febrero 25, 2026

El declive del credencialismo

Foto de MD Duran en Unsplash

Estamos ingresando a un mundo que está exigiendo más evidencias de capacidades, antes que títulos o certificaciones. Hoy por hoy las empresas están tendiendo a contratar personas más  por lo que han sido y son capaces de hacer, antes que por sus diplomas, títulos de pregrado o posgrado y/o credenciales educacionales de cualquier otro orden.  La pregunta es ¿por qué?

Bien sabemos que todo título o certificado es un documento, de rango oficial, que acredita el cumplimiento de un conjunto de requisitos específicos por parte de quien es identificado en el documento. Se asume que el cumplimiento de tales requisitos asegura al titular la adquisición de un conjunto de saberes para desempeñar determinadas funciones dentro de una organización y/o en la sociedad.

Visualizo tiempos de pérdida de valor de los títulos, postítulos y/o certificados que otorgan las instituciones de educación superior, por 4 motivos.

Uno, porque el titulo o certificado no acredita lo que dice acreditar, lo que suele ocurrir cuando hay manga ancha a la hora de exigir y/o calificar, y que denomino inflación educacional.

Dos, porque en un contexto de vertiginoso desarrollo científico-tecnológico, todo se ha vuelto volátil, incluidos los títulos y certificados, dado que los conocimientos, las habilidades que se exigen hoy, difieren de las de ayer.

Tres, porque la educación está siendo vista por no pocos como un negocio que hay que estrujar al máximo por la vía del marketing, aprovechando las dificultades del mercado para constatar la calidad del servicio educacional.

Cuatro, porque el perfil del cargo a ocupar está mal definido, exigiendo títulos o certificados que no garantizan que una persona se desempeñe efectiva y eficientemente en él.

Lo expuesto explicaría porqué el credencialismo está en la picota, en jaque. Lo que la sociedad, las empresas están exigiendo son pruebas fehacientes y actualizadas, de competencias, de potencialidades, que no todo título o certificado es capaz de proveer.

De allí que nos encontremos con empresas que cuando requieren a un profesional en particular, además exigen que su título no provenga de universidades determinadas. O el caso de que priorizan a quienes tienen títulos o certificaciones de instituciones específicas.

También están las empresas interesadas en contar solo con profesionales que hayan egresado dentro de los últimos 5 años. La experiencia sigue teniendo valor para las empresas, pero dentro de ciertos límites.

Las credenciales y los certificados cumplen un rol de filtrar, discriminar, seleccionar a quienes cumplen ciertos requisitos respecto de quienes no los cumplen. Cuando no cumplen este rol, inevitablemente pierden valor en el mundo laboral, y es lo que pareciera estar ocurriendo.

El énfasis en el credencialismo abre un espacio desmesurado a quienes poseen títulos y certificaciones de competencias que, a la hora de la verdad, de ponerse en acción, no tienen. En tal sentido es una buena noticia que las ofertas de empleo exigiendo títulos o certificaciones de cualquier orden, estén disminuyendo.

Al menos es lo que está ocurriendo en los países de mayor desarrollo. Por ejemplo, Google recientemente acaba de contratar un alto número de personas sin títulos ni licenciaturas, que no han estado en la universidad, pero que resuelven problemas reales, que son autodidactas, capaces de aprender por su cuenta. Son personas que no tienen las paredes atiborradas de títulos y certificaciones. Todo un signo.

Estamos entrando a un nuevo mundo, un mundo en el que la selección basada en títulos y certificados excluía a talentos que se aburrían en clases y/o son incapaces de seguir un plan de estudios plagado de asignaturas que no les interesan.

Está importando cada vez menos qué o dónde estudiaste, sino qué has hecho, o cuáles son los frutos de tus estudios. Importa cada vez mas tu portafolio de evidencias, antes que tu portafolio de títulos, grados o diplomas.

