agosto 28, 2015

Un modelo exportador fracasado

Con la llegada del innombrable en el 73, el país experimentó un cambio de timón que perdura hasta el día de hoy. Un cambio en todos los frentes a punta de bayonetas. Entre ellos, el modelo productivo de sustitución de importaciones que se implementó desde las primeras décadas del siglo pasado, por un modelo basado en las exportaciones en base a la teoría de las ventajas comparativas. Esto es, que nos concentráramos en producir aquello en que somos más eficientes, dejando que otros produzcan aquello en lo que nosotros seríamos ineficientes, o no tan eficientes. La implementación de este nuevo modelo se basó en una drástica rebaja arancelaria, esto es de las tasas que debía pagar todo producto importado que los encarecía artificialmente para promover su producción nacional. Todo se ve superlógico, sin embargo la realidad ha resultado ser algo más compleja. En efecto, a más de 40 años de la implantación de esta política, las consecuencias negativas están a la vista.

Primero, la incipiente industria nacional que se estaba gestando, prácticamente desapareció. Su personal pasó a engrosar el desempleo, y posteriormente, el empleo informal, callejero, que perdura hasta la fecha. Había que aguantar el chaparrón mientras se generarían empresas exportadoras que absorberían el desempleo generado. Esto último no ocurrió, dado que estas últimas no generaron empleo en la magnitud del que se destruyó.

Segundo, el empleo se precarizó, se volvió inestable de la mano de una reforma laboral que alteró sustantivamente la relación de poder entre el factor trabajo y capital en favor de este último. Con ello se favoreció la subcontratación, la externalización, el debilitamiento de las organizaciones sindicales, reduciéndose la capacidad para negociar colectivamente. Esta realidad se mantiene hasta nuestros días no obstante los esfuerzos por equilibrar la relación entre el capital y el trabajo.

Tercero, se asumía que habría un impulso exportador en producir aquello en lo que seríamos más eficientes, sin embargo a más de 4 décadas en nuestra canasta exportadora sigue dominando sin mayor contrapeso la exportación de nuestros recursos naturales sin mayor valor agregado. Esto es, seguimos exportando cobre en bruto, maderas en bruto, frutas. Todo nuestro discurso en favor de la innovación, del emprendimiento y los incentivos disponibles desde que tengo uso de memoria, han caído a saco roto, más allá de iniciativas exitosas puntuales, pero sin mayor peso.

Por último, nos hemos vuelto más frágiles. En vez de ganar en autonomía, independencia, hemos estado transitando por un sendero que nos está conduciendo a un incremento en la dependencia de factores que no controlamos.

No se trata de practicar la autarquía, ni de ser autosuficientes, simplemente se trata de no exagerar, de no abrir de par en par puertas y ventanas para quedar en la intemperie, como es el estado en que nos encontramos ahora, donde hasta las pensiones dependen de China y del resto del mundo, donde el trabajo de toda una vida se puede estar yendo por la alcantarilla.

Se trata simplemente de no pasar de un extremo a otro. En síntesis, es necesario tomar ciertos resguardos, como de hecho lo hacen los países de mayor desarrollo. Me cuesta creer que ellos sean tan tontos para hacerlo, y nosotros tan inteligentes como para no hacerlo.

agosto 27, 2015

La crisis china

Bastó que China dejara de crecer como lo estaba haciendo, para que todo tambalee. Las bolsas crujen. Todo un modelo de desarrollo es puesto en jaque. Y ello ocurre no obstante que se sabía y se sabe que las tasas de crecimiento de China no eran sostenibles. No lo eran por varios factores, entre los que se deben destacar un modelo político de partido único, el PC chino, fuente de corrupción, conviviendo con un modelo económico de libre mercado, un modelo productivo depredador, contaminante, bajo un modelo laboral explotador, inhumano. Esto es, con chinos trabajando como chinos por migajas. Eso explica que el mundo se inundara de productos chinos a precio de huevo.

Si bien, el mundo se frotaba las manos empujado por esta suerte de locomotora china, era evidente que esto no sería duradero. No obstante, China se ha reposicionado. Hoy está con un poder que no tenía en el pasado, el poder de tenernos colgando de una brocha gracias a que en su momento solo vimos las ventajas de corto plazo, sin visualizar las consecuencias de mediano y largo plazo que ya estamos palpando.

