junio 29, 2007

Creatividad, Innovación y Emprendimiento

Desde hace tiempo venimos escuchando estas palabras como si fueran la panacea -lo que nos estaría faltando-, para que salte la liebre, esto es, salir del subdesarrollo. Dado que son palabras que se utilizan indistintamente, a veces dependiendo tan solo de la ocasión, e intrigado por sus respectivos significados decidí hacer un alto en mi andadura por esta vida para intentar descifrarlos.

Para ello me propuse identificar los verbos asociados, crear, innovar y emprender, para a partir de ellos efectuar las reflexiones pertinentes. Podemos observar que todos estos verbos denotan acciones, actividades.

La palabra crear la asocio a la acción de nacimiento, de dar a luz una nueva criatura, un nuevo producto, un nuevo servicio, un nuevo proceso, una nueva ideología, una nueva teoría. Se crea o no se crea, no existen matices ni intervalos de tiempos: existe o no existe la nueva criatura. Por tanto, la creatividad es una característica de quienes tienen o han desarrollado la capacidad para crear. Normalmente la creatividad se asocia al mundo artístico-cultural, sin embargo puede darse más allá de él. Quien crea algo lo hace empujado por una fuerza interior, por satisfacción propia, sin mayores pretensiones económicas.

Innovar, a diferencia de crear, suelo vincularlo al cambio y al mercado-, un cambio no necesariamente significativo, pero aceptado por el mercado, que ha logrado introducirse en él. Puede tratarse de un cambio tanto en la esencia como en la forma (estética) de un producto, proceso o servicio. La diferencia entre un invento y una innovación reside en que este último ha logrado ser comercializado en el mercado, ser demandado por él. Un nuevo producto podrá ser un invento, pero no será una innovación si el mercado lo rechaza o no lo acepta. Un innovador suele mirar el mercado para satisfacerlo, por lo que la innovación se entendería como un proceso que puede partir con una idea para culminar con un nuevo producto o un producto mejorado que se ha logrado introducir en el mercado.

Por último, emprender, tiene una connotación más económica vinculada al inicio de una nueva actividad conducente a crear valor, y que por tanto mira al mercado, al igual que innovar, pero con énfasis en el riesgo pudiéndose tener un resultado exitoso como un sonado fracaso, y en el que se incurre en una inversión –más o menos cuantiosa- que puede recuperarse o no. Todo emprendedor intenta no ser un empleado y tiende a querer tener su propia empresa, buscando su independencia. Tal independencia es relativa porque si bien deja de depender de un jefe o empleador, pasa a depender de un mercado al cual debe responder. Un mercado por lo general volátil, efímero, inasible. Por lo general un emprendedor anda en busca de nuevas oportunidades, aunque también los hay quienes lo son por necesidad, y que no son pocos, sobre todo en nuestros países de menor desarrollo. En estos casos la supuesta independencia no fue buscada, sino que es resultado de una pérdida de un empleo.

Potencialmente creo que todos, unos más otros menos, tenemos distintas dosis de creatividad, innovación y emprendimiento. Desafortunadamente este potencial no siempre logra desarrollarse, ya sea por desconfianza y/o temor al fracaso. Por tanto, si aspiramos a ser más creativos, innovadores y/o emprendedores, castigar el fracaso resulta fatal, al igual que defraudar la confianza.

junio 22, 2007

Inconciencia ambiental

El país está siendo testigo de la frecuencia con que se suceden “accidentes”, “decisiones”, “hechos” relacionados con la contaminación que terminan con graves consecuencias para quienes están involucrados y/o para terceros en términos laborales y/o de salud. Como botón de muestra tenemos los casos de poblaciones asentadas en sectores urbanos en Arica y de los pescadores artesanales afectados por la a mortandad de peces en el río Mataquito.

En Arica han sido afectados gravemente en su salud pobladores residentes en zonas contaminadas con acopios de desechos tóxicos por parte de una empresa (PROMEL) que ya no existe legalmente. En su oportunidad (1984) en el sitio F del Barrio Industrial se asumía que almacenaba residuos mineros que contenían oro y plata. En estricto rigor, lo que se estaba almacenando eran residuos mineros con altos índices de arsénico, cadmio, plomo, mercurio, cobre y zinc. A su alrededor ya se estaban construyendo poblaciones cuyos vecinos empezaron a verse afectados en su salud. No es el único caso en Arica.

En la región del Maule son los pescadores artesanales los afectados por el vertido de químicos contaminantes al río Mataquito, al igual que en la bahía de San Vicente de Talcahuano donde se produjo una filtración de petróleo desde una planta de ENAP.