Para los chantas, así como para aquellas instituciones que otorgan títulos/grados sin mayor valor, que el credencialismo esté en declive no es una buena noticia.

febrero 20, 2026

Todo tiene un límite

Foto de GR Stocks en Unsplash

Por estos días tenemos el caso Epstein que nos muestra en todo su esplendor en qué pueden terminar los abusos de poder por parte de quienes se creen que pueden hacer lo que quieran. En Chilito tuvimos nuestro propio caso Epstein en los primeros años del presente siglo, hace ya más de dos décadas: el caso Spiniak. ¿Qué tienen en común ambos casos?

Tanto Epstein como Spiniak eran empresarios con un poder económico suficiente para financiar y hacer lo que les diera la gana. Ambos tejieron redes para explotar a menores de edad o adultos jóvenes que no denunciaban nada por la asimetría de poder existente. Y en caso contrario, las denuncias eran desacreditadas por el peso de una extensa red de contactos y protección.

La consecuencia de esta manifiesta desigualdad de poder, no es otra cosa que la impunidad. Pero todo tiene un límite. Creyéndose intocables, gracias a sus riquezas monetarias, van tejiendo una amplia red de conexiones políticas, sociales y económicas, como una suerte de muro infranqueable destinado a blindarlos. El problema es que tanta es el agua que llega al cántaro, que éste al final se rompe. Es lo que parece estar ocurriendo ahora con el príncipe Eduardo, hermano del rey de Inglaterra.

Junto a estos casos de tanta notoriedad, también hay otros más cercanos, que nos acompañan, de menor envergadura, pero que encierran lo mismo: abuso de poder. Mas de uno de mis lectores debe haber conocido casos en el ámbito laboral en los que necesitamos contratar a alguien. Y donde se constituye una comisión con miras a definir las características que deben cumplir quienes postulan al puesto de trabajo que se está creando. Definido el perfil de quien debía ocupar el puesto de trabajo, se hizo el llamado a concurso correspondiente.

Lo curioso es que las características definidas estaban a la pinta, calzaban, con las de la esposa del jefe de quienes conformaban la comisión. Como era de esperarse, la esposa se adjudicó el puesto, razón por la cual su nombre se elevó a instancias superiores para su concreción. Dada la relación existente (esposa del jefe), el resultado del proceso fue rechazado. ¿Cuál fue la solución? Poco después, renuncia el jefe, quien es asignado a otro cargo. Se hace un nuevo llamado a concurso, con similares bases, y vuelve a ganarlo la misma persona. Ahora el resultado del proceso fue aprobado. Poco después el esposo vuelve a la unidad de la que era jefe, y en la que fue contratada su señora. Y a poco andar, vuelve a ser jefe. Y ahora es jefe de su señora.

El jefe salió con la suya, pero la mona por más que se vista de seda, mona queda.  A veces se demora en destaparse la olla, pero al final se destapa. Es la gran lección que nos deja el caso Epstein. El ser humano requiere controles. A la sociedad le hace mal una desigualdad de poder -de todo orden- más allá de la razonable. Precisar cuánta desigualdad es la razonable es todo un desafío.

febrero 17, 2026

Historia y compañía: las claves para votar

Foto de Emily Karakis en Unsplash

La sociedad conserva una visión de las universidades un tanto idealizada, como si fuesen instituciones de cristal, donde estarían los mejores, donde se concentra el conocimiento, donde la miseria humana no tendría lugar. Es posible que así haya sido en sus primeros tiempos, y que lo siga siendo, pero solo en algunas universidades. Mal que mal, hoy se compran y venden universidades. Así y todo, dentro de la población persiste una imagen positiva de ellas.

Se asume que las universidades son instituciones superiores, que están libres de polvo y paja, tal como la visión que se tiene de la Corte Suprema, cuyos integrantes, particularmente las más altas jerarquías, se asume que garantizan justicia para todos por igual. No sin estupor hemos estado presenciando que los bajos instintos también recorren sus espacios.

De hecho, ninguna institución, desde el minuto que está conformada por personas de carne y hueso, se salva de verse arrastrada al barro, y encontrará mil fórmulas para ocultarlo, esconderlo, simulando que todo está bien, pero al final del día, aunque tarde, la realidad saldrá a la luz. Y mientras más tarde, más en el barro estará, y más costará sacarlo.

