diciembre 05, 2016

Todos somos migrantes

Adoptar posturas claras, tajantes, sin medias tintas, consistentes y consecuentes tienden a ser buenas señales, cuando se trata de propuestas positivas, en favor del ser humano. No lo son cuando tales posturas están dirigidas contra grupos de personas, incriminándolas, discriminándolas aduciendo los más diversos motivos.

En USA acaba de triunfar un candidato a la presidencia, Trump, con un discurso basado, entre otros, contra los inmigrantes, en específico, “los ilegales”, sin importar el tiempo que llevan como tales, sus lazos familiares, sus aportes, ni los motivos de su situación, ni que USA fue construido por inmigrantes y arrinconando a los nativos.

Desde antes de Trump, pero especialmente desde su triunfo electoral, las banderas del nacionalismo están recuperando terreno alentadas por las crisis económicas, las incertidumbres, los temores “al otro”, “al distinto”. Olvidamos nuestra común condición humana buscando un chivo expiatorio. Así lo hizo Hitler en la primera mitad del siglo pasado cuando puso la mira en los judíos, los gitanos y todo aquel que no fuese ario, a quienes sindicó como responsables de la crisis económico-financiera en que estaba sumergida Alemania; así lo hizo en la segunda mitad del siglo XX el innombrable y sus compañeros de ruta latinoamericanos vía operación Cóndor, cuando puso el foco en los marxistas, los comunistas, como los responsables de la crisis económico-política que vivía Chile.

Así se está haciendo en el presente siglo en los más diversos rincones del mundo, ahora con el foco puesto en los inmigrantes. En Europa contra quienes provienen de países africanos escapando del hambre y de la guerra en Siria; en USA contra los latinos y musulmanes. En Chile, la derecha se está agarrando de esta veta que le permite emborrachar la perdiz y entroncar tan bien con su filosofía de generar crisis y luego inculpar a terceros.

En Alemania, para frenar a una ultraderecha nacionalista que está tomando vuelo, Merkel ha resuelto repostularse sobre la base de ideas positivas, del aporte de los inmigrantes, de su condición humana, del derecho de todo hombre y mujer a vivir en paz en cualquier lugar del mundo. En Austria, a duras penas acaba de evitarse el triunfo de ese nacionalismo rancio fundado en el temor a quien ve como un enemigo. En USA el nacionalismo está contenido en el reciente triunfo de Trump al amparo del slogan “para volver a ser grandes”, donde una de las medidas para su logro reside en la expulsión de los millones de inmigrantes ilegales que residen en ese país.

No olvidemos que ante todo somos personas, con iguales derechos y deberes, que habitamos un mismo mundo, que no elegimos la familia ni el país en que nacemos. No olvidemos que la inmensa mayoría de las migraciones no son voluntarias, sino consecuencia de circunstancias, persecuciones o en busca de un trabajo esquivo en la tierra que nos vio nacer.

No olvidemos que los delitos son cometidos tanto por chilenos como extranjeros y que los chilenos no tenemos más “derechos” para delinquir que los inmigrantes. No discriminar es de la esencia del verdadero desarrollo. No olvidemos que la tasa de delitos cometidos por inmigrantes no es mayor que la de los chilenos. No nos dejemos llevar por titulares efectistas que ya se están enarbolando en los medios de comunicación.

El nacionalismo es expresión de subdesarrollo, de la explotación del miedo. Resistir esta tentación es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante. El nacionalismo ignora los aportes y la riqueza que traen consigo los migrantes.

Por ello, con mucha fuerza proclamo: todos somos migrantes!

diciembre 02, 2016

Cuba sin Fidel

Escribo estas líneas a una semana de la muerte de Fidel y a 4 meses de haber estado por primera vez en Cuba, cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo imaginariamente.

Los ríos de tinta que se han escrito se explican por la particular personalidad de Fidel, porque gobernó por casi medio siglo una isla que por su tamaño no tiene mayor significación, pero que sí la tuvo por su posición geográfica; se explican porque le plantó cara al imperio de entonces, USA, sin el más mínimo escrúpulo; porque bajo nuestros parámetros su gobierno tuvo las características que identifican a las dictaduras.

A mediados de la década de los 50, Fidel encabezó una resistencia de guerrillas tanto urbanas como rurales que logró concitar un amplio apoyo popular y que culmina el día de año nuevo del 59 con el derrocamiento de Batista.

