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| Foto de Louis Reed en Unsplash |
En el mundo que nos está tocando
vivir, caracterizado por un desarrollo científico-tecnológico y una capacidad
de destrucción sin precedentes, como el que están sufriendo Ucrania, Gaza, y
ahora Irán, me pregunto qué está haciendo la universidad. Mal que mal, tras este
desarrollo científico-tecnológico y capacidad destructiva, hay profesionales,
científicos formados en las universidades. ¿La universidad puede lavarse las
manos al respecto?
Se me podrá decir que al final
del día quienes deciden el uso que se le habrá de dar a las poderosas armas de
destrucción que siembran desolación y muerte no son ellos, sino políticos. También
se podrá afirmar que las empresas donde se fabrican son dirigidas por
empresarios. Entonces me pregunto ¿quiénes forman a estos políticos y
empresarios? Entiendo que el grueso de ellos, sino todos han egresado de universidades.
Podríamos preguntarnos cómo
andamos por casa. Bueno, acá si bien no estamos a ese nivel, no podemos
lavarnos las manos cuando vemos el grado de nepotismo y corrupción que se está
introduciendo en algunas instituciones, y tras ellos hay encopetados
profesionales formados en universidades de mucha prosapia.
Nos han dicho que la misión de
toda universidad se ha de centrar en la investigación para ampliar, profundizar
el conocimiento, así como en su transmisión vía la docencia, y en la búsqueda
de la verdad a través de la discusión abierta y crítica en la sociedad en que
se inserta
Esta última es la que pareciera
estar flaqueando porque la búsqueda de la verdad exige un ambiente abierto a la
crítica y la deliberación, lejos de dogmatismos y fundamentalismos. Siguiendo a
Adela Cortina -profesora de Ética y Filosofía Política de la Universidad de
Valencia-, en una sociedad pluralista en la que se asume vivimos, la
universidad es el espacio de la libre expresión, de la libre opinión y de la libre
convicción. Es en ella donde se supone que aprendemos a argumentar, a defender
argumentos, uniendo razón y corazón. Cuando veo los problemas que nos afligen, y
el curso de los acontecimientos, me baja la duda de que la universidad actual
esté a la altura de lo que se cree que es.
La misión de la Universidad si
bien reside en transmitir y profundizar conocimientos en la sociedad en que se
inserta, también debe proveer algo más que eso, sabiduría y ética. Sabiduría y
ética para distinguir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo. Quizás esto
sea gran parte de lo que está faltando, y explique porque estamos como estamos,
en la región, en el país, en el mundo. Porque en lo que tiene relación con la investigación, transmisión y difusión del conocimiento, la irrupción de las redes sociales y la inteligencia artificial está haciendo de las suyas.