Mientras mayor sea el nivel de autonomía de una institución, mayor es el riesgo de corrupción, de nepotismo, de amiguismo, el que se ve multiplicado cuando se está ante una organización altamente jerarquizada. Jerarquía que se asume dada por los méritos de quienes la conforman, pero que en la práctica se ve distorsionada a punta de redes, contactos, influencias, de poderes que trabajan en la sombra, los poderes fácticos. La autonomía es un arma de doble filo.

Todo esto ¿está en la naturaleza humana? Siempre existirán influencias indebidas, pero el desafío es tener la capacidad para denunciarlas, reducirlas, eliminarlas, y tenerlas presente para que a la hora en que a uno le toque incidir, decidir, enfrentarse a ellas. Se asume que somos libres, que el voto es secreto, pero, así y todo, no es fácil librarse de presiones, atosigamientos. Incluso en las universidades, donde se asume que sus integrantes tienen suficiente independencia.

A la hora de elegir a autoridades, los cantos de sirena de los candidatos en carrera -sus propuestas, programas-, ofreciendo el oro y el moro, inevitablemente estarán a la orden del día. Pero no podemos dejarnos llevar por ellos porque bien sabemos que suelen quedar en el papel, y rara vez cristalizan. No necesariamente por falta de voluntad, sino porque dirigir una organización, sea esta pequeña, mediana o grande, supone navegar por aguas no siempre previsibles.

He trabajado por más de 40 años en distintas universidades y participado en distintos procesos eleccionarios al interior de ellas. Creo que la clave para tomar una decisión, para votar por un rector, más allá de las propuestas, de lo que se dice que se va a hacer, de la forma en que se implementará lo que se propone, son dos variables: la credibilidad del candidato, y quienes están tras él, quienes le acompañan.

En cuanto a credibilidad me refiero no tanto a tener una trayectoria académica plagada de títulos, grados, proyectos o papers, sino a una vida personal intachable, sin mancha alguna. Un historial tal que allí donde pueda haber existido una relación de poder, no se haya hecho uso y abuso de él, como es el caso de involucrarse en una relación afectiva con un(a) subordinado(a), o un(a) alumno(a). Una credibilidad que viene dada por cuánto trecho hay entre lo que dices y lo que haces.

En la vida puedes estar toda la vida proclamando a los cuatro vientos la participación, pero a la hora de la verdad, andar “cocinando” consejos, reuniones, juicios, para que los resultados sean los que quieres. No olvidar que la mona, por más que se vista de seda, mona queda.

En cuanto a quienes acompañan a un candidato, es importante saber quienes son las dos o tres personas más próximas a él y con quienes más se relaciona, así como quienes están en las sombras, agazapados. Éstos son quienes no se dan a conocer explícitamente, pero ante quienes el candidato ha de responder antes que a sus votantes. Dime con quién andas, y te diré quien eres.


febrero 10, 2026

Las jugarretas de Trump

Foto de Sean Ferigan en Unsplash

Parece increíble todo lo que ha estado haciendo Trump en su primer año de gobierno, disparando de chincol a jote, dejando la crema, por decir lo menos, tanto a nivel interno, como externo. Pocos, muy pocos iluminados han sido capaces de prever lo que sobrevendría. Tal como hay borrascas, temporales, ciclones en el ámbito climático, Trump está representándolo en el ámbito político. Y eso que la película aún no termina.

El ciclón Trump se veía venir, era absolutamente previsible, pero no queríamos verlo. Hay algo que nos impide ver, que nos impide creer, tal como hace casi un siglo atrás ocurrió en Europa, cuando surgió la figura de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia. Siempre cuesta creer lo increíble. Dejamos pasar, total, no es para tanto, son exageraciones. Todos los signos, todas las pistas, todas las huellas que nos pongan por delante son insuficientes cuando no queremos creer

Es lo que está ocurriendo con Trump. En su primer mandato dejó algunas pistas de su carácter autocrático, el que no pudo desarrollar por estar encorsetado por un congreso que no le era afín. Hoy el panorama es distinto porque, al menos hasta ahora, el partido republicano es mayoría en el congreso, y los tiene en el bolsillo. Mientras tanto, los demócratas están paralizados, sin atinar a reaccionar.