Lo anterior, a pesar de que en la Constitución Política del Estado se encuentra explicitado nuestro derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación. A la luz de lo descrito, es letra muerta. Desgraciadamente los casos mencionados no son sino dos de entre muchos y que dan cuenta de una realidad: en el país no existe conciencia ambiental tanto a nivel de la población como del empresariado y del mundo político. El resultado no es otro que la periódica sucesión de desastres.

La contaminación es consecuencia de las actividades que desarrollamos sin que internalicemos –en términos privados- la totalidad de sus costos. En términos económicos, es porque el agente contaminante no paga su costo, o lo que paga no es suficiente para disuadirlo, o los beneficios que le reporta contaminar son mayores. De allí que muchos proponen aplicar la política de “pagar por contaminar” para promover la introducción de tecnologías conducentes a una producción limpia, no contaminante. Fácil de afirmar, pero difícil de aplicar porque no siempre es posible identificar y/o comprobar las fuentes de contaminación. De allí la importancia de una ciudadanía activa, vigilante, incorruptible, conciente de la necesidad de preservar un ambiente libre de contaminación.

Nuestro hipotético desarrollo, no es sostenible en tanto tengamos un Estado como el que tenemos, empresarios con empresas contaminantes que se dicen modernas, que transan sus acciones en la bolsa, que exportan, que presumen de ser responsables socialmente, y que registran utilidades significativas. A la hora de la verdad, quienes toman decisiones lo hacen pensando en maximizar rentabilidades y/o minimizar costos, relegando a un segundo plano los procesos de descontaminación conducentes a la producción limpia por afectar rentabilidades e incrementar costos. En este plano, tanto al Estado como a los ciudadanos, nos corresponde asumir un protagonismo esencial para protegernos a nosotros mismos, así como a las generaciones futuras.

junio 15, 2007

Los primeros de la lista

Recientemente se hizo pública la nómina de los prófugos más buscados del país, la que está encabezada por Raúl Iturriaga, general en retiro del Ejército, alias Yiyo, y seguida por el pedófilo Rafael Maureira, alias Zakarach. Nómina emitida por la Policía de Investigaciones.

Si bien los senderos de ambos difieren significativamente, ambos tienen un común denominador: eludir la acción de la justicia, el ordenamiento jurídico que se ha dado el Estado invocando razones que en todas las instancias judiciales han sido rechazadas.

En el caso particular del General® Iturriaga, de triste recuerdo en el norte del país en sus tiempos de gobernador, se negó a cumplir una condena por el secuestro de Luis San Martín en el año 1974 y desaparecido desde entonces.

En esferas de los Generales de Ejército en Retiro se respalda su rebeldía sosteniendo que es consecuencia de una condena basada en presunciones, por la ficción jurídica del secuestro permanente, y por no aplicársele la prescripción como sí se ha hecho en otros casos. Incluso llegan a afirmar que “pensamos como él”. En estricto rigor no debiera extrañar esta reacción de parte de un círculo en el que parte importante de sus integrantes se encuentran involucrados en procesos vinculados a atropellos a los derechos humanos.

Es interesante analizar la lógica que está tras este pensamiento y que se extiende a parte importante de la sociedad chilena. En primer lugar, acá no hay presunciones, hay hechos, pruebas que se encuentran en el proceso que incriminan al General® Iturriaga por su participación en el secuestro. Lo que no se ha comprobado es su participación en otros secuestros o delitos, pero en el caso particular de Luis San Martin las pruebas son demoledoras. Así lo determinó la Justicia y a eso hay que atenerse.

En segundo lugar, sin ser abogado ni pretender serlo, sino como simple ciudadano de a pie, no existe el concepto de secuestro permanente. Lo que existe es un secuestro, y lo natural es que mientras no aparezca su cuerpo, se presume que está vigente. Lo más probable es que el secuestrado, después de tantos años –más de 30-, se encuentre muerto, y que lo hayan secuestrado para matarlo. Si un condenado por este hecho quiere liberarse de la condena le basta decir qué hizo con él, dónde lo dejó, dónde está su cuerpo. Pero que no se saque el pillo con una prescripción por hechos que si bien se iniciaron hace muchos años, se perpetúan en tanto no aparezcan los cuerpos.

Por último, no debemos olvidar que quienes por estos días encabezan el ranking de prófugos abusaron del estado de indefensión de las víctimas y en el caso del Yiyo con el agravante de hacerlo en representación del Estado que se supone está para defendernos.

junio 08, 2007

Megaempresas

En las últimas décadas hemos observado, tanto en Chile como a nivel mundial, gran cantidad de fusiones empresariales enmarcado en un desenfrenado proceso de globalización. Los autodenominados “expertos” –formados en las cunas del neoliberalismo- aplauden dichas fusiones publicitando sus enormes ventajas: economías de escala, penetración en nuevos mercados, acceso a tecnologías de punta. Y como broche de oro, reducciones en los precios de los productos y/o mejoras en la calidad de los bienes/servicios comprometidos con ganancias para todos, productores y consumidores. O sea, un mundo de bilz y pap.

