marzo 27, 2014

La retroexcavadora en la educación

El senador y presidente del PPD, Jaime Quintana, actual vocero de la Nueva Mayoría, coalición ganadora de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias, dijo sin pelos en la lengua: “No vamos a pasar la aplanadora, sino a poner una retroexcavadora. Hay que destruir los cimientos del modelo neoliberal”. Con su expresión, hizo arder Troya en todas las direcciones, tanto en la derecha como en la Nueva Mayoría.

No es para menos. La afirmación se enmarca en la reacción por el retiro desde el palacio de la moneda de los últimos proyectos remitidos por Piñera que apuntaban a subsanar deficiencias del modelo educacional. En palabras de Camila, en el año 2011, a “podar el arbolito“ antes que a “cambiar el arbolito“.

Todo el mundo sabe que Michelle ganó porque uno de sus caballitos de batalla fue justamente este. Ganó porque la visión mayoritaria que tiene el país de la educación no es la de un bien/servicio de consumo más, que se transa en el mercado al mejor postor; ganó porque el país no quiere más aspirinas ni cambios cosméticos que han exacerbado la discriminación y la segregación. Ganó en rechazo a un modelo educacional impuesto en dictadura y perpetuado gracias a los cerrojos impuestos por la derecha y la complicidad de no pocos sectores de la propia Nueva Mayoría.

Por tanto, la expresión de Quintana no hace sino reflejar lo que debe hacerse. Pero como siempre ocurre en estos casos, el acento se pone en la forma, en el lenguaje, antes que en el fondo, sobre todo en un país que gusta de eufemismos. Por años se habló de pronunciamiento en vez de golpe de estado; de régimen autoritario en lugar de dictadura. Lo mismo podía haberse dicho con mayor suavidad, poniéndose énfasis en la construcción de un nuevo modelo educacional antes que en la destrucción del modelo existente.

Como bien lo ha afirmado el propio gobierno, no se trata de aplicar aplanadoras ni retroexcavadoras, sino que de levantar los obstáculos que impiden avanzar hacia un modelo de educación capaz de generar ciudadanos responsables, críticos, capaces de desenvolverse en un mundo cada vez más complejo. Y que esta educación no dependa del dinero disponible en el bolsillo de cada familia.

Todo esto se da en los inicios de un gobierno cuya responsabilidad para dar un gran salto adelante es enorme, tanto en el ámbito educacional como constitucional. Al término de este gobierno se aspira que se hayan sentado las bases tanto para un nuevo modelo educacional como constitucional que deje atrás los que nos impuso la dictadura y que la ciudadanía ha rechazado una y otra vez en las distintas contiendas electorales a las que ha sido convocada.

Si la derecha se allanara a los cambios que la mayoría demanda, no se requerirían ni aplanadoras ni retroexcavadoras. Sin duda que la expresión es fuerte, pero que se vengan a escandalizar, poniendo el grito en el cielo quienes fueron cómplices activos o pasivos de las barbaridades de la dictadura, es como mucho.

marzo 20, 2014

Desde Berlín 2014

Poco antes de llegar a Berlín, la emblemática capital de Alemania, desapareció un avión malasio con más de 200 pasajeros. Y en Ucrania se había desencadenado una crisis de gobierno que culminó con la destitución de su presidente por parte del parlamento ucraniano. En Chile, las fallidas nominaciones de subsecretarios y gobernadores del nuevo gobierno de Michelle, generaban escozor.

Hoy, no obstante el tiempo transcurrido, los temas mencionados siguen presentes en mayor o menor medida. Quizá el del avión desaparecido sea el que ya no está en el primer plano noticioso, lo que no significa que haya aparecido, ni que existan rastros de él. No deja de intrigarme que en los tiempos actuales de GPS, de satélites, de robots, de internet, estemos en presencia de un avión que no ha dejado rastros. Hasta el minuto de escribir estas líneas no se sabe siquiera si se cayó o fue secuestrado, dejando sumidos a las familias de los pasajeros en la más penosa de las incertidumbres. Confieso que me cuesta creer que no se sepa nada.

En Europa se estima que la guerra fría clausurada con el derrumbe del muro de Berlín y de la Unión Soviética, está siendo recreada con la reacción rusa ante la destitución del presidente ucraniano. El resultado del referéndum en Crimea, permite avizorar su casi segura anexión a Rusia. Occidente, paralizada, sorprendida, ya la dio por perdida luego del zarpazo de Rusia. Putin, sin medias tintas, busca resucitar la Unión Soviética, o a lo menos, impedir que los países con los que limita en su oeste, se occidentalicen. Necesita recrear un muro de contención, como lo fueron en su momento Polonia y Alemania Oriental, entre otros países. Putin apuesta que Europa no reaccionará, más allá de declaraciones de rechazo, dada su dependencia energética. Descaradamente, Putin está interviniendo militarmente, retrotrayendo la historia a siglos pasados, sin disimulo alguno aprovechando el desconcierto reinante.