Esta visión cortoplacista es la que nos tiene en las cuerdas. Lo señalado se ve agravado porque nos pilla en pampa gracias a un modelo económico que dejó de lado la política de desarrollo industrial basada en la sustitución de importaciones en que se había empeñado el país a lo largo de todo el siglo pasado hasta el golpe, comprándose gratis la teoría de las ventajas comparativas. Es así como dejamos de producir lo que otros producen más eficientemente, y nos centramos en producir aquello en que creemos somos más eficientes: extraer, dilapidar nuestros recursos naturales.

Reconozcamos que, al menos en el caso chileno, esto viene de antes del crecimiento chino, viene desde los tiempos del innombrable, responsable de la instalación del extremista modelito económico neoliberal que nos tiene en las cuerdas.

Resultado: lo que tenemos hoy día, esto es, un sector manufacturero prácticamente desaparecido, por ineficiente. Es así como hoy importamos más barato lo que antes producíamos más caro, pero seguimos exportando recursos naturales sin mayor valor agregado. A pesar de todos los esfuerzos, de todos los discursos en torno al emprendimiento y la innovación, lo concreto que en nuestra canasta exportadora sigue dominando sin contrapeso, el cobre, la fruta, la madera.

En el interín, la informalidad ha crecido, multiplicándose, con toda la carga de precariedad, fragilidad, inestabilidad que trae consigo. El empleo formal, estable, ha ido en descenso, y con ello, la tranquilidad, la seguridad familiar, que hoy, una vez más, gracias a lo que ocurre en China, vuelve a estar en el candelero.

No se trata de practicar la autarquía, ni de ser autosuficientes, simplemente se trata de no exagerar, de no abrir de par en par puertas y ventanas para quedar en la intemperie, como es el estado en que nos encontramos ahora, donde hasta las pensiones dependen de China y del resto del mundo, donde el trabajo de toda una vida se puede estar yendo por la alcantarilla.

En vez de ganar en autonomía, independencia, hemos estado transitando por un sendero que nos está conduciendo a un incremento en la dependencia de factores que no controlamos. De un extremo, nos hemos ido al otro extremo.

agosto 25, 2015

El desafío de diseñar o rediseñar una organización

Normalmente se asocia el diseño organizacional a la estructura, y ésta tiende a reducirse a un organigrama. Sin embargo, el diseño de una organización es más que eso. No se trata tan solo de distribuir cargos, funciones, responsabilidades, tareas, sino que con otros aspectos imposibles de soslayar. En esta ocasión quisiera destacar aspectos vinculados a la formalización, la centralización y el ejercicio de la autoridad.

La formalización tiene que ver con la estandarización de las actividades que se han de ejecutar. Si acaso estas actividades han de realizarse en base a procedimientos o protocolos ya definidos, o bien, quienes poseen la responsabilidad de su realización tienen espacios de libertad para proceder por su cuenta, para innovar. Las empresas tradicionales, con trayectoria tienden a un mayor formalismo, pero en un contexto de alta competitividad este formalismo puede ser un obstáculo para innovar, para adaptarse a mercados cambiantes, reacios a la fidelización.

El grado de centralización/descentralización se relaciona con el control o con el nivel en que se adoptan las decisiones, las que pueden ser al más alto nivel en el caso de una organización muy centralizada, o en el más bajo nivel en el caso de organizaciones descentralizadas. Por lo general se ha tendido a un alto de centralización, pero la tendencia apunta en la dirección contraria, ya sea por el propio crecimiento que pueda estar experimentando una empresa, que dificulta mantener las riendas a nivel central, o bien por la necesidad de adoptar decisiones rápidas en el lugar de los hechos y no tener que esperar que ellas vengan de arriba.

Por último, el diseño de una organización también implica definir la forma en que se ejercitará la autoridad. Esta forma puede ser más o menos democrática, más o menos autoritaria, más o menos consensuada. Según si se aspira a un mayor o menor ejercicio democrático de la autoridad podrá depender la nominación de quienes ocupen los cargos dentro de las organizaciones, o bien, quienes ocupen los cargos deberán ejercer su autoridad en base a lo resuelto.

Como se puede observar, el diseño de una organización va mucho allá de precisar su estructura, abarcando aspectos de carácter intangible como los mencionados. En consecuencia, antes de diseñar, o rediseñar, una organización, se hace necesario conocer su misión, su visión, su estrategia, su objetivo, el sector en el que opera, las características del personal con que cuenta.