Desde entonces, Fidel ha sido el líder indiscutido, por su capacidad para encabezar una revolución capaz de derrotar a una dictadura amparada por los norteamericanos. Dictadura que se caracterizaba por la corrupción, el enriquecimiento de los poderosos y las mafias que dominaban la economía cubana y explotaban los negocios de la prostitución, las drogas y los juegos. Cuba era el patio trasero de Estados Unidos. Todo ello en tiempos de gobiernos latinoamericanos rastreros y obsecuentes a los intereses norteamericanos.

La figura de Fidel tuvo su época de oro en la década de los 60 y 70, en plena guerra fría. De ser un país dependiente de USA con la dictadura de Fulgencio Batista, bajo Fidel, pasó a depender de la Unión Soviética. Hasta la fecha se discute si ello fue consecuencia del bloqueo norteamericano que lo forzó a abrazar el comunismo en plena guerra fría, o si lo fue por sus convicciones que en su momento mantuvo ocultas.

La estrella de Fidel se empieza a apagar a fines de los 80 con la caída del muro de Berlín y el derrumbe del imperio soviético. Las dificultades en Cuba se ven incrementadas desde la década de los 90 en consideración a un contexto internacional muy distinto.

Los valores de los indicadores sociales de Cuba bajo Fidel son positivos al lado de los de muchos de nuestros países. En términos del nivel educacional y de salud de su población, nos superan con creces. De hecho, los sectores de más bajos ingresos tienen acceso a servicios educacionales y de salud que acá no tienen.

Fidel no fue ni es santo de mi devoción, como no lo es ninguno de los dictadores ni ningún gobierno sin contrapesos, cualquiera sea su signo, capaz de vulnerar los derechos humanos en circunstancias que ellos mismos califican como excepcionales. No quiero tener doble estándar en esta materia ni en ninguna otra. Estimo que no existe circunstancia excepcional alguna que justifique atropello alguno a ninguna vida humana.

Con la muerte de Fidel, Cuba inicia una nueva fase. A su hermano Raúl le toca transitar hacia una nueva Cuba. El riesgo de que Cuba vuelva a ser lo que fue, y sea recapturado por los intereses económicos norteamericanos está y estará siempre presente. La independencia de Cuba, al igual que la de todos nuestros países sigue siendo una tarea pendiente.

noviembre 25, 2016

¿Fin del ciclo neoliberal?

En el tiempo, el mundo, el continente y el país parecen vivirse oleadas de distinto signo. Actualmente se estaría viviendo un alto dentro de una fase de neoliberalismo furioso preconizada por una derecha política capturada por el mundo financiero antes que por el mundo productivo. Una fase que tuvo entre sus mentores a economistas provenientes de la Universidad de Chicago, que en el caso chileno aprovechó la dictadura del innombrable para servir en una bandeja de plata el modelito que nos rige hasta el día de hoy con algunos aderezos introducidos para limar sus aristas más ásperas. No obstante esas variantes, conserva su esencia, su aroma bajo los cuidados de los múltiples sacristanes que no entienden tanta incomprensión por parte del común de los mortales.

En Estados Unidos de Norteamérica, en la década de los 80, su entonces presidente Reagan fue su impulsor, así como en Inglaterra lo fue la dama de hierro, Thatcher, gran amiga del innombrable. En Chile, este último se encargó de imponerlo a sangre y fuego, aprovechando estados de sitio, toques de queda y caravanas de la muerte, pero tomando la precaución de dejar fuera del modelo a las FFAA, particularmente en lo que se refiere al tema de las pensiones y la salud. Mientras la civilidad estuvo y sigue estando sometida a los vaivenes de las AFP y las ISAPRES, los miembros de las FFAA se abanican al margen de ellas.

A lo largo de todas estas décadas el predominio y peso del neoliberalismo ha sido tal que ha terminado por capturarlo todo, incluso a quienes en su momento lo criticaron, pero que una vez en el poder se vieron inhibidos de aplicar cirugía mayor, por razones que solo la historia sabrá comprender. Lo concreto es que el modelo persiste contra viento y marea, no obstante el creciente malestar que se observa por doquier y que aún no encuentra su cauce más allá de las marchas y las abstenciones en los procesos electorales.

Curiosamente, allí donde el modelo se impuso bajo el alero de los gurúes que pregonaban los beneficios de la libre competencia, de la globalización, del libre comercio se está observando similar desencanto al que se vive por estos lares. Ahora pareciera estarse produciendo un cierre de ciclo para darse inicio a otro que aún no logra visualizarse con claridad.

De tener tan abiertas las ventanas, algunas economías se resfriaron, a otras les dio pulmonía, y ahora no descartan en cerrarlas. Piensan que no es tan malo tener una base industrial mínima aún al precio de algún costo. Es así como en los propios Estados Unidos de Norteamérica parecen haberse hastiado con el libre comercio, los tratados de libre comercio, las rebajas arancelarias. Medidas a las que imputan que se hayan cerrado industrias y trasladadas a terceros países con mano de obra más barata y cuyas exigencias tributarias son más benévolas. El brexit en Inglaterra daría cuenta de similar fenómeno.

Lo que es para agarrarse la cabeza es que fue la derecha la que impulsó el desmantelamiento de la base industrial, y resulta que ahora es esa misma derecha, la que sale al rescate de esa base industrial y encabeza la cruzada en favor del proteccionismo. Lo expuesto señala que al interior de la derecha conviven al menos dos derechas, aquella más afín al neoliberalismo y asociada al ámbito financiero, y aquella más proclive al proteccionismo, que es la que estaría mostrando sus dientes.

Mientras tanto, la izquierda no atina, desconcertada, pues cuando alcanzó a gobernar  no atinó sino a administrar lo que había, en gran parte porque la economía se comió la política, anulándola por completo, para convertirla en un instrumento de los poderes fácticos. En Chile al menos, es la que estaría pagando los platos rotos.

noviembre 17, 2016

¿Quiénes son los irresponsables?

En Chile, con ocasión de la discusión en el parlamento en torno al reajuste en el sector público, se ha convertido en un tópico aludir a la necesidad de ser responsable en el manejo de las finanzas. El gobierno ha planteado un reajuste del 3,2%, propuesta que en una primera votación fue rechazada en virtud de la falta de acuerdo entre los propios parlamentarios de la Nueva Mayoría. En una segunda instancia, con tan solo ajustes, pero sin modificar el porcentaje del reajuste, el gobierno logró su aprobación con votos de la oposición y el rechazo de algunos de los parlamentarios que conforman la coalición oficialista. Esta realidad da cuenta de las fisuras en el seno del oficialismo que ponen cuesta arriba su eventual proyección.

El gobierno ha sostenido, una y otra vez, que este es un gobierno serio, que uno de los activos del país, desde los años 90, ha sido justamente el manejo responsable de las finanzas públicas. Que no va tirar por la borda lo que tanto ha costado y que no caerá en la tentación de dejarse llevar por populismos en un contexto no exento de dificultades. Que el país debe tener confianza en sus autoridades.

Para nadie es un misterio las ventajas que representa para el país disponer de un gobierno serio y responsable. Es lo mismo que ocurre en el seno de una familia. Tener como cabeza de familia a alguien que derrocha los recursos de los que dispone, gastando más de lo que se tiene, es pan para hoy y hambre para mañana. Si esto se repite mes a mes, el endeudamiento se torna insostenible. Nadie puede gastar más de lo que se produce sin un impacto a futuro mediato o inmediato, impacto que a nivel nacional tiende a expresarse en una inflación que suele desbocarse. Bien lo sabemos nosotros por lo que vivimos hace ya varias décadas y por lo que vemos que ocurre en otros países.

Sin embargo, ser serios y responsables no se limita a “cuadrar la caja”. Incluye la distribución de los recursos entre los distintos actores, tema que suele no abordarse porque entraña entrar “a picar”. Entraña analizar y discutir respecto de la proporción de recursos que se deben asignar a los distintos sectores –salud, educación, defensa y otros-; entraña también analizar y discutir en torno a la asignación de los recursos al interior de cada uno de estos sectores. Importa debatir respecto de la distribución de los recursos al interior de las organizaciones públicas, donde se ha tendido a conformar castas que llaman a escándalo. Unos están a contrata, otros de planta, otros a honorarios; para hacer lo mismo, pagan distinto; unos tienen asegurado el trabajo adinfinitum, otros deben mirarle la cara al jefe para que les renueven el contrato. No abordar estos temas, espinudos por cierto, pospuestos una y otra vez, es una irresponsabilidad mayúscula porque su discusión es de la esencia de la política. Lo que se ha hecho a lo largo de todas estas décadas, no ha sido otra cosa que eludirlo, ya sea conveniencia, por el binominalismo que ha conducido al duopolio político, o porque los poderes fácticos han logrado aceitar la representación parlamentaria, como lo prueban los diversos escándalos que han sacudido a la opinión pública. En breve, la economía y la inmoralidad ha anulado la política, reduciéndola a la más mínima expresión.

El resultado de lo expuesto es lo que tenemos: un país con una democracia castrada, con una clase política que se ha farreado la confianza que la ciudadanía había depositado en ella.

 
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