimentado, convocante, sin
dobleces, es lo que necesitamos para ganar. De esta forma tenemos opción de
ganar, de romper la tendencia actual, dando vuelta el tablero.
Desgraciadamente, en Chile, y me temo que también en muchos otros países, se tiende a poner la carreta por delante de los bueyes, esto es, buscar candidatos y después pensar en el proyecto a implementar, en vez de al revés, como debe ser en toda democracia que se precie de tal: levantar el proyecto desde la sociedad civil a partir de sus organizaciones políticas y sociales, para recién después, ver quienes habrán de ser las personas más apropiadas para liderarlo.
Sin un proyecto estructurado, con objetivos claros. el triunfo electoral para la obtención del gobierno y mayorías parlamentarias, se hace cuesta arriba. Lo primero es lo primero. Y este requisito es particularmente exigible si se quiere que Michelle represente, una vez más, a la izquierda. Mientras este proyecto no exista, confío que Michelle confirme su decisión de no ser candidata.