enero 16, 2014

La popularidad de Pepe


Si existiese un índice de popularidad a nivel mundial de los presidentes de los países, muy probablemente, Pepe Mujica sería fijo el número uno. Muchos de mis amigos uruguayos, o no pueden creerlo, o se agarran la cabeza pensando en cómo es posible.

Pepe fue un florista, tiene una chacra, es el presidente más pobre del mundo, es un tipo llano, simple, bonachón. En sus tiempos mozos fue tupamaro, participó en acciones armadas, fue encarcelado, torturado. Las tiene todas!

Actualmente es el presidente de la República Oriental del Uruguay, el mismo paisito que me vio nacer, el de Artigas, su prócer. En menos de 50 años, pasó de tupamaro a presidente. Pocos países pueden contar una historia como esta. Es como si en Chile, un mirista, de esos que solo creían en acciones armadas, allá en la década de los 60, hoy nos gobernara. Imposible dirían muchos. En Uruguay fue posible.

Cuando a Mujica se le preguntó ¿cómo es eso? ¿qué cambió? Su respuesta no se hizo esperar y fue más o menos así: “lo que pasa ché, es que en esos tiempos queríamos cambiar el mundo; hoy nos conformamos con arreglar la vereda de la casa”. Así de simple. Es el tránsito del maximalismo al minimalismo.

Hoy por hoy, Pepe filosofa. Adónde va, se lanza para conversar sobre lo humano y lo divino ante las más diversas audiencias, dejando embobados a unos y otros. Expone a partir de las cosas simples, no se complica. No le tiene miedo a experimentar. Se hace lo que se puede.

La mayoría de mis amigos uruguayos no lo quieren, dicen que han perdido años preciosos para avanzar en infraestructura, en educación y otras materias. En Chile podríamos decir lo mismo, y eso que no tenemos a Pepe, tenemos todo lo contrario. Pepe es pobre de solemnidad; en Chile, nuestro presidente está entre los más millonarios del país.

A Pepe le reclaman incapacidad para ejecutar, no obstante que en las próximas elecciones que tendrán lugar este año, lo más probable que ceda el bastón de mando a alguien de la misma coalición política, el Frente Amplio. Acá en cambio, nuestro presidente, alias la locomotora por su capacidad ejecutiva, fue incapaz de ser sucedido por su candidata a pesar de ser el “gobierno de los mejores”. Por la boca muere el pez.

Lo expuesto nos dice que la mayoría de los uruguayos parece querer a Pepe, al igual que en el resto del mundo, a despecho de muchos de mis más cercanos amigos uruguayos.

Bajo el neoliberalismo, la política se ha reducido a la más mínima expresión, subordinada a lo técnico, lo económico, lo financiero. A los tecnócratas, a los economistas, a los financistas. Los políticos ya no son los que cortan la torta, son otros los que la cortan. En este plano no está mal tener un presidente pedagogo o filósofo, o que se las da de pedagogo o filósofo, que nos invite a pensar, a reflexionar, a buscar acuerdos, derroteros, abrir nuevos senderos, probar o ensayar nuevos caminos que sean factibles no solo técnica, económica y financieramente, sino que también lo sean ética y socialmente.

A los tecnócratas, economistas y financistas les hace falta una pequeña dosis de humildad, descender del Olimpo. Por momentos parecen haber olvidado que dos más tres no siempre da cinco en el plano de la convivencia social. Puede ser más, como puede ser menos.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Hola Rodolfo. Me estuve paseando por tu blog.
Aprovecho de enviarte un saludo.

 
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