noviembre 15, 2005

Concentración económica

En las últimas semana se ha estado debatiendo en torno al tema de la concentración económica y la desigualdad. Incluso han aflorado voces afirmando que no tiene nada de malo la concentración económica, que ella es positiva, apuntala el crecimiento, incrementa la eficiencia de la sociedad en su conjunto, y es consecuencia de las economías de escala capaces de reducir los costos medios de los bienes/servicios.

Curiosamente estos son los argumentos de los campeones de la libre competencia, del libremercado, de quienes por años nos han cantado a gritos a favor de la competencia, que la diseminación de la propiedad era consustancial a ella para garantizar la existencia de infinidad de actores -consumidores y productores- en el marcado, ya que ellos, imposibilitados de ponerse de acuerdo, de coludirse, garantizarían el funcionamiento de la "mano invisible" de manera tal que el precio de equilibrio resultante de los bienes/servicios correspondientes, optimizaría la asignación de los recursos. Aleluya, aleluya!!!!

Cuando ya nos estábamos comprando el cuento completo, sin vaselina, desde los mismos sectores -esos que pregonan día y noche las virtudes de la librecompetencia, del desguace del Estado, de la flexibilidad laboral, de la eliminación del salario mínimo, de las indemnizaciones, de las inamovilidades- surge ahora un nuevo grito de guerra: que la concentración económica puede traer consigo más progreso, más crecimiento. las históricas luchas antimonopolio están siendo relegadas al olvido con eufemismos tales como que "la concentración solo sería negativa si atentara contra la libre competencia". como si fuera llegar entrar y salir del mercado cuando se afirma que existe libertad de entrada en la mayoría de los sectores, libertad que forzaría a los productores a traspasar a los consumidores las potenciales rentas que se obtienen de las fusiones, vía menores precios y/o productos/servicios de mayor calidad. No necesariamente!!!! como lo comprueban las utilidades que registran las instituciones previsionales de salud y la banca. La libertad de entrada en términos prácticos está en jaque por el volumen de inversiones que se requiere para incursionar en una pelea de perros grandes.

La libre competencia, más allá de voluntarismos, ella está siendo jaqueada por una concentración económica. Siendo inevitable en muchos casos por la cuantía de las inversiones requeridas y/o las economías de costo que puede conllevar, por eso mismo al frente debe posicionarse un Estado incorruptible dotado de las atribuciones que garanticen que las potenciales ventajas de toda concentración se traspasen efectivamente a los consumidores. No vaya a ser que una vez que los perros grandes se terminen comiendo a los chicos, hagan de las suyas.

De hecho, ¿acaso ya no lo están haciendo? Lo hacen con sus proveedores a quienes pagan cuando se les antoja; lo hacen amarrándonos con tarjetas de crédito que nos esclavizan a ellos. Más allá de nuestra responsabilidad por endeudarnos más allá de todo límite, no es menos cierto que la misma fuerza y empeño que colocan en engatusarnos, es la misma que colocan para ejecutarnos a la hora de los quiu.

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