septiembre 21, 2016

Miigrantes somos (casi) todos

Las migraciones están concentrando gran parte de las agendas políticas en los más diversos países, sean estos de Europa como de América del Norte, Central y del Sur.

Las causas de los fenómenos migratorios con múltiples, pudiendo ser de naturaleza económica, como política. Unos, los menos, en busca de mejores horizontes; otros, los más, escapando de pobrezas, guerras, persecuciones religiosas, culturales. Tras un migrante, suele haber un drama, una tragedia no clasificable, la de dejar atrás a los suyos, su tierra, su cultura, sus costumbres.

Si bien las migraciones han existido siempre y tienen que ver con nuestra vertiente nómade, no sedentaria, probablemente ahora se den en mayor magnitud por las facilidades que provee el desarrollo experimentado por el transporte y las comunicaciones. Las migraciones también son consecuencia de desigualdades exacerbadas por una globalización que el mismo desarrollo científico-tecnológico ha generado.

Tambalean gobiernos abiertos a las migraciones por convicción y doctrina, cuya magnitud ha hecho resurgir los nacionalismos, azuzando los miedos al otro, la potencial amenaza que representaría el migrante. Unos los presentan como la causa del desempleo; otros como la causa de la inseguridad. Estos últimos, asimilando al migrante a la categoría de potencial terrorista y/o culpable de la situación del nativo.

Se observa un auge de la ultraderecha que no es posible menospreciar, reveladora de lo mucho que nos falta por avanzar, en términos culturales y educacionales. Basta observar a sus potenciales votantes: sin o con mala educación, con empleos mal pagados, inestables y/o informales. A ellos, los dirigentes ultraderechistas, les inculcan el rechazo al extranjero, al otro, al distinto, culpabilizándolo de su precariedad. Todo ello en un contexto de descrédito de la política.

Ahí está la opción de Marine Le Pen en Francia amagando a los partidos tradicionales en crisis; ahí está el avance de Alternativa para Alemania (AfD), organización nacionalista y xenófoba, que tiene en las cuerdas a Merkel, la CDU y el SPD, así como su política hacia los refugiados. Ahí está la decisión del Reino Unido, del brexit, esto es, salir de la Unión Europea, cansados de ver arribar a tanto extranjero. Mientras tanto, como la guinda de la torta, en USA, país forjado por inmigrantes, tiene ahora a uno de sus candidatos presidenciales, Trump, enarbolando la bandera del nacionalismo, para volver a “ser grandes”. Curiosamente Trump es un descendiente de inmigrantes que ahora arremete contra los inmigrantes. Las vueltas de la vida! Aspira “seleccionar” a los inmigrantes: estos sí, estos no; para ello postula nada menos que construir un muro en la frontera con México financiado por los mexicanos!

Termino afirmando que no estamos en tiempos para construir muros; si algún sentido tiene el progreso, lo que corresponde es destruir muros, construir puentes, reducir desigualdades, desarmarnos, ser capaces de mirarnos de frente, enarbolar las banderas de la solidaridad y la paz en contraposición a la guerra.

septiembre 15, 2016

El fenómeno Trump

El mundo se encuentra en estado de alerta ante la irrupción de un candidato fuera de molde para las próximas elecciones presidenciales en EEUU. Digo fuera de molde porque ha sacado a todos de los esquemas tradicionales.

No proviene del establishment político convencional, la élite o casta política norteamericana. Es un multimillonario que ha cambiado de domicilio político y que ninguno de estos domicilios lo reconoce como propio. Tanto es así que los propios líderes republicanos se agarran la cabeza pensando en el engendro que ganó las primarias donde se impuso contra viento y marea, sin atenuantes, sobre todos los rivales que se le opusieron.

Por más que intente moderar su discurso en la recta final, su impronta está marcada a sangre y fuego por sus declaraciones en el primer tramo de su ascenso, declaraciones que incendiaron la pradera: las vinculadas a poner freno a la inmigración y la decadencia del imperio expresada por la pérdida de influencia mundial.

Lo paradojal es que el propio Trump es un descendiente de inmigrantes. Mal que mal, los EEUU que conocemos fue construido sobre la base de sus inmigrantes, sus esclavos y el exterminio de sus aborígenes. Claro que entre los inmigrantes están los blancos sonrosados y los no tan blancos. A los que Trump no quiere es a los no tan blancos, los latinos, los que vienen del sur, particularmente quienes cruzan la frontera con México. Y lo quiere hacer con un muro financiado por los mexicanos.

Sus frases para el bronce se multiplican, violando todas las reglas de la sensatez, explotando la ignorancia en que parece estar sumida la población norteamericana. Trump representa al populismo en su máxima expresión. Su fortuna, al igual que los productos/servicios que generan sus actividades empresariales se basan en la explotación de la vaciedad que recorre a la sociedad de consumo estadounidense.

Trump representa el hastío con una clase política cerrada que se reproduce una y otra vez. Desafortunadamente, al partido demócrata no se le ocurrió nada mejor que poner al frente a Hillary Clinton, quien representa como pocos al prototipo político convencional que está siendo rechazado, no solo en USA, sino que en todo el mundo. Los demócratas se farrearon la posibilidad de llevar al contrincante de Hillary en las primarias, Bernie Sanders, quien no obstante ser biológicamente de avanzada edad, sus ideas cautivaron a la juventud por su frescura, su audacia, y su capacidad para levantar las banderas abandonadas en aras del pragmatismo. Una juventud que hoy por hoy no tiene candidato, y que por lo mismo se resiste a votar por un Trump o una Hillary.

Ambos representan la decadencia que afecta a la sociedad moderna. Nada muy distinto a lo que se vislumbra en Chile y el resto del mundo.

septiembre 08, 2016

En punto de quiebre

En Chile, progresivamente, las manifestaciones de protesta desde los más diversos sectores se multiplican cada vez con mayor frecuencia, dando cuenta de una nueva realidad que parece asomar con fuerza luego de un período de letargo.

La transición hacia la democracia desde 1990, ha sido un proceso complejo, difícil, para no pocos, interminable. En un primer período, se puede afirmar que estuvo marcado por una política de “acuerdos” forzada por la presencia del innombrable, la influencia y visibilidad de las FFAA, y el peso de una derecha sobrerrepresentada gracias a un sistema electoral binominal. Una política de acuerdos que condujo a perfeccionar un modelo neoliberal heredado, impuesto a sangre y fuego, y que en la transición se ha estado consolidando.

El segundo período está siendo marcado por un cierto malestar, descontento que se ha estado expresando socialmente, antes que políticamente, a través de movimientos sociales inicialmente inorgánicos, pero que lentamente buscan formalizarse. En breve, pareciera tenerse claro lo que no se quiere, pero no lo que se quiere. Ahí las diferencias persistirían, lo que explicaría la fragmentación y multiplicación de partidos políticos, lo que explica las dificultades para expresarse como una corriente de opinión contundente tras un objetivo compartido. Una vez que se superen estos obstáculos, se ingresaría a una suerte de tercer período, el cual aún no se vislumbra con claridad.

Los signos de malestar son innumerables. Ejemplos se tienen al por mayor: se aprueba una ley de pesca de corrupto origen en virtud de la cooptación de legisladores por parte de las grandes empresas pesqueras; por ley no se puede lucrar en las universidades, pero no obstante ello, y se sabiéndose que se lucra, poco o nada se hace para impedirlo; quien fuera nuestro máximo dirigente del futbol, se encuentra procesado en USA por corrupto; en la última elección de la CUT que agrupa a los sindicatos a nivel nacional, uno de los candidatos se proclama unilateralmente luego de una semana sin conocerse los resultados de la elección; en materia previsional el rechazo al sistema de capitalización individual junto a la administración privada de las pensiones, se toma la agenda noticiosa; y los grandes empresarios se coluden una y otra vez sin que se atine a nada.

La población se encuentra estupefacta ante la suma de tapones que van saltando diariamente, dando cuenta de un descontento soterrado que aún no encuentra cauce político. Este fenómeno no solo se da en Chile. Los paralelismos se multiplican por doquier. Haciendo un símil tenístico, podríamos afirmar que estaríamos ante una suerte de punto de quiebre, ad portas de un nuevo escenario.

agosto 31, 2016

Reanudando la conversación (imaginaria) con Fidel

De la conversación que tuve la semana pasada se nos quedaron muchas cosas en el tintero, particularmente las que conciernen al futuro. Pensé que no tendría ocasión de volver a conversar con Fidel. Por suerte, antes de regresar a Chile pude volver a verlo, en la casa donde reposa. Flanqueado por su personal de seguridad, a quien ordenó retirarse para que pudiésemos estar a solas, y así dialogar sin interferencias, con total libertad, me volvió a recibir afectuosamente.

RS: ¿Qué tal? Un gusto volver a verte, ¿cómo has estado?
FC: Tú comprenderás que con 90 años a cuestas las cosas se ponen cuesta arriba, pero así y todo no me puedo quejar. Mi preocupación actual es ese futuro en el que no alcanzaré a estar.

RS: ¿Qué es lo que te preocupa específicamente?
FC: Nos vanagloriamos del progreso, somos capaces de producir alimentos para todo el mundo, y sin embargo en este minuto, mientras conversamos, del orden de mil millones de personas no tienen qué comer.

RS: Pero ya no hay hambrunas.
FC: No te creas! Lo que pasa que los medios de comunicación no las visibilizan. Si bien han desaparecido las hambrunas mundiales persisten a nivel de algunos países, como es el caso de Somalia y Corea del Norte.

RS: Ahora nos fuimos al otro extremo, el exceso de comida, cuya consecuencia es la obesidad.
FC: Así es. La obesidad es resultado del consumo de comida chatarra, comida basura, que genera adicción y un tremendo negocio para los productores. Es todo un problema de salud pública, de calidad de vida.

RS: Pero se está mejor que en el pasado.
FC: Sin duda, podríamos estar peor, pero también podríamos estar mejor. Y mis observaciones apuntan en esta dirección. El tema es que hay alimentos suficientes para todos y sin embargo no llegan a todos. El problema hoy ya no está centrado en la cantidad que se produce, sino que en la distribución.

RS: ¿Por qué crees que se da?
FC: Por la desigualdad, la mala distribución del ingreso. Tu capacidad de consumo depende del tamaño de tu bolsillo.

RS: Está escrito en la Biblia que te ganarás el pan con el sudor de tu frente.
FC: Rodolfo, ¿tú te crees realmente ese cuento?

RS: En realidad no, pero es lo que nos cuentan.
FC: El capitalismo es muy cruel, a los que la trabajan les pagan migajas; a los que controlan que los de abajo trabajen, se les paga más; y los dueños del capital, los que definen qué hacer se hacen pagar bien. Tú que vives en Chile debes saberlo muy bien.

RS: Lamentablemente así es.
FC: Rodolfo ¿cuéntame como ves el futuro de los sistemas de pensión? Entiendo que allá tienen lo que llaman AFPs que pagan pensiones miserables mientras los dueños de ellas agarran a manos llenas.

RS: Uff … vaya pregunta!!! Tú sabes que históricamente las nuevas generaciones se han hecho responsables de las viejas generaciones, como consecuencia de una suerte de conducta natural, de solidaridad intrínseca, la que está siendo rota bajo el actual modelo de convivencia basado en la competencia, en que cada uno se rasque con sus propias uñas.
FC: Por eso insisto en que la clave reside en el tema de la distribución. Reconozco que el capitalismo resuelve el problema de la producción, pero lo ha hecho a costa de generar una desigualdad irritante que está agudizando los problemas. Una desigualdad que alimenta la corrupción y las migraciones que campean por doquier.

RS: ¿Es posible otro mundo?
FC: Sin duda!!!! De nosotros depende! Basta que el motor del desarrollo deje de ser el egoísmo, la desconfianza. En vez de educarnos para ser más competitivos, más egoístas, debemos educarnos para ser más solidarios. Este otro mundo es posible, basta que pongamos manos a la obra y te aseguro que otro gallo cantará.

RS: Eso habría intentado el comunismo, con un Estado todopoderoso, pero fue un desastre.
FC: Eso fue el comunismo real, no el que soñamos. En este plano tenemos que hacernos un mea culpa y darle un espacio al mercado, al que no se le puede dar la espalda, pero tampoco corresponde santificarlo, así como tampoco debemos demonizar ni santificar al Estado. Abordar la producción y distribución de bienes/servicios en términos humanos, sin violencia, sin odio, ese es el gran desafío que tenemos por delante. Lo tenemos todo para salir airosos.

RS: ¿Y qué hacemos con el Estado?
FC: El Estado tiene un rol central, particularmente en los países con mayor desigualdad. Los principales problemas de los países subdesarrollados, de distribución del ingreso, de educación, de salud, de vivienda, de previsión, no son de carácter técnico que se resuelven con filantropía. Son cuestiones políticas. Al Estado hay que restituirle el poder que le arrebató el neoliberalismo, la contrarrevolución de Reagan y Tatcher.

RS: Vaya batallas que nos quedan por delante.
FC: Rodolfo, la vida es una lucha incesante. Esa es la gracia, es lo que le da sentido.

RS: Ha sido un gusto Fidel, ¿algunas palabras finales?
FC: Hasta la victoria siempre!

 
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