octubre 01, 2005

No siempre se gana

Nos encontramos ante una orden de captura internacional contra Andrónico Luksic, heredero de la mayor fortuna en este país, y sobre otros dos ex ejecutivos de Luchetti Perú, todos declarados reos contumaces por no presentarse a declarar ante los tribunales peruanos.

Los tres están siendo inculpados por tráfico de influencias, imputación respaldada mediante cintas de video que fueron exhibidas en el Congreso peruano, donde se muestra a uno de los ex ejecutivos de Luchetti participando en una reunión con uno de los personajes más siniestros de los tiempos de Fujimori: Vladimiro Montesinos, en su tiempo asesor presidencial y jefe de seguridad nacional. Por ello se les llamó Vladivideos. Montesinos fue el responsable de montar todo un sistema de recaudación y distribución de fondos basado en el chantaje, apoyándose en la filmación subrepticia de las reuniones que sostenía. Es así como en sus redes cayeron militares, políticos, jueces, empresarios. Pocos escaparon a su embrujo. Actualmente se encuentra preso por corrupción y tráfico de armas.

Hace ya 10 años el grupo Luksic inicia la construcción de una planta industrial en Perú con una inversión sobre los US$ 30 millones teniendo las autorizaciones correspondientes que posteriormente fueron anuladas por razones medioambientales. En este contexto Montesinos aparece ofreciendo sus buenos oficios para levantar las restricciones. No es necesario pensar mal para percatarse que estos buenos oficios no surgen a título gratuito.

Dado el tiempo transcurrido desde la ocurrencia de los hechos, se apeló a la prescripción del caso, lo que fue rechazado por los tribunales peruanos. La defensa reclama discriminación porque se establece un período de 8 años en circunstancias que en otros casos se ha otorgado prescripción de 6 años.

Cuando se trate de causas en que se encuentren chilenos involucrados, resulta difícil pretender pensar que no exista discriminación, tanto en Perú como en Bolivia. Quienes alguna vez han pisado suelo peruano o boliviano conocen de sobra los sentimientos antichilenos que se encuentran fuertemente enraizados en la cultura popular de dichos países y que tienen un origen que se remonta a la historia y que ha sido perpetuado por sus sistemas educacionales.

Me cuesta creer que Luksic, así como muchos otros empresarios, no estén en conocimiento del terreno arenoso en el que incursionan. Ellos más que nadie saben que invertir en Perú o en Bolivia, así como en muchos otros países, no es broma, sobre todo cuando de inversiones chilenas se trate. Y si lo hicieron era porque esperaban rentabilidades consistentes con los riesgos que corrían. No siempre se gana. Los riesgos tienen su costo.

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