noviembre 13, 2013

Las expectativas

El escenario que se abre a partir del día siguiente de toda elección es siempre una incógnita. Previamente siempre habrá favoritos, los cuales por lo general se confirman, pero nadie tiene clavada la rueda de la fortuna. Hay más o menos incertidumbre, como en el fútbol, la que se despeja solo una vez terminado el partido, esto es, escrutadas la totalidad de las mesas. Imposible descartar batacazos, aunque sean altamente improbables.

Y ello es así porque al fin y al cabo, la decisión última la tiene cada uno de los votantes, a ello se agrega que ahora hay menos información que en el pasado, tanto respecto de cuántos y quiénes votarán. Con la llegada del voto voluntario el escenario se complicó. Antes era mucho más fácil hacer pronósticos.

No obstante, muchos aventuran, anticipan resultados, lo que parece explicarse esencialmente por los estados de ánimo de las partes en disputa. Curiosamente, en esta ocasión, moros y cristianos parecen coincidir en los resultado clave, esto es, quien obtendrá la victoria este domingo en la elección presidencial. A estas alturas los batallones tras las candidaturas estarán preparando sus argumentos para transformar derrotas en triunfos y viceversa.

El indicador clave en este minuto, más allá del n° de votos, reside en la expectativas de los distintos candidatos, partidos, coaliciones. Por el lado de la Alianza por Chile, su esperanza reside en forzar la segunda vuelta, objetivo modesto, pero realista: modesto porque después de haber accedido al gobierno por primera vez en 20 años, lo razonable hubiese sido una reelección sin mayores dificultades, sobre todo si se consideran los logros proclamados urbi et orbi una y otra vez desde el propio gobierno; y realista, porque los desatinos y errores cometidos a lo largo de la campaña no difícilmente podrían ser mayores.

Por el lado de la Nueva Mayoría, la expectativa está en ganar en primera vuelta para evitar una segunda vuelta que se ve cantada e innecesaria, por el despilfarro financiero que implicaría tener un mes más de campaña llena de consignas y sloganes sin contenido, y por último, porque introduce un factor de riesgo. Esta expectativa está instalada aún cuando se sabe que con 9 candidatos en carrera y un gobierno jugándosela sin disimulo alguno. A nivel parlamentario aspiran tener una mayoría parlamentaria, aunque no sea suficiente para tener los quórums calificados, pero que le permita meter presión para algunas de las reformas que aspiran desarrollar.

La expectativa de Parisi es desplazar a Evelyn del segundo lugar, con independencia de si hay o no segunda vuelta, en tanto que la del ME-O, no quedar relegado a un cuarto lugar por un candidato novato como Parisi, en circunstancias que el ME-O ya fue candidato en las elecciones pasadas. Los restantes sospecho que ya se dan por pagados con haber dado a conocer sus nombres, denuncias y/o propuestas.

En consecuencia, el día después debiéramos ver caras largas tras:
  • Michelle si no gana en primera vuelta;
  • Evelyn si no hay segunda vuelta o no sale segunda;
  • Parisi si no le gana a Evelyn; y
  • ME-O si saca menos votos que Parisi.

Sin embargo, lo más probable que las caras largas se oculten y todos se saquen el pillo con explicaciones mefistofélicas. En el caso de Michelle se apelará a la irremontable distancia con quien haya salido segundo o segunda; en caso de Evelyn, hará referencia a los doblajes parlamentarios que se lograron impedir; Parisi calificará como gran victoria la cantidad de votos alcanzada considerando que tras él no hay partido ni estructura alguna; y el ME-O no sé qué culebra sacará en caso que retroceda al cuarto lugar. Sin embargo, doy por descontado que, salvo quien haya efectivamente ganado, el día después veremos sonrisas mal disimuladas.

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