abril 07, 2026

Pasándonos películas

Foto de Ahmed Galal en Unsplash

Recibí un video titulado ¿Chile: el nuevo Dubai? El fin de la pobreza, en el que se afirma que Chile tiene la llave del futuro y que se viene el "Superciclo" del cobre más grande de la historia gracias a la Inteligencia Artificial. Complementa afirmando que se proyecta un precio de casi US$ 5 la libra para 2026, y si aprovechamos la oportunidad haciendo bien las cosas, podríamos acabar con la pobreza. Si fallamos, no haríamos más que repetir lo que nos ocurrió en la primera mitad del siglo pasado con el salitre.

Junto con el video llegó una pregunta que es la que me incentiva a escribir estas líneas. La pregunta es: ¿En qué deberíamos invertir esta fortuna? Y las alternativas puestas sobre la mesa son:    A) Educación       B) Salud    C) Pensiones

Esta pregunta dio origen a respuestas, que no siempre se limitaron a las alternativas planteadas, las que daré a conocer por estimarlas de interés:

1.      La preferencia dominante se inclina por priorizar la inversión en educación, donde algunos fundamentan que solo un país culto y bien educado puede alcanzar el desarrollo, y otros especifican que debe ser de calidad para todos, y gratis;

2.      La segunda preferencia mayoritaria se orienta a la salud centrada en una medicina preventiva que nos permita tener menos personas enfermas, dado que un país con más personas sanas tiende a ser más feliz, más eficiente, más productivo;

3.      La tercera preferencia es por pensiones dado que a los jubilados les queda poco tiempo;

4.      Una cuarta preferencia apunta a invertir en investigación científica y tecnológica para disponer de tecnología avanzada que permita agregar valor a la producción nacional, puesto que de lo contrario difícilmente seremos un país desarrollado;

5.      Además de las alternativas planteadas respecto de dónde invertir (educación, salud y pensiones), hay respuestas que incluyen áreas donde se piensa que también deben hacerse esfuerzos conducentes a:

  • ·         un mayor respeto, honestidad y humildad entre los chilenos, ricos y pobres;
  • ·         mayores y mejores oportunidades de trabajo;   
  • ·         mejorar la conectividad en todo Chile, con caminos para todo el país;
  • ·         reducir los niveles de corrupción imperantes;

6.      También afloraron comentarios que reflejan la desconfianza existente respecto del destino y uso de los recursos que se dispondrían, entre los cuales se incluyen los que siguen:

  • ·         Se lo llevarán para afuera el 1% de la población más rica;
  • ·         Distribuir bien los dineros para que no se vayan a bolsillos de algunos políticos;
  • ·         Se van a robar todo como siempre los políticos y familias acomodadas de Chile;
  • ·         Todo ese dinero terminará por caer en manos de unos pocos y ya se sabe en quienes;
  • ·         Lo más importante es gobernar con honradez, luego educación, salud y pensiones.

Confieso que soy escéptico cuando se trata de algo caído del cielo. La pobreza no la venceremos así, no sé de nadie ni de ningún país que haya salido de la pobreza porque de la noche a la mañana le llegó una fortuna. Normalmente, al menos para el común de los mortales, toda fortuna caída del cielo tiende a dilapidarse, escurriéndosenos entre los dedos sin que siquiera nos demos cuenta.

Lo expuesto sirve como una suerte de ejercicio para especular, para pasarnos películas, para soñar, para prevenir. Chile ya tuvo una experiencia en la primera mitad del siglo pasado con el salitre. Ya se sabe que pasó y a dónde fueron a parar los recursos obtenidos. Con razón a fines de la década de los 50, en 1958, salió un libro titulado “Chile, Un Caso de Desarrollo Frustrado” de Aníbal Pinto, que vio la luz un año después que Jorge Ahumada publicara “En vez de la Miseria”.