marzo 11, 2010

Cambio de gobierno

Escribo esta columna de réplica en réplica, por lo que les ruego me excusen si la letra me sale temblorosa y las ideas destempladas. Desde que salió electo el pasado 17 de enero, Sebastián estaba ansioso por asumir la primera magistratura. Ya se sentía empoderado y en no pocos momentos daba la sensación de que ya había asumido. La nominación de quienes lo acompañarían en la primera línea de fuego de su andadura gubernativa fue con todo el boato y la pompa que sus adherentes aspiraban. Lustrosos apellidos y empingorrotadas familias estaban y de fiesta.

En estos meses, para darle un contorno épico que en la campaña electoral no se vió, postuló la tesis de querer encabezar un gobierno de unidad nacional, tarea imposible por varios factores. Primero, los ataques que desde la oposición se lanzaran contra el gobierno y que tan bien expresara Allamand mediante la tesis del desalojo, que tan solo amainaron al visualizar que la popularidad de Michelle ascendía día a día. Para cualquier mortal con dos dedos de frente es fácil comprender que no podemos golpear a alguien y después pedirle que te de un beso como si no hubiese pasado nada.

Segundo, hablar de unidad nacional en situación de normalidad, con un país que bien o mal está funcionando, donde con mas o menos limitaciones la democracia intenta desplegarse, es un exceso. La unidad nacional tiene sentido en situación de crisis, de emergencia –guerra, estado de conmoción interna por inundaciones, terremotos- que no era el caso.

Y tercero, tiene que haber un cuerpo mínimo de ideas a compartir que se quieren plasmar en algún programa capaz de convocar a las distintas fuerzas políticas. Los caminos en los que creen gobierno y oposición difieren sustantivamente. Mientras unos postulan más Estado, otros postulan más mercado. Quizá sea posible llegar a acuerdos en torno a la construcción de un mejor Estado, pero suelen primar discrepancias claves respecto de las causas de la persistente desigualdad socioeconómica, que por momentos parece insalvable, y las formas de abordarla.

Sin embargo todo cambió con el terremoto de la madrugada del 27 de febrero, la que junto a todos los problemas que acarrea, le da un sentido épico a la tarea que tenemos todos por delante, y conlleva una oportunidad para unos y otros. Las leyendas “levantemos Chile”, “fuerza Chile” invitan a unir fuerzas, a no restarse. Al nuevo gobierno le corresponde la tarea de conducir este proceso de reconstrucción nacional; a nosotros, los oponentes, a acompañarlos con el mejor de nuestros ánimos, desde nuestras trincheras, sin renunciar a lo que creemos con mucha fuerza.

En medio de fuertes réplicas, se produjo el primer cambio de gobierno a una coalición distinta en los últimos 20 años. Así como hace 20 años a Patricio se le movía el piso gracias a boinazos y operaciones de enlace bajo la férula de Pinochet, a Sebastián se le está moviendo el piso desde el primer minuto, no desde los cuarteles, sino que desde las entrañas de la tierra.

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