noviembre 03, 2005

Pildoritas universitarias

Hace poco me tocó participar en un debate en torno a los estudios universitarios, y uno de los expositores hizo mención a la masificación universitaria, punto sobre el cual me permití hacer algunos alcances.

En las últimas décadas, la cobertura de educación universitaria ha aumentado significativamente, desde menos del 20% hasta casi el 40% en el grupo etáreo correspondiente. De una educación universitaria elitista estamos pasando a una masiva. Cuando la cobertura sobrepase el 60% podríamos hablar de una educación universitaria universal. Por tanto todo señalaría que nos espera un futuro promisorio.

Cualquiera pensaría que si hoy son más quienes siguen estudios universitarios que en el pasado, es porque son más los alumnos con méritos académicos. Esto es, hoy serían mucho más los alumnos que egresan de la educación media con los conocimientos requeridos para proseguir estudios en las universidades.

Sin embargo creo que las cifras pueden inducir a engaño porque antes que un mayor conocimiento de quienes postulan a las universidades, lo que estaría ocurriendo es un aumento de la oferta, esto es, de las vacantes como consecuencia de la liberalización y mercantilización de las universidades. Liberalización, por la irrupción de universidades privadas abiertas sin mayores barreras de entrada, creadas bajo la figura de instituciones sin fines de lucro y que no trepidan en incurrir en multimillonarias campañas publicitarias para atraer matrículas; mercantilización, porque la educación superior se ha transformado en un negocio tratado como si se tratara de la comercialización de un bien privado, obviando su fuerte componente de bien público. Mercantilización que también ha invadido a muchas de las universidades estatales, las que también han estado abriendo carreras y vacantes en base a evaluaciones privadas de sus beneficios/costos sin que exista regulación alguna, dejando librada la oferta y demanda a la “mano invisible” de un mercado capaz de ofrecer de todo a distintos niveles de calidad, para todos los gustos, a distintos precios.

Este aumento en la oferta, tanto de carreras como de vacantes tiene su origen en aprovechar oportunidades de negocio antes que en los mayores conocimientos de quienes postulan a las universidades. La mayor cobertura universitaria se explica, en lo fundamental, porque las exigencias de ingreso a las universidades son significativamente menores que las existentes en el pasado. Si estas exigencias fueran las que imperaban hace 20 años atrás, una importante proporción de las vacantes que se abren no se completarían, muchas carreras no se impartirían, y muy probablemente muchas de las actuales universidades estarían en crisis por falta de alumnos.

En este sentido percibo que la masificación se ha logrado a costa de una degradación en la educación en todos los niveles. El extremo énfasis en lo cuantitativo y ha sido en desmedro de lo cualitativo. A las universidades están ingresando alumnos sin mayores hábitos de estudio, por lo que cuesta entender cómo han podido terminar su educación media. Esta realidad, de alguna manera hipoteca nuestro futuro.
Se me quedan elementos en el tintero que no abordaré para no abusar de mis queridos lectores. Entre ellos, el tema del esfuerzo, de “sacarse la cresta”, de “comprar” educación, mecanismo por el que se privilegia la exigencia económica sobre la académica, o dicho de otro modo, la exigencia académica está condicionada por lo económico.

Al paso que vamos imagino un mundo en el que las farmacias incluyan dentro de sus estanterías pildoritas universitarias de distintos colores y calidades. Cada color corresponde a una carrera. Por ejemplo, color rojo correspondería a Ingeniería Comercial y tendríamos de diferentes precios ya sea porque son más concentradas como porque son de mayor duración.