A modo de ejemplo, una organización que opere en un sector moderno, altamente tecnologizado, muy probablemente dispondrá de profesionales muy competentes, capaces de tomar decisiones por sí mismos y, por otro lado, se deberá estar desenvolviendo en mercados altamente competitivos. Bajo este escenario, lo más probable es que esta empresa tenga un bajo grado de formalización –para dar libertad a su personal en la realización de sus actividades-, un bajo grado de centralización –para adoptar decisiones por sí mismos sin esperar que otros decidan-; y un grado de ejercicio de autoridad altamente democrático –resolviendo situaciones en base a conversaciones y sin que sea necesaria la imposición-.

agosto 21, 2015

Realismo sin renuncia

Desde que Michelle hizo mención al “realismo sin renuncia” se han sucedido una serie de interpretaciones a la pinta de cada cual. No es para menos. Desde las filas de la Nueva Mayoría (NM), unos ponen el énfasis en el realismo, en la necesidad de adecuarse a las circunstancias, a un contexto caracterizado por un escenario económico complejo; otros ponen el acento en “sin renuncia”, esto es, que no se abandona el programa de gobierno para el cual fue elegida. Desde la oposición, o toman palco, o buscan meter cuña para dividir.

No cabe duda que la candidatura y triunfo de Michelle se explican, en lo fundamental, por el impulso de los movimientos sociales, el hastío con un modelo económico altamente discriminador en contra de los más desposeídos que en vez de reducir la desigualdad, la agudiza. Un modelo político, económico, social y cultural parido en dictadura y consolidado a lo largo de todas estas décadas. Los gobiernos de la Concertación, encorsetados por el empate político definido por un sistema electoral binominal que infló a la derecha, unas FFAA que dejaron el gobierno, pero que siguieron teniendo peso, con la desenfadada presencia del innombrable en la comandancia en jefe del Ejército primero, y luego como senador vitalicio. A ello hay que agregar la vigencia de una constitución que dificulta in extremis todo cambio al modelo.

Finalmente, luego de 20 años de Concertación, la ciudadanía optó por entregar el gobierno a los papis del modelo, la derecha. Así y todo, no le fue fácil ganar, lo que logró gracias al desgajamiento de la Concertación de sectores de centro. Los 4 años de gobierno de Piñera terminaron convenciendo a la ciudadanía que era la hora de realizar una serie de reformas que no admitían mayores postergaciones. Reformas en el ámbito educacional, constitucional, laboral y previsional conducentes, no a eliminar la desigualdad, sino que a dejar de ser los campeones en materia de desigualdad. De allí la necesidad de revertir la consolidación de un modelo que está consagrando una desigualdad perniciosa, generadora de inseguridad, desconfianza y desánimo.

A poco andar, se pudo constatar que otra cosa es con guitarra, que a la hora de aterrizar las reformas, las dificultades no son menores, que más allá de los titulares, hay un contexto que es cambiante. Que el horno no está para bollos. El punto es ¿cuándo el horno está para bollos? ¿quién lo define?

Es así como con el devenir de los días han estado en el tapete noticioso nuevos verbos: priorizar, gradualizar. Nada nuevo bajo el sol. En efecto, gobernar es priorizar, es gradualizar. Nunca, no solo ahora, nunca se tienen todos los recursos que se requieren. Son pocos los que pueden darse el lujo de hacer lo que quieren de un paraguazo. Gobernar es ordenar, tener una agenda de prioridades, tener una carta Gantt. Es imposible hacer todo de un viaje. Sobre todo en política, que no es otra cosa que el arte de negociar, de resolver civilizadamente los conflictos, con un papel y un lápiz, sin odios ni violencias, sin bayonetas ni pistolas al pecho, en la medida de lo posible.

El tema es ¿Quién define lo posible? ¿quién define lo que viene primero y viene después? ¿la mayoría o la minoría?

agosto 14, 2015

Recordando el desplome financiero

Hace ya casi 7 años en USA, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, dando origen a la peor crisis financiera de la historia, mayor incluso a la gran depresión de 1929. Desde entonces USA primero, y luego el resto de los países desarrollados, al igual que el resto del mundo, se vieron afectados.

La verdadera historia parte de la derecha norteamericana, la de los republicanos, cuando en el año 2002 de la mano de su presidente Bush, en uno de sus tantos arranques populistas, sostuvo que era hora de cumplir el sueño americano de tener casa propia. Liberalizó todo lo que había que liberalizar para que el sector privado hiciera el negocio de su vida con el sueño de la casa propia de millones de norteamericanos en base al endeudamiento. Removió todas las regulaciones del mercado de capitales para facilitar el financiamiento hipotecario a los más pobres, con o sin trabajo.

