julio 02, 2015

La probidad en entredicho

Hace rato que el tema de la relación entre la política y los negocios anda dando vueltas sin que se avizore solución alguna. La propia agenda de la probidad que en un momento de éxtasis fue alabada por moros y cristianos, está siendo perforada sin asco. Una perforación pequeña, una pequeña rendija, que terminará siendo un forado. Para eso, unos y otros son expertos.

Para el común de los mortales, de carne y hueso, que trabajan con sus manos y mentes, el espectáculo que se está observando no tiene nombre y es el retrato mismo de la degradación ético-moral que se está viviendo, en Chile y en la quebrada del ají como consecuencia de unas élites convencidas que el dinero todo lo puede comprar.

Con esta lógica, la democracia se convierte en letra muerta, porque hasta los votos se pueden comprar, y si no se pueden comprar, entonces se compran a quienes son elegidos. Eso explica los altos costos de las campañas políticas y de los bienes públicos privatizados en tiempos del innombrable, así como los financiamientos de empresas privadas a congresistas o funcionarios públicos por trabajos de dudoso gusto. Lo peor que hasta quienes posaban de inmaculados, también se han visto implicados en lo que eufemísticamente hoy no pocos llaman irregularidades. A esta altura ya cuesta encontrar a alguien que se libre de haber caído en tentación.

No obstante este desolador panorama, aún hay patria porque si la influencia del dinero fuese tan determinante de los resultados electorales, se supone que quienes más gastan en las campañas son los elegidos. Afortunadamente no siempre es así. Esto habla bien de los votantes que no se dejan seducir por imágenes construidas a punta de meter más y más plata.

Lo que hoy no está tan claro es si quienes salieron elegidos con nuestros votos, están representando a quienes les votamos o a poderes fácticos que les financian desde las sombras, y más encima, al amparo de franquicias tributarias. Que alguien salga elegido con el voto popular y después una empresa aporte recursos a su fundación o le financie informes truchos, es algo que para cualquiera con dos dedos de frente huele a azufre.

Cómo impedir que nuestro voto sea escamoteado por esta vía es el gran desafío. No visualizo solución por la vía legal, que suele ser vulnerada sin vergüenza alguna. La única solución es ético-moral. Esto es, tener una formación ético-moral que se constituya en una barrera infranqueable, a prueba de balas y tentaciones. Tener políticos y empresarios de primera, nacidos para servir, no para servirse.

Desafortunadamente, lo que tenemos es resultado de un sistema educacional mercantilizado que poco tiene de educación. Mientras este escenario continúe en estos términos, seguiremos inmersos en copas futboleras, o de vino, que nos ayudan a distraernos, aunque sea por un rato. Salir campeones es importante, pero no tanto como tener una sólida formación ético-moral a prueba de balas.

1 comentario:

Víctor Ramió dijo...

Hola Rodolfo. Tienes razón. Pero le estoy dando vueltas al juicio que vulnerar las reglas en beneficio propio es parte de la esencia del ser humano. Todos (casi) lo hacen de acuerdo a sus posibilidades. Y si hay pocas probabilidades que los descubran, el terreno es fértil.
Saludos.

 
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