La idea es que compremos una pildorita, la tomamos con un vaso de agua y ya está! De un minuto a otro, sin mayor esfuerzo asimilamos las capacidades y competencias asociadas a cada carrera para una duración dada. Vencido el plazo, por arte del birbiriloque los conocimientos desaparecen, salvo que nos compremos otra pildorita, distinta de la anterior porque el tiempo ha transcurrido y las competencias y capacidades exigidas han cambiado. Con estas pildoritas nos ahorraríamos años de estudio y esfuerzo. También podríamos tener pildoritas apitutadas –claro que serían más caras-, pildoritas que permitirían obtener buenos trabajos y en forma inmediata, a diferencia de las otras pildoritas, las “normales”, que no garantizarían la obtención de trabajo alguno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad lo que usted dice, Don Rodolfo. Hoy hay más estudiantes universitarios, no porque estan mejor preparados, sino porque hay más opciones, más universidades dispuestas a aceptar a cualesquiera, mientras puedan pagar. Lo ideal sería tener estudiantes bien preparados, acceso a buenas universidades, y buenas opciones de trabajo una vez egresados. Sabemos que muchos jóvenes tienen que salir del país para florecer profesionalmente.

Pero quizás la situacion actual arroja más beneficios de los que vemos. Es verdad que la educación debería estar menos asociada a la idea y dinámica del Mercado. Pero aún así, nuestro propio punto de vista puede ser demasiado utilitario, o demasiado estricto. Es verdad que un padre o madre se encalilla, o gasta lo poco que tiene, para apoyar a su hijo o hija en su carrera universitaria. Es verdad que ese hijo o hija puede no tener los dedos para el piano, o puede tardar muchísimo en llegar a la final (si llega).

Pero, cual es la opción? Ese jóven, si no sigue estudiando, tiene nulas posibilidades de trabajo digno (no me refiero a la persona apitutada). Sin embargo, la opción universitaria, por cara o ineficiente que sea, le dá al jóven una posibilidad de desarrollo, de experiencia más allá de lo ya conocido. En este sentido, se puede decir que esta situación poco práctica alarga la adolescencia, el período de germinación de la persona como individuo. Es como sembrar en tierra considerada menos fértil, sea razón del individuo, de la institución, o de ambos. Pero, siguiendo la metáfora, sabemos que flores y frutos maravillosos se dan a veces en lugares sorprendentes.

Mi experiencia personal es la de haber dado algunos botes más de lo reglamentado, pero toda experiencia es válida. No me arrepiento por haber tenido una larga adolescencia. La opción de tenerla probablemente me salvó de cosas peores. No me preocupo mucho por el puente mal construido por el ingeniero mal preparado. Los puentes se derrumban por efecto de la corrupción, no por la inabilidad del ingeniero.

En Chile, país pequeño, sabemos quién es capaz, y quién no lo es.
El camino que nos lleve a mejorar la educación en Chile tiene que pasar por una profunda reflexión valórica, y tiene que contar con la voluntad política y ciudadana de la nación. Mientras tanto, no podemos esperar peras del olmo.

JM

Tatiana dijo...

A mi el asunto de las pildoritas universitarias me pica, me pica....y por mas que me rasco...no se me pasa :P

Lo que mas me molesta es que en ciertas universidades publicas que conozco,los alumnos son tratados como producto en todo su proceso de formación...exceptuando al egreso, cuando se acuerdan convenientemente que los cabros fueron unos "flojos" durante toda su educación, "pasivos", "sin mundo" y "sin conocimiento previo". Ahi me hierve el tuétano (como si la gran mayoría de los profes no fuéramos del mismo rebaño del que son nuestros estudiantes...)

Pongámonos de acuerdo...los estudiantes deberían ser activos o pasivos? que nos gusta mas? el que no nos molesta nunca con ninguna pregunta fuera de foco, el que no tiene opinión y no mete sus narices donde no lo llaman? ese estudiante nos fascina porque nos hace la vida fácil, hasta que nos damos cuenta en el examen de grado que el(la) pobre pajarit@ nunca entendio el ramo basico Nro 1...y es su culpa...obvio...como va a ser la nuestra, que construimos toda una secuencia de ramos sin darnos cuenta que no entendian lo basico.

Que falta de respeto, eh?

 
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