julio 11, 2008

Proliferación de antenas

En los últimos meses estamos observando una proliferación de antenas para la telefonía móvil que no deja de sorprender. No solo se han instalado en medios urbanos, sino que ahora se están extendiendo a sectores rurales alterando su paisaje. Su intención no es otra que la de extender la cobertura de la telefonía móvil a todos los lugares donde exista una demanda real o potencial de comunicación por esa vía.

Esta expansión está siendo liderada por las grandes empresas de telecomunicaciones buscando minimizar costos. En los países mas desarrollados los gobiernos y pueblos están planteando exigencias tales que están forzando el reemplazo de las antenas por satélites que si bien son de mayor costo, no dañan el ambiente, la salud, el patrimonio, ni la convivencia de las personas involucradas. Las empresas recurren a toda clase de subterfugios legales ante la pasividad de las autoridades, porqué no decirlo, de nosotros mismos, sin percatarnos de sus alcances sobre nuestras vidas.

Es así como tenemos antenas en cuarteles de bomberos, a cambio de unos millones que les permita financiar sus actividades; tenemos antenas en casas y predios particulares que de esta manera les ayuda a solventar sus problemas económicos y/o gastos que de otra manera no podrían sostener. Los contratos que se manejan por concepto de subarriendo no son menores.

La legislación sobre la materia es en extremo relajada, presumiéndose que no se producen daños ambientales, ni a la salud ni al patrimonio de quienes residen en los sectores que rodean a la instalación de una antena. El nivel de agresividad que representa una antena cerca de su vivienda sabe muy bien de qué estamos hablando. A medida que se van recogiendo mayores antecedentes respecto de los daños que ocasiona una antena de 30 metros de altura, los países van imponiendo restricciones que están incorporando en su cuerpo legislativo. En Chile existe un proyecto de ley sobre la materia que intenta elevar las exigencias al respecto, y uno de sus puntos mas significativos está dado por la necesidad de contar con la autorización de la vecindad dado que la acción de un particular en beneficio propio está ocasionando costos en terceros. Este proyecto lleva años en el Congreso y de alguna manera explica la premura de las empresas de telecomunicaciones por acelerar sus instalaciones.

No obstante que la legislación actual favorece por completo a las empresas, ellas deben cumplir ciertas formas mínimas que ni siquiera se dan la molestia de satisfacer y que he podido comprobar in situ. En tal sentido el rol de cada municipio es clave, a través de sus autoridades políticas y su instancia técnica, que en este caso es la Dirección de Obras Municipales, instancias de deben hacer uso de las atribuciones que poseen sobre la materia, al igual que todos los organismos comprometidos, entre los cuales destaca la Subsecretaría de Telecomunicaciones. Existen comunas donde las autoridades han ejercido en plenitud sus atribuciones, llegando al extremo de desmantelar instalaciones efectuadas sin mediar siquiera los avisos y los permisos que las leyes contemplan. En esto también importa el firme ejercicio de los derechos ciudadanos que nos competen.

1 comentario:

Jota Eme dijo...

Mañana de domingo, día de verano en el hemisferio norte, el sol se aproxima a su cenit de solsticio recién pasado, y se siente fuerte. Nos dicen que el sol de verano se pondrá mas duro, que los veranos serán mas largos. Una manera simple de explicar los cambios climáticos que esta causando el hombre, según los entendidos.

Veo un pequeño paralelo entre el problema de la antena y muchas otras cosas que limitan la calidad de nuestras vidas. Y pongo el ejemplo del calentamiento de la tierra. Los que ya llevamos algún tiempo parados aquí podemos ver y sentir el cambio atmosférico y climático, pero en mi juventud jamas pensé que la actividad mercantil del hombre podría afectar tan fuertemente la salud del ser humano, y del planeta. Me acuerdo de la nitidez del aire Santiaguino, de las muchas veces espectacular vista de la cordillera, que se podía apreciar en cualquier momento que uno dirigiese la vista hacia ella, si no estaba tapada por nubes o envuelta en oscuridad. Su presencia majestuosa era una constante que nos conectaba anímicamente al mundo natural, y que nos recordaba de nuestra fugaz y maravillosa existencia.

No hay mas que subirse a un cerro o a un avión para ver que una nube nos tapa ahora a nosotros, de manera constante. Esta nube tóxica que en mayor o menor densidad cubre el mundo, no nos moja con una lluvia fértil, triste, o inoportuna. Mas bien, genera muerte. Y genera una alteración global de sistemas climáticos milenarios, a los que el ser humano se había adaptado, mas o menos. La naturaleza de repente nos recordaba que no la habíamos dominado totalmente, pero podíamos seguir creyendo que sus despliegues rebeldes eran una anomalía, que todo volvería al orden decretado por el hombre.

Todavía hay muchos que piensan así, causa de la ceguera característica del ser humano. Vemos lo que queremos ver, lo que se ajusta a nuestro estilo de vida, o a necesidades personales. Vemos lo inmediato, nada más allá de la punta de nuestra nariz. O vemos la sofisticada propaganda de interesados y la aceptamos como verdad. El bien común, la solidaridad, la acción comunitaria, el pensamiento analítico, la actividad cívica también sufren las consecuencias de la marcha ciega de la sociedad hacia Nadie-sabe-donde.

Afortunadamente no todos viven en la penumbra del egoísmo e indolencia. Algunos reaccionan y luchan por el respeto al prójimo, por el bienestar de todos. Algún patriota de alguna democracia minusválida dijo que el precio de la libertad es su constante y eterna vigilancia. Pero esta advertencia vale para todo, y todos. Lo que no cuidamos lo perdemos por negligencia propia o por la acción de terceros que muchas veces se parecen a nosotros.

Una vez mas, lo saludo don Rodolfo, y le agradezco sus esfuerzos por mantenernos despiertos.

 
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