agosto 24, 2016

Desde Cuba (4 de 4): fragmentos de una conversación (imaginaria)

Al llegar, Fidel me saludó efusivamente, lo que no dejó de sorprenderme. Él sabía que no era santo de mi devoción, por el simple hecho que rechazo todo tipo de dictadura, venga de donde venga, cualquiera sea su origen, su contexto.

El encuentro fue en los días previos a la conmemoración de sus 90 años, poco después de cumplirse un año desde la reanudación de relaciones diplomáticas con EEUU, y a una década de delegar el poder político en su hermano. Luego de acomodarnos, como una forma de iniciar la conversación, le consulté si era cierto que alguna vez, allá por el 73 había afirmado que "Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un Papa latinoamericano". Luego de mirarme fijamente me respondió le era imposible recordarlo, pero si dicen que dije eso, así habrá sido.

RS: ¿Siempre fuiste comunista o te hiciste comunista?
FC: Nadie nace comunista, uno se hace comunista, cada uno por distintas razones, por ver tanta injusticia, o por vivir uno mismo la injusticia originada por el imperio yanqui.

RS: Cuando iniciaste rebelión contra Batista, ya lo eras?
FC: Mi formación es católica, estudié en un colegio jesuita. Fue el imperio el que me forzó a abrazar el comunismo, ese imperio que respaldó la dictadura de Batista, fuente de todos los males del pueblo cubano y de todos los pueblos latinoamericanos. Todas las dictaduras de entonces, y las posteriores como la que te tocó vivir en Chile fueron impulsadas por los yanquis, quienes solo admiten gobiernos que adhieran a sus intereses, aún a costa de los intereses de los pueblos.

RS: Sin embargo, los EEUU no vieron con malos ojos tu ascenso.
FC: Claro, al ver que Batista no tenía defensa alguna, lo dejaron caer, convencidos que nosotros íbamos a seguir las pautas que nos dictarían los norteamericanos. Vieras tú la cara que nos pusieron cuando les dijimos que todas las riquezas mal habidas las íbamos a confiscar, expropiar, porque esas riquezas eran las responsables de la pobreza de nuestro pueblo, una pobreza que no te puedes imaginar, expresada en un pueblo sin educación, sin salud, desnutrida. Les dije en su cara, acompañado de Camilo (Cienfuegos) y del Ché, que no nos íbamos a dejar pautear por ellos. Y bueno, además de ponernos mala cara, nos amenazaron con hacernos la vida imposible restándonos todo apoyo.

RS: Esperabas acaso otra reacción?
FC: No lo sé, pero yo no podía actuar guiado por la reacción de ellos. Dime Rodolfo ¿te parece que uno deje de hacer lo que uno cree que hay que hacer, y ponerse a hacer aquello que uno no quiere para no contrariar a un poderoso? El espíritu revolucionario del que estábamos imbuidos nos permitía toda clase de sacrificios para dejar de vivir de rodillas.

RS: Eso no justifica que luego te hayas convertido en un comunista e impusieses una dictadura.
FC: Ubícate en el contexto existente a fines de los 50. Acá la dictadura de Batista estaba al servicio de los norteamericanos, particularmente de la mafia norteamericana. Al Capone tenía su mansión en Varadero donde hacía de las suyas dándose la gran vida, mientras los cubanos no tenían qué comer. Esta isla era el prostíbulo de los norteamericanos, quienes venían como amos y señores, dueños de este país. Apenas triunfa la revolución, EEUU me empieza a condicionar su apoyo amenazándonos con represalias y embargos si adoptaba decisiones que afectaban sus intereses, y de la amenaza pasaron a la acción. Ahí tienes la fracasada invasión en Bahía Cochinos en tiempos de Kennedy, el embargo que persiste hasta el día de hoy y todos los intentos por asesinarme. He perdido la cuenta de ellos y acá me tienes conversando contigo. Eran tiempos de guerra fría, cuando el mundo era repartido entre EEUU y la URSS, tiempos de polarización total, sin espacio para terceras posiciones. Y la URSS me tendió la mano cuando más la necesitábamos, apoyándonos totalmente. Frente a esta realidad no tenía por dónde perderme y me hice comunista.

