diciembre 08, 2017

Entrampados

Con la segunda vuelta ad portas, a diferencia de la primera vuelta, cuando se pensaba que era carrera corrida, ahora se prevé un resultado incierto. Quien tenía la condición de favorito, ya no lo es.

Haciendo un símil futbolístico, estaríamos en pleno alargue con escaramuzas en ambos lados, jugadores agotados, donde cualquier gol será más consecuencia de un error que de una genialidad. Uno de los candidatos llega con más figuras en la cancha, pero sin chispa, con el ánimo a la baja por el simple hecho de no haber sido capaz de ganar en los 90 minutos de juego; su contendor, en cambio, llega con ánimo en alza por haber podido forzar el alargue. A lo largo de los primeros 90 minutos las jugadas se dieron esencialmente en el medio campo, sin llegar mayormente a los arcos y ambos sin mayor capacidad para definir. Sus propuestas eran ambiguas, el juego fue eminentemente defensivo.

En el alargue se están viendo forzados a mostrar, a arriesgar más, puesto que de lo contrario se definiría a penales, o sea, revisando las actas electorales, peleando los votos objetados. Pocos quieren llegar a eso, la mayoría prefiere que uno de los dos gane contundentemente. Sin embargo, por lo mostrado en la cancha hasta este minuto, para no pisar callos, persisten en no arriesgar. Más bien parecen esperar el error del contrincante para contraatacar con fuerza por el lado más débil del adversario. Ninguno quiere dar puntada sin hilo.

El público que llegó al estadio completó tan solo menos de la mitad de su capacidad total no obstante que el partido se había promocionado como una gran final. Para el alargue aún se desconoce si habrán más o menos espectadores.

En términos boxeriles, se han ido de finta en finta, sin golpes capaces de resolver el combate por knock out. Uno de los gladiadores, de brazos más cortos busca el cuerpo a cuerpo para poder golpear con fuerza, en tanto que el otro busca mantener la distancia y definir en base a la persistencia de golpes que llegan con facilidad al cuerpo del rival pero sin mellarlo seriamente. Todo indica que el combate se definirá por puntos y que ambos llegarán exhaustos, sin que se visualice un ganador nato.

En concreto, los próximos 4 años de reinado, no serán fáciles, gane quien gane. Con uno se procurará consolidar un modelo político, económico y social que según sus adherentes es el que posibilita que Chile alcance a ser próximamente un país desarrollado, pero que concita un profundo rechazo en no pocos. El otro candidato, por el contrario, aspira modificar sustantivamente dicho modelo. Quien gane, aunque sea por poco, estimará que cuenta con el aval para llevar a cabo su propuesta.

Lo que hace difícil los próximos años es justamente que ninguno de los dos ganará por paliza, y por tanto no se le estará dando el respaldo que se requiere para cumplir sus propósitos. Esta suerte de empate es lo que nos tiene entrampados, de alargue en alargue, avanzando y retrocediendo.

diciembre 01, 2017

El desafío de no perder la brújula

Desde que se conocieron los resultados de la elección presidencial, de cara a la segunda vuelta, dado que ningún candidato obtuvo mayoría absoluta, se han desencadenado una serie de movimientos, declaraciones y hechos que dejan mucho que desear y que ilustran el nivel de nerviosismo e incertidumbre existente.

Los resultados de la primera vuelta ayudan a explicarlo. Piñera obtuvo una votación muy por debajo de lo vaticinado por todas las encuestas y lo esperado por sus propios adherentes; Kast, por el contrario, se proyectó más allá de lo esperado. Goic, por el contrario, tuvo una votación que no se condice con la obtenida por su propio partido, la DC, tanto en la elección de diputados como la de senadores, ilustrando con ello la crisis que vive. Guillier, estuvo dentro de lo esperable, alcanzando a duras penas a aventajar a Sanchez, la candidata del Frente Amplio (FA) que casi lo desbanca. Sanchez, con su 20% le pisó los talones y pocas dudas caben que su coalición tiene la llave para definir la segunda vuelta.

Esta realidad es la que explica el nerviosismo y la incertidumbre imperante. Grosso modo, Piñera tiene un piso del 44% dado por su 36% mas el 8% de Kast. Guillier, parte de un piso mucho más bajo, su 22%, al que podrían agregarse casi íntegramente los porcentajes obtenidos por Meo, Goic y Navarro, con lo que alcanzaría a asegurarse tan solo un 33% del total de votos.