Y las noticias que llegan de Chile dan cuenta que la teleserie de las nominaciones de subsecretarios y gobernadores continúa sin mostrar signos de término. Bajan a unos y suben a otros. La oposición parece desear interpelar al ministro del interior, sin percibir que más allá de los errores, estamos en presencia de un fenómeno nuevo sumamente interesante, siempre y cuando no se pretenda que los cargos sean ocupados por santos, que en los tiempos que corren, no existen, si es que en algún momento existieron. Asumo que lo que se pide, es que no sean sinvergüenzas. En un pasado no remoto, estos últimos pasaban piola. Hoy, esto es más difícil. Ya no solo se requeriría tener los medios de comunicación en manos de los poderosos, sino que también el control de las redes sociales, de los diarios digitales y de los blogs. Por suerte éstos existen y están permitiendo el destape de lo que antes se tapaba. A pesar de tanto malandrín, no están los tiempos para malandrines.

marzo 13, 2014

Filosofando con Mujica

Al final quien se robó la película en el proceso de cambio de mando chileno, entre las autoridades visitantes, no fue Maduro, sino Mujica, el presidente uruguayo. Su pachorra, su desfachatez, su informalidad, rompen esquemas. Su popularidad, no solo en Chile, sino que en el mundo entero, y quizá mayor que en Uruguay mismo, si bien atraviesa a todos los estratos, la tiene muy especialmente entre los jóvenes.

La razón es muy simple. Invita a soñar, invita a reflexionar en tiempos que nos han arrebatado las ilusiones. Vivimos tiempos de un neoliberalismo ramplón que nos invita a lo contrario, a ser realistas, pragmáticos, aterrizados, a aceptar ciegamente los veredictos, las veleidades, las tentaciones del mercado. Un mercado que nos invita a lo contrario, a no pensar, a dejarnos llevar por la farándula. La droga de nuestro tiempo que nos inoculan día tras día es la publicidad machacona para consumir lo que no necesariamente requerimos y que penetra lenta, pero persistentemente hasta convertirnos en zombies.

Pepe Mujica nos invita a rebelarnos, a resistir, a ser capaces de poner coto a esta invasión en nuestra voluntad resquebrajada y vencida con una educación de mala calidad que invita a la resignación, la aceptación, a asumir al egoísmo y la injusticia como algo consustancial a la naturaleza humana.

De qué sirve el progreso, tener más bienes y servicios, muchos de ellos innecesarios, si para tenerlos, en vez de trabajar menos tenemos que trabajar más y más con empleos que tienden a precarizarse. Hoy, tener un empleo con contrato perdurable, no temporal, tanto acá como en la quebrada del ají, es como sacarse la lotería.

Pepe Mujica nos recuerda que el hambre y la depredación no tiene porqué existir y que si existe es por responsabilidad nuestra, por nuestras conductas, por la desigualdad que nuestros sistemas políticos, económicos y sociales promueven sin cesar. Michelle refrendó lo expuesto al recordarnos que nuestro enemigo no es el otro, no es el prójimo, es la desigualdad, y que todos juntos debemos remar en esa dirección. Construir una sociedad menos desigual es un desafío que se dio en el pasado, que sigue presente y que seguirá en el futuro si no hacemos nada.

Si algo hemos aprendido en estas últimas décadas, son al menos tres grandes lecciones. Una primera lección, es que nuestro sistema político-económico no resiste más maquillajes. Más mercado en una sociedad tan desigual como el nuestro, no hace sino acentuar la desigualdad. Por tanto, es un imperativo de la hora presente revertir el proceso de mercantilización que se ha vivido desde hace ya más de 30 años. Es imperativo rescatar la educación, la salud y la previsión de las garras de un mercado donde unos pocos han hecho de las suyas sin misericordia alguna. La zanahoria ha sido el lucro sin el más mínimo sentido de la ética. Ha sido un verdadero asalto a mano armada como lo demuestra lo que han ganado en estos años las administradoras de salud, de fondos de pensiones, y sostenedores de verdaderas cadenas de establecimientos educacionales subvencionados, gestionados como si de sucursales de supermercados se tratara, con el agravante de que lo han hecho con recursos públicos. No hay relación entre la calidad de los servicios prestados y las utilidades registradas. En síntesis, han defraudado, la fe pública.

Una segunda lección, es que tenemos que cuidar lo que tenemos, valorizar los espacios democráticos ganados con el sacrificio de tantos, no romper vínculos, no cerrar puertas ni ventanas, que debemos dialogar, conversar, no vernos como enemigos. Pepe habla desde sus entrañas, desde su vivencia, sabe de qué habla. Él vivió a concho los tiempos en que nos veíamos como enemigos, y sabe en carne propia, que a río revuelto, ganancia de pescadores. Que los de arriba se las arreglan para ganar, asfixiando la economía para que sus súbditos armados hagan lo suyo. Si algo hemos aprendido, es que el único espacio en el que los de abajo pueden ganar, es el de la democracia. Por ello es imperativo profundizarla, consolidarla, avanzando en transparencia, en educación, en rendiciones de cuentas, en descentralizaciones, en la distribución del conocimiento, del poder, de los recursos.

Y una tercera lección, pero no por ello, menos importante, es que al igual que con la democracia, con la economía no se puede jugar. No es llegar y echar a andar la maquinita de fabricar billetes y andar repartiéndolos si no están respaldados con producción de bienes y servicios. En caso contrario, lo que tenemos ya lo sabemos: una combinación letal de inflación, escasez, desabastecimiento, mercados negros. Venezuela lo está experimentando en carne propia. Las políticas asistencialistas son inconducentes. La responsabilidad fiscal es esencial. Pero no solo ella, también la responsabilidad privada, esto es, no gastar más de lo que se tiene, de lo que se produce, no endeudarse sin conocer los intereses implicados que al final nos hacen pagar dos o más veces el valor de lo que compramos.

marzo 06, 2014

Cambio de mando

El cambio de mando estará marcado por ciertos hechos de corto y largo alcance. El gobierno que se va poco menos que está tirando la casa por la ventana como si después viniera el diluvio. Entiendo que Piñera celebrará la misma noche con sus colaboradores más cercanos en su casa. No tengo claro qué celebrará, porque hasta donde yo sé, la candidata de sus adherentes, fue derrotada estrepitosamente, y el resultado de las elecciones parlamentarias ha provocado que la UDI disminuyera significativamente su representación en el congreso nacional, y en el otro, RN, el choclo se ha ido desgranando.

No recuerdo que Michelle, al término de su anterior gobierno, haya celebrado con bombos y platillos como Sebastián, que no haya podido entregar la presidencia del país a un candidato de su coalición. Quizá lo que esté celebrando Sebastián sea que no le haya tocado un 27F, aunque en estos últimos días la tierra no ha dejado de sacudirse y recordarnos que en cualquier momento puede saltar la liebre.

El cambio de mando, en todo país democrático, se asume que es un hito significativo en la historia política de un país. No cabe duda que habrá momentos de especial simbolismo, destacándose la entrega de la banda presidencial a Michelle por parte de una de las hijas de Salvador Allende.

Otro hito estará constituido porque el primer gobierno de derecha después de la dictadura, haya sido capaz de gobernar bajo las reglas de la democracia y no de las bayonetas, respetando todas las formalidades inherentes a toda democracia. No les debe haber sido fácil, aunque está claro que no están los tiempos para andar pateando el tablero por más ganas que haya tenido algunos de sus partidarios.

Otro hito que marcará a este cambio de mando ha sido la dificultad para constituir e instalar los nuevos equipos gubernamentales. La nominación de nuevos ministros, subsecretarios e intendentes no ha estado exenta de errores. De hecho más de uno ha debido dar una nominación se ha caído, y eso que falta que se caigan otras que políticamente se harán insostenibles en el tiempo, como es el caso de Carolina Echeverría., quien al resistirse a dar un paso al costado le hace un flaco favor al nuevo gobierno.

Si hay algo positivo que podamos rescatar de estas últimas semanas, es que ya no están los tiempos para pasar gatos por liebres, que se ha avanzado en materia de transparencia, que se hace cada vez más difícil ocultar hechos y/o decisiones que nos pesen. Esto, a pesar del control que grupos empresariales ejerce sobre los medios de comunicación tradicionales que a la fecha no han logrado bloquear la información que circula por las redes sociales.

Gobernar a espaldas de la gente se hace cada vez más difícil, por lo que lo más recomendable es hacerlo a cara descubierta, con las manos limpias, con la verdad, sin letras chicas. El país demanda un gobierno con valores. Quizá ese sea su principal desafío.

 
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