Todo esto en un contexto muy particular, cuando USA aún no salía del trauma que significó la caída de sus torres gemelas y la caída en cadena de muchas de sus empresas de internet puntocom. Era necesario un nuevo despertar, una nueva pomada, un nuevo sueño.

La Reserva Federal siguió el juego de Bush reduciendo las tasas de interés del 6% al 1%, y con ello el costo del dinero. La bolita se echó a rodar. Los bancos y agentes hipotecarios se frotaban las manos expandiendo el crédito hipotecario a quienes no tenían trabajo ni ingresos. Eran los tiempos en que en Chile las casas comerciales regalaban tarjetas de crédito. Se estaban otorgando créditos a quienes se sabía que no iban a pagarlos. Cualquier persona con dos dedos de frente sabía que más temprano que tarde el castillo de naipes artificiosamente creado se derrumbaría.

Al mismo tiempo se creaban nuevos instrumentos financieros sin regulación alguna y que se transaban libremente. De la noche a la mañana la burbuja del alza de las viviendas se desploma, y el valor de las viviendas, pasa a estar por debajo de las deudas contraídas por propietarios que no tenían con qué pagar. A las familias endeudadas les fue más barato devolver sus viviendas que seguir pagando préstamos por un valor que sextuplicaba el valor de la propiedad. Terminaron sin casas y endeudados. El sueño de la casa propia no fue más que eso: un sueño.

Aún nos pena la irresponsabilidad con que se construyó el castillo de naipes por parte de quienes se autocalifican de serios, ponderados, responsables.

agosto 06, 2015

El refrito educacional

Materializar la gratuidad en la educación superior, parece estar sumida en un obsceno túnel desconociéndose si verá la luz en algún minuto. A estas alturas aún no se sabe si será tan largo y exitoso como el que le hicieron al narcotraficante Chepo Guzmán a vista y paciencia de moros y cristianos.

La gratuidad no surge por azar. Las movilizaciones del 2006 y del 2011 pusieron la temática sobre la mesa mediante un slogan simple y majadero: “educación pública, gratuita y de calidad”. En ocasiones, era complementado con “sin fines de lucro, participativa”.

Las movilizaciones dieron cuenta de la insatisfacción reinante y que trascendía el ámbito educativo. Una insatisfacción que concierne al modelo de país, de sociedad que estamos construyendo. De otra manera no se explica los altos niveles de adhesión alcanzados. También explica en forma importante la derrota de la derecha en las últimas elecciones presidenciales y el consiguiente triunfo de Michelle.

Restringiéndome a la educación superior, se clamaba por restituir una educación pública en el más pleno sentido de su expresión. En efecto, las dos universidades estatales nacionales –la Universidad de Chile y la Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago- fueron literalmente descuartizadas por razones estrictamente políticas, ideológicas. Con el inconfesable propósito de hacerles perder peso en el desarrollo del país y en la conformación del ser nacional. La reducción presupuestaria que experimentaron del 73 en adelante y la introducción de la lógica mercantil en la educación desde la década de los 80 hicieron el resto. No obstante que desde los 90 los gobiernos democráticos han tratado de mitigar la situación, lo concreto es que el modelo educativo permanece impertérrito. De otro modo no se explica que el Estado no pueda favorecer a sus universidades, abandonadas por un Estado ausente que se ha desentendido de lo que le pertenece.

No por azar se clamaba por una educación gratuita. Fruto de la privatización tenemos la educación más cara del mundo en relación a nuestro ingreso per cápita sin regulación alguna. Recién en las últimas décadas se han introducido algunas regulaciones mínimas, pero absolutamente insuficientes. La prueba más palpable es la existencia de universidades que de tales solo tienen el nombre.

Se clamaba por una educación de calidad. La protesta nace del uso y abuso de la aspiración de miles de hogares chilenos por educar a sus hijos y desearles un mejor futuro. Para ello asumen que las instituciones existentes son capaces de proveer esta educación. Desgraciadamente esto es falso. No pocos egresan con credenciales sin valor, habiendo perdido dinero y tiempo. Más encima terminan endeudados. No pocos ni siquiera terminan, pero así y todo, endeudados.

Este es el triste sino que afecta a gran parte de nuestra juventud como consecuencia del refrito que tenemos.

 
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