Todo esto está cambiando, muy lentamente, muy a destiempo, pero está cambiando. Y estos cambios hay que reforzarlos. Es imperativo poner freno a todos los autócratas, a todos los que creen que pueden hacer lo que quieren, sean de la ideología que sean, de izquierda, derecha, arriba o abajo. No podemos mantenernos impávidos ante los abusos de poder. Nuestra pasividad terminará por pasarnos la cuenta. Nadie tiene derecho a hacer lo que se le antoje en perjuicio de terceros.

Trump lo está haciendo a vista y paciencia de todo el mundo. Cree que es llegar y llevar (*).  Aspira imponer el imperio de la fuerza bruta. Si no haces lo que quiero, te impongo aranceles; si no subes el gasto militar, te bloqueo. Y así está gobernando para complacer a sus adherentes agrupados en Make América Great Again (MAGA).

Se ha dado el lujo de capturar a Maduro en Venezuela, sin que pase nada, sin que haya reacción ni capacidad reactiva alguna por parte del gobierno y el pueblo venezolano. Ahora, está jugando con Venezuela de la mano de Delcy Rodríguez, la “presidenta encargada”. ¿presidenta encargada de quién? ¿de Venezuela o de Trump? Acá hay gato encerrado.

En una conferencia de prensa, también se dio el lujo de trapear públicamente con el primer ministro de Ucrania, Zelensky, enrostrándole que estaba perdido, que tenía que ceder ante Putin. También ha menospreciado a Europa, aprovechando la falta de unidad, la existencia de distintas posturas en los gobiernos que constituyen la Unión Europea (UE). Trump no ha dado puntada sin hilo. Trump y Putin son las dos caras de una misma moneda.

En su campaña, Trump sostuvo que la guerra en Ucrania la terminaría en 24 horas. Afirmación que suponía la entrega, el abandono de Ucrania por parte de Europa para complacer a Putin. Lo concreto es que la guerra continúa desangrando no solo a Ucrania, sino que al mundo entero.

Si a esto agregamos la pretensión trumpista de hacer suya Groenlandia, por las buenas o las malas, tenemos la mesa servida. Por suerte, al menos para este caso, la UE parece haberse puesto de acuerdo, forzando a Trump a poner marcha atrás. El mensaje es claro: ante personajes de este tenor, no caben respuestas pusilánimes. Macron parece ser uno de los primeros en visualizarlo.

Ahora se le abrió un frente interno gracias a la ICE, la policía de control inmigratorio, cuyas actuaciones están generando consecuencias que delatan el tenor, el verdadero rostro del gobierno de Trump. Los miembros de ICE parecen ser equivalentes a las fuerzas paramilitares, o policías secretas propias de las dictaduras, como fueron los Tonton Macoutes de Duvalier, los miembros de la Schutzstaffel (SS) de Hitler, los integrantes de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) de Stalin, y quienes conformaron la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) de Pinochet en Chile.

La elección parlamentaria de fines de año, en EEUU, es la oportunidad para ponerle freno a la embestida trumpista, la que debe ser acompañada por una postura de párele por parte de Europa y el resto del mundo. Trump es el clásico personaje que exige tener al frente a quienes tengan la capacidad para entender que no es con palabras de buena crianza, ni cediendo terreno, como puedas hacerlo entrar en razón.

Todo esto se enmarca en la gran batalla cultural en que se ha embarcado Trump bajo la premisa de que el mundo occidental se encontraría amenazado por el comunismo, el islamismo, el feminismo, el homosexualismo, el indigenismo, el ecologismo, el animalismo. 

El presidente electo, José Antonio Kast, recientemente se ha hecho eco de este enfoque en un foro mundial que congregó a quienes consideran que el mundo ha ido demasiado lejos, alejándose de los valores judeocristianos que nos caracterizarían.

Lo curioso es que el contenido de los archivos de Epstein, que involucran a Trump, va en la dirección contraria de la que pregonan sus adherentes.

