enero 24, 2017

Chile en llamas

Por estos días es imposible no reflexionar en torno a los incendios que están afectando a Chile. Ya superan las 100,000 hectáreas las afectadas, esencialmente forestales y viñas. Se trata del mayor registro histórico de superficie arrasada por el fuego que está afectando a la zona central del país.

La envergadura del drama, más que buscar responsables, obliga a pensar en qué hacer para evitar que se repita y suframos las consecuencias que se derivan. Lo señalado no quita que de existir responsabilidades individuales, empresariales o de cualquier grupo, se deje caer todo el peso de la ley.

Para reducir el riesgo de incendio será preciso identificar sus causas gruesas. No siendo experto en el tema, me aventuro a explicitar las siguientes: las altas temperaturas que por estos meses se registran, que tienden a ir en aumento y que incrementan las posibilidades de que cualquier chispazo desencadene una tragedia. Altas temperaturas que están vinculadas con el cambio climático, el calentamiento global. Chile es una de los países que está siendo más afectado por este fenómeno que en USA su nuevo presidente Trump parece mirar a huevo.

La otra cara de la moneda está dada por la escasez de agua. Nuestra cordillera, verdadero contenedor de agua con sus nieves eternas, está dejando de serlo, razón por la cual la disponibilidad de recursos hídricos parece ser cada vez menor. A lo anterior se agrega que su demanda es cada vez mayor por parte de los distintos sectores –industrial, minero, agrícola, humano-.

A las reflexiones anteriores debemos agregar que el grueso de la superficie arrasada corresponde al sector forestal, con plantaciones de pinos o eucaliptus, especies no autóctonas que se inflaman con extrema facilidad. La CONAF, entidad estatal responsable del manejo forestal nacional, debe revisar sus políticas al respecto. No cabe duda que las capacidades, tanto de CONAF como de las empresas forestales, no guardan relación con los riesgos de incendios.

Por el lado de nuestra conciencia y capacidad para combatir el fuego deja bastante que desear como lo ilustra el carácter voluntario del cuerpo de bomberos que tanto nos enorgullece. Desgraciadamente los tiempos que corren obligan a revisar esta visión. Si deseamos un contingente de bomberos profesionalizado, capacitado, con los recursos y las tecnologías que los tiempos modernos proveen, necesariamente tenemos que cambiar nuestra actual mirada romántica, con bomberos dependiendo de la caridad, del municipio, o solicitando aportes voluntarios en peajes, cruces de calles.

Ojalá que pasada la emergencia, no se disipen todas las iniciativas que por estos días han estado surgiendo para que no volvamos a vivir este drama que nos destruye. De lo contrario volveremos tropezar una y otra vez con la misma piedra. En nuestras manos está reducir significativamente lo posibilidad de que esto vuelva a ocurrir.

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