junio 09, 2010

La caída libre de Otero

Con sus declaraciones a un matutino argentino, Otero no dejó indiferente a nadie. Desde que se supo lo que dijo se supo que su caída era inevitable, la duda solo residía en cuándo y cómo tendría lugar. Mientras desde la oposición se procuró su salida inmediata, desde los partidos de gobierno, o mejor dicho, las órbitas pinochetistas, se intentó detener su caída libre.

No podemos afirmar que Otero sea un niño de pecho, muy por el contrario, es un viejo político que antes del 73 ya estaba en el Partido Nacional, que respaldó al gobierno militar en consideración a que admiró, admira y seguirá admirando “la obra” del general. En el 92 le tocó desempeñar un rol clave para el llamado caso PiñeraGate, cuando Ricardo Claro (QEPD) apretó el botón de la famosa Kioto para que el país supiera lo que Sebastián pensaba de Evelyn. Fue senador, no por elección popular, sino que en reemplazo de Jaime Guzman cuando éste fue asesinado. Tiene un bufete de abogados de alcurnia y ya se le consideraba un jubilado de la política. Sin embargo, como muchos políticos, resucitó como embajador en Argentina, cargo que alcanzó a ocupar por poco más de 60 días en virtud de lo que algunos consideran unas declaraciones “inoportunas”.

La verdad es que debe reconocerse que dijo lo que piensa, en bruto, sin eufemismos, y lo que piensan no pocos. Que si no fuera por Pinochet, Chile sería Cuba; que Chile es lo que es gracias a Pinochet. Lo ha pensado siempre. El tema de los DDHH es irrelevante al lado de “la obra”.

Tanto él como sus sostenedores pinochetistas intentaron sacarse el pillo con que fueron expresiones personales y que la Concertación estaba limitando su libertad de expresión. El problema es que lo hizo en una entrevista solicitada por él mismo y en su condición de embajador. No es llegar y afirmar que voy a hablar como persona y después como embajador. Eso él lo sabe muy bien. Como embajador es el representante de Chile en otro país. Y en este caso no es representante en un país cualquiera, sino que en Argentina, país vecino, cuyas relaciones debemos cuidar y sostener, amén de que es un país que también sufrió una dictadura y donde el tema de los DDHH no es baladí. Las dictaduras militares argentinas también fueron brutales, compañeras de ruta de la nuestra, hermanadas en la Operación Cóndor, que se echaron guaguas al bolsillo y tiraron al mar cuerpos vivos amarrados a rieles para que no reflotaran.

Cuando fue nombrado embajador sorprendió su nominación. Como que no calzaba poner a un pinochetista como representante nuestro en Argentina. No es diplomático de carrera y tampoco se caracterizó por ser un personaje muy diplomático en el ámbito político. Por tanto, su nominación solo puede explicarse como un pago de favores o de cuoteos, o como les gusta llamar ahora a sus defensores de “equilibrios”.

Los siúticos somos campeones de los eufemismos: a los golpes les llamamos “pronunciamientos”; a las dictaduras, “regímenes”; a los asesinatos de opositores, “excesos”, y ahora, a los cuoteos les denominamos “equilibrios”.

No faltarán quienes arisquen la nariz al ver que estamos retrotrayendo el pasado volviendo una y otra vez con la misma cantinela de siempre. Sin embargo debemos reconocer que en esta ocasión fue Otero quien abrió la caja de Pandora, quien al igual que quienes lo acompañan no se lamentan de lo que piensan ni de lo que hicieron y respaldaron. Si hay algo de lo que se arrepienten es de habernos dejado escapar y que estemos vivitos y coleando. Para la próxima se preocuparán de hacerla “mejor”.

Como afirmaba más arriba, Otero no es ningún caído del catre, por lo que sus declaraciones no creo que hayan sido al azar, ni un exabrupto, ni una arrancada de tarro. Más bien creo que fue un intento de los sectores pinochetistas, a inicios del primer gobierno de derecha después de 20 años, por “correr la cerca”, por reescribir la historia, por medir “fuerzas”, por posicionarse dentro del propio gobierno.

El resultado demostró que perdieron y si pensaron que la Concertación no tendría fuerza para reaccionar, se equivocaron medio a medio porque le dió un nuevo ímpetu y le recordó la necesidad de mantenerse vigente y unida para encarar los complejos tiempos que tenemos por delante.

2 comentarios:

Andrea Precht dijo...

Fue por si pasa...y no pasó. Me alegro.

Anónimo dijo...

Miremos para adelante porfa, que resentidos ya hay suficientes.

 
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