(*) “Llegar y llevar, compre en La Polar” gancho publicitario empleado por una empresa comercial chilena llamada La Polar. 

febrero 08, 2026

Digan lo que digan

 

Digan lo que digan, el gobierno de Boric, no ha sido tan malo, ni terminará tan mal como lo pregonaron sus adversarios desde el primer día; y no terminará tan bien como esperaban quienes votaron por él en la primera vuelta en el 2021 pensando que vendrían cambios fundacionales.

Digan lo que digan, el país no requiere un gobierno de emergencia, slogan de batalla con que José Antonio Kast (JAK) se impuso en la contienda electoral, puesto que el gobierno de Boric deja un país andando, con sus instituciones en regla, una economía en marcha ascendente, con un nivel de exportaciones batiendo records, y con una inflación por debajo de la recibida, en medio de un mundo convulsionado.

Digan lo que digan, los tropiezos y errores vividos al inicio, producto de un gabinete sin mayor experiencia, fueron sorteados y/o disminuidos con la incorporación del socialismo democrático en las más altas esferas de decisión, permitiendo arribar al final de la andadura gubernamental, al menos no mal parado. 

Digan lo que digan lo realizado por el gobierno de Boric fue insuficiente para revalidar la adhesión de quienes respaldaron a Boric en la segunda vuelta en el 2021, posibilitando esta vez el triunfo de la ultraderecha, con apoyo de la derecha, y votos de pobres y jóvenes desencantados.

Digan lo que digan, JAK ganó democráticamente, con su sonrisa mefistofélica y ocultando su agenda valórica, así como los poderes fácticos que están tras él. Esto implica que deberá hacer el malabarismo de responder tanto a unos, sus votantes, como a otros, sus financistas, quienes descorcharon sus botellas la noche del triunfo confiando en que su inversión les reditúe pingües ganancias. Como buen schönstatiano sabe que no se puede servir a Dios y al Diablo al mismo tiempo. 

Digan lo que digan, los nombres que configuran tanto su equipo de primera línea -los ministros-, como los de segunda -subsecretarios ministeriales-, y de tercera -delegados presidenciales- se contradicen con el espíritu de urgencia y emergencia con que asume JAK. Un gobierno de emergencia requiere un gabinete ministerial conformado por políticos pesos pesados, de los que carece el gabinete. 

Digan lo que digan, el gabinete de JAK, estará conformado en su mayoría por independientes que serán fusibles de corta duración, ya sea por falta de respaldo político, ya sea por conflictos de interés, ya sea porque tropezarán consigo mismos a la primera dificultad. Todos saben que estamos ante independientes de mentira, que si bien no responden a partidos políticos, sí responden ante terceros en las sombras.

Digan lo que digan, JAK partirá afirmando que todo lo malo será por culpa del gobierno que le precedió, así como de la oposición que se le pare enfrente; y que todo lo bueno será gracias a él y sus boys. Afirmación que será secundada por los medios de comunicación que lo auparon y de los bulos que transmita vía redes sociales. Así y todo, será difícil que no dé pasos en falso.

Digan lo que digan, la población tiene paciencia, pero no paciencia infinita, y por más que su segundo piso y los medios de comunicación digan que estamos en un mundo de bilz y pap, más temprano que tarde, la verdad revelada terminará por salir a flote.

Digan lo que digan, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, se tuvo que tragar la captura de Maduro para terminar siendo una marioneta de Trump y sus secuaces, en tanto que María Corina Machado quedarse con las ganas.

Digan lo que digan, por sus amigos los conocereis. ¿Quiénes son los amigos de JAK? Bolsonaro, Milei, Meloni, Orban, Abascal? Con estos amigos más vale dar batalla desde el primer día.

Qué tengan todos un buen día si están despertando, o que hayan tenido un buen día si se están acostando.

Los dejo con Digan lo que digan de Rafael!!

