mayo 26, 2016

El consumo que nos ahoga

No sin perplejidad estamos observando, a diestra y siniestra, la organización de verdaderas máquinas para defraudar por parte de honorables y desvergonzados prohombres. Es difícil encontrar algún sector donde no se destape alguna olla en la que no estén involucrados cientos de millones de pesos.

La pregunta que los mortales nos hacemos es ¿porqué está sucediendo esto? ¿qué está pasando? No estamos hablando de personajes muertos de hambre ni mucho menos, muy por el contrario, de personalidades públicas del ámbito político, militar, empresarial, deportivo.

La respuesta creo que no es otra que la codicia, la codicia irrefrenable, insaciable, sin límites promovida por un modelo de sociedad que no hace sino estimularla, valorándola positivamente, como una cualidad. Qué tiene de malo ser ambicioso, aspirar a “más”? Por décadas nos han educado al amparo de una concepción, de una manera de ver el mundo en la que tener más y más es un signo de éxito. Se ha perdido la vergüenza.

Todo ¿para qué? En general, el denominador común en los más diversos ámbitos, es para tener más. Tener más para darse la gran vida, o para ampliar esferas de influencia, comprar voluntades.

No recuerdo que la ostentación fuese una característica del ser chileno, ni siquiera entre los poderosos, muy por el contrario. Sin embargo, desde que se “liberaron” las amarras que nos invitaban a ser modestos, sencillos, nos transformamos en seres irreconocibles. Reemplazamos el valor de ser más por el de tener más. Las catedrales que nos invitaban a meditar se fueron vaciando y nos desplazamos a otras catedrales, aquellas que invitan a consumir sin freno, con o sin dinero, a darnos gustitos sin vergüenza alguna.

Ahí tenemos a un general, que llegó a ser comandante en jefe del Ejército que reconoce que su pasión son los autos de lujo sin siquiera arrugarse. Lo mismo con el hijo pródigo de quien está conduciendo los destinos de la nación. Acaso no forma parte de su libertad, mal que mal puede hacer lo que quiera con sus recursos. Sin embargo, como diría el Pepe Mujica, algo huele a podrido. Cuesta creer que trabajando honestamente, sin hacer uso de privilegios indebidos, pueda disponerse de los recursos que la posesión de estos bienes demanda en un país donde el grueso de los mortales anda pateando piedras, en estado de estress o bajo cuadros depresivos.

Los escandalosos flujos de dinero de empresas que eran del Estado, privatizadas en tiempos del innombrable siguen penándonos. Las condiciones bajo las cuales se efectuaron estas “ventas” a prohombres de la dictadura no se investigan hasta el día de hoy para no despertar al león. Prohombres que hoy compran voluntades a tajo y destajo.

En la esfera deportiva, tenemos a un dirigente que llegó a ser presidente de la ANFP, fugado, dándose la gran vida en Miami, haciendo como que se ríe de los peces de colores.

Mientras los de arriba se abanican, los de abajo siguen al tres y al cuatro. Mientras los de arriba piden mano dura contra la delincuencia y cerrar la puerta giratoria, los de abajo se preguntan: ¿y cuándo habrá mano dura con los delincuentes de cuello y corbata?

Lo que tenemos que hacer es muy simple: dar vuelta el modelito de sociedad en que vivimos, un modelito donde se eduque para ser más, no a tener más; un modelito que nos invite a vivir con sencillez, que no promueva el endeudamiento, andar corriendo por la vida. Así de simple. ¿Es mucho pedir? La codicia de los poderosos está consumiendo nuestros sueños.

mayo 18, 2016

Un país apatronado, colonial

Conversando con amigos uno se entera de ciertas actuaciones muy extendidas, que me tomaré la libertad de exponer mediante un par de casos.

Un subordinado, Perico, solicita apoyo para la inscripción a un congreso en el que participará y a quien se le está costeando el viaje y la estadía. Su jefe, inmediato, Fulana, le informa que no puede acceder a la petición porque los procedimientos, las normas, los protocolos vigentes, emanados de instancias superiores, entre ellos el jefe de Fulana, así lo establecen. Ante esta respuesta, Perico resuelve recurrir a instancias superiores, al jefe de Fulana. Éste no encuentra nada mejor que acceder a la petición vulnerando por sí y ante sí, las disposiciones en las cuales él mismo participó, sin consultar ni informar a Fulana.

En otro caso un personaje, que llamaremos Zutano, tenía bajo su responsabilidad reducir la alta morosidad en los pagos de los clientes de una empresa. Se establecieron definiciones y requisitos exigibles y/o deseables para renegociar las deudas. Dado que uno de los clientes no cumplía con los requisitos para una eventual renegociación, su petición fue rechazada por Zutano. El cliente resolvió recurrir al jefe directo de Zutano, quien luego de escuchar los argumentos, decidió, por sí y ante sí, renegociar la deuda no obstante no cumplir los requisitos establecidos. Solo posteriormente, no sin perplejidad, Zutano se enteró de ello.

Y así, muchos otros casos del mismo tenor, en el que los jefes son pasados a llevar sin consideración alguna. ¿Cuál es el punto? ¿Qué hacer en estos casos? Depende! ¿De qué depende?

Cuando en cierto nivel se adopta una decisión, los afectados tienen todo el derecho a recurrir a las instancias que estimen pertinentes, las que tienen el deber de escuchar el reclamo que se trata, y explicar porqué el reclamo no corresponde ser acogido, excepto si se trata de una situación injusta, una arbitrariedad, una arrancada de tarro del subordinado, o bien las circunstancias ameritan una especial consideración por razones políticas, humanitarias u otras. En estos casos, y solo en éstos, lo que corresponde es explicar que se conversará con el subordinado para ver qué solución puede darse, y que dentro de un plazo prudencial se dará una respuesta definitiva, la que le será confirmada por quien tiene la responsabilidad del caso.

De lo contrario, la señal que se da es que uno vale callampa, y que quien tiene la manija es el superior. Bajo este esquema, este superior se siente un macanudo, que tiene el poder, un poder de barro, pero poder al fin y al cabo. Con ello no se hace sino promover el centralismo, donde hay que recurrir al de arriba porque es quien corta el queque. La idea es que las malas noticias las dé el de abajo; las buenas el de arriba. Así es como se perpetúan los mismos de siempre.

Desgraciadamente, con tales comportamientos de los superiores, que de alguna manera nosotros mismos avalamos, no hacen sino reforzar este modelo de trabajo que solo fomenta el autoritarismo, el centralismo, la destrucción de los conductos regulares y de los formalismos existentes.

También se da el caso inverso, cuando los jefes inmediatos eluden las decisiones complejas, difíciles, chuteando la pelota para arriba. Pero eso ya es para otra columna.

mayo 13, 2016

Incertezas jurídicas

A través de una columna de opinión, el ex ministro de hacienda del innombrable, Hernán Büchi, en su tiempo rompedor de los protocolos imperantes por su corte de pelo, vestimenta y actividades, da a conocer su voluntad de fijar residencia en el país de sus ancestros, Suiza.

Basa su decisión en la incerteza jurídica en la que se encontraría el país, sustentando su decisión en que “a partir de los cambios plebiscitados en 1989, la constitución ha sido modificada treinta y tres veces”, y que no obstante ello se insiste en una nueva constitución.

Omite, ignora, pasa por alto, olvida que la constitución tiene un origen espúreo, dado que fue plebiscitado en 1980, en plena dictadura, sin registros electorales y sin que la oposición pudiese expresarse libremente. Tan solo Frei Montalva, en un histórico discurso en el mítico teatro Caupolicán, pudo expresar públicamente su rechazo ante el ominoso silencio de los poderosos medios de comunicación que solo atinaban a rendir loas al gobierno.

Omite, ignora, olvida que las modificaciones a las que alude han sido las que la Concertación ha logrado sacar adelante con fórceps, solo una vez que la derecha ha dado su “visto bueno”. Y este visto bueno solo lo ha dado en base a sus propios intereses. Basta recordar a los famosos senadores designados, figura única que la derecha se allanó a eliminar solo cuando ya no quedaban personajes de su sector. Es hora que tengamos una constitución que emerja de la voluntad ciudadana y que no sea cuestionada permanentemente.

La decisión de Büchi surge tan solo después que su nombre figurara dentro de los “Panamá papers” como uno de los personajes que habrían efectuado inversiones en paraísos fiscales. Este solo hecho resta toda verosimilitud a su expresión “por esto me duele Chile”, haciendo inevitable que se piense más bien que le duelen los bolsillos. Para más remate su nuevo país de residencia, Suiza, le permite resguardarse frente a un eventual proceso de extradición al que pueda verse involucrado.

En mis tiempos mozos fui compañero de él en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Lo recuerdo como un alumno capaz de obtener altas calificaciones sin mayor esfuerzo, con su clásica melena, despreocupado. Entonces nadie imaginó que años más tarde, bajo una dictadura, asumiría la responsabilidad de las finanzas a nivel nacional. Nunca imaginé que haría la vista gorda a la incertezas jurídicas imperantes en esos tiempos, cuando hacían desaparecer a las personas por pensar distinto. Así como hoy a él le duele Chile, a mí me duele que hoy esté preocupado de eventuales incertezas jurídicas que afectan a propiedades o fortunas, bien o mal habidas, y que no haya sentido dolor e tiempos de incertezas jurídicas que afectaron a personas, que hoy ya no están con nosotros ya sea porque fueron desaparecidas, exiliadas, secuestradas, torturadas o asesinadas.

mayo 05, 2016

Los pescadores y la marea roja

Una vez más, la marea roja está causando estragos en el sur, afectando a gran cantidad de pescadores artesanales quienes ven reducidas las posibilidades de proveer el sustento a sus modestos hogares. Una vez más se pone sobre la mesa nuestra incapacidad para prevenir.

El fenómeno de la marea roja se expresa en una excesiva proliferación de microalgas, que en el caso nuestro se produce esporádicamente, asociado al fenómeno de El Niño, en los estuarios del sur. Rara vez llega al mar u océano. Esta vez, llegó al Océano Pacífico.

La marea roja produce toxinas que afectan particularmente a nuestros apetecidos mariscos. Por lo general se visualiza como un fenómeno natural, pero en esta ocasión no parece ser el caso. Se sabe que recientemente en la industria productora de salmones se detectó la presencia de elementos tóxicos en sus salmones, razón por la cual no halló nada mejor que desembarazarse de toneladas de ellos en estado de descomposición al océano.

No escapará a la comprensión de los lectores que esta acción, inevitablemente afecta al medioambiente, sospechándose, no sin fundamento, que sea la fuente de la contaminación actual que tiene en ascuas a los pescadores y sus familias. En consecuencia, la marea roja sería resultado de una acción realizada por la industria salmonera, como denuncian los pescadores.

De ser este el caso, estamos frente a una externalidad negativa, la que se caracteriza porque una actividad realizada por una persona, conjunto de personas, o una empresa, genera costos en terceros y no en quienes realizan la actividad. Ahora, los platos rotos, los costos los están pagando los pescadores que se ven privados de los recursos del mar de los cuales viven, por una acción no natural.

En economía, cuando una actividad genera beneficios que van más allá de quienes la desencadenan, se dice que se produce una externalidad positiva. Por lo general para alentar la producción de bienes/servicios que dan origen a esta externalidad se le aplica un subsidio; por el contrario, a quienes producen “males”, esto es, bienes/servicios que producen perjuicios en terceros, se les aplican impuestos. En un caso para alentar, en el otro para desalentar la producción.

Acá, si se comprueba que la causa del desastre ha sido el vertido de salmones en estado de putrefacción, una alternativa consiste en aplicar un impuesto o multa a las salmoneras, y el monto recaudado, distribuido entre las familias afectadas. El monto del impuesto se debería calcular en base a los ingresos que los pescadores están dejando de percibir.

Lamentablemente, una vez más, lo más probable que ocurra, y que de hecho parece estar ocurriendo, es que el Estado otorgue unas migajas a los pescadores, mientras la industria salmonera mira al techo. Nada nuevo bajo el sol.

 
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