En este contexto, lo que decidan el FA y sus adherentes es crucial pues inclinan la balanza a un lado u otro. Considerando que en la base del cuerpo de ideas que sustenta el FA está su posición frontal al modelo neoliberal es razonable presumir que no votarán por Piñera. Cuáles son las alternativas que tienen ante sí? No votar, votar nulo o votar por Guillier. Para Guillier es crucial que quien votó por el FA vote por él; para Piñera es vital que no vote o vote nulo. De allí que, asumiendo que el universo de quienes vayan a votar en esta segunda vuelta no se modifique mayormente, quiéralo o no, el FA define el resultado final.

De las opciones que estaban en carrera, sobrevive la que busca consolidar el modelo neoliberal imperante, encarnada en Piñera, y la que se opone a dicho modelo desde los años 90, pero que no ha tenido la fuerza y/o voluntad suficiente para reemplazarlo por un modelo más solidario, cooperativo, menos competitivo. Quienes quedaron fuera de carrera, los votantes del FA, representan la oposición frontal al modelo imperante, y un reflejo del desgajamiento de quienes en su momento fueron parte de la Concertación y/o la Nueva Mayoría, así como de las nuevas generaciones descontentas con el país que están heredando.

A lo largo de esta semana el FA ha estado intentando abordar el tema en forma participativa y pública, proceso que por lo mismo, no ha estado exento de dificultades. Lo que haya resuelto tendrá consecuencias no menores tanto respecto de quien conducirá los destinos de la nación en los próximos años, como en su propio futuro.

Dado que se trata de una fuerza con poco tiempo de vida y conformado por 12 partidos y movimientos, no le será fácil estar a la altura de las circunstancias. Como están las cosas, estas circunstancias y si efectivamente no da lo mismo quien gobierno, obligarían a sus adherentes, y muy especialmentw a sus dirigentes, a optar por quien visualizan como el mal menor: Guillier. No es hora de lavarse las manos.

Con todo, los próximos 4 años serán años complejos, cualquiera que sea el presidente que tengamos. Tanto Guillier como Piñera la tendrán difícil. El primero para encauzar los movimientos sociales en curso, y el segundo, para oponerse a ellos. 

noviembre 24, 2017

Despacito

Los resultados de las recientes elecciones presidencial y parlamentaria revelan un país, Chile, que políticamente se encuentra dividido en dos mitades, una levemente superior a la otra. Se afirma que Chile cambió, pero también se podría afirmar que nada ha cambiado, que no hay nada nuevo bajo el sol.

Las invocaciones a la unidad nacional, las campañas publicitarias, las redes sociales si bien inciden en la composición de las dos grandes tendencias –izquierda y derecha-, no parecen incidir mayormente en sus respectivos tamaños o fuerzas electorales.

Esta realidad es de larga data y ni siquiera la dictadura que duró más de 3 lustros, y que persiguió ferozmente a sus opositores, fue capaz de modificar mayormente. Del tradicional tercio de la población que solía representar la derecha, logró convertirla en una fuerte minoría que asciende a poco menos del 45% del electorado que vota. Este último porcentaje incluye lo que Mario Vargas Llosa, muy acertadamente, denominó como la derecha cavernaria.

A lo largo de estas décadas, desde el inicio de la transición democrática, esta potente minoría, desde la oposición ha logrado imponer sus condiciones, gracias al mantenimiento del innombrable como comandante en jefe del ejército para luego engrosar las filas de sus senadores designados, complementado por un sistema electoral binominal que recién ahora se ha reemplazar por uno proporcional. A ello se agregan la exigencia de altos quórums para poder hacer modificaciones sustantivas.

A lo largo de todos estos años la izquierda ha querido, sin mayor éxito, efectuar los cambios constitucionales que posibiliten un rol más activo y solidario del Estado en la promoción de una educación y una salud de calidad para todos, así como un sistema previsional que asegure pensiones dignas. Sin embargo no se puede desconocer que la foto del país de hoy no es la misma que la de hace más de dos décadas. Por donde se le mire, el Chile de hoy es mejor, más abierto, más inclusivo, más justo, menos pobre que el de ayer. Hoy los chilenos que viven en el exterior pueden votar con todo lo que ello significa; hoy los chilenos podemos divorciarnos cuando una relación matrimonial ha llegado a su ocaso.