Gran abrazo a mis pacientes lectores!!

febrero 07, 2026

Las vueltas de la vida (parte 2)

Estando con mi familia en Madrid, en los años 83 al 85, en mi apartamento localizado en Alcalá 290, un buen día, toca a la puerta el más impensado de los visitantes: Lupercio Vásquez Fuchslocher. El mismísimo que siendo la máxima autoridad de la Universidad del Norte en Arica, quiso echarme en 1979 (*). No sin sorpresa, abro la puerta para hacerlo pasar. Su expresión asemejaba a la de un paciente recién dado de alta de un hospital. Le ofrezco una taza de té que acepta gustoso.

Me cuenta que venía llegando de un congreso realizado en la India, al que había asistido en representación del gobierno del innombrable, donde ocupaba el cargo de subsecretario de Agricultura. En su estadía en el país asiático se intoxicó. “La pasé muy mal, no sé cómo salí vivo”, dijo evidenciando en su rostro los signos del inconveniente de salud. El regreso lo tenía previsto vía Madrid, para estar unos días conociendo la capital española. No contaba con la intoxicación. “Pero acá me tienes, a mal traer, solo, aunque recuperándome”, acotó.

Intrigado por haber dado conmigo, a pesar del altercado que habíamos tenido hace unos pocos años  le pregunto cómo fue que dio conmigo. Me responde que antes de viajar desde Chile estuvo con Emilio Lorca, el mismísimo que se la jugó para sacarme de la lista negra. Y Emilio, quien ya estaba radicado en Santiago al igual que Lupercio, cuando supo que se iba a un congreso a la India, y que a la vuelta pasaría por Madrid, le dijo que yo estaba estudiando un magister en la Universidad Politécnica de Madrid, no resistió la tentación de decirle que podría pasar a verme. Lupercio le respondió que no pensaba hacerlo. Emilio insistió dándole mi número telefónico y dirección (en esos años no existían los celulares). Estando en Madrid no se atrevió a llamarme por teléfono por temor a que lo mandara a freír monos a otra parte. Así fue como llegó a Alcalá 290 quien había intentado sacarme de la universidad, herido por una carta donde lo mandaba a ocuparse de cosas más importantes que los atrasos de mi secretaria.

Ya relajados, y degustando el té servido, me consulta si tengo tiempo para sacarlo de paseo para conocer el Alcázar de Toledo. Envalentonado, e imbuido de los aires de la transición española, le respondo que no podía acceder a su petición, porque se trataba del símbolo de la resistencia fascista en tiempos de la Guerra Civil.

“Bueno, entonces llévame al Valle de los Caídos”, contraataca, confiando que no me negara nuevamente. Quise resistirme, pero me fue imposible. Sin querer queriendo, en un día helado, con nieve, en la popular renoleta (Renault 4) que tenía, viajamos junto a Cielo y los niños a conocer el lugar donde reposan los restos de los líderes del fascismo español, acompañando al subsecretario de agricultura del gobierno del capitán general, el innombrable.

Para quienes no conocen la historia del Valle de los Caídos me basta señalar que es uno de los íconos de la ultraderecha española, donde estaban enterrados Franco y José Antonio Primo de Rivera. A ello se agrega que fue construido con las manos de quienes fueron perseguidos y apresados por la dictadura franquista. Así fue como gracias a Lupercio conocí el Valle de los Caídos. Son las vueltas de la vida.

Nota: Me observan que desde el año 2019 los restos de Franco ya no están allí.

(*) Leer en parte 1 https://rodolfoschmal.blogspot.com/2026/02/las-vueltas-de-la-vida-parte-1.html  

febrero 05, 2026

Las vueltas de la vida (parte 1)

A fines de los 70 trabajaba en la sede Arica, de la Universidad del Norte, a cargo del Centro de Computación recientemente creado para prestar servicios computacionales en el ámbito docente. Éramos 2 académicos -Yanko y yo- y una secretaria, Ada Ramírez. Teníamos un equipo Digital PDP 11/34. Habíamos conquistado la independencia de un peregrinar que habíamos iniciado en 1976 cuando iniciamos los primeros cursos de computación a las carreras de ingeniería sin computadores. Los programas computacionales -escritos en Fortran- los escribíamos en hojas de codificación, los que se iban al poderoso centro de computación que la universidad tenía en su casa central localizada en Antofagasta. Esta es otra historia de la que ya tendremos oportunidad de escribir más adelante.

