febrero 09, 2006

El rol de los partidos políticos

Por estos días, en Barcelona las preocupaciones se han centrado en unas viñetas caricaturizando a Mahoma y la ira que ellas han desatado en el mundo islámico, las que están poniendo en jaque y poniendo frente a frente, la libertad de expresión y el respeto a la creencias religiosas. Muchos musulmanes se han sentido agredidos desde el mundo occidental, así como éste desde el mundo islámico. Es lo que algunos llaman el choque de civilizaciones. Un tema complejo que no será resuelto por la vía de quemar banderas, embajadas, ni enardecer los ánimos blandiendo armas. Su resolución pasa por sentarse a conversar, poniendo todas las cartas sobre la mesa, dejando las armas fuera y abandonando toda pretención de imposición de unos sobre otros.

La clave reside en si estamos dispuestos, de verdad, a convivir en la diversidad, en un ambiente multicultural, multireligioso y multiracial, para construir un mundo en el que su desarrollo no excluya a nadie por su color de piel, por la religión que profesa, por su pensamiento político, por su género, por su discapacidad, o por su condición socioeconómica.

A otra escala, creo que en Chile este desafío se encuentra plenamente vigente, y está en la raíz de la contundente victoria alcanzada por Michelle y en los nombres que conforman su gabinete. Las noticias que me han llegado darían cuenta de un gabinete concebido a espaldas de los partidos políticos. No lo creo así, ni me lo puedo imaginar. En democracia, los partidos constituyen la cantera en la que se forman quienes conducen los destinos de las instituciones responsables del desarrollo de las organizaciones públicas, de las ciudades, las regiones y los países.

Parte sustantiva de esta formación viene dada por dotar a los ciudadanos que se adscriben a los partidos de capacidades en 3 ámbitos fundamentales. Uno, para recoger los problemas ciudadanos amparados en una manera de ver el mundo actual; manera que viene dada por un conjunto de ideas o principios que han decidido compartir quienes se adscriben a un determinado partido político. Es lo que llamamos capacidad de representación.

Dos, para explicar los fenómenos que ocurren, para reflexionar, investigar problemas complejos en los que se cruzan múltiples intereses que dificilmente pueden ser satisfechos integralmente. Por la complejidad del mundo en que vivimos, caracterizada por la globalización y el avance científico-tecnológico, esta capacidad de reflexión generalmente es provista por quienes poseen estudios superiores, particularmente de quienes poseen estudios de posgrado.

Tres, para conducir, para liderar comunidades. Esta es una capacidad muy interesante porque va mucho más allá de la capacidad de representación y de reflexión, pues no se limita a representar o a reflexionar, sino que además orienta, fija objetivos y los caminos para alcanzarlos. Ve luz antes que oscuridad, soluciones antes que problemas, orienta, conduce a una comunidad.

Un país no es una empresa. En una empresa, sobre todo en los tiempos que corren, contratar y despedir es pan de cada día cualquiera sea el motivo. El país es otra cosa y así lo entendió el país. Por eso privilegió a Michelle por sobre Sebastián. Por eso existen los partidos políticos, y los gobiernos se nutren de ellos porque son las instancias en las que se forman quienes deben representarnos, explicarnos y conducirnos hacia el país que estamos construyendo.

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