RS: No por ello tenías que pasar a encabezar una dictadura.
FC: Rodolfo, sé que te choca el tema de la dictadura, pero otra cosa es con guitarra, sobre todo cuando tienes encima al imperio dispuesta a invadirte, cuando tienes a los poderosos que no estaban dispuestos a tolerar que les confiscaran sus propiedades mal habidas y que solo atinaron a arrancar a Miami.

RS: Pero llevas ya más de 50 años con ese discurso.
FC: No te imaginas lo que es vivir en una isla a frente a los EEUU con un embargo total y más encima con las relaciones diplomáticas rotas por los gobiernos latinoamericanos, por órdenes de ese organismo títere de los EEUU llamado OEA. Bajo esta realidad tú comprenderás que nos es imposible tener una democracia como la vuestra, donde quien pone el dinero pone la música.

RS: Para remate no se te ocurre nada mejor que te sustituya tu propio hermano, lo que indica que no tienen resuelto el tema de la sucesión. Y después de tu hermano ¿quién?
FC: Rodolfo, al final del día ¿en quién podía confiar más? Raúl no solo es mi hermano, ha sido el comandante en jefe de las FFAA cubanas y quien me ha acompañado toda mi vida. ¿qué habrías hecho tú en mi lugar?

RS: Pero Fidel, por favor, esto no es un asunto de familia, esto concierne a todo un país. ¿Acaso no eres capaz de confiar en la decisión del pueblo cubano después de más de 50 años de revolución?
FC: Confío plenamente, y de hecho tenemos elecciones.

RS: Claro, pero no tienen ninguna gracia bajo un sistema de partido único.
FC: No sigamos con esta cantinela.

RS: Bueno, y dime, con una mano en el corazón, estás satisfechos con los resultados alcanzados luego de todas estas décadas de revolución? En relación a la evolución mundial no veo bien parado a Cuba. Veo logros en educación y salud, pero también veo colas, tarjetas de racionamiento, deterioro en la infraestructura física.
FC: Vuelvo a recordarte que no te olvides del despiadado bloqueo norteamericano secundado por la ruptura de relaciones diplomáticas de los gobiernos títeres de EEUU.

RS: Bueno, gracias Fidel por esta conversación. No sabes cuánto te agradezco. Se me quedan interrogantes en el tintero, particularmente las relativas al futuro. Espero que tengamos otra oportunidad antes de pasar a mejor vida.
FC: Encantado Rodolfo, será hasta la victoria siempre, perdón, hasta la próxima!

agosto 23, 2016

El desafío de diseñar una organización

En estos tiempos turbulentos, de un dinamismo y desarrollo científico y tecnológico sin precedentes, las personas y las organizaciones están enfrentadas a enormes desafíos si es que aspiran al menos a sobrevivir y no morir en el intento.

El imperativo de hoy pareciera ser renovarse o morir. Lo vemos en todas las esferas, tanto con los boliches de las esquinas de antaño como con los servicios de transporte urbano.

En este marco las organizaciones se ven en la necesidad de estar permanentemente revisando sus modelos de negocios, al igual que sus diseños organizacionales. Este último concepto va más allá de las estructuras organizacionales o de los conocidos organigramas, las que solo dan cuenta de la distribución y agrupamiento de los puestos de trabajo.

El diseño organizacional busca dar respuesta a interrogantes que son esenciales para visualizar si está alineado con un modelo y una estrategia de negocios en particular. A continuación haré mención a aquellas que no podrán obviarse.