Ada tenía la costumbre de llegar atrasada, lo que como su superior inmediato no me complicaba mayormente en la medida que cumpliera con eficiencia sus funciones. Un día recibo una carta del entonces secretario general, Lupercio Vásquez Fuchslocher, denunciando estos sucesivos atrasos, por lo que me conmina a adoptar las medidas correspondientes para que no sigan ocurriendo.

Le respondo, a través del mismo medio, que se trataba de una responsabilidad de mi competencia, y que mejor se preocupara de aspectos más relevantes del quehacer universitario. Lupercio, al recibir la carta, me llama de inmediato a su despacho. Voy y me conmina, dado el insolente tenor de la carta, que la retire para darla por no recibida. Le respondo que no tengo problema en retirarla, pero le recalco que es lo que pienso. Furioso, se dirige hacia la puerta y la abre exigiendo que me retire.

Fue un encontronazo en tiempos del innombrable que, más adelante, me saldría caro. El vicerrector de sede de entonces era Félix Viveros, dentista, reservista del ejército, y como tal, no pocas veces ingresaba a la universidad en tenida de combate. Él era mi superior inmediato. Con Yanko teníamos el monopolio del control de la docencia en computación y de las actividades relacionadas a este tema en la universidad.

De tiempo en tiempo en esferas de gobierno se producían remezones, movimientos telúricos de mayor o menor calibre. En uno de ellos, Viveros se ve afectado, forzándose su salida. Entonces, los rectores y vicerrectores eran designados por las más altas esferas del gobierno. En reemplazo de Viveros, para infortunio mío, Lupercio Vázquez es nombrado como vicerrector de sede. En diciembre de 1979, como era habitual a fin de año, se confecciona la lista de académicos a exonerar. En el equipo de colaboradores de Vásquez destacaba Emilio Lorca, sismólogo, director académico, con quien yo mantenía una relación de amistad. Nuestros hijos tenían edades similares y asistían al mismo parvulario, celebrando muchas veces en conjunto sus cumpleaños.

Una noche, entre Navidad y Año Nuevo, Emilio llega a mi casa para informarme que era el número uno de la lista de exonerados. Me dijo que iría a la casa de Lupercio con la misión de sacarme de esa nómina, y que lo esperara sin moverme de mi casa. Quedé helado. Lupercio se estaba dando el gusto de vengarse por el incidente de la secretaria. Son las vueltas de la vida.

A pesar de tener pensamientos políticos opuestos, con Emilio sintonicé apenas llegó a Arica, esencialmente por su jovialidad, su bonhomía, porque siempre veía el vaso medio lleno. No tenía pelos en la lengua, dicharrachero, alegre, positivo. Mi primer vehículo nuevo fue un Volkswagen modelo Brasilia año 1977, influenciado por él que tenía uno del 76, morado, del cual hablaba maravillas.

Emilio apenas estuvo en la casa de Lupercio, se plantó ante él para decirle: “Vengo para que saques a Rodolfo de la lista”. La respuesta fue fulminante: “No, cualquier otro, pero no él, por insolente”. Emilio insiste: “No puedes tomar decisiones institucionales en base a apreciaciones personales. No me iré de acá hasta que saques a Rodolfo de la lista”. La conversación se alargó hasta las tres de la madrugada. Finalmente, Emilio logró lo que parecía imposible, sacarme de la lista. Al momento de informarme, acota: “Por favor, no vuelvas a hacer chambonadas porque cuestan caro. Ándate con cuidado, las paredes escuchan”. Volví a respirar aliviado. Me había salvado jabonado.

Más de 3 décadas después, residiendo yo en Talca, Emilio fallece en Santiago. Viajo para estar en las exequias Allí me encontré con sus hijos, quienes se sorprenden de verme llegar. Les conté esta historia que no conocían y que los quise acompañar en estos duros momentos porque Emilio hizo lo que pocos hacen por otras personas: jugársela. Lloramos todos juntos.