mayo 21, 2015

Un rebelde indomable

Recientemente, en la capital del reino, Santiago de Chile, en medio de la primera protesta estudiantil del año, la Universidad de Talca otorgó el grado de Doctor Honoris Causa a Ricardo French Davis, chileno, economista. Este grado, se otorga en muy contadas y especiales ocasiones. Como bien sostuviera Carlos Massad, expresidente del Banco Central al hacer su presentación, se otorga a quienes se distinguen por su trayectoria y contribución al país desde el ámbito de sus competencias. En el caso de Ricardo, lo es por su contribución en el ámbito económico y de las políticas públicas desde los más diversos organismos nacionales e internacionales.

Le he venido siguiendo la pista desde la década de los 60, en tiempos de Frei Montalva, y sus características centrales se mantienen incólumes. La expresión que mejor lo retrata fue la que dio el propio Massad: un rebelde indomable. Yo lo tenía por un rebelde indoblegable, que para el caso viene a ser lo mismo. He seguido su trayectoria con admiración, tanto por su lucidez y claridad conceptual, como por su bondad. El propio rector de la Universidad de Talca, Álvaro Rojas, lo resaltó al catalogarlo como “un hombre bueno” en todo el sentido de la palabra.

Siempre me llamó la atención que en su larga trayectoria mantuviera un bajo perfil, sin asumir cargos de primera línea, ya sea como ministro o presidente del Banco Central. Si en las elecciones presidenciales de 1970 hubiese ganado Radomiro Tomic, no me cabe duda que su nombre era fijo en el gabinete. De hecho, él fue actor importante en la estructuración del programa económico de Tomic. Posteriormente, con la llegada de los gobiernos de la Concertación no pocas veces sonó su nombre.

Dos son los factores que han incidido en ello. Por un lado su modestia, su sencillez, no ambicionar cargos. Se sentía incómodo promoviéndose a sí mismo. El otro factor, su pensamiento económico de avanzada que no pocas resistencias provocaba. En su exposición, al recibir el grado de Doctor Honoris Causa, Ricardo, premunido de hojas sueltas que por momentos revoloteaban al azar, se paseó por las últimas 5 décadas de nuestra historia económica como Pedro por su casa. Hizo alusión a que los mercados no pueden andar sueltos y que el Estado no puede ser neutral en un contexto de desigualdad. Con eso lo dijo todo, resumiendo con ello, su postura, su posición de hoy, de ayer y de siempre en favor de la justicia y la democracia.

Para el decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Talca, Arcadio Cerda, la incorporación de Ricardo a su cuerpo académico, es un honor. Sí, un honor y una responsabilidad porque Ricardo sintetiza como pocos la necesidad de que la economía esté al servicio del hombre y la sociedad, no al revés.

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