La conformación de las unidades de trabajo, esto es, los departamentos, centros, direcciones, nos obligan a interrogarnos respecto del criterio de agrupación del personal con que se cuenta. Los hospitales y las clínicas suelen hacerlo en base a las especialidades (obstetricia, urología y otros); las empresas consultoras en base a proyectos, donde lo que une a las personas es estar embarcado en un mismo proyecto; otras empresas lo hacen en base a procesos (mantención y reparaciones). El formato tradicional de división del trabajo ha estado basado en las clásicas funciones al interior de las empresas, tales como producción, comercialización, contabilidad, recursos humanos, etc. También están aquellas que se estructuran en base a los mercados que atienden, ya sea de carácter geográfico (zona norte, centro, sur), etáreo (niños, hombres, mujeres, adultos mayores) u otros.

Una segunda interrogante tiene relación con la autoridad, la cadena de mando, lo que implica identificar a quienes reportar, a quienes supervisar, ordenar, esto es, identificar la relación jerárquica o de autoridad a establecer. Lo anterior, acompañado de la modalidad que adoptará: una relación de carácter autoritaria o democrática, de arriba hacia abajo, o entre iguales.

La próxima interrogante se refiere a la cantidad de personas que es posible dirigir eficaz y eficientemente, lo que está asociado a las respuestas dadas a las interrogantes anteriores, y que define lo que se denomina amplitud o tramo de control. Mientras más amplio sea un tramo de control, o sea, mientras mayor es la cantidad de trabajadores a dirigir o supervisar, se espera un menor número de niveles, una organización más plana, horizontal o “chata”.

Otra interrogante está referida al nivel en que se adoptan las decisiones; mientras más alto sea el nivel en que tienden a tomarse las decisiones, más centralizada será una organización, y por el contrario, una organización será más descentralizada en la medida que las decisiones, cualesquiera que estas sean, puedan ser adoptadas al más bajo nivel.

Una última interrogante está asociada al nivel de formalización de la empresa, esto es, en qué medida las personas se rigen por reglas, normas, protocolos, estándares, procesos definidos, preestablecidos. Debe tenerse presente que toda formalización resta espacios de libertad, con las ventajas y desventajas que ello conlleva.

Como se puede observar, el desafío de diseñar una organización es una tarea compleja, y para responder las interrogantes planteadas inciden distintos factores, que por lo general actúan en direcciones opuestas. Entre estos factores se deben considerar el tamaño, la historia, trayectoria, sector y entorno en el que opera la organización, así como el personal y la tecnología con que cuenta.

Una organización moderna, que opera en el sector de las nuevas tecnologías es un hecho que deberá disponer de personal altamente calificado, que muy probablemente requiera y demande una amplia libertad de acción para desarrollar su trabajo, así como un elevado nivel tecnológico ya sea para las comunicaciones internas como externas como para los sistemas que sus actividades demanden. En este esquema para tener éxito, muy probablemente la empresa deba tener un bajo nivel de formalismo para que su personal tenga espacio para decidir, crear, innovar y emprender. Ello implica que también deberá tender a la descentralización, confiando en las decisiones que se adopten al más bajo nivel. Por otro lado la forma en que se relacionen entre sí superiores y subordinados deberá tener un talante eminentemente democrático, de igual a igual, fundado en la confianza, en la responsabilidad de cada uno. No basta con tener estrellas en el ámbito de cada especialidad, sino que estrellas también en materia de calidad humana, en el trato, en la relación con el otro.

Por el contrario, una organización tradicional, convencional, estable, de larga data, cuya tecnología y mercado no ha cambiado mayormente en el sector en el que opera, y que tampoco aspira a alterar mayormente su presente, lo más probable que tienda a ser altamente formalizada, con rutinas predefinidas, donde cada trabajador sepa claramente lo que tiene que hacer y que se limita a ello. También es muy probable que sea altamente jerarquizada, cuyos trabajadores tienen un bajo nivel de escolaridad, y que por lo mismo necesitan que se les ordene y diga lo que tienen que hacer. También tenderá a ser una organización altamente centralizada, desconfiándose que en los niveles inferiores se esté en condiciones de tomar decisiones.

Como no escapará a los lectores, hay harto paño que cortar cuando se trata de diseñar una organización, sea esta pública o privada, con o sin fines de lucro, del sector productivo o de servicios.

agosto 17, 2016

Desde Cuba: lo feo (parte 3 de 4)

Tal como en una primera columna me centré en el contexto en que se sitúa mi actual visita a Cuba, y en una segunda en torno a lo bueno y lo malo, en esta ocasión lo haré sobre lo feo. Me limitaré a dos aspectos que más me llamaron la atención: uno, las colas (filas), y dos, a un ambiente de deterioro, particularmente de la infraestructura física.

Apenas llegué, por el calor reinante, intenté ir a comer un helado al Coppelia, una cadena estatal de heladerías, en una plaza que está entre las calles 21 y 23. Vi una gran fila que abarcaba más de una cuadra, y que no sabía para qué era. A la entrada me atajaron y quisieron encaminarme hacia un lugar donde no había nadie, pero donde vendían helados a extranjeros, porque la fila era para pagar con moneda nacional. Yo andaba con cucs, moneda paralela que dan a quienes venimos de afuera. El mismo helado tenía dos precios, uno en cucs, otro en moneda nacional; uno para extranjeros, otro para los cubanos.

Finalmente me desistí de comerme el helado porque no me interesaba comerme un helado solo sin conversar con los cubanos, y tampoco estaba disponible para hacer una fila. Discriminación odiosa que no se condice con la hospitalidad intrínseca a los cubanos. Cuando intenté consultar en torno al origen de esta discriminación, la respuesta general era el silencio, o simplemente afirmaban “no me meto en política, yo solo trabajo”; unos pocos la explican por el bloqueo norteamericano (el famoso embargo).

Lo expuesto revela la parcelación del país en dos: uno para los cubanos, y otro para los extranjeros. Para estos últimos, lugares resorts para los turistas de los distintos confines del mundo, construidos por cadenas internacionales, donde trabajan cubanos que residen en los poblados cercanos, cumpliendo labores domésticas –atención de público, aseo de habitaciones, mantención de jardines, servicio de vigilancia, cocineros, mozos y lavaplatos-, quienes viven esencialmente a partir de las propinas antes que de sus sueldos. Cubanos y cubanas sobrecalificados para los puestos de trabajo que ocupan. Me encontré con que una mucama era profesora de matemáticas.

También llama la atención el deterioro de las propiedades, particularmente las que parecen haber sido mansiones pertenecientes a una aristocracia, que con la revolución agarró sus pilchas y se fue a Miami. Propiedades que desde entonces, inicios de los 60 han sido ocupadas por quienes no disponen de recursos para su mantenimiento, y que las ocupan como cités. Es particularmente llamativo porque se trataría de construcciones que tuvieron un pasado esplendoroso.

Actualmente, el gobierno cubano encabezado por Raúl, el hermano de Fidel, está haciendo esfuerzos, después de más de 50 años de revolución, mediante un programa de viviendas sociales que facilite la salida de las familias que los ocupan, para recuperar estos edificios con propósitos turísticos. En este plano no deja de ser una paradoja que la recuperación económica de Cuba pase por el turismo, especialmente del proveniente de su vecino del norte, EEUU, en circunstancias que estuvieron enfrentados por más de medio siglo, y que justamente uno de los fundamentos de la revolución cubana se asentaba en que los gobiernos de entonces, no eran sino gobiernos títeres que habían hecho de Cuba el prostíbulo de los norteamericanos.

Quizá la diferencia ahora resida en que el gobierno cubano tenga la manija, la capacidad para regular el flujo turístico e imponer las condiciones, antes que se las impongan. Vamos a ver cuánto le dura esta capacidad, porque el poder que tiene el capitalismo para corromper es meridianamente alto. Ahí está lo que ocurrió a fines de los 80 al derrumbarse el imperio soviético, cuando las mafias y los más altos jerarcas comunistas se privatizaron para sí gran parte de las empresas del Estado, siguiendo el modelo de los Ponce Lerou. Ahí está lo que viene ocurriendo en China, donde a los que pillan corrompiéndose los fusilan ipso facto.

Disponer de un sistema económico basado en el capitalismo conviviendo con un sistema político totalitario no es sino una bomba de tiempo a favor de la corrupción, de la que ni siquiera se libran las democracias. Bien lo estamos palpando por doquier.

De todo esto tuve ocasión de conversar con Fidel, a semanas de celebrarse un aniversario más de la revolución, a un año de la reanudación de relaciones diplomáticas con EEUU, y a días de la celebración de los 90 años de Fidel. Una conversación imaginaria, de la cual espero dar cuenta fragmentos, en una próxima columna.

agosto 11, 2016

Desde Cuba (parte 2 de 4): lo bueno y lo malo

Así como en la primera parte hice un racconto histórico, ahora escribiré sobre lo que vi, lo bueno, lo malo y lo feo, dentro de lo que he alcanzado a percibir durante mi estadía en Cuba.

Respecto de lo bueno, difícilmente pueden haber dos opiniones: la gente, los cubanos y las cubanas, acogedores, amables, alegres, expresivos, expansivos, pareciera que hablaran con los ojos y que sus cuerpos bailaran al son de la música tropical, como si nacieran con ella. Así como en otros países pocos saludan, acá todos saludan como si te conocieran de siempre. Hospitalarios, buena onda.

Parece un país congelado en el tiempo, en hace más de 50 años, sin congestión vehicular, con calles amplias, por donde circulan “guaguas”, que no son sino camiones habilitados, acondicionados para el transporte de pasajeros. Las calles parecen verdaderos museos por donde circulan vehículos de antes de los 60. La gran mayoría de ellos funcionan como taxis para pasear al creciente número de turistas que visitan la isla desde la reanudación de las relaciones con EEUU.

Lo malo tiene que ver con las comunicaciones, las colas y la política. En efecto, las comunicaciones son un desastre. Para conectarte con internet tienes que adquirir una tarjeta que te habilita para navegar por el lapso de una hora, pero en la práctica es una odisea porque cuesta hacer la conexión, y cuando te conectas, la bajada de las páginas es lenta en extremo. Una vez que te conectas, el tiempo empieza a correr irremediablemente, con lo que no alcanzas a hacer ni la mitad de lo que harías en tu país. Por tanto, hay que encomendarse al Señor para que a uno le vaya bien. Lo único decente en este tema es que la velocidad de la navegación es independiente de si eres pobre o rico, revolucionario o contrarrevolucionario. Claro que si eres pobre lo más probable que te importe un comino conectarte. Dicen que en las plazas existe wifi para conectarte, lo que no pude comprobar porque mis intentos en este plano fueron absolutamente infructuosos, aunque sí he visto a muchos extranjeros haciendo como que estaban conectados o intentando conectarse.

Colas hay para todo. De partida, al llegar en el aeropuerto había cola para cambiar la moneda. Así como en Chile cuando hay una persona atendiendo allí donde se necesitan dos, en Cuba parece existir la política contraria: allí donde se necesita una persona, hay dos o tres o cuatro. Así y todo hay colas, por lo general, porque uno es el que está atendiendo, otro está ordenando la cola, y los otros dos conversando. Consecuencia de dos modelos económicos diametralmente opuestos. Uno neoliberal, que busca maximizar utilidades sacándole el jugo a los trabajadores; y el otro, que no posee incentivo alguno para trabajar ni para mejorar la productividad o la eficiencia. Para consumir un helado en el Coppelia, también había una cola sideral, de más de una cuadra! Adonde vayas, te encontrarás con alguna cola.

Y en lo político resulta vergonzoso que a más de medio siglo de la revolución, Fidel no haya tenido más remedio que delegar su poder en Raúl, su hermano. Después de él ¿quién? Más parece dinastía. Uno de los mayores dramas no resueltos por las dictaduras pareciera ser el de la sucesión.

De lo feo ya escribiremos la próxima semana, mientras estoy gestionando una conversación con Fidel ad portas de su cumpleaños número 90, que estoy seguro será sabrosísima y de cuyo contenido espero poder rendirles cuenta.

 
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