Sin embargo, estos mismos expertos ocultan la otra cara de la medalla: los despidos de trabajadores que muchas de estas fusiones conllevan, colusiones para el bloqueo al ingreso de nuevas tecnologías o nuevas empresas, la postergación de los pagos a los proveedores, el control de los mercados en manos de pocas empresas que suelen conducir a la generación de ganancias monopólicas y la destrucción de empresas imposibilitadas de competir y/o de negociar en mínimas condiciones de equidad con las megaempresas.

De 1999 a la fecha, en el sector del supermercadismo, los dos principales actores concentraban el 40% de las ventas del sector; al año pasado bordeó el 60%. Los mismos expertos que pregonan la libre competencia, ahora no le hacen asco a la concentración de los mercados en manos de pocas empresas pregonando a los cuatro vientos las ventajas que trae a los consumidores. Incluso llegan a plantear que los precios en estos hipermercados han contribuido a una disminución en los precios de a canasta de alimentos.

Lo descrito no se circunscribe a dicho sector ni a nivel nacional, sino que se extiende a otros sectores y a nivel internacional. Igual fenómeno se observa en los sectores bancario, automotriz y de las comunicaciones, entre otros.

Desconozco la existencia de estudios por parte de expertos en la temática acerca de las ganancias netas que para la sociedad pudiera estar reportando esta concentración de los mercados en pocas manos. De chicos nos han enseñado que el libre mercado supone la existencia de miles de consumidores y productores donde la mano invisible del mercado define los precios de los bienes/servicios que se transan en él. Sin embargo, ahora, de la noche a la mañana, los mismos que nos enseñaron esto, ahora nos vienen a decir que la concentración no necesariamente es mala. Claro que no, siempre y cuando se tenga al frente a un Estado capaz de inhibir y frenar todo intento colusión y abuso de posiciones monopólicas.

Desafortunadamente la realidad nos dice que los Estados tienden a ser capturados o corrompidos por estos monstruos empresariales.

junio 03, 2007

Megasindicatos

“Trabajadores: Expertos advierten de peligros de megasindicatos para el país”. En el curso de la semana, este fue el titular de uno de los cuerpos de uno de los diarios de circulación nacional que parece llamar expertos a todos los que comulgan en su parroquia.

Esta fue la reacción que les produjo la decisión que adoptaron más de 70 mil trabajadores de las empresas contratistas mineras, entre las que destacan CODELCO, Escondida, Collahuasi y Pelambres, entre otras de menor tamaño.

No deja de llamar la atención que esos expertos que ahora ponen el grito en el cielo porque trabajadores deciden unirse para enfrentar en mejores condiciones las negociaciones ante sus empleadores, son los mismos que hacen la vista gorda cuando de fusiones empresariales se trata conducente a la formación de megaempresas. Por estos días estamos conociendo una de esas fusiones que causan furor en la bolsa sin que los expertos digan ni pío a pesar de la fuerte concentración ya existente en ciertos sectores.

Incluso más, como quien saca cartas de la manga, estos mismos expertos están encontrando beneficios en tales fusiones. Y al unísono cantan la música referida a las economías de escala que se obtienen que terminarían beneficiando a los consumidores con menores precios, obviando las ganancias que la concertación les permite una vez quebradas las medianas y pequeñas empresas. Y frente a eventuales objeciones gubernamentales por actitudes monopólicas tienen la capacidad para financiar ka contratación de los más renombrados bufetes de abogados para defenderlos.

Sin embargo cuando de fusiones de trabajadores se trata, solo visualizan perjuicios. Los temores de tales expertos se centran en las distintas realidades financieras de cada una de las empresas del sector, lo que permitiría a algunas empresas acceder a las peticiones de los trabajadores, no así a otras. Otro temor reside en que este megasindicato podría financiar huelgas muy prolongadas.

Es evidente que a las empresas no les conviene tener al frente a megasindicatos. Siempre preferirán trabajadores disgregados, atomizados, para así negociar individualmente. A lo largo de la historia los trabajadores han debido luchar por condiciones laborales que hoy suenan irrisorios, pero que en su momento contaron con la oposición empresarial y de los expertos pseudocientíficos incapaces de visualizar la complejidad de la realidad que tiene aristas que van más allá de las económicas.

Si fuera por tales supuestos expertos lo más probable que aún estaríamos en tiempos de la esclavitud, con trabajo infantil, sin salarios mínimos, y con jornadas laborales extenuantes sin contratos.

 
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