Importa consignar que durante todo este período, la derecha solo ha logrado ser mayoría una vez, del 2010-14, gracias a la división de la izquierda. Hoy, por el mismo motivo, la derecha tiene ante sí la posibilidad de acceder nuevamente a encabezar el próximo gobierno. Posibilidad que está en manos de la capacidad de la izquierda para actuar unida, dado que lo más probable es que el resultado de la segunda vuelta se definirá milimétricamente.

Nos guste o no, tener un país partido políticamente en dos mitades con mínimas diferencias electorales, fuerzan la necesidad de acuerdos y andar despacito, como se ha estado haciendo hasta ahora. Como dice el dicho: no por mucho madrugar se amanece más temprano.

noviembre 20, 2017

Lo que quedó de la elección

Los resultados de las elecciones presidencial y parlamentaria sorprenden en circunstancias que no debieran sorprender. De partida, las encuestas hace rato que dejaron de ser instrumentos de medición confiables, ya sea por la creciente abstención, o el alto número de indecisos en la medida que se acerca la elección, como por su manipulación por parte de los poderes fácticos.

La abstención e indecisión se explican esencialmente por la despolitización que se está viviendo, donde pareciera que la vida ciudadana corriera por un carril distinto a la política. Como que la política no afectara nuestras vidas, el rumbo de la nación, como que da lo mismo quienes sean nuestras autoridades. Cada vez más la elección se basa no en un ideario o un futuro, sino que en base a cuán conocida sea la persona. En este plano se explica la explosión de candidaturas de la farándula, muchos de los cuales fueron elegidos.

Es la banalización de la política. Así como se tiene comida chatarra, películas basura, ahora también se tiene política chatarra con una gran cantidad de políticos indiferenciables.

El riesgo que corremos, tal como lo dijera en su tiempo Platón es que al desentendernos de la política seamos gobernados por los peores hombres.
Por otro lado, las encuestas fallaron. Daban ganador por paliza a Piñera, muy por sobre el 40% y a la candidata del Frente Amplio, Beatriz, le asignaban una tendencia a la baja con porcentaje que superaba levemente el 10%. A partir de las encuestas, y en colusión con los medios de comunicación masivos, se fabricó un escenario de segunda vuelta a la pinta: Piñera versus Guillier, pensando en una distancia entre ambos por sobre 20 puntos. Todo ello hizo presumir que la segunda vuelta sería carrera corrida.

Pero la ciudadanía, o al menos muchos de quienes votaron no parecen haberse dejado llevar por las encuestas y patearon el tablero. En términos de expectativas, Piñera fue derrotado porque no alcanzó lo que esperaba y tendrá que hacer malabares para alcanzar el 50% y ganar en la segunda vuelta. No le bastarán los votos de Kast. Se tendrá que mover hacia la derecha dura y hacia el centro, una suerte de misión imposible.

Por el otro lado, Guillier no se puede dar por triunfador porque salió segundo, pero los resultado sí le permiten ver luz al final del túnel, esencialmente porque la distancia que lo separa de Piñera no es tan grande como se pensaba y porque tiene todo un mundo del Frente Amplio a conquistar que no quiere que Piñera sea presidente. Tampoco la tiene fácil, no podrá dar puntada sin hilo.

El 20% del Frente Amplio habilita a sus dirigentes a sentarse de igual a igual ante Guillier y su comando. Esas conversaciones tendrán que ser de cara al país en torno a pocos temas específicos en los que puedan darse acuerdos claros y contundentes.

En todo caso nuestro drama es que tenemos un país políticamente partido en dos mitades casi iguales, donde unos quieren perseverar en el modelo neoliberal individualista y competitivo en todas sus expresiones, y otros que quieren reemplazarlo drásticamente por un modelo solidario. Una mitad levemente superior, del orden del 55% aspira este último modelo.

Se ha intentado romper esta suerte de cuasiempate sin éxito a la fecha. Para ello sería necesario un gran acuerdo nacional centrado en la educación, la salud y la previsión, las cuales sean vistas como bienes públicos antes que privados, lo que implicaría un gran esfuerzo nacional para asegurar gratuidad con calidad en educación y salud, y no más AFP tal como se entiende actualmente.

 
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