marzo 20, 2012

La farra de Chile


Haber tenido como técnico de la selección nacional de fútbol al loco Bielsa constituye un privilegio que nos farreamos al dejarlo irse hace ya más de un año. Su actual éxito en la liga española, una de las más competitivas del mundo así lo demuestra. En el poco tiempo que alcanzó a estar con nosotros, le cambió el pelo a nuestra selección. Sus conferencias de prensa con su hablar parsimonioso, sin mirar la cámara, como hablando consigo mismo, filosofando, constituyen recuerdos imborrables. Dejó huella.

Hoy solo cabe agarramos la cabeza por haber dejado que se fuera. Como pocas veces, tuvimos una dirigencia futbolística, que gracias a una conducción profesionalizada, decidió contratar al loco Bielsa tras un acuerdo en torno a un proyecto de largo aliento del cual ya se estaban cosechando los primeros éxitos. A la hora de su renovación de la directiva de la ANFP, en las elecciones marcadas por influencias fácticas, pusieron al frente del futbol chileno una directiva que no sintonizaba con el loco, pasándole la cuenta por factores políticos, como era su cercanía con Michelle.

Si bien esto puede ocurrir en cualquier país, en la práctica ocurrió en nuestro querido Chilito. El país entero era testigo de la admiración y cariño que la gente sentía por quien, desde el otro lado de la cordillera, había venido para transformar al futbol chileno.  Para nadie es un misterio que en materia de estrategias futbolísticas hay un antes y un después del loco: antes, el futbol chileno era arratonado, jugaba al empate, a no perder, con jugadores refugiados en el arco, con la idea de salvar la cara. Después del loco nos paramos de igual a igual en cualquier cancha. Con él siempre íbamos por más.

Hoy, en el País Vasco, al frente del Atletic de Bilbao, fiel a su doctrina, siempre va por más. Ha revolucionado a Bilbao. Recientemente fueron a Inglaterra y le dieron una paliza a uno de los equipos más encopetados de la liga inglesa en base a un futbol ofensivo, rápido, desvergonzado, rápido, simple. Tras este futbol, hay sangre, sudor y lágrimas, trabajo y más trabajo, donde se transpira la gota gorda. Esa es la lección inconclusa que nos dejó. Porque no lo dejaron terminar.
Si bien su huella quedó, su trabajo no alcanzó a madurar, maduración que da el tiempo. Se nos fue antes de tiempo. Podría habernos cubierto de gloria. Pareciera existir un sino que nos persigue, algo que hace ya más de 50 años denunció un insigne economista chileno, Aníbal Pinto, al escribir un libro titulado “Chile, un caso de desarrollo frustrado”. Algo pasa que cuando estamos a punto de despegar, no despegamos. Algo nos retiene: ¿el chaqueteo? Una lástima. Nos la farreamos una y otra vez.

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