mayo 08, 2015

Cambio de gabinete: las formas también importan

Cuando el país estaba centrado en las peripecias de algunos políticos, ejecutivos y empresarios por justificar lo injustificable, o en los alegatos en la Corte internacional de Justicia en torno a la demanda boliviana para obligar a Chile a negociar una salida al mar, Michelle, de golpe y porrazo, en un dos por tres, anuncia un cambio de gabinete. Lo hace en una entrevista a un animador de televisión privada, diciendo lo que en otra entrevista, de hace poco menos de un mes atrás dijo que no haría a un periodista de la televisión estatal. Para asegurarse que no se filtrara la noticia, tan solo pocos minutos antes de la entrevista le pidió la renuncia a todos los ministros. Anuncia un cambio de gabinete e informa que dentro de las próximas 72 horas tendrá decidido quienes son ratificados, quienes se van, y quienes llegan.

Fallaron las formas, no así el fondo. En efecto, el cambio de gabinete se veía venir desde fines del año pasado, que se desactivó porque se estaba logrando la aprobación de importantes leyes, pero que se aceleró con el caso CAVAL primero, y luego con las boletas ideológicamente falsas. Los involucrados pertenecen al mundo empresarial, profesional, ejecutivo y político, lo que revela la crisis ético, moral y política que estamos viviendo. El cambio se pensaba que sería a la vuelta de vacaciones, o al término del primer año del gobierno, el 11 de marzo, o ahora para el 21 de mayo. Por tanto, se trata de un cambio esperado por todos, moros y cristianos, de derecha a izquierda.

Cambio esperado y cantado como consecuencia de múltiples factores, que permiten visualizar quienes seguramente se irán. Entre estos factores destaca la invisibilidad de muchos de los ministros. Apenas se les conoce, no sé si por déficit comunicacional o porque no han hecho nada. Otros, por encontrarse salpicados por boletas, informes y/o pagos recibidos de PENTA o SOQUIMICH.

Desde que tengo uso de memoria, es primera vez que un cambio de gabinete se anuncia de esta forma. Algunos quieren darle un toque mágico afirmando que Michelle dio un golpe comunicacional, que asumió el liderazgo que la ciudadanía le demanda al tomar el toro por las astas. No obstante mi posición favorable a sus políticas, no puedo sino discrepar de la forma tan burda, con aires de improvisación y cierto dejo de irrespeto por quienes han sido sus máximos colaboradores en todo este tiempo. Las formas también importan. Tampoco recuerdo un cambio de gabinete sin tener claridad sobre quienes se van y quienes se quedan, ni quienes vienen. Ahora todos están en ascuas, en estado de espera. Algunos esperando una llamada de confirmación, en tanto que otros, una de invitación a ser parte del gabinete.

Si bien es cierto que el cambio de gabinete es condición necesaria para superar la crisis política que se está viviendo, junto con recuperar la confianza y credibilidad ciudadanas, no es suficiente. Es clave dilucidar la orientación que adoptará el gobierno en la fase que viene y el rol que jugarán los partidos políticos en la conformación del nuevo gabinete y en esta nueva etapa. ¿Será un gabinete para poner el pie en el acelerador con miras a implementar el programa por el cual fue elegida Michelle? ¿o para poner el pie en el freno?

La duda se despejará cuando se conozca el nuevo gabinete. Por sus rostros e historias, los conoceréis. ¿Volverán los viejos tercios? ¿O llegará una nueva camada? Lo más probable es que veamos una mezcla. La capacidad para gestionar esta mezcla, sin perder el norte, será el mayor desafío de Michelle para recuperar su liderazgo y credibilidad. En caso contrario, los años que quedan se convertirán en una agonía.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nooooo, aquí se necesita cambio de gobierno entero!

 
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