julio 11, 2013

Nada nuevo bajo el sol


Lo ocurrido en Egipto no fue sino una crónica anunciada de un golpe fraguado en las mismas esferas de siempre. Desde el 2010, vientos de cambio soplan por esos lares, en lo que se conoce como la primavera árabe. Gobiernos caracterizados por el nepotismo, la corrupción y la miseria de sus habitantes, parecían caer como las piezas de un dominó como consecuencia de movimientos ciudadanos convocados por redes sociales. Vientos democráticos parecían recorrer a Túnez, Libia y Egipto. Las caídas más emblemáticas son las de Gaddafi en Libia, y de Mubarak en Egipto. El primero, porque jugó para todos lados con tal de perpetuarse, abrazándose con unos u otros según las circunstancias; y Mubarak, por haber sido un fiel aliado de USA por 30 años.

Las FFAA egipcias, ni se arrugaron para dar el golpe “suspendiendo” la constitución. Un golpe a un gobierno elegido democráticamente, y por tanto, legitimado por las urnas. Las FFAA, al igual que en Chile hace 40 años, que por sí y ante sí “deciden” dar un golpe. Incapaces de resistir los cantos de sirena, actúan, golpean sin misericordia aprovechándose de tener el monopolio de las armas. Cantos de sirena que provienen de sectores civiles ocultos en las sombras de la noche.

Razones no les faltan nunca, como quien saca conejos de la manga. En Chile, y en otros países que hemos pasado por estas, nos conocemos de memoria tales conejos. Es necesario restaurar la institucionalidad quebrantada, poner atajo al caos y al desenfreno. FFAA que no hacen sino escuchar el clamor de un pueblo. En Chile, se trataba de extirpar el cáncer marxista que roía el alma nacional; en Egipto, a falta marxismo, se trata de extirpar el fundamentalismo musulman. Hoy, al igual que ayer, las FFAA no son sino el instrumento de quienes digitan los golpes cuando sus intereses se ven amagados.

No soy marxista, ni fundamentalista musulmán, pero no me compro el cuento de que se trate de “pronunciamientos”, ni que vengan a restaurar “institucionalidades quebrantadas”.

Desde Wall Street, en Nueva York, la capital financiera del imperio, no dudan en aconsejar a los golpistas respecto del camino a seguir: Egipto necesita un Pinochet. No importa el reguero de muertes, desapariciones, torturas que deje en el camino. Lo importante es el resultado, la restauración de un orden, de su orden, el único aceptable, aquel que da cancha tiro y lado al mundo de las finanzas. El fin justifica los medios, como sostiene Maquiavelo.

Pocos parecen dudar que el gobierno de Morsi es un mal gobierno, pero en democracia, cuando un gobierno por más que sea impopular, debe durar el tiempo para el cual fue elegido, y en ningún caso por la fuerza de las armas. Un mal gobierno será derrotado en las elecciones siguientes, no con un golpe militar. Esa es la esencia de la democracia. Elecciones donde los candidatos participen en igualdad de condiciones.

Entre las primeras frases de buena crianza lanzadas por los golpistas para la galería, están las de convocar a elecciones democráticas. Y como bien se preguntara un diario británico ¿qué ocurre si vuelven a ganar los hermanos musulmanes? ¿O acaso piensan proscribirlos?

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