agosto 12, 2011

Criminalización de una movilización

A pocos deben quedar dudas respecto de la intención de criminalizar un movimiento social apabullante que ha mostrado una creatividad, una conducta, una claridad y una persistencia que atraen la atención mundial. Pero acá, en nuestro país, que gotea y guatea, el énfasis de los medios de comunicación “serios” está puesto en los desmanes de jóvenes acompañados de la destrucción de bienes públicos y privados. Pruebas indesmentibles de ello, son las noticias acompañadas de imágenes de encapuchados y los carabineros de civil infiltrados en las manifestaciones.

Un movimiento cuya creatividad sorprende a todos. La maratón en torno a la casa de gobierno, el besotón frente a la misma casa, las obras teatrales callejeras, los eslóganes que enarbolan, entre las que destacan varones y mujeres desnudos portando cada uno una letra de la frase “la educación nos tiene en pelotas”, son algunos ejemplos de una originalidad sin igual.

Un movimiento cuya conducta revela una capacidad organizativa capaz de atraer a familias enteras y que no se ha dejado llevar por una violencia que es ajena a sus propósitos. Es un grave error pretender criminalizar a los jóvenes, y quienes lo hacen son los mismos que criminalizan a los pobres mientras los delincuentes de cuello y corbata se pasean por la calle.

Un movimiento cuya claridad se expresa en su objetivo, cambiar el modelito educacional, no perfeccionarlo ni consolidarlo ni mejorarlo. El modelito tiene un pecado original: no está validado ni legitimado. No está validado porque no existe en ninguna parte del mundo un modelito como el nuestro, ni existen evidencias de sus bondades, salvo en las mentes de sus ideólogos; y no es legítimo porque fue impuesto entre cuatro paredes sin que nosotros cortáramos ni pincháramos.

Un movimiento cuya persistencia asombra porque, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por apostar a su desgaste con el paso del tiempo, al menos hasta ahora, persiste con un tesón sin igual gracias a la concurrencia de múltiples factores, pero sobre todo, por su capacidad para recoger el malestar que recorre a una sociedad que siente que la educación dejó de ser un factor de integración para convertirse en un factor de segregación.

El presidente dijo recientemente, a propósito de la demanda de gratuidad de la educación, con mucha razón, que no hay nada gratis en esta vida. Efectivamente, alguien la paga. El punto es ese: ¿quién la paga? El modelito que tenemos postula que cada uno debe pagar su educación y que quien no puede pagársela, tiene la opción de endeudarse. El pobre elige si estudia o no. Si quiere estudiar, pues que se endeude. Cuando llegó la Concertación al gobierno en el 90 logró insertar, tímidamente, solo con el permiso de la derecha, el concepto de las becas por la tremenda injusticia que encierran los créditos en la educación superior, injusticia agravada por los intereses usureros. Pero no nos perdamos. No es un tema de intereses más o intereses menos. Se trata de erradicar el concepto del crédito en el ámbito educacional porque lo pervierte.

1 comentario:

jota eme dijo...

¡¡Plebiscito!!
¡¡Asamblea Constituyente!!
¡¡Derecho pleno a la educacion!!
(enter otras cosas)

 
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