diciembre 23, 2009

La niña bonita

A raíz del resultado de las elecciones presidenciales, a pesar de no haber llegado a la segunda vuelta, Marco se ha convertido en la niña bonita apetecida por todos. Tanto Piñera como Frei se disputan sus favores en un espectáculo sin parangón en nuestro país. Incluso se habla de fichajes, como si de clubes deportivos se trataran. Y mientras más empingorotado es el fichaje, más cobertura mediática se le concede.

El espectáculo que estamos viendo es increíble: pareciera que el tercero hubiese ganando la elección manteniendo en ascuas a los candidatos que pasaron a la segunda vuelta. Sin pudor alguno parecieran capaces de darse vueltas carnero con tal que atraer a los votantes de Marco. Éste, con una sonrisa de actor de cine parece reirse jugando como un gato con dos ratones hasta que estos se den por vencidos. Todo porque la votación de Marco es la que define la elección, porque él no ha dicho por quién votará, mientras dispara a diestra y siniestra, pateando el tablero diariamente. Asume su derrota -no haber pasado a la segunda vuelta- como un triunfo. Con un 20% controla al 80% de los votantes.

Se trata de una situación inédita que no habíamos vivido en el pasado. Marco está demostrando ser un negociador nato que tiene hasta a Piñera patas arriba y a Frei paralogizado. Mientras tanto Marco pide y pide, estruja. Toda concesión es seguida de otra petición por insuficiente. Dispara contra las cúpulas partidarias, pero adula a las bases. Este juego de piernas ¿en qué terminará?

El padre biológico de Marco utilizó la estrategia de "mientras peor, mejor", esto es, que era necesario profundizar las contradicciones, no reducirlas, para así producir el cambio, la revolución, el mundo nuevo. El resultado no fue sino el desastre. Complicó al gobierno de Allende abriéndole un forado divisorio en su coalición política, la unidad popular, que terminó por debilitarlo ante el acoso imperialista de entonces secundado por la burguesía criolla, y sin querer queriendo, del MIR encabezado por Miguel Enríquez. La estrategia de "mientras peor, mejor" terminó convirtiéndose en "mientras peor, peor" y como prueba indesmentible de ello, ahí está el golpe que condujo a la caída de Allende. Su irresponsabilidad, su voluntarismo, su absoluta falta de realismo lo hizo abrazar una causa perdida: la lucha armada, como si existiese alguna perspectiva de derrotar o ganarse a las FFAA. Sin querer queriendo, Miguel aportó su grano de arena a la llegada de la dictadura.

Hoy su hijo Marco, pareciera estar aportando lo suyo a la llegada de la derecha al gobierno. Por más que rechace que se le impute responsabilidad en una eventual derrota de Frei, no podrá sustraerse de que así sea si es que ello ocurre. Su campaña se ha centrado en fustigar a la Concertación y a su abanderado, incluso más, lo ha ninguneado hasta el día de hoy, llamándolo como el "senador DC", sin reconocerle su condición de candidato de la Concertación. A estas alturas del partido, cuando el "senador DC" obtuvo una votación superior a la suya y es quien pasó a la segunda vuelta, se habría esperado que asumiera un mínimo gesto de humildad. Por el contrario, la arrogancia y la soberbia han hecho presa de él sobre la base de la votación obtenida.

Si hiciésemos un símil futbolístico los resultados parlamentarios nos dicen que ninguno de los que "jugó" con Marco salió elegido, o sea, todos jugaron para él, para "la estrellita", para que sacara el 20%. No obtuvo ni un senador, ni un diputado, pero sí privó a la Concertación de varios doblajes y por tanto, que la derecha obtuviera diputados y senadores que de otro modo no tendría. En cambio Arrate con solo un 6% "jugó" para los demás, obteniendo 3 diputados. Es la diferencia entre aquel que juega para todos, de aquel en el que todos juegan para uno.
Prefiero aquel liderazgo por los demás, antes que aquel que aspira que "jueguen" para uno. A estas alturas de la vida me dan mala espina los mesías, los que pontifican, los que terminan siendo marionetas de terceros.

Sin perjuicio de compartir muchas de sus denuncias y planteamientos, no tengo claras sus propuestas cuya combinación mi escasa inteligencia es incapaz de comprender. Por todo lo expuesto no me sumo a quienes creen que creen que hay que darle en el gusto. El gusto de Marco es de seguro insaciable.

Y así, entre quienes están por darle el gusto, y quienes no lo están, la campaña de Frei se va deshilachando, desmoralizando a sus partidarios, entre los que me incluyo, abriendo espacio para un eventual triunfo de Piñera.

Los ataques de Marco a Frei se suceden diariamente, encontrando eco en la prensa "seria" que le da una cobertura que se quisiera cualquiera. Y Marco, cual cabro chico, feliz de la vida dejando "la cagada". No hay duda que está pateando el tablero, desordenando el naipe, reconfigurando el cuadro político. Tengo mis serias dudas que el pueblo, la ciudadanía gane algo con el desbarajuste que se está generando.

La Concertación, en sus 20 años de andadura, ha mostrado deficiencias, errores, muchos de ellos de envergadura, pero también ha mostrado luces. Ha sido una travesía dura, pero si miramos para atrás, podemos ver que el Chile de hoy es bastante distinto al de ayer, más en aspectos positivos que negativos, y por tanto, la Concertación tiene un saldo a favor.

No es con Piñera con quien avanzaremos, más bien, sus propuestas, y quienes lo acompañan invitan a pensar que la tendencia será a procurar desandar parte de lo recorrido. Así como a lo largo de estas décadas hemos estado intentando regular los mercados con mayor o menor éxito, con Piñera lo más probable es que se desmonten las escasas regulaciones alcanzadas. Las diferencias muy probablemente se exacerbarán, y ahí arderá Troya. ¿Eso es lo que quiere Marco? ¿Que se impongan políticas represivas antes que persuasivas o negociadoras? es un tema complejo y no es mi intención satanizar, ni vislumbrar caos alguno, pero si hay algo que nos diferencia de la derecha es nuestro talente negociador, no impositivo, no represivo, procurando dialogar sobre la base de la razón y de los intereses de la mayoría. En algunos casos nos ha ido bien, en otros no. Hay problemas que no se resuelven, que se perpetúan. Es claro que tenemos que mejorar, tenemos que cambiar. Pero ello no lo lograremos sumándonos al cambio de Piñera, porque dicho cambio es hacia atrás, no hacia delante.

Es absolutamente anómalo que tras una presidencia que goza del más alto nivel de popularidad, ella no se exprese en el triunfo de la coalición que la respalda. Por ello no bajo los brazos y no pierdo la esperanza de que nos enrielemos y entendamos, a las buenas, que Frei debe y puede ganar. De